Solo mi corazon sabe
Capítulo 9
Cuando regresé al salón al terminar el receso logré evitar las preguntas de mis amigas, simplemente les dije que había ido con el doctor y de ahí había ido a la cafetería quedándome en una de las mesas, para mi suerte el as creyeron eso, pero al ver mi situación pronto tendría que desmentir un poco toda esa historia, necesitaba hablar con el as para que me ayudarán a salir de casa algunas veces, pero no sabía cómo o por dónde empezar. Por más que trataba no podía imaginar sus reacciones, sin embargo, la que más me preocupaba era Erin, por alguna razón sentía que me golpearía por ser muy tonta o solo se sorprendería de que este saliendo con nuestro profesor. Bueno, eso para cualquier persona no se escuchaba bien, ¿una alumna y su profesor siendo novios? De nitivamente era una completa locura que nos costaría muy caro a ambos si nos descubrían, pero si lográbamos manejarlo de la mejor manera posible todo saldría bien, además, nuestra diferencia de edad no era muy grande, ¿verdad?
La cabeza comenzaba a darme vueltas, ya no sabía que hacer o pensar. «Tal vez solo debes disfrutar del momento sin preocuparte por el futuro» Dijo una voz en mi interior. Y sabía que tenía razón, quería disfrutar de mi romance con Adrián que apenas empezaba, pero las preocupaciones seguían en mi cabeza, no tenía tanto miedo por mi sino por él, tampoco quería que resultará herido; vaya dilema, no quería que ninguno de los dos fuera lastimado, pero a estas alturas de mi vida, si permanecíamos juntos o separados podría ser el mismo resultado doloroso.
Faltaban solo cinco minutos para que por n acabará la última clase del día y tenía dos opciones: la primera era contarles todo a mis amigas de una vez y un poco rápido o guardar silencio hasta el viernes para hablar con más calma y pensar mejor lo que les iba a decir. Acababa de mirar por la ventana cuando vi a Daniel recargado en el barandal hablando con Yann, los dos se veían bastante
divertidos. Fue como si sintieran que alguien los estaba observando porque al mismo tiempo voltearon a verme, empecé a sentir mis mejil as calientes. Estaba muy apenada por ser descubierta de esa manera; les ofrecí una pequeña sonrisa para tratar de disimular mi vergüenza. Los dos me sonrieron de una manera dulce, hasta que vi que Daniel me sonrió a la vez que me guiñaba con su ojo derecho. Supongo que actuar de esa manera era normal en él.
La clase terminó, empecé a guardar mis cosas esperando que mis amigas no me invitarán a algún lugar.
—Gabbe —escuché la voz de Jamila atrás mío.
—¿Qué ocurre? —Traté de evitar contacto visual con el as.
—Vamos a ir a comer a mi casa, ¿Quieres venir?
—Hoy no —tomé mi mochila y la puse sobre mis hombros—. Preferiría ir a casa y descansar un rato.
—Entonces mañana —Jamila me tomó del brazo y sonrió—. ¿Está bien?
—Por supuesto, mañana está bien —Era mejor aceptar, si no lo hacía sería muy raro y quería evitar las preguntas, incluso tal vez mañana les contaría todo, sobre lo sucedido estos últimos días, solo esperaba que no reaccionarán de muy mala manera.
—Perfecto —pasó un brazo por mis hombros.
—Más te vale que vayas mañana —me amenazó Erin con una sonrisa en su rostro.
—Voy a ir, no te preocupes —le devolví la sonrisa.
—Con ó en ti.
—Vamos, hay que salir.
En cuanto salimos vi a los chicos esperándonos, por primera vez me sentía muy incómoda a tal grado de no querer ver a Daniel, lo cual era muy complicado porque desde que lo conocí permanecía a nuestro lado; digo, él es una increíble persona y quería mantenerlo como mi amigo por mucho tiempo, es solo que desde que me beso se sentía raro estar a su lado.
—Chicas —dijo Yann, mientras abrazaba a Erin.
—Hola —Saludamos al unísono.
—Tan amigas son que incluso ya se coordinan para hablar —se burló Daniel.
—¿Amigas? —Jamila negó con la cabeza y se cruzó de brazos—. Yo diría hermanas.
