Solo mi corazon sabe
Capítulo 12
Adrián me estaba mirando jamente y después miró a Daniel, con un suspiro se acercó a nosotros, podía notar lo incómodo que se sentía. ¿Desde cuándo estaba ahí parado? ¿Acaso vio lo cerca que estábamos? ¿Ya estaba aquí mientras estaba mirando a Daniel? No podía dejar de hacerme tantas preguntas, me sentía tan avergonzada y apenada, no quería que malinterpretara las cosas entre nosotros.
Pero lo que también me preocupaba era como se había enterado Daniel de nosotros, si él lo sabía… ¿cuántos más en la escuela estaban enterados?
—¿Qué hacen aquí? —dijo Adrián, parándose frente a nosotros.
Los pocos alumnos que estaba ahí al ver al profesor decidieron irse, dejándonos a solas a los tres.
—Gabbe no tuvo clase —respondió Daniel, de forma tranquila—. Y yo l egué tarde a la mía, cuando es así ya no nos deja pasar, así que caminamos un poco y nos detuvimos aquí.
—Está bien —parecía un poco distante.
—Sé que estoy metiéndome en algo que no tiene nada que ver conmigo —
Daniel se levantó y se acercó a Adrián—. Pero debe cuidarla, no deje que nadie la lastime, tampoco sea usted quien lo haga.
—¿Cómo te enteraste? —Adrián lo miró con curiosidad, pero en su rostro había seriedad.
—Siempre supe que a Gabbe le gustaba mucho, pero pensé que era normal en una alumna que quedaba deslumbrada por lo guapo y buen profesor que es, hay muchas alumnas que lo ven así —me miró con una pequeña sonrisa y luego devolvió su mirada hacia Adrián—. En una ocasión vi como usted la miraba y descubrí que compartía los mismos sentimientos, a eso incluyó que Gabbe luego desaparecía en los recesos. Y no olvidemos todas las veces que estuvieron juntos en las canchas de abajo.
—No puedo creerlo —dije en un susurró, ¿habíamos sido tan descuidados?
—Estaba preocupado por Gabbe, desde que la vi por primera vez pensé que era una niña un tanto frágil, así que me acerqué a el a porque quería protegerla de malos comentarios si es que l egaba haberlos —Pasó una mano por su cabel o, estaba nervioso—. Pensé que si estaba todo el tiempo con el a podría cuidarla un poco más.
Daniel bajo la mirada como si se sintiera avergonzado de decir lo que realmente había pasado, no podía dejar de sentirme sorprendida, ¿él se había acercado a mí porque quería protegerme? ¿Su idea era hacer parecer frente a todos que tenía algo conmigo para evitar cualquier otro tipo de comentarios maliciosos que se pudieran crear al ser vista con un profesor? No lograba entender la situación en estos momentos, sentía que mi cerebro colapsaría.
—¿En todo este tiempo no dijiste nada? —Daniel asintió tímidamente—. ¿Por qué?
—La reputación de una alumna estaba en juego, cuando me hice amigo de Gabbe me di cuenta de cuan valiosa era como amiga así que trabajé más duro para apoyarla discretamente —levantó la mirada con con anza—. Al principio me sentía intranquilo, pero al ver que usted la ha estado cuidando bien puedo sentirme mejor, así que se lo repito de nuevo, no permita que nadie la lastime ni usted lo haga. Por favor.
¿Así que de esta manera se sentía una chica al tener un hermano mayor cuidando de el a? Aún sentía que la palabra hermano no encajaba con nosotros, pero en estos momentos de verdad lo sentía así; me sentía tan agradecida de que se preocupara de mí de esa manera.
—No te preocupes a Gabbe no le pasará nada —su rostro estaba muy serio por la situación—. No lo permitiré.
—Me siento más tranquilo, gracias —Daniel me miró con una sonrisa—. No se preocupen no diré nada sobre todo esto.
—Gracias, Daniel —respondí, en un susurró.
