Mimi
Parte 2
Seis meses más tarde
Capítulo 35
Jueves 22 de septiembre: faltan dos días
—La primera vez que Rosa vio a tu padre, ella estaba con su mejor amiga, Caroline. ¿Y sabes lo que dijo de él en su diario? —me contó la tía M mientras conducía. Primero íbamos a recoger a Emma, y luego a Sally.
—No deberías haber leído el diario de mi madre —le dije sonriendo.
—¡Bueno, eso tiene gracia, viniendo justo de ti! —fingió sentirse muy ofendida —. ¡Apuesto a que todavía lees el diario de Sally cuando tienes la oportunidad!
—¡Claro que no lo hago! —dije. Era mi turno para sentirme ofendida.
—Sí lo haces —dijo, apretándome la rodilla—. Di la verdad.
—Ya no lo leo.
—¡Sí lo haces! —dijo, y me apretó la rodilla con más fuerza.
—Bueno, bueno… Tal vez a veces. ¡Y ahora suéltame la rodilla, por favor!
—Lo sabía. Simplemente lo sabía —se rio y volvió a poner las manos en el volante—. No puedes engañar a tu tía Margarita.
—¿Entonces qué decía mi madre sobre mi padre en su diario íntimo, tía M?
—Decía que era un gran aguafiestas con dientes torcidos, pelo grasiento y cara llena de pecas y que no podía entender qué veía en él su amiga Caroline. ¡Era evidente que se sintió fascinada por él en el acto! —Y la forma en que lo dijo la tía M me hizo reír.
Emma estaba de pie en el camino y se puso a dar saltitos cuando vio llegar a la tía M.
—Hola, M. Hola, Dig —dijo (ella llama solo M a la tía M, pero yo la sigo llamando tía M).
Hoy íbamos a buscar nuestros vestidos. Sally va a ser dama de honor y Emma y yo vamos a ser las ayudantes de la dama de honor.
—Mis esclavas, más bien —dijo Sally.
—¿Cuál es nuestro trabajo exactamente, tía M? —pregunté.
—Bueno, estaréis bonitas y llevaréis flores y generalmente haréis los recados.
—¿Pescados? —Yo arrugué la nariz y me puse a hacer muecas con Emma—. ¿Tendremos que preparar los pescados?
—¡No he dicho pescados, he dicho recados! —dijo la tía M–. ¡Id a buscar eso! ¡Id a buscar aquello! Ese tipo de recados.
—¡Ooooh! —dijo Emma—. ¿Te refieres a esclavas, como dice Sally?
La tía M se rio y detuvo el coche junto a la tienda de la señora Lemon. Sally ya estaba esperando. Ahora trabaja en la tienda de la señora Lemon cada sábado, pero hoy se ha dejado caer por allí para ayudar porque no podrá ir el sábado. Al principio trabajó gratis hasta pagar a la señora Lemon todo el material de papelería que le había robado, pero ahora recibe una paga. Pero ella dice que trabajaría gratis y que la señora Lemon es su mejor amiga entre las personas mayores. Hoy tiene chocolatinas para todos.
—Para mí no, gracias —dijo la tía M–. ¡Quiero caber en ese vestido de novia!
—Una chocolatina no va a matarte —bromeó Sally—. ¡Estás empezando a parecer una piruleta! Una gran cabeza redonda y el cuerpo como un palillo.
—Muchas gracias, Sally, muchas gracias. Supongo que preferirías verme tan gorda como mi madre…
—¿Estás llamando gorda a la abuela? —preguntó Emma—. ¿Cómo te atreves?
—Es mi madre y la llamaré como quiera —respondió la tía M–. Probablemente terminaré siendo como ella, de todas formas. La mayoría de las personas se acaba pareciendo a sus madres.
—Yo no terminaré por parecerme a mamá —dije yo.
Todo el mundo se quedó callado un momento en el coche cuando yo dije eso. Entonces la tía M dijo:
—Bueno, tú ya te pareces a Rosa de otras maneras. Eres un poco despistada, como ella.
—Y lees el diario de otras personas —señaló Sally rápidamente.
Yo iba a decirle que no era mamá quien hacía eso, que era la tía M, pero mi teléfono vibró y era un chiste de Orla:
Hola! Sbes ste? Crees en el amor a primera vista? Claro, mi amor, si te hubiera visto mejor no me casaría contigo.
Tuve que leerlo, por supuesto, y todos se rieron…, pero yo no lo pillé. De todas formas, ya habíamos llegado a la tienda de vestidos, así que todo el mundo se olvidó de eso y nos bajamos del coche muy entusiasmadas.