Solo mi corazon sabe
Capítulo 6
Las clases habían l egado a su n, al menos por hoy. Me sentía feliz, necesitaba descansar y pensar en todo lo que había sucedido, todo el asunto de Daniel y el profesor Ferro me estresaba, aunque me gustaría hablar con mis amigas ya tenía claro lo que opinaba cada una y mi mamá no era una opción, ¿qué se supone que le diría? ¿mamá me enamoré de mi profesor y no sé lo que pasa con un amigo? No lo creo.
Salimos de la escuela y nos quedamos un momento en la entrada, estábamos esperando a Yann, a pesar de que Erin no se iba a ir con su novio quería despedirse.
—Chicas, me tengo que ir —dijo Jamila, después de unos minutos—. Mi mamá me acaba de escribir, le urge que llegue.
—Está bien —le sonrió Erin.
—Las veo mañana.
—Te vas con cuidado.
—Claro —Puso una mano en mi hombro—. Nos vemos.
Jamila nos dijo adiós con un gesto de mano y desapareció entre los estudiantes, en cuanto a nosotras nos sentamos en el borde de la jardinera. Tenía mucho tiempo libre antes de que mi hermano saliera de su práctica de básquetbol, solo por eso y porque no quería dejar sola a Erin me quedaba a acompañarla.
—Perdón, ya l egué —dijo Yann, acercándose a nosotras, le dio un beso a su novia y a mí me miró con sorpresa—. ¿Hiciste que Gabbe se quedara?
—No, quiso quedarse conmigo —dijo, rápidamente.
—¿Eso es cierto? —me miró con una sonrisa.
—Es cierto.
—Te lo dije —le dio una palmadita en la espalda y luego hizo una mueca—.
Tengo que irme.
—Está bien —la abrazó.
—Te veo mañana —se despidió de su novio con un beso en los labios y a mí me abrazo—. Gracias por quedarte conmigo.
—Por nada —le devolví el abrazo.
—¡Nos vemos mañana! —dijo Erin, mientras se subía a un taxi.
—¿No te da miedo que Erin se vaya sola en taxi? —le pregunté a Yann cuando el taxi había desaparecido de nuestra vista.
—Es Erin, sabe como defenderse —se burló y con su puño golpeó a la nada.
—En eso tienes razón —No pude evitar reírme. Yann decía la verdad, mi amiga sabía cuidarse.
—Oye, Gabbe…
—¿Si? —lo miré con curiosidad.
—¿Vas por al á? —Señaló con el dedo. Asentí—. ¿Puedo ir contigo?
—Claro —sonreí—. ¿Vives por al á?
—No, voy a ir a comer con mi papá —Empezó a explicar mientras caminábamos—. Mis papás se divorciaron cuando tenía nueve años, por diferencias irreconciliables. El os decidieron que me quedara a vivir con mi mamá y pasar las vacaciones o nes de semana con mi papá y claro, de vez en cuando ir a comer con él entre semana.
—¿Y ese día es hoy?
—Sí, hoy tocó —me miró con una pequeña sonrisa.
—Eras un niño cuando paso eso —dije en un susurro—. Debió ser difícil.
—No tanto, mis papás vivieron por mucho tiempo discutiendo por cualquier cosa, fue mejor de esta manera, creo que era más desgastante para todos seguir viviendo así.
—Eso es verdad.
—Pero, aunque entendía porque se habían separado me hubiera gustado crecer en la misma casa con los dos.
—Eres increíble.
—¿Por qué? —Yann me miraba con curiosidad.
—Eres una persona muy bril ante, amable y todo un cabal ero —lo miré—.
No dejaste que lo que pasó con tus padres te afectará, seguiste adelante, conozco
a varias personas que les afectó demasiado y tienen actitudes muy diferentes a la tuya, por eso me parece increíble.
—Depende cada quien, si decide que afecte su vida o no, en mi caso traté de mantenerme bien más que nada por mi mamá, para el a fue muy difícil y no quería causarle más dolor, entonces decidí ser una persona alegre y e ciente.
—A eso me re ero, eres sorprendente.
—Gracias —sonrió dulcemente.
