Operación «Impensable»
Epílogo
Es posible que a los jefes del Estado Mayor de Churchill la Operación
«Impensable» les pareciese un «capricho» cuando se presentó en mayo de
1945, pero para Polonia pudo haber representado su última esperanza de
libertad. Militarmente pudo haber sido un desastre de final incierto. Sin
embargo, un año después, todas las opciones militares volvían a estar en
juego y las políticas exteriores de Gran Bretaña y Estados Unidos tenían muy
en cuenta la amenaza soviética.
En cuanto al dominio y la subyugación soviética de Europa del Este, no
cabe duda de que algunos dirigentes occidentales habían dejado que Stalin
creyese que era «cosa hecha». El «documento escabroso» de Winston
Churchill, en el que se recogían los porcentajes de las áreas de influencia, sin
duda animó a Stalin a creer que no se le disputarían las tierras que había
conquistado. En Estados Unidos, Byrnes, el secretario de Estado, no hizo gran
cosa para plantar cara a su homólogo soviético, Molotov, y al principio el
compromiso, más que la firmeza, fue la marca de la casa en la política
exterior de EE. UU. Esta política también mostraba señales de una obsesión
de posguerra con el desmantelamiento de imperios, más que con resistir a los
dictadores. Mientras tanto, el plan de Churchill para la guerra Impensable
contra la Unión Soviética respondía en parte al sentimiento de culpa por
Polonia y a la frustración por que Stalin hubiera logrado embaucar a sus
antiguos aliados en todas las ocasiones. Churchill, aunque tardó demasiado
en darse cuenta de la amenaza de Stalin, llegó a esa conclusión con más de un
año de adelanto respecto de sus aliados estadounidenses. Sabiendo que
EE. UU. no otorgaba a Europa la misma importancia estratégica que al
Pacífico, Churchill tenía mucha razón al temer el aislamiento de Gran Bretaña
entre 1945 y 1946. De hecho, Estados Unidos no reaccionó a la amenaza hasta
que Stalin hubo iniciado sus gestos agresivos hacia Turquía e Irán. Daba la
impresión de que Stalin intentaba controlar ambos países para utilizarlos como amortiguador, al igual que había utilizado Europa del Este.
Sin duda, Stalin tenía la impresión de que no le resultaría demasiado
difícil controlar Europa occidental. Al fin y al cabo, las economías europeas se
hallaban en un estado lamentable, con gobiernos débiles y a punto para que
los comunistas se alzasen con el poder. Sin embargo, en Occidente no había
ganas de remediar esas debilidades mediante la fuerza militar. Los
planificadores no podían prever la escala de los problemas con los que se
encontraría un ejército aliado invasor en la Europa de 1945, entre los cuales
destacaban la inmensa marea de refugiados que llegaba barriendo hacia el
Oeste y las hambrunas que afloraron por toda Europa del Este. Esto se debía
en gran medida a que el sofocante sistema de seguridad comunista les
cerraba todo acceso a la información sobre los territorios objetivo[1].
Recientemente han salido a la luz en los antiguos países del Pacto de
Varsovia pertenecientes a Europa del Este varios planes que documentan la
reacción esperada de la Unión Soviética ante una invasión de los Aliados
occidentales. Los planes detallados más antiguos datan probablemente de
1951 y muestran cómo habría reaccionado el ejército checoslovaco a una
invasión occidental de sus fronteras. También pormenorizan de qué manera
podrían movilizar y ejecutar los checos operaciones ofensivas en Alemania
Occidental, aunque únicamente bajo mando soviético, lo cual resulta
revelador. Estos planes tan tempranos evitan entrar en detalle sobre la guerra
nuclear, pero dan por hecho que el Ejército Rojo y sus aliados podrían
avanzar por una Europa devastada por las bombas atómicas[2].
La visión de la Operación «Impensable» de una guerra limitada y de
castigo contra la Unión Soviética acabó por descartarse. Pero ¿qué hubiera
ocurrido si no les quedase otra opción que atacar, si hubiera estallado uno de
los detonantes de Polonia, Austria o Venecia Julia y la explosión hubiera
afectado a uno de los territorios ocupados por los Aliados? En ese caso, ¿los
Aliados se habrían mantenido firmes en su territorio o habrían contraatacado
y expulsado a las fuerzas soviéticas de Alemania Oriental e incluso más allá?
Pero, con independencia de quién hubiera empezado, el lector moderno será
consciente de la aparente locura que supone el terminar una guerra mundial
para empezar otra solo unos meses después. Sin embargo, un año más tarde,
Estados Unidos comenzaba a preparar sus planes de contingencia para un
conflicto con la Unión Soviética y, efectivamente, ese estado de alerta se
mantuvo durante toda la Guerra Fría. Para entonces también se había
añadido el elemento de las bombas atómicas, aunque todavía se consideraban
una simple mejora del arsenal convencional de una nación, más que los
heraldos de una nueva clase de guerra. Nunca estuvo claro cuántas bombas
atómicas habrían sido necesarias para doblegar la voluntad de Stalin. El éxito
de la prueba atómica de julio de 1945 reavivó brevemente la creencia de Churchill en la posibilidad de derrotar al comunismo por la fuerza, pero al
perder la presidencia solo unas semanas después, puso punto final a su fe en
llegar a dirigir alguna vez la guerra Impensable. Ese testigo lo recogieron los
estadounidenses, que todavía corren con él… aunque la dirección de la
amenaza a la que se enfrentan ya no está tan clara como en 1945.