Manual de vida

Epicteto · Capítulo 45 de 111

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44. … ni los ejercicios de escuela: es necesaria la práctica

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… ni los ejercicios de escuela: es necesaria la práctica

 

En la escuela somos impetuosos y locuaces y, si acertamos a dar en cualquier cuestioncilla relativa a algo de esto, capaces de llegar a las consecuencias. Pero sácanos a la práctica y hallarás unos pobres náufragos. Que vayamos a dar en una representación turbadora y te sabrás a qué nos aplicábamos y en qué nos ejercitábamos. Por lo demás, con nuestra negligencia vamos siempre añadiendo algo al montón y haciendo las cosas mayores de lo que son. Por ejemplo, yo, cuando navego, inclinándome al abismo o mirando el mar en torno mío y al no ver tierra, me pongo fuera de mí y al imaginarme que habré de tragarme toda esa agua si naufrago, no se me ocurre que tres cuartillos me bastan. Entonces, ¿qué me inquieta? ¿El mar? No, sino la opinión. Igualmente, cuando hay un terremoto, me imagino que la ciudad va a caerme encima. ¿Es que no basta una piedrecilla pequeña para sacarme los sesos?

¿Qué cosas son las que nos apesadumbran y nos sacan de quicio? ¿Qué otras, sino las opiniones? Al que sale y se aparta de sus conocidos y compañeros y de sus lugares y del trato, ¿qué otra cosa le apesadumbra sino la opinión? En efecto, los niños cuando lloran, por ejemplo, porque se aparta un poco la nodriza, con tomar una galleta se les olvida. ¿Quieres, entonces, que también nosotros seamos como niños? ¡No, por Zeus! No quiero que eso me ocurra gracias a una galleta, sino gracias a opiniones correctas.