Mimi

John Newman · Capítulo 22 de 40

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Mimi

Capítulo 22

 

Al principio, Sally lo negó todo. Gritaba y gimoteaba y decía que se trataba de un error e incluso acusó a la señora Lemon de habérselo inventado todo.

—Así que ahora además de una ladrona eres una mentirosa —dijo papá con voz dura.

—¿No confías en mí para nada? —le gritó ella a papá, que estaba de pie con los brazos cruzados y una expresión terrible.

Nadie parecía darse cuenta de mi presencia, así que me quedé sentada en silencio mirando. Hasta Conor había aparecido. Estaba de pie en el umbral de la puerta. No dijo nada, pero escuchaba con mucha atención.

Luego papá apretó el botón del play en el mando a distancia, y la imagen de Sally apareció en la pantalla. Miraba a su alrededor, comprobando que no hubiera nadie más por allí. No había nadie cerca de ella, y al fondo podía verse a la señora Lemon de espaldas. Entonces Sally cogió una caja de rotuladores y los metió en su mochila. Lo hizo muy rápido, como una auténtica ladrona. Era una imagen clara y no había confusión posible. Luego caminó hasta el mostrador y dijo:

—Hola, señora Lemon —como si se le derritiera mantequilla dentro de la boca. Y luego la cámara mostraba a la señora Lemon sonriendo a Sally y poniéndole en la mano unas chucherías gratis. Eso me hizo sentir mucha rabia por Sally, pero también sentía lástima por ella al mismo tiempo, porque ahora estaba allí sin decir nada, con las lágrimas corriéndole por las mejillas y retorciéndose las manos.

—Lo siento, Sally —dijo la señora Lemon suavemente. Estaba sentada en el medio del sofá mirando como un pequeño ratón.

—No es usted la que debe sentirlo, señora Lemon —dijo papá—. Sally, ¿qué pasa contigo? ¡Avergonzarte a ti misma y a esta familia! ¡Si tu madre viviera hoy…!

Pero no consiguió terminar. De repente, Sally miró a papá directamente a los ojos y le gritó:

—¡Pero no está viva! —Luego salió corriendo de la habitación, subió las escaleras y se metió en su cuarto dando un portazo tan fuerte que la casa se sacudió, y luego debió de tirarse sobre la cama, porque la lámpara del techo se movió.

Todo el mundo se quedó callado entonces, excepto la señora Lemon, que gimoteaba y se sonaba con su pañuelo.

—No debería haber dicho nada. No debería haber venido.

Papá la ayudó a levantarse y la acompañó con delicadeza hasta la puerta.

—Señora Lemon, lamento muchísimo que esto haya ocurrido, y le aseguro que todos los artículos robados de su tienda le serán pagados —dijo con voz muy seria—. Agradezco que no haya informado a la policía. Voy a tener una charla muy seria con Sally y recibirá la reprimenda que merece. Estoy muy avergonzado y apenado al saber que mi hija le ha causado este disgusto.

Papá no volvió al salón cuando se marchó la señora Lemon. Fue directo a las escaleras hasta la habitación de Sally.

—¿Crees que papá va a matarla? —pregunté a Conor.

—Bueno, se lo merece —dijo Conor—, pero creo que se ha encerrado en su habitación.

Sin duda, papá estaba gritando junto a la puerta de Sally, ordenándole que la abriera, pero ella no lo haría. Lo cual me pareció una buena idea en estas circunstancias.

Entonces mi teléfono empezó a vibrar. Era un mensaje de Orla:

¿Cómo sales de la bañera? ¡Poniendo sales de baño! Ja, ja Orla X X

Se lo leí a Conor y los dos empezamos a soltar risitas, lo cual era un poco extraño si pensabas que toda nuestra familia estaba destrozada.

Los dos paramos bastante rápido cuando oímos que papá bajaba las escaleras. Todavía seguía gritando.

—Muy bien, haz lo que quieras, Sally, pero esto no va a acabarse así como así, lo sabes. Nunca antes ha habido un ladrón en esta familia y por Dios que no va a haber uno ahora. Quédate en la cama y compadécete de ti misma todo lo que quieras, ¡pero tú y yo tendremos una conversación mañana!