—Pero debes prometer que siempre seremos amigos.
—Nosotros siempre seremos amigos —le devolví la sonrisa—. Y algún día trabajaremos juntos, ¿verdad?
—Asegurémonos de hacerlo —Daniel me abrazó y me dio un beso en la cabeza.
—Daniel…
—Lo siento, profesor —mi amigo me soltó y miró de manera burlona a Adrián
—. A partir de este momento empezare a molestarlo de esta manera, tendrá que soportarlo.
—¿A dónde vas? —pregunté, cuando nos dio la espalda y empezó a caminar.
—Los dejare a solas para que platiquen un rato —dijo, sin mirarnos.
Lo vimos caminar hasta que desapareció de nuestra vista. Nos quedamos de pie, mirando el lugar vacío donde había estado Daniel hace unos segundos, por alguna razón me sentía un poco avergonzada de verlo, no sabía que pasaba conmigo, siempre quería estar con él y abrazarlo, pero en estos momentos quería salir corriendo y esconderme en algún lado donde no me encontrará en un buen rato.
Adrián tomó mi mano, aún con muchos nervios lo miré a los ojos, aquel a mirada cálida había regresado y una ligera sonrisa se asomaba por su rostro.
—No te pongas nerviosa —dijo, al ver mi expresión.
—¿Qué? —dije, sin dejar de verlo.
—Estaremos bien —soltó mi mano y pasó sus brazos alrededor de mi cintura.
Con sorpresa miré a todos lados, estábamos arriesgándonos mucho.
—¿Y si alguien nos ve? —pregunté.
—No importa —acercó su rostro al mío y me dio un dulce beso en los labios
—. Después de todo Daniel debe estar por aquí cerca… con ó en que lo esté haciendo.
—Estaba preocupada…
—¿Por qué? —preguntó, abrazándome más fuerte—. ¿Por Daniel?
—No, estaba preocupada de que te molestaras por verme a solas con él.
—Aunque quisiera tenerte conmigo todo el tiempo sé que tienes tus amigos
—me dio un beso en la frente—. No tengo el derecho de prohibirte que tengas amigos hombres, puedes sentirte tranquila.
—Quisiera estar de esta manera siempre —lo abracé y recargué mi cabeza sobre su pecho, podía escuchar su corazón latir.
—Hagamos eso —dijo, mientras me abrazaba más fuerte—. Estemos así siempre.
—¿De verdad podemos hacerlo?
—Haremos todo lo que tú quieras…
—Lo que los dos queramos hacer —lo miré con una sonrisa.
Adrián me devolvió la sonrisa y me besó de nuevo, pero esta vez fue más dulce o esa era mi sensación. Nos quedamos abrazados por un momento más y después sostuvo mi mano.
—Debo irme —sonrió y pasó una mano por su cabel o—. Deje el salón más tiempo de lo que esperaba.
—¿Cómo supiste que estaba aquí? —pregunté, con curiosidad.
—No lo sabía, algunos de mis estudiantes se saltan las clases y mientras hacían una actividad en el salón pensé en atraparlos, normalmente ocupan esta cancha para esconderse… —guardó silencio por un momento, debió recordar el momento en que me escondí en el pequeño bosque—. Sin embargo, no los encontré a el os, sino a ti.
—Ahora lo entiendo —sonreí. Me sentía feliz de haberlo visto un breve rato, a pesar del incómodo momento de hace un instante.
—Será mejor que me vaya —con una sonrisa le dio un apretón a mi mano—.
Nos vemos a la hora de la salida.
Aun sonriendo asentí, Adrián se dio la vuelta y empezó a caminar, con un suspiro me quedé viéndolo hasta que desapareció. Me senté de nuevo en la banca. Miré el gran y espacioso cielo azul y me pregunté si estaba bien permitirme ser feliz como lo era ahora; admito que tenía miedo del futuro, todo es incierto para las personas, sin embargo, no quería titubear por nada, arriesgaría todo, aunque eso signi que que en algún momento pueda perderlo.