—Lo siento, mi error —respondió Daniel, con tranquilidad. Me volteó a ver y caminó hacia mi—. ¿Dónde estuviste en el receso?
—No me sentía muy bien.
—¿Qué tienes? —me miró con preocupación.
—No te preocupes, no es nada serio.
—Deberías ir a casa a descansar —dijo Yann, con preocupación.
—Es verdad, será mejor que te vayas a casa —Erin tomó la mano de su novio
—. Nosotros aún nos quedaremos un rato aquí.
—Está bien.
—Quisiera acompañarte a casa, pero debo ir a buscar a un profesor —Daniel se veía bastante frustrado por eso.
—De verdad, no te preocupes, voy a l egar a casa sana y salva —Quería mantenerlo tranquilo, además, en realidad no iba a ir directamente a casa por lo que agradecía que tuviera que permanecer en la escuela un rato más.
—Está bien —podía ver que no se sentía del todo seguro, pero no tenía más opción que aceptarlo.
—Los veo mañana —sonreí y me despedí con un gesto de mano.
—Te vas con cuidado.
Me apresuré a bajar las escaleras, estaba muy agradecida con todos el os por su preocupación, pero hoy no quería que me acompañarán debido a mis planes, aún no me sentía del todo bien, cosa que es normal, pero tampoco quería desaprovechar esta salida con Adrián, en especial porque era la primera.
Llegué a la entrada donde estaba él hablando con otro estudiante, me miró de reojo y pude ver una ligera sonrisa en su rostro, hizo un gesto con la cabeza que no lograba entender lo que signi caba, pero pensaba que quería decir que empezará a caminar para que él pudiera hacer lo mismo. En realidad, no lo entendía, en mi opinión no se veía mal caminar a lado de una alumna, cualquier persona pensaría que van por el mismo rumbo por un momento y después cada quien seguiría su camino, ¿no? Pero decidí hacer lo que creí que quería. Pasé junto a el os y seguí caminando, por el mismo lugar de siempre hasta alejarme un
poco más de la escuela; al cabo de unos segundos escuché unos pasos detrás de mí, pero no volteé, porque podría no ser él. Me detuve un momento y me recargué en la pared de una casa, como ya había imaginado esos pasos que había escuchado antes no eran de Adrián, una chica con el uniforme de la escuela paso rápidamente, no la había visto nunca, aunque podría asegurar que era un año más chica.
Miré el cielo y aún estaba nublado, tal vez l overía en un rato más, el clima se sentía muy frío como siempre me ha gustado, fue una suerte que por obvias razones decidiera traer el uniforme deportivo, así podría mantenerme más calentita. Hoy era un buen día para tomar una taza de chocolate caliente con gal etas o un pedazo de pastel mientras veía películas. De nitivamente eso sería fantástico.
—Gabbe —miré hacia donde provenía la voz y vi a Adrián acercarse con una sonrisa—. Lamento tardar.
—Está bien —le devolví la sonrisa—. En realidad, no sabía en donde esperar así que me detuve aquí.
—Estuvo bien —pasó una mano por mi cabel o revolviéndolo—. ¿A dónde quieres ir?
—¿Al parque de ayer? —lo miré con curiosidad.
—Es un lugar tranquilo —Parecía pensativo. Incluso así se veía muy guapo—.
Creo que podremos hablar tranquilamente ahí.
—Entonces vamos.
—Vamos.
Tomó mi mano con delicadeza y entrelazó sus dedos con los míos. Lo mejor de todo esto era que Adrián se veía bastante joven por lo que nuestra diferencia de edad no se notaba del todo, si no trajera el uniforme puesto en este momento y estuviera usando ropa casual se notaría todavía menos, pero tener que ir a mi casa a cambiarme sería un riesgo muy grande porque tal vez mis padres ya no me dejarían salir de nuevo.
El aire se sentía más frío, pero estar cerca de él me hacía sentir cálida, era como si no necesitará usar algún abrigo, como si su sola presencia me quitará todo ese frío, esta clase de sentimientos nunca los había tenido. Permanecí tan alejada de
los hombres, siempre manteniéndome fría y distante como si los odiara, lo hacía para protegerme, para no dejar que me lastimaran, pero en un ligero descuido ya le había entregado mi corazón a esta increíble persona que tenía caminando a mi lado. Bastó un corto tiempo para sentirlo tan cercano a mí, no conocía mucho de su vida, pero se sentía como si fuera un viejo amigo y ahora podía decir que era mi novio.
