Mimi
Capítulo 4
Martes: 150 días desde que murió mamá
Los martes toca ir a casa de mi tía M. El nombre completo de mi tía M es Margarita. Las dos hermanas de mi madre tienen nombres de flores —la tía M y la tía H, cuyo nombre completo es tía Hortensia (mi padre la llamaba tía Tensa antes de que mamá muriera)— y mi mamá se llamaba Rosa. Papá solo tiene una hermana, tía B, diminutivo de Betty… ¡Que afortunadamente no es una flor!, dice ella.
Antes de ir a casa de la tía M me dejo caer por la tienda de la señora Lemon para buscar una chocolatina Spiff y… algunos caramelos gratis. Adoro a la señora Lemon.
Sally está castigada hoy, así que soy la primera en llegar al apartamento de la tía, lo cual me conviene, porque Sally continúa dirigiéndome esas miradas de ojos afilados y, aunque no me haya dicho nada, creo que sabe que soy yo la que lee su diario. Así que de momento prefiero mantenerme apartada de su camino.
El apartamento de la tía M está en el tercer piso, así que cojo el ascensor. Su apartamento es casi nuevo y, aunque el abuelo diga que visitarlo es como meterse en una lata de sardinas, yo creo que es simplemente perfecto. A la abuela tampoco le impresiona mucho. Ella se pregunta dónde jugarán los niños, pero la tía M le contesta que no tiene intención de tener niños en muchos años, si es que llega a tenerlos, y la abuela dice:
—Eso ya lo veremos.
—¡Ni siquiera estoy casada y ya me estás hablando de niños! —grita la tía M. La abuela y ella siempre se están peleando.
La tía M se casará el próximo septiembre con Nicholas, que se acercará dentro de un rato, me dice la tía M cuando deja de abrazarme, así que Conor estará encantado. La tía M siempre me abraza cuando vengo cada martes. Si Sally está conmigo y de buen humor, tenemos un abrazo de grupo.
La tía M es muy bajita —yo soy casi de su altura— y huele como esas pequeñas flores azules que me encantan, así que inspiro profundamente y le digo:
—Hueles fenomenal, tía M.
La tía M es ingeniera, sea lo que sea eso, y el martes es su único día de media jornada, y es por lo que nos lleva a su casa después del colegio los martes. La tía M no es de hacer pasteles, pero de todas formas trae muchas cosas ricas para nosotros de la tienda. Así que antes de que empiece «Sureños» nos ponemos a cotillear y nos atiborramos de dulces y chocolatinas que acompañamos con coca cola, y luego a las tres y media nos sentamos en su sofá de cuero blanco y vemos «Sureños» juntas. Como la tía se pierde todos los episodios excepto los de los martes, yo le tengo que contar todo lo que ha pasado…
—¿A que no sabes qué? —le digo—. Blackson…, tú sabes quién es Blackson, ese que es pelirrojo…
—¿El que salía con Ginger, la chica flacucha de pelo negro?
—Sí, no te lo puedes ni imaginar… —le digo—. Blackson entró en el bar de improviso… ¿y adivina a quién estaba besando Ginger?
—¡Oh, Dios mío! —chilla la tía M tapándose la boca con la mano—. ¿A quién?
—¡A William!
—¡No! ¿Es ese de pelo rubio y con bigote que me encanta?
—No…, ese no es —la tía M siempre está mezclando a toda la gente de «Sureños»—. El que a ti te encanta es Gregory… ¡Este otro es William! —le digo, señalando la pantalla, porque William acaba de aparecer… y él no lo sabe, pero Blackson está justo detrás de él mirándolo como un loco.
—¡OH, DIOS MÍO, NO PUEDO MIRAR! —grita la tía M tapándose los ojos con un cojín cuando Blackson levanta un palo enorme y está a punto de golpear a William en la cabeza… Y ahí justo hay un corte de publicidad.
Durante los anuncios llega Sally. Se mete una onza de chocolate en la boca y dice:
—Imagino que estáis viendo esa basura de «Sureños».
Entonces la tía quiere enseñarle su vestido de novia antes de que llegue Nicholas.
—Imagino que es blanco —gruñe Sally, pero la tía M simplemente se ríe.
Así que me quedo viendo el resto del episodio por mi cuenta y ya no es lo mismo. Mataría a Sally… si ella no me mata primero por ser una espía fisgona.
Al final la tía M se acuerda de mí, pero tan pronto como se sienta otra vez, Nicholas y Conor llegan al mismo tiempo y de repente el acogedor apartamento de la tía M está lleno de gente ruidosa. Todo el mundo ha olvidado «Sureños», y William tendrá que morirse desangrado por su cuenta porque Nicholas ha decidido que ya he visto suficiente tele.
—Me pregunto si este casco redondo encajará en la cabeza cuadrada de Mimi — grita Nicholas, poniendo sobre mi cabeza el casco de su moto al revés. Dice que tengo la cabeza cuadrada porque veo demasiada televisión, pero eso no es verdad… Yo examino regularmente mi cabeza en el espejo del lavabo y está tan redonda como siempre.
No puedo ver nada con el casco al revés en la cabeza, y entonces él empieza a hacerme cosquillas. Nicholas tiene unos dedos larguísimos que se te clavan y te hacen unas cosquillas mortales, y yo casi me mareo de tanto reír cuando por fin para, porque se pone a hablar seriamente de motos con Conor.
—Devuélveme mi casco, cabeza cuadrada —me dice, sacándome el casco de la cabeza.
Pero antes de irse tiene que darle a su «prometida» (como él llama a la tía M) un buen morreo, y Sally gruñe «¡Oh, voy a vomitar!», y Conor se pone rojo y se mira los pies hasta que terminan.
Me gustaría que todos los días fueran martes. Y a Conor también, porque Nicholas lo lleva a dar una vuelta en su moto. A Sally también le encantan los martes porque cree que la tía M tiene estilo (lo sé porque lo he leído en su diario). Así que siempre me pongo triste cuando tenemos que volver a casa, a nuestra triste casa, a las seis en punto.
Hoy por lo menos papá está despierto. Está mirando la tele, aunque ni siquiera está encendida.
—Servíos una pizza —dice, pero desde el pasillo ya puedo oler que se está quemando.
De todas formas todavía estoy llena de lo que he comido en casa de la tía M y me queda mi chocolatina Spiff, así que le tiro mi trozo de pizza a Bengala y lo mismo hace Sally. Conor se lleva el suyo a su habitación y se pone a tocar la batería, y la música de Sally empieza a hacer estruendo y yo tengo que subir la tele a tope para poder oír algo.