Yann simplemente era un gran chico, me sentía muy agradecida de que me tuviera con anza y me contará cosas muy personales. Miré a mi acompañante de reojo y el sol bril aba sobre su cabel o castaño claro, su piel parecía como si se hubiera bronceado en alguna playa mientras se relajaba, sus ojos cafés claro realmente me gustaban y sus pestañas, tenía tantas que tenían la apariencia de tener máscara para pestañas, cualquier mujer las envidiaría.
—¿Yann?
—¿Qué ocurre?
—No te vayas a enojar por lo que diré —frunció el ceño mientras asentía—.
Tus pestañas son muy lindas.
—Gracias, todas las noches les pongo aceite de almendras para cuidarlas —dijo riéndose, no pude evitar hacerlo también—. Es broma.
—Lo imaginé.
—Por cierto, ¿tú si vives por aquí?
—Sí, caminando en esta dirección, pero todavía falta mucho para l egar a mi casa —pasé una mano por mi cabel o—. Pero me desviare un poco, ahorita voy por mi hermano a su escuela, está en sus prácticas de básquetbol.
—¿Es muy chico?
—Sí, acaba de entrar a la primaria.
—Tan joven y ya juega básquet —parecía emocionado—. ¿Crees que un día podríamos reunirnos? Me encantaría enseñarle algunos trucos a tu hermano.
—Por supuesto, dime que día puedes para l evarlo —sonreí con agradecimiento.
—Genial, le diré a Erin para que vaya también.
—Erin es muy buena jugadora —recordé todas esas veces que jugaba básquetbol con algunos amigos.
—Demasiado buena —estuvo de acuerdo.
—Oye —De repente tuve una idea, tal vez él me podría ayudar a salir de algunas dudas—, Si un chico le dice a una chica que su relación es mejor que siga solo en amistad y ambos estuvieron de acuerdo desde el principio, pero él a veces actúa diferente, me re ero a que se la pasa abrazando y coqueteándole a la chica,
¿eso signi ca que en realidad si le gusta más que como una amiga?
—Desde mi punto de vista sí —Se quedó pensando por un momento—. No creo que el chico solo lo haga por diversión, bueno, puede ser que, si lo haga, pero incluso siendo eso debe tener interés en el a. Tal vez sea su forma de l amar la atención de la otra persona.
—Tienes razón —eso no me ayudaba a sentirme mejor, Yann me había dicho lo que no quería escuchar, a pesar de que ya lo sabía perfectamente.
—Tengo la ligera sospecha de que estás hablando de Daniel, ¿verdad? —
inclinó un poco su cabeza hacia mí.
—Sí, me re ero a él.
—Pienso que Daniel no tiene claro lo que siente por ti —Parecía pensativo—.
Creo que él quiere protegerte, necesita cuidarte, si tú estás bien él también, pero no tiene claro si lo hace porque le gustas o simplemente porque te tiene cariño.
—¿Cómo de hermanos? —pregunté.
—No creo que usar el término de hermanos sea el correcto —se burló—. No cuando te dio un beso.
—Tienes razón —me reí.
—Eso es lo que pienso, que está un poco confundido —Yann tenía una mirada pícara—. Lo voy a averiguar y te contaré lo que encuentre.
—Gracias —me sentía muy agradecida.
—Gabbe —Se quedó quieto y miró a su alrededor—. ¿Vas derecho o darás vuelta a la izquierda?
—Voy derecho ¿y tú?
—Dobló a la izquierda — ngió una cara de tristeza—. Supongo que aquí nos separamos.
—Creo que sí.
—Lástima, la conversación era bastante entretenida —me dio una palmadita en la espalda—. Nos vemos mañana.
—Por supuesto —sonreí.
—Te vas con cuidado.
Asentí y me despedí con un gesto en la mano mientras caminaba. Realmente había sido un momento muy agradable y sabía que Yann realmente averiguaría algo solo por el hecho de que tenía curiosidad, cosa que no me molestaba porque me diría todo y me sentía agradecida por eso.