—¿Te gusta más el frío o el calor? —pregunté, mientras nos acercábamos más al pequeño parque.
—Pre ero el frío —me miró de reojo—. El calor no… solo no me gusta.
—Igual a mí me gusta el frío —Me quedé viendo el suelo—. Lo que más odio del calor es sudar.
—Entiendo eso.
—Y con este tipo de clima puedo usar sudaderas —me sentía feliz.
—¿Te gusta usar ropa más cómoda?
—Sí y aclaró si uso vestidos, pero depende la ocasión, aunque pre ero los pantalones y sudaderas es más cómodo para sentarme —me reí.
Adrián me miró con una sonrisa y dijo:
—Debes verte muy bonita con vestido.
—¿Qué? —pregunté, sorprendida. Esta clase de conversación me tomaban por sorpresa.
—¿Por qué tu cara se puso roja?
—¿Qué? —pregunté, de nuevo. Con mi mano libre toqué mi rostro y era verdad se sentía calentita—. Normalmente me pongo así.
—Lo he notado —sonrió—. Es cuando te da pena algo.
—Sí, de nitivamente.
—Incluso así luces bonita.
—No hagas eso —dije. Podía imaginar mi cara más roja de lo que estaba.
—De verdad te ves linda —parecía que estaba disfrutando burlarse de mí.
—Está bien, te creo —dije, para que ya no lo mencionara más.
—¿Por qué eres tan tímida? —Se quedó pensando—. Eres tímida, pero a la vez no lo eres.
—No me gusta hablar con las personas —contesté, no sabía explicarme—.
Quiero decir, no soy una persona sociable, pre ero estar sola o con mis pocos amigos que se limitan a cuatro personas y… contigo.
—¿Con nosotros no eres tímida?
—Contigo si lo soy —lo miré.
—A veces no lo parece —sonrió de forma burlona.
—Bueno, solo un poco.
—Solo algunas veces.
Nos miramos con una sonrisa.
—¿Por qué le dijiste a mi hermano que eres un estudiante? —de pronto pregunté. Sentía mucha curiosidad.
—Porque lo soy —Llegamos al parque y empezamos a buscar una banca donde sentarnos—. Como lo dije ayer soy estudiante universitario.
—No entiendo, si aún eres estudiante… —trataba de pensar en como formular bien la pregunta—. ¿Cómo es que te convertiste en nuestro profesor?
Me miró de manera pensativa.
—En realidad mi papá debió darle clase a tu salón, pero le realizaron una cirugía unas semanas antes del inicio de clases y tiene incapacidad —fuimos a la misma banca donde había estado ayer con Jayah—. Y como soy bastante bueno en matemáticas me dejaron dar clases en su lugar.
—¿En serio? —me sentía sorprendida—. ¿Tan fácil?
—Mi papá conoce bien al director —respondió, mirándome con una sonrisa
—. No digas nada de esto.
—Está bien —le devolví la sonrisa—. No diré nada.
—Pensé que sería aburrido dar clases, en mis planes nunca estuvo eso, pero ha sido muy interesante —me miró con dulzura—. Incluso te encontré.
—Me alegra que aparecieras —no pude desviar mi mirada.
Sostuvo mi rostro entre sus manos y me beso en los labios.
—Igual a mi —Pegó su frente a la mía mirándome traviesamente—. ¿Qué pensarían tus padres al ver quien es tu novio?
—No lo sé —dije, entre risa—. Tal vez me sacarían de la escuela.
—No es muy grave.
—¿Qué? —lo miré con sorpresa y tomé su mano—. Pero me gusta estar con mis amigas y ya no te vería en clases.
—Ese es un buen punto —apretó mi mano—. No hay que decirles por ahora.
—¿Pensabas hablar con el os?
—Me gustaría conocerlos —sonrió dulcemente—. Pero también conozco muy bien nuestra situación.
—Nuestra situación es un poco complicada —estuve de acuerdo.