—¡Gabbe! —escuché la voz de Daniel, lo volteé a ver y estaba caminando hacia mi—. ¿No tuviste problemas?
—No, todo estuvo bien —di unos golpecitos al lugar vacío junto a mi—.
Gracias.
—Honestamente me sentía sorprendido por todo ese asunto, pero he visto la clase de persona que es Ferro así que no pude descon ar de él —dijo mientras se
sentaba junto a mi—. Y hoy comprobé que de verdad le gustas así que no tengo nada en su contra.
—Actúas como un hermano mayor —dije, entre risas.
—Creo que algo así soy —sonrió y luego su expresión se tornó sería—. Los estaré vigilando, si veo algo que no me parece se los diré con libertad.
—¿Qué sucede contigo? —pregunté, aun riendo.
—Solamente quiero seguir cuidando de ti —se encogió de hombros.
—Pues gracias —pasé una mano por su cabel o revolviéndolo—. Es agradable saber que tengo personas especiales que se preocupan por mí.
—Sabes que siempre contarás conmigo para lo que sea.
—Estoy muy agradecida por eso —dije, asintiendo con la cabeza.
—Entonces el viernes saldremos con tu hermano —dijo de repente, parecía concentrado en sus pensamientos.
—Sí, quiero que aprenda de los mejores jugadores de básquetbol que conozco
—le sonreí.
—Es bueno que reconozcas nuestras habilidades —apretó mi mejil a muy fuerte, podía asegurar que la dejó roja.
—Eso dolió —le pegué en el brazo y puse mi mano sobre mi mejil a.
—Lo siento —parecía que se estaba divirtiendo al ver mi dolor. El timbre sonó y nos miramos con tristeza—. Es hora de irnos.
—Quería quedarme más tiempo —suspiré mirando el cielo una vez más.
—Puedes volver otro día, después de todo la cancha no se irá.
Sonreí al recordar que Adrián había dicho algo similar en una ocasión.
Nos levantamos y empezamos a caminar de regreso a nuestros salones, después del estrés por el que pasé por un momento con Daniel y Adrián, me sentía muy bien, ese pequeño tiempo de descanso que tuve fue bastante bueno, me sentía más relajada. Empezamos a subir por las escaleras cuando nos encontramos a Adrián bajando, nos miró con una pequeña sonrisa y siguió su camino hacia su o cina; íbamos en silencio no era necesario que habláramos, nos sentíamos muy cómodos así también. A pesar de que ya estaba acostumbrada a estas escaleras me sentía muy cansada, solo quería l egar al tercer piso y descansar un rato, aparte de que el calor que se sentía no ayudaba en nada.
Cuando l egamos deseé no haberlo hecho, cuando vi la forma en la que nos veía Erin con desaprobación, Jamila lucía bastante tranquila, sabía que nosotros no teníamos nada que ver y que no haríamos nada malo, al menos nos tenía la con anza que Erin no tenía con nosotros.
Miré de reojo a Daniel y de nuevo parecía disfrutar del momento, estaba segura de que intentaría provocar a Erin de alguna manera.
—Hola —hice un gesto con la mano cuando llegamos al lugar donde estaban.
—¿En dónde estuviste? —Erin parecía molesta y no le quitaba la mirada de encima a Daniel—. ¿Estuviste con él?
—Relájate no estuvimos solos… la mayoría del tiempo —respondió mi amigo mientras se encogía de hombros.
—¿A qué te re eres? —Jamila parecía bastante curiosa, creo que ya sabía a lo que se refería.
—Ferro nos acompañó un momento —¡Ah! Eso era, quería demostrar que ya estaba enterado de todo.
—¿Ferro estuvo con ustedes? —Erin parecía sorprendida ante las palabras de Daniel—. No puedo creerlo.
—No me importa si lo crees —Daniel sonreía victorioso ante la cara de sorprendida de Erin, como ya lo suponía Jamila lo sabía o al menos lo sospechaba.
