Mimi
Capítulo 25
La señorita Hardy se equivocaba. Sally no estaba en casa cuando volví del colegio. El abuelo y la abuela estaban sentados en la cocina tomando el té.
—Pero, bueno, si es la jovencita Mimi en persona —declaró el abuelo al verme entrar, pero yo podía notar en su voz que solo estaba tratando de sonar animado.
—Ahora, Mimi —dijo la abuela con su voz de mandona—, ¡quiero que te sientes y te bebas esta estupenda sopa caliente que te he preparado!
Así que bebí mi sopa. La abuela y el abuelo se quedaron sentados mirándome. No es fácil tomarte la sopa cuando te están vigilando. Cuando sorbía parecía muy ruidoso, y la sopa se me resbalaba por la barbilla. La abuela me dio una servilleta de papel. Yo hubiera deseado que se comportaran con normalidad y me riñeran. Parecía que el silencio se estiraba más y más como una goma elástica hasta que estuve segura de que iba a partirse. Incluso pude oír una puerta que se cerraba en el piso de al lado. Era extraño.
—¿Qué tal el colegio? —preguntó al final el abuelo.
—Bien —respondí, y luego hubo de nuevo silencio.
Así que realmente me alegré cuando mi teléfono vibró. La abuela y el abuelo dieron un salto.
—¿Es Sally? —dijo la abuela antes de que pudiera sacar el teléfono del bolsillo.
Pero no era. Era Orla. «Oí d Sal. Voy n 1 hor».
—Léelo —dijo la abuela.
—Solo si quieres —añadió el abuelo.
La verdad es que a mí no me molestaba.
—Es de Orla. Ha oído lo de Sally y vendrá dentro de una hora. No sé por qué.
—¡Oh!, eso es todo —dijo la abuela, sonando decepcionada.
—Es amable por su parte —dijo el abuelo—. Sabes quiénes son tus amigos cuando tienes problemas —me apretó el hombro.
Entonces la llave giró en la cerradura de la puerta principal y todos dimos un salto. Eran papá y la tía B y la tía M. No parecían muy animados.
Papá se dejó caer en una silla.
—Hola, Mimi —dijo, y estiró la mano hacia mí. Yo fui hacia él y me rodeó con un brazo y me dio un pequeño apretón, y no puedo explicar por qué pero eso me hizo sentir de nuevo ganas de llorar. Pero esta vez no lo hice. Tía M estaba hablando.
—Así que hablé con Tara Sinclair, la amiga de Sally, y ella me dio el nombre de otras amigas, y he hablado con ellas también y Sally no se ha puesto en contacto con ninguna. No tienen ni idea de dónde puede estar, pero les he dado mi número y si oyen alguna cosa se pondrán en contacto inmediatamente. Parece que ha apagado el teléfono, o tal vez se le ha acabado la batería. ¿Es hora de que llamemos a la policía?
Sentí que papá se ponía tenso cuando ella dijo eso.
—Creo que deberíamos, Paul —dijo la tía B.
Recuerdo cuando un policía vino a casa después de que mamá fuera atropellada. Llevaba la gorra en la mano y parecía realmente incómodo. Yo no sabía por qué estaba allí. Pensé que a lo mejor Conor había hecho algo malo, pero papá no hizo más que ponerse blanco y se echó hacia atrás para que el policía pudiera entrar. Entonces él dijo que tenía muy malas noticias sobre Rosa, y papá simplemente se dejó caer en un sillón y se tapó la cara con las manos diciendo «No, no». Entonces el policía puso la mano en el hombro de papá y dijo que había habido un accidente… y ese fue el peor día de mi vida.
—No quiero que llames a la policía —gimoteé.
—Creo que tenemos que hacerlo —dijo papá.
—¡Espera! —grité. Y me liberé de su brazo, salí corriendo de la habitación y subí las escaleras hasta la habitación de Sally.
De repente sabía lo que tenía que hacer. ¡Conocía a mi hermana y sabía lo que ella haría! Así que levanté el colchón y sin ningún tipo de cuidado saqué su diario, y luego me senté en el suelo y pasé las páginas hasta la última escrita, y yo tenía razón.