—Encontraremos una manera —Con su mano libre acarició mi cabel o—.
Deberíamos esperar a que termine este semestre, después de eso mi papá va a regresar a dar clases, entonces podríamos estar un poco más tranquilos.
—¿Ya no volverás a dar clases?
—No creo, aún sigo pensando que no es mi vocación.
—No te he preguntado —sentía curiosidad—. ¿Qué estudias?
—Administración de empresas —me miró con una sonrisa—. ¿Has pensado en lo que quieres estudiar?
—Medicina —dije, pensativa—. Siempre me ha gustado, quiero ser neurocirujano.
—Es increíble, tienes cara de doctora.
—¿En verdad lo crees?
—Por supuesto, vas a ser una gran doctora.
—Gracias por decirlo.
La dulzura con la que me miró y lo dijo era demasiado hermoso, me hacía sentir que podría lograr todo lo que me propusiera, sabía que tenía su apoyo y así quería seguir teniéndolo por mucho tiempo.
A veces necesitas de alguien que te ayude a mejorar, no a alguien que te frene y que no le parezca nada de lo que dices o haces, esa clase de personas no son buenas y es una molestia lidiar con el as, por eso es mejor mantener a todo aquel que aporte algo en tu vida.
Permanecimos en silencio por un momento, tomé mi mochila y la abrí, estaba buscando unos pequeños dulces sabor café, aún no tenía hambre, pero se me había antojado el dulce. No podía encontrarlos así que saqué algunas de mis
libretas y libros escolares, incluyendo uno de mis libros favoritos de fantasía.
Adrián me miraba con curiosidad y estiró un poco el brazo para tomar el libro.
—In nitud —dijo, leyendo el nombre—. ¿De qué trata?
—Habla de una chica que creía tener una vida normal hasta que comienza a dudar sobre quien es realmente debido a sueños extraños que ha tenido, conoce a un chico misterioso que oculta muchos secretos y parece saber más sobre el a que la misma chica —Traté de omitir muchas cosas, la idea no era arruinar el nal o la historia por completo—. Pero mientras más vas leyendo vas descubriendo todo y debo decir que esta increíble.
—Se escucha interesante —seguía leyendo la parte de atrás y después me miró arqueando las cejas—. Ya lo has leído muchas veces, ¿verdad?
—Esta es la cuarta —realmente amaba ese libro—. No son muchas veces.
—Estoy seguro de que lo leerías veinte veces más.
—La verdad sí.
—¿Me lo prestas? —lo miré con sorpresa. Honestamente no esperaba eso.
—Por supuesto —sonreí.
—¿No te molesta no poder seguir leyendo? —parecía divertido.
—No, ya me lo sé de memoria.
—Deberías ser así en la escuela.
—Si lo soy —dije, rápidamente—. Estudio mucho.
—Entonces quiero ver un diez en mi materia.
—¿Un diez? —exclamé. Esto no podía ser verdad, por más que estudiará no era muy buena en su materia—. ¿En serio?
—Lo digo en serio —sonrió—. Puedo ayudarte a estudiar si quieres.
—Esa idea sí me gusta.
—Puede ser después de clases o en el receso.
—Después de clase —pedí. Seguir estudiando en un momento donde podía descansar y relajarme después de otras materias era lo mejor y no quería pasar mi único descanso estudiando.
—Está bien —acarició de nuevo mi cabel o. Me estaba dando cuenta que le gustaba hacerlo—. ¿Entonces quieres ir a una cita conmigo el sábado?
—¡Sí quiero! —dije, con emoción.
—Muy bien.
—Sí —no podía evitar sonreír.
—¿Quieres que pase por ti?
—No creo —Si mis padres estaban en casa ese día podría ser muy arriesgado.
—Por supuesto, tus padres —se quedó pensativo—. Podría esperar una cuadra antes.
—Eso estaría bien —supongo que así sería un poco más seguro y no quería que se llegara a molestar o sentir mal por estar negándome a eso.
— Perfecto —parecía muy contento.
—¿Qué vamos a hacer?
—Vamos a tener una cita normal —sonrió mientras tomaba mi mano.
—Nunca he tenido una cita normal —dije, apenada.
—¿Por qué? —se veía sorprendido.