—Esto sí que es una sorpresa —dijo Jamila, quien parecía divertida y feliz por haber acertado—. Debiste sentirte sorprendido, ¿no es así, Daniel?
—Por supuesto — ngió no saber nada, tal vez no quería tener que dar explicaciones de todo—. Pero se puede decir que ya sospechaba algo.
—Eres bastante intuitivo.
—¿Entonces por qué solo te la pasabas abrazándola y todo eso? —Erin aun descon ada se cruzó de brazos.
—¿No era obvio? —de nuevo se burlaba de el a—. Solo quería molestarte, estabas muy protectora con Gabbe así que mi espíritu fastidioso salió a la luz.
—Torpe —Erin lo insultó y después me miró a mi—. ¿Tú se lo contaste?
—No me lo contó, simplemente lo descubrí, cuando l egó Ferro al lugar donde nos encontrábamos nosotros, Gabbe se emocionó y a la vez se puso nerviosa —
quería golpearlo por decir aquel o, sin embargo, no mentía—. Y a eso incluimos que Ferro se puso muy serio conmigo.
—¿Qué esperabas? —Jamila se burló—. Estabas con su preciada novia a solas.
—No estábamos solos —dije rápidamente, los tres me voltearon a ver—. Había estudiantes jugando básquetbol.
—Aun así, estabas con otro hombre —me reprendió Erin.
—A él no le molesta que este con Daniel —bajé la mirada y suspiré.
—¿De verdad? —Daniel parecía estar muy emocionado por eso—. Debí agradarle.
—De verdad —lo miré sorprendida ante su reacción—. Supongo que le agradas al menos un poco.
—Imposible —Jamila de verdad disfrutaba este momento.
El profesor de Daniel l egó y salió corriendo a su salón sin antes despedirse con un gesto de mano; nuestra siguiente clase tardo en empezar, para mi suerte mis amigas no me preguntaron más, quería creer que habían sido respondidas todas sus preguntas.
Las últimas dos clases se habían hecho eternas, bueno, últimamente era así, ahora que tenía una razón para esperar la hora de salida se sentía como si cada hora durará una eternidad, no podía hacer nada sobre eso.
Algunas veces miraba por la ventana con la esperanza de verlo pasar y algunas otras veces me sumergía en mi imaginación, ese era mi mejor lugar para escapar de todo, mi refugio especial.
Bajé la mirada y con un suspiro tomé nota de lo que había escrito en el pizarrón la profesora de química, no parecía tan difícil eso era un alivio, solo tendría que buscar en el libro o quizás en alguna otra fuente de información, aunque me quedaba Daniel como mi opción más importante, de nitivamente estudiaría algunas materias con él y con Adrián seria solo su materia, quería obtener buenas cali caciones para que viera que no me tomaba a la ligera sus palabras, solo debía organizarme y preguntar en qué momento podían darme clases, en los parciales pasados no me había ido tan bien, pero ahora sería diferente, tenía que serlo.
Una vez más miré por la ventana con una sonrisa y ahí estaba él, comprando en la cafetería una botel a de agua, pasaron unos minutos cuando empezó a caminar de regreso, de verdad no podía imaginar una vida sin él, esto estaba mal y lo tenía más que claro, pero sin darme cuenta mis sentimientos por él se habían vuelto muy fuertes.
La clase terminó, guardé mis cosas de prisa y con un gesto de mano me despedí de mis amigas; salí del salón como si alguien me estuviera persiguiendo, quería l egar antes al lugar de siempre, mientras bajaba las escaleras no lo veía así que supuse que estaría en su o cina o terminando de dar su clase.
Al salir de la escuela vi a varios estudiantes afuera comprando helados o sodas y platicando entre el os, me sentí mal de haber dejado a mis amigas así, tal vez debí quedarme y salir con el as, ahora que lo pensaba fue bastante grosero de mi parte.
