Manual de vida
56. Lo temible no son los sucesos, sino el miedo a los sucesos
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Lo temible no son los sucesos, sino el miedo a los sucesos
No son la muerte o las fatigas lo temible, sino el temer a las fatigas o a la muerte. Por eso alabamos al que dijo:
No es morir lo terrible, sino morir de modo deshonroso.
Convendría, por tanto, oponer a la muerte la valentía, y al miedo a la muerte la precaución. Pero, en realidad, sucede lo contrario: a la muerte oponemos la huida y a nuestra opinión sobre ella, el desdén, el desprecio y la indiferencia.
A eso Sócrates lo llamaba —y hacía bien— «caretas». Pues igual que a los niños, por su inexperiencia, las máscaras les parecen terribles y espantosas, algo parecido nos pasa a nosotros con los asuntos no por otra razón, sino por lo mismo que a los niños con las caretas. ¿Qué es un niño? Incultura. Porque cuando saben no son en nada inferiores a nosotros. ¿Qué es la muerte? Una careta. Dale la vuelta y estúdiala. Mira cómo no muerde. El cuerpecito ha de ser separado del almita —como ya lo estuvo— o ahora o más adelante. ¿Por qué te enfadas si ha de ser ahora? Y si no es ahora, más adelante. ¿Por qué? Para que se cumpla el ciclo del mundo, pues necesita de lo presente, de lo porvenir, de lo pasado. ¿Qué son las fatigas? Una careta. Dale la vuelta y estúdiala. La carnecita se estimula con rudezas y luego de nuevo con
dulzuras. Si no te viene bien, la puerta está abierta[8]; si te viene bien, aguanta. Porque a todo hay que tener la puerta abierta y no tendremos problemas.
¿Cuál es el fruto de estas doctrinas? El que ha de ser más hermoso y conveniente para los verdaderamente instruidos: imperturbabilidad, ausencia de miedo, libertad.