—No sé, creo que nunca tuve esa oportunidad —sonreí con la cara sonrojada
—. Solo sé que van a comer, ven películas, tal vez al parque…
—Es algo así.
—Al menos tengo una idea —Con mi ex novio nunca había tenido una cita normal, para ser honesta la mayor parte del tiempo nos la pasábamos discutiendo por tonterías y a lo mucho íbamos a dar una vuelta que duraba como tres horas, tal vez un poco más o simplemente me llevaba a mi casa y era todo.
—Me alegra saber que tu primera cita será conmigo —creo que me estaba volviendo adicta a esa sonrisa.
—También me alegra.
—¿Sabes? —preguntó, mientras pasaba un mechón de mi cabel o detrás de mi oreja—. Estoy seguro que cuando conozcas a mi hermana le vas a agradar.
—¿Conocer a tu hermana? —pregunté, con sorpresa. No había pensado en preguntarle sobre su familia, apenas sabía acerca de su papá.
—Sí, mi hermana —me miró y en sus ojos podía notar diversión—. Es la mayor.
—¡Oh! —exclamé. No podía imaginar a Adrián como el más joven de los dos
—. ¿Por qué le agradaría?
—Eres una persona hermosa, tierna y única.
—¿Única?
—Desde que te conocí he pensado que lo eres —Ahora solo podía ver ternura en él—. Gabbe es única.
—Creo que nadie había pensado así de mí.
—Tal vez solo no te diste cuenta —sonrió y lentamente se acercó dándome un beso en los labios.
Disfrutaba mucho de estos momentos, si mis amigas me escucharán pensarían que soy muy cursi o peor aún, que soy una ridícula, pero ahora con rmaba que el destino si existía y que de nitivamente había nacido para amar a este increíble hombre, a pesar de que apenas habíamos iniciado con una relación podía sentirlo de esa manera y por más que una parte de mi pensaba que fuera cuidadosa, la otra me decía que nada malo pasaría y que disfrutará del momento y eso es lo que pensaba hacer.
—Pero en realidad no creo que alguien más piense así —dudaba que otra persona creyera que soy única, tal vez sí, pero únicamente rara.
—Si te gusta pensar que soy el único que piensa así, puedo aceptarlo.
—Esta mejor así —asentí feliz—. La verdad pre ero serlo solo para ti.
—Me parece muy bien —dijo, mientras nos reíamos.
—Soy un poco graciosa por lo que veo, ¿eh?
—Eres linda.
—¿Qué es esto? —puse mis manos en mis mejil as—. ¿Por qué haces que me sonroje?
—Tú sola lo haces —se encogió de hombros—. No he hecho nada.
—Hazte responsable por esto —sonreí.
Para ser honesta amaba poder ser tan natural con él, sin sentir tanta vergüenza o miedo por decir cualquier tontería.
—Me declaro culpable —Con su mano bajó la mía y acarició mi mejil a—.
Acepto que me gusta verte sonrojada.
—Lo sabía —sonreí. Me quedé por un corto momento pensando, creo que sería mejor preguntarle si era bueno que se lo contará a mis amigas, lo veía como una buena opción para poder salir más seguido con él sin levantar sospechas,
pero no estaba segura que estuviera de acuerdo con eso—. ¿Puedo preguntar algo?
—Por supuesto —entrecerró los ojos.
—¿Puedo contarle a mis amigas sobre nosotros? —No sabía que más decir—.
Me re ero a que tal vez con su ayuda nosotros podamos salir más…
Mi voz se fue apagando cuando vi que estaba completamente sumergido en sus pensamientos; sabía que esto de escondernos era un gran fastidio, pero ambos sabíamos que era lo mejor por el momento, por eso esperaba que no se molestara por lo que dije.
—No me agrada que les mientas a tus padres —me miró jamente—. Pero también entiendo que lo sugieres para no tener problemas.
—Sí…
—Está bien, puedes decirles —respondió, con un suspiro—. Y solo por ahora le mentiras a tus padres solo si es necesario, ¿de acuerdo?
—Está bien —respondí, agradecida.
—Es muy complicado ¿no? —sonrió ligeramente.
—Algo complicado.