Mientras estaba pensando que hacer me empecé a sentir nerviosa, como si algo malo fuera a pasar; observé a mi alrededor y mi mirada se dirigió hacia una esquina. ¡Ah! Esa era la razón, un frío recorrió cada parte de mi cuerpo, quería salir corriendo, pero sabía que eso sería imposible, incluso si entraba de nuevo a la escuela no serviría de nada, hace mucho tiempo que no sentía esa clase de miedo. Bajé la mirada lo más rápido que pude y empecé a dar pasos hacia atrás.
—¿Gabbe? —preguntó una voz atrás de mí.
—No dejes que se me acerque —dije deprisa y tome del brazo a Daniel.
—¿Quién? —parecía preocupado por la forma en la que me miraba—. ¿Qué pasa?
—Hola, Gabbe —dijo Ricardo, acercándose a nosotros.
—Yo. . —no pude decir nada, solo apreté el brazo de Daniel.
—¿Ricardo? —escuché la voz de Erin quien se detuvo frente a mi—. ¿Qué haces aquí?
—Vine a ver a unos amigos y a Gabbe —me sonrió, para mi aquel a sonrisa era repulsiva. Realmente lo odiaba.
—¡Ah! Pues ve a ver a tus amigos —Erin parecía molesta, estaba agradecida de que estuviera aquí.
—No sin antes hablar con el a —intentó acercarse, pero Erin se lo impidió—.
¿Podemos hablar?
—No quiero —respondí, con rmeza.
—Vete mientras soy amable —dijo Erin, en modo de advertencia.
—Siempre necesitaste a tus amigas para que te protegieran —dijo Ricardo, parecía molesto ante la situación, pero bueno, siempre se molestaba por todo—.
¿Por qué no quieres hablar conmigo?
—El a está conmigo, ¿no ves? —respondió Daniel, de manera grosera—. No tengo idea de quién eres tú, pero Gabbe no quiere hablar contigo, ¿es muy difícil entender eso?
—No te involucres en esto —espetó Ricardo, su paciencia se había terminado.
—¿Quién eres tú para hablarle a Daniel de esa manera? —respondí, comenzaba a sentirme molesta por la actitud que había tomado—. No quiero verte más, ¿por qué no lo entiendes?
—Gabbe. .
—¡Profesor Ferro! —gritó Jamila, todos volteamos y Adrián se estaba acercando a nosotros.
—¿Qué sucede? —preguntó Adrián, cuando se detuvo junto a Daniel, nos dirigía cortas miradas a cada uno de nosotros.
—¿Podemos irnos con usted? —preguntó Jamila, con una sonrisa—.
Queremos preguntarle algo sobre la materia.
—Está bien —me miró. No se cual habrá sido la expresión de mi rostro porque parecía preocupado—. Vamos entonces. .
—Gracias —dijo Jamila, tomándome del brazo y me l evo junto a Adrián para que quedara en medio de el os.
—No vuelvas a acercarte a el a —mientras empezamos a caminar escuchamos la voz de Erin—. Ni se te ocurra o no te dejaré tranquilo.
Daniel y Erin iban caminando atrás de nosotros vigilando que no nos siguiera, mientras que Jamila iba hablando con Adrián sobre la materia, por el momento me sentía agradecida de que estuviera conversando con él, no tenía cabeza para nada, sabía que cuando mis amigos se fueran habría preguntas que tendría que contestar y me sentía asustada de hacerlo.
—Es hora de irnos —dijo de repente Daniel, quien me miraba con una pequeña sonrisa.
—Está bien —respondió Adrián, mirando a Jamila—. ¿Respondí tus dudas?
—Sí, muchas gracias, profesor —Jamila tomó mi mano y la apretó.
—Nos vemos mañana en clase —dijo Erin.
—Vayan con cuidado —respondió Adrián, con una sonrisa.
Mis amigos se despidieron y continuaron su camino, me quedé quieta viendo como