Mimi

John Newman · Capítulo 10 de 40

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Mimi

Capítulo 10

 

Lunes: 156 días desde que murió mamá

 

El lunes es el día que vamos a casa de la abuela. Normalmente es un buen día, pero este lunes fue un mal día.

Primera cosa mala: Me desperté horriblemente tarde y tardé una eternidad en encontrar mis zapatos…, pero al final estaban detrás del sofá, donde los envié anoche de una patada, así que eso estuvo bien.

Segunda cosa mala : No quedaba leche en casa y tuve que tomar mis cereales con agua. ¡Puaj!

Tercera cosa mala: El coche se quedó sin gasolina de camino al colegio y Sally y yo tuvimos que ir andando el resto del camino. Sally estaba furiosa.

—¡Esto es tan penoso…! —le gritaba a papá—. No te importamos nada, ¿verdad? —Y luego cerró la puerta del coche de un golpe y salió como un vendaval sin esperarme.

—Lo siento —murmuró papá, totalmente amargado.

Cuarta cosa mala : Mi nueva maestra es horrible. Se llama señorita Hardy y es exactamente lo opuesto a la señorita Dida. Por otra parte, la señorita Dida ha tenido un niño, Roger, y nos envía todo su amor. Archibald (así es como llama ahora todo el mundo al señor Masters, a sus espaldas) vino a decírnoslo. Intentó mostrarse estricto y formal, pero no pudo evitar sonreír al decirnos que la señorita Dida había tenido un niño:

—Y os envía todo su… (tose y tose…) amor. La señorita Hardy será vuestra maestra durante los próximos tres meses y vais a ser muy buenas con ella. ¿Queda claro?

—Sí, señor Masters —respondemos todas a la vez.

Quinta cosa mala: A la señorita Hardy no le gusta que los alumnos lleguen tarde y yo llegué muy tarde.

—¿Y te llamas…? —Fue lo primero que me dijo cuando irrumpí en la clase a las diez y cinco.

—Mimi.

—Bueno, Mimi, llegas más de una hora tarde. Supongo que tendrás una buena excusa —dijo con su voz dura y fría.

Así que yo le expliqué que me desperté tarde y perdí los zapatos y papá se quedó sin gasolina y ella se quedó mirándome sin decir nada. Cuando terminé, simplemente escribió algo en su cuaderno y me dijo que me sentara.

Sexta cosa mala : Sarah fue tan horrible y asquerosa como de costumbre a la hora del recreo.

—Así que la chinita tontita se durmió y perdió sus zapatos y papá se quedó sin gasolina, ¿verdad? ¿Qué excusa vas a inventar mañana, tontita?… ¿Que la cama explotó? ¿Que un elefante se sentó encima del coche? ¿Qué se te cayó el pulgar de tanto chuparlo? No creo que le caigas muy bien a la señorita Hardy —y me golpeó el brazo y se marchó corriendo con su risa socarrona y su pandilla.

—Fracasadas —dijo Orla. Pero yo no estoy tan segura. Tal vez seamos Orla y yo las fracasadas.

Séptima cosa mala: La señora Lemon tampoco me dio chucherías hoy. ¿Por qué todo el mundo está siendo tan horrible?

Octava cosa mala: Hubo un apagón cuando estaba en casa de la abuela. Ocurrió un minuto después de que la abuela hubiera puesto los bollitos en el horno. Así que no hubo pasteles. ¡Es increíble! Y eso no es lo peor…: nada de tele, tampoco. ¿Cómo voy a saber si Ginger será rescatada a tiempo antes de que suba la marea y se ahogue?

De hecho eso no estuvo tan mal, porque el abuelo me envió al ático a buscar una lámpara que había guardado allí hace unos diez años. Me dio una linterna y tuve que subir los escalones y meterme por un agujero del techo y él me gritó que tuviera cuidado y que pisara solo las vigas de madera o me caería a través del techo.

La abuela estaba charlando con Sally en la cocina, así que no supo que estábamos en eso, de lo contrario le hubiera dado un ataque. Finalmente encontré la lámpara…, pero lo mejor es que también encontré cajas de juguetes que mis tías y mi mami usaban para jugar cuando eran pequeñas.

La mayoría de juguetes eran muñecas.

—Las que están sin cabeza, sin brazos o sin piernas eran de tu madre —explicó el abuelo cuando las desparramé por el suelo del salón—. Le encantaba jugar a médicos, y eso siempre implicaba amputar a las pobres muñecas la cabeza o la pierna o alguna otra cosa.

Otra cosa buena en un día lleno de cosas malas fue que el abuelo olvidó darme la lección de ajedrez.

Novena cosa mala: El abuelo chocó el cacharro contra la columna cuando estaba saliendo del garaje marcha atrás. Yo iba sentada atrás con la abuela y con Sally; Conor iba delante.

—Vaya… —dijo el abuelo.

—¡Vaya! —gritó la abuela—. ¿Eso es todo lo que se te ocurre decir? ¡Vaya! ¡Podrías habernos matado a todos!

El abuelo no respondió a eso y los tres niños nos quedamos muy quietos. El abuelo y la abuela bajaron a inspeccionar el daño.

—No es tan grave —dijo el abuelo—, solamente un faro roto.

Pero la abuela estaba muda de rabia. Durante todo el camino a casa el abuelo condujo más lento que de costumbre. Se paró en todas las luces rojas. La atmósfera en el coche era horrible…, nadie decía ni una palabra. ¿Cuántas cosas malas pueden pasar en un día?