—No te preocupes —tomó mi mano y la apretó—. Buscaremos la manera de que todo salga bien.
Asentí. Sabía que trataba de tranquilizarse más a él que a mí, aun así, sus palabras eran reconfortantes, sabía que quería que nuestra relación funcionará y fuera aceptada por los demás, en especial por mis padres y era por eso que trataba de soportarlo lo mejor que podía y se lo agradecía in nitamente.
Solo una persona que verdaderamente te quiere y se preocupa por ti es muy paciente y no presiona ni fuerza las cosas, deja que todo uya a su debido tiempo.
Nos quedamos sentados mientras me abrazaba y permanecíamos en silencio, se sentía muy cálido a pesar del clima fresco, no quería irme quería permanecer a su lado por mucho tiempo más. Recargó su cabeza sobre la mía, hoy era la segunda vez que lo hacía, esta clase de detal es me hacía sentir cada vez más cerca de él y me gustaba mucho la idea. No soy persona de imaginar toda una vida a lado de la persona que amo, me re ero a que algunas chicas cuando tienen novio ya están
casi planeando la boda, la cantidad de hijos que tendrán y donde vivirán los últimos días de sus vidas y a eso incluyan el tipo de perro que escogerán; en mi opinión esa es una gran tontería ya que nadie te asegura que formaras una familia con esa persona, por eso es mejor disfrutar del ahora sin planear un futuro muy lejano y eso es lo que haría.
—¿Gabbe?
—¿Qué pasa? —pregunté, sin moverme.
—¿No tienes que ir a casa? —musito—. No creo que le hayas avisado a tus papás que no irías, ¿o si?
—Es verdad —puse mi mano en la frente.
¿Cómo había podido olvidar eso? Debía estar loca al dejar pasar ese detal e.
—Lo imaginé —De nuevo esa sonrisa traviesa—. Y yo que pensaba l evarte a comer a algún lado.
—¿Qué? —dije, aún más sorprendida.
—Será en otra ocasión —me dio un beso en la frente y se levantó ofreciéndome su mano para ayudarme a levantarme—. Te lo prometo.
—Está bien —tomé su mano y me puse de pie—. De verdad esto es muy triste.
—¿Qué cosa? —preguntó, mientras empezábamos a caminar con nuestras manos entrelazadas.
—Tener que separarnos por hoy y no ir a comer juntos.
—Bueno… mañana podemos vernos de nuevo y el sábado podemos comer juntos durante nuestra cita.
—Lo sé, pero aun así es triste.
—¿Sabes que es más triste aún?
—¿Qué es? —sentía mucha curiosidad.
—Que aún no me has dado tu número de celular —parecía que se estaba divirtiendo al ver mi cara de asombro—. Creo que no te gusto tanto como dices.
—Debiste darme tu número primero —dije, rápidamente—. Creo que eres al que no le gusto tanto como dice.
—De nitivamente eres única —se veía muy alegré. Levantó su otra mano y la extendió hacia mi—. Dame tu celular.
—De acuerdo —Lo saqué de la mochila y se lo entregué. Tomó mi celular y guardó su número en mi agenda de contactos, cuando me lo devolvió le marqué y su celular empezó a sonar—. Ahora tienes el mío.
—Perfecto —sacó su celular y de reojo pude ver que guardo mi número, pero no pude ver como lo había registrado, tal vez solo puso mi nombre.
—¿Mañana nos veremos en el receso?
—Sí, pienso que donde estuvimos hoy es el mejor lugar, ¿no crees?
—Estoy de acuerdo —sonreí y lo miré con curiosidad—. Si tu papá se enterara que estas saliendo con una de sus alumnas, ¿qué crees que pensaría?
—Seguramente lo mismo que tus papás si se enteran que sales con tu profesor.
—Tienes razón —suspiré al ver que ya casi nos acercábamos a mi casa, era hora de despedirnos—. No quiero despedirme.
—No nos vamos a separar para siempre —soltó una risita. Se paró frente a mí y puso sus manos sobre mis hombros—. Nos vamos a ver mañana, pasado mañana y toda la semana.
—Menos domingo —sonreí.
—Menos domingo —estuvo de acuerdo.