Me sentía algo agotada, no lo había sentido mientras conversaba con mi acompañante, pero ahora que venía sola ya se hacía presente el cansancio. Entré a una tienda y compré una botel a de agua, aún faltaba un poco para l egar a la escuela; revisé la hora y aún tenía tiempo, me sentía aliviada. El sol estaba justo arriba de mí, por eso sentía tanto calor. Estaba considerando detenerme por un momento y sentarme en algún lugar donde hubiera sombra para descansar un poco, pero a simple vista no veía algún lado donde pudiera hacerlo.
Creo que debería considerar la idea de pedirle a mis padres que me l even a una escuela de manejo, así podría empezar a aprender y ahorrar mucho dinero para comprarme un coche de uso cuando adquiera mi licencia de conducir, eso me facilitaría muchas cosas y podría evitar caminar en este infernal sol de nuevo.
Antes había pensado en pedir una bicicleta, pero las clases y el automóvil me parecían mejor; poder tener clima todo el tiempo sería lo ideal.
Caminé un poco más, hasta que l egué a un pequeño parque, me adentre y encontré una banca vacía, junto había un árbol lo que ocasionaba que hubiera sombra en ese lugar. «Gracias árbol» Pensé, mientras me sentaba. Puse la mochila en el lado que quedaba vacío y respiré profundamente. Miré a mi alrededor y vi a unos niños l egando con sus papás, podía notar que eran muy jóvenes, calculaba que la señora tenía como unos veintinueve años y su esposo tal vez treinta y dos años; la niña parecía tener cuatro años y el niño quizás seis años.
Lucían tan adorables mientras corrían, se veían tan alegres, era increíble ver como el os eran capaces de divertirse con cualquier cosa, creo que el mejor momento de una persona es la niñez, puedes disfrutar de todo por pequeño que sea, no tienen
tantas preocupaciones, solo te encargas de aprovechar al máximo aquel o que te hace feliz, pero todo eso cambia cuando creces, es como si la vida te dijera:
«espero que hayas disfrutado de esa felicidad que te permití tener por un corto tiempo porque ahora vas a tener que sobrevivir con todas tus fuerzas a todos los obstáculos que te he preparado». Y si soy sincera a veces siento que ya no puedo, me da la sensación de que no puedo soportar más las cosas; las situaciones por las que en algún momento paso son más fuertes y es tan difícil seguir esforzándome, pero aun así trato de dar lo mejor y superar todas las pruebas. Mi madre siempre dice que las personas que tienen una gran fortaleza y un gran corazón son los que tienen la capacidad para luchar y salir adelante, esa debía ser la razón por la cual no podía hacer mucho, mi fortaleza se resumía a nada.
La niña me volteó a ver y me saludó con su mano, con una sonrisa hice lo mismo, sus papás voltearon a ver con curiosidad a la persona que estaba saludando su pequeña hija, en cuanto me vieron se les relajo la cara y me sonrieron también, debió tranquilizarles el verme con uniforme, se dieron cuenta que solo era una estudiante. El niño salió corriendo y tomó la mano de su mamá; no era capaz de recordar la última vez que me l evaron mis padres a un parque a jugar, mi papá siempre estaba ocupado en su trabajo, l egaba en la madrugada a casa y mi mamá siempre estaba atendiendo la casa, así que era muy probable que tuviera la misma edad de la niña cuando dejaron de l evarme. A mi hermano nunca le tocó ni un día así, debería traerlo al menos un día de estos, por eso estaba agradecida con Yann por sugerir l evarlo a practicar básquetbol, de nitivamente sería grandioso.
La pequeña familia después de un rato decidió seguir su camino, vi como se marchaban con unas sonrisas en sus caras. Esta vez venía caminando una pareja, el chico se veía tan alto como Daniel y la chica parecía un poco más baja que Erin, hubo algo que realmente me l amo la atención y es que él la mira con unos ojos l enos de sinceridad y amor, muy pocas veces he visto miradas así; a la chica se le desamarro la agujeta de su tenis y él se agachó para amarrarlo, no podía dejar de verlos con asombro y lo admito, también con un poco de envidia. Me gustaría ser trata de esa manera algún día, pero con mi suerte dudaba que pasará.
La pareja siguió caminando con las manos entrelazadas y con grandes sonrisas en sus rostros, supongo que el os estaban destinados a estar juntos, podía verlo.
