Operación «Impensable»

Jonathan Walker · Capítulo 13 de 14

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Operación «Impensable»

Epílogo

 

Es posible que a los jefes del Estado Mayor de Churchill la Operación

«Impensable» les pareciese un «capricho» cuando se presentó en mayo de

1945, pero para Polonia pudo haber representado su última esperanza de

libertad. Militarmente pudo haber sido un desastre de final incierto. Sin

embargo, un año después, todas las opciones militares volvían a estar en

juego y las políticas exteriores de Gran Bretaña y Estados Unidos tenían muy

en cuenta la amenaza soviética.

En cuanto al dominio y la subyugación soviética de Europa del Este, no

cabe duda de que algunos dirigentes occidentales habían dejado que Stalin

creyese que era «cosa hecha». El «documento escabroso» de Winston

Churchill, en el que se recogían los porcentajes de las áreas de influencia, sin

duda animó a Stalin a creer que no se le disputarían las tierras que había

conquistado. En Estados Unidos, Byrnes, el secretario de Estado, no hizo gran

cosa para plantar cara a su homólogo soviético, Molotov, y al principio el

compromiso, más que la firmeza, fue la marca de la casa en la política

exterior de EE. UU. Esta política también mostraba señales de una obsesión

de posguerra con el desmantelamiento de imperios, más que con resistir a los

dictadores. Mientras tanto, el plan de Churchill para la guerra Impensable

contra la Unión Soviética respondía en parte al sentimiento de culpa por

Polonia y a la frustración por que Stalin hubiera logrado embaucar a sus

antiguos aliados en todas las ocasiones. Churchill, aunque tardó demasiado

en darse cuenta de la amenaza de Stalin, llegó a esa conclusión con más de un

año de adelanto respecto de sus aliados estadounidenses. Sabiendo que

EE. UU. no otorgaba a Europa la misma importancia estratégica que al

Pacífico, Churchill tenía mucha razón al temer el aislamiento de Gran Bretaña

entre 1945 y 1946. De hecho, Estados Unidos no reaccionó a la amenaza hasta

que Stalin hubo iniciado sus gestos agresivos hacia Turquía e Irán. Daba la

impresión de que Stalin intentaba controlar ambos países para utilizarlos como amortiguador, al igual que había utilizado Europa del Este.

Sin duda, Stalin tenía la impresión de que no le resultaría demasiado

difícil controlar Europa occidental. Al fin y al cabo, las economías europeas se

hallaban en un estado lamentable, con gobiernos débiles y a punto para que

los comunistas se alzasen con el poder. Sin embargo, en Occidente no había

ganas de remediar esas debilidades mediante la fuerza militar. Los

planificadores no podían prever la escala de los problemas con los que se

encontraría un ejército aliado invasor en la Europa de 1945, entre los cuales

destacaban la inmensa marea de refugiados que llegaba barriendo hacia el

Oeste y las hambrunas que afloraron por toda Europa del Este. Esto se debía

en gran medida a que el sofocante sistema de seguridad comunista les

cerraba todo acceso a la información sobre los territorios objetivo[1].

Recientemente han salido a la luz en los antiguos países del Pacto de

Varsovia pertenecientes a Europa del Este varios planes que documentan la

reacción esperada de la Unión Soviética ante una invasión de los Aliados

occidentales. Los planes detallados más antiguos datan probablemente de

1951 y muestran cómo habría reaccionado el ejército checoslovaco a una

invasión occidental de sus fronteras. También pormenorizan de qué manera

podrían movilizar y ejecutar los checos operaciones ofensivas en Alemania

Occidental, aunque únicamente bajo mando soviético, lo cual resulta

revelador. Estos planes tan tempranos evitan entrar en detalle sobre la guerra

nuclear, pero dan por hecho que el Ejército Rojo y sus aliados podrían

avanzar por una Europa devastada por las bombas atómicas[2].

La visión de la Operación «Impensable» de una guerra limitada y de

castigo contra la Unión Soviética acabó por descartarse. Pero ¿qué hubiera

ocurrido si no les quedase otra opción que atacar, si hubiera estallado uno de

los detonantes de Polonia, Austria o Venecia Julia y la explosión hubiera

afectado a uno de los territorios ocupados por los Aliados? En ese caso, ¿los

Aliados se habrían mantenido firmes en su territorio o habrían contraatacado

y expulsado a las fuerzas soviéticas de Alemania Oriental e incluso más allá?

Pero, con independencia de quién hubiera empezado, el lector moderno será

consciente de la aparente locura que supone el terminar una guerra mundial

para empezar otra solo unos meses después. Sin embargo, un año más tarde,

Estados Unidos comenzaba a preparar sus planes de contingencia para un

conflicto con la Unión Soviética y, efectivamente, ese estado de alerta se

mantuvo durante toda la Guerra Fría. Para entonces también se había

añadido el elemento de las bombas atómicas, aunque todavía se consideraban

una simple mejora del arsenal convencional de una nación, más que los

heraldos de una nueva clase de guerra. Nunca estuvo claro cuántas bombas

atómicas habrían sido necesarias para doblegar la voluntad de Stalin. El éxito

de la prueba atómica de julio de 1945 reavivó brevemente la creencia de Churchill en la posibilidad de derrotar al comunismo por la fuerza, pero al

perder la presidencia solo unas semanas después, puso punto final a su fe en

llegar a dirigir alguna vez la guerra Impensable. Ese testigo lo recogieron los

estadounidenses, que todavía corren con él… aunque la dirección de la

amenaza a la que se enfrentan ya no está tan clara como en 1945.