Puso sus manos alrededor de mi cintura e inclinó su cabeza hasta estar a mi altura y me besó, pasé mis brazos alrededor de su cuel o, para poder atraerlo más hacia mí.
—¿Cómo esperas que me separé de ti si estamos así? —pregunté, alejándome un poco de él, pero no lo su ciente.
—Tienes razón, hacer esto fue una mala idea —susurró mientras me besaba de nuevo—. Creo que ya debes irte.
Me dio un beso en la frente antes de separarse de mi con una sonrisa, realmente no quería irme.
—Supongo que debo hacerlo —respondí—. Si seguimos así puede ser bastante tentador.
—¿Qué? —me miró con sorpresa y sonreía burlonamente.
—No me re ero a otra cosa —dije deprisa, al darme cuenta que mis palabras podrían tener otro sentido—. Lo que quería decir es que podría ser bastante tentador porque harías que me quedara otro rato aquí.
Pasé una mano por mi cabel o, me sentía nerviosa, estúpida y completamente sonrojada. Su mirada seguía siendo burlona, pero trataba de desviar la mirada.
—No dije nada, fuiste tú quien saco la conclusión de que le había dado otro sentido a tus palabras.
—Es mejor que me vaya —me puse de puntil as y le di un rápido beso en los labios, a pesar de que me sentía muy avergonzada, quería despedirme así de él—.
Olvida lo que dije.
Sonreí sin dejar de verlo mientras daba unos pasos hacia atrás.
—Gabbe —Me detuve por un momento—. Olvidé preguntarte una cosa.
—¿Qué es?
—¿Qué tipo de ores te gustan?
—¡Ah! —exclamé, emocionada—. Amo los tulipanes rojos.
—Muy bien —respondió, me despedí con la mano y me di la vuelta para caminar hacia mi casa—. ¡Y no olvidaré lo que dijiste!
Gritó. Volteé rápidamente, pero ya había empezado a caminar de regreso por donde habíamos venido. «Genial, ahora va a pensar que soy una pervertida»
Pensé.
Caminé hacia mi casa y abrí la puerta, no había nadie en la casa, así que decidí subir a mi habitación y acostarme un rato, mientras pensaba en lo increíble que había sido el día de hoy a pesar del dolor que tuve toda la mañana; aún lo sentía, pero creo que era más mi felicidad que no le preste atención y pude sentirme cómoda a su lado. Deseaba más días así, puse mi mano derecha en mi pecho y podía sentir como mi corazón latía con fuerza, como nunca antes lo había hecho.
Esto estaba más que claro, pero debía aceptarlo, lo que sentía por Adrián no era nada pasajero, estaba completamente enamorada de él, solo quería verlo a todas horas, abrazarlo y besarlo, ver su hermosa sonrisa y soy sincera cuando digo que podría vivir solo con eso. Hasta cierto punto me sentía aterrada, tal vez era debido a la diferencia de edad, no quería que pensara que soy aún una niña inmadura, por eso algunas veces no sabía que decir o cómo reaccionar, pero tampoco quería estar presionada por esos detal es, cada vez que me sentía de esa manera trataba de pensar en cómo me siento en esos momentos a su lado, en lo feliz que soy y en lo feliz que lo veo a él, disfruto ese momento y eso me ayuda a
distraer toda clase de pensamientos en mi cabeza, pero cuando estoy sola como ahora todos el os vienen y no me dejan tranquila.
Mi cabeza estaba empezando a doler, en estos instantes todo me dolía. Saqué una sudadera de mi armario y me la puse; debía mantener calentito mi vientre para que el dolor disminuyera, después de un momento decidí bajar a la cocina y prepararme un té, eso debía ayudar más a todos mis dolores. Salí de la cocina y me acosté en el sil ón. Ahora que lo pensaba de nitivamente morir estaba siendo una idea tentadora, mañana sería un día muy complicado, a pesar de que no me tocaba clase con Adrián me ponía nerviosa verlo en el receso o por los pasil os de la escuela, aún me sentía un poco avergonzada por lo que pasó y después venía la preocupación de mis amigas, la idea de que reaccionen mal me estresaba, si así me ponía con el as no podía imaginar como sería con mis padres, algo muy dentro de mí me decía que ese día las cosas se iban a poner muy feas.
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