Revisé la hora y casi era el momento de seguir mi camino, al menos estaba cerca de la escuela de mi hermano y me sentía más descansada. Miré hacia el cielo y por desgracia el sol aún estaba muy fuerte, en la sombra se sentía un poco fresco, pero una vez que dejará este lugar era muy probable que sintiera ese horrible calor de nuevo. Quisiera poder l evarme este hermoso árbol conmigo y que me protegiera de los rayos solares, sería lo mejor que me podría pasar.
Estaba a punto de levantarme cuando una chica alta, delgada, de piel bronceada, cabel o café claro y rizado con ojos verdes se me acercó con una sonrisa, traía puesta una falda muy larga que empezaba desde un poco más arriba de la cadera y l egaba arriba de los tobil os, tenía un cinturón delgado como de listón color vino. De esa misma parte era verde oscuro y por debajo de la rodil a cambiaba a un verde más claro, su blusa verde l egaba arriba de su ombligo, aunque tenía mangas que l egaban hasta los codos, sus hombros estaban descubiertos. Lo único que ocupaba como adorno en su cabel o era una cinta delgada que tenía alrededor de su cabeza, en su cuel o traía puesto un col ar de plata con un dije en forma de luna y en sus muñecas traía pulseras de hilo de muchos colores. En sus manos sostenía una pequeña caja de madera con un ligero hueco en forma de rectángulo en la parte de arriba, de donde salían varios hilos rojos.
—¿Te gustaría conocer hacía que persona te dirige tu destino? —preguntó, acercando la caja hacia mí.
—¿Mi destino? —En ese momento pensé que tal vez la chica cobraría por hacer eso y en estos momentos no me quedaba mucho dinero—. Perdón, no tengo tanto dinero en este momento.
—Está bien —sonrió—. Por esta ocasión será gratis.
—No, está bien —dije rápidamente.
—No te preocupes —me miró jamente sin perder la sonrisa—. Por alguna razón quiero mostrártelo, creo que eres una persona que busca repuestas a varias preguntas, tal vez esto te ayude un poco a encontrar la dirección correcta, ¿no crees?
—Está bien — No soy persona que crea en este tipo de cosas, lectura de cartas o de la mano, pero sentía mucha curiosidad por lo que sea que el a haga—.
Gracias.
—Bien —parecía feliz—. ¿Puedo sentarme?
—Por supuesto —quite rápidamente mi mochila y la puse sobre mis piernas.
La chica se sentó a mi lado.
—¿Conoces la leyenda del hilo rojo?
—En realidad no —la miré con curiosidad.
—Cuenta la leyenda, que toda persona está atada por el meñique con un hilo rojo invisible que lo conducirá hacia otra persona la cual será su alma gemela —
empezó a contar mientras levantaba su meñique—. Las dos personas conectadas por este hilo vivirán una gran historia de amor, sin importar el lugar, el tiempo o las circunstancias. Debes saber que el hilo rojo se puede enredar, contraer y estirar, pero nunca se puede romper.
—¿Es porque sus vidas están conectadas de una manera especial?
—Sus vidas fueron unidas por este hilo desde el momento en que empezaron a respirar.
—El destino —mi acompañante asintió.
—Ahora que te he contado la leyenda —Levantó la caja de manera—. Escoge el hilo rojo que quieras.
—Quiero este —dije señalando uno de los hilos rojos que están en medio.
—Muy bien, préstame tu meñique de la mano izquierda —Jaló el hilo y lo amarró en mi meñique—. Ahora jala el hilo, te debe salir un papel pequeño.
Fui jalando poco a poco el hilo, hasta que salió el pequeño papel blanco enrol ado y amarrado por el mismo hilo, lo tomé y lo desamarré con cuidado; desenrol é la hoja y traía algo escrito que decía:
«Has encontrado la persona que está predestinada para ti, no importa la edad o lo que pasé, ustedes siempre permanecerán juntos porque su amor será más fuerte que cualquier obstáculo».
Esto me había dejado sin palabras, lo leía una y otra vez, al momento de leer la parte que dice no importa la edad me hacía pensar inmediatamente en el profesor Ferro, debía signi car que era él, ¿no?
—Increíble —dije en un susurró poco audible.
—¿Qué opinas?
—¿A qué obstáculos se re ere? —la miré llena de incertidumbre.
—No puedo saberlo con certeza —estaba pensativa—. Pero de lo que estoy segura es que pueden pasar días, meses o años para que ustedes se reencuentren si por algún motivo están separados, se van a reencontrar de nitivamente, porque nunca debes olvidar que el hilo rojo se puede enredar, contraer y estirar, pero nunca se podrá romper.
—Eso es increíble —repetí, pero más fuerte. Sentía que podía con ar en el a, algo me lo decía y realmente esperaba que tuviera razón y creo que esto me ayudaría con algunas de mis dudas, al menos un poco.
—De todo corazón espero que esto te ayude a encontrar el camino correcto —
dijo tranquilamente.
—Estoy segura de que si —le sonreí con agradecimiento—. Muchas gracias.
—Fue un gusto —tomó mi mano—. No te quites el hilo hasta mañana.
—¿Por qué? —pregunté, con curiosidad.
—Tal vez podría guiarte hacia esa persona que tanto anhelas.
—Siento curiosidad sobre muchas cosas —Quería hacerle varias preguntas y deseaba que quisiera responder a todas el as.
—¿Sobre qué?
—¿Fue casualidad que decidieras acercarte a mí?
—Esto va a sonar romántico, perdón —se burló—. Pero estaba en nuestro destino conocernos.
—¿A qué te re eres?
—Cada uno de los pequeños papeles que están en esta caja no los escribí porque fue lo primero que se me vino a la mente —se detuvo un momento para pensar—. Son mis sueños los que me muestran las personas con las que me encontraré en algún momento y puedo ver un poco sobre su destino, es basándome en eso que escribo las notas.
—¿Soñaste conmigo?
—Así es —se encogió de hombros—. Nunca puedo recordar detal adamente los sueños como a todas las personas les pasa, pero con lo poco que soy capaz de
recordar es más que su ciente.
—¿Es un don? —Me sentía sorprendida y emocionada por lo que me contaba.
—Algo así —sonrió dulcemente—. Debes pensar que estoy loca.
—En realidad no, pienso que es increíble.
—De nitivamente lo es.
—¿Crees que los sueños te estén indicando algo? —no sabía explicarme—. Me re ero a que tú tienes un don, pero las personas que no lo tienen, ¿sus sueños pueden darles alguna señal sobre algo?
—Creo que sí, dicen que los sueños contienen mensajes secretos, solo tienes que tratar de descifrarlos.
—No entiendo cómo —pasé una mano por mi cabeza.
—Recordando cada detal e, cada situación y cada sentimiento —pude ver una leve sonrisa en su rostro—. Tal vez funcione.
—Puede ser.
—Bueno —respiró profundamente—. Creo que es hora de irme.
—Está bien —la miré. Mientras se levantaba una pregunta me vino a la mente
—. ¿Disculpa?
—Dime.
—Hemos hablado casi de todo —me reí—. Pero no sé tu nombre.
—Mi nombre es Jayah, signi ca vida —sonrió.
—Mi nombre es Gabbe —fruncí el ceño—. Según me dijeron mis padres signi ca hospitalario.
—Tu nombre va de acuerdo contigo —puso una mano sobre mi hombro—.
Estoy segura que nos volveremos a encontrar, Gabbe.
—Adiós, Jayah.
Jayah siguió su camino, me preguntaba hacia donde se dirigiría en estos momentos, tal vez a su próximo encuentro con alguna persona más; miré mi mano y vi el hilo rojo, esta vez haría lo que me dijo, no me quitaría el hilo por hoy, con esperanza de encontrarme con esa persona.
Me levanté y empecé a caminar, era hora de ir por mi hermano, nunca antes había ido por él a la escuela así que pensaba que se alegraría de verme o eso esperaba. Los rayos del sol atravesaron por las hojas de un árbol, levanté mi mano
y la puse a la altura de mi rostro, no pude evitar sonreír, esta sensación me gustaba mucho.
—Gabbe —escuché su dulce voz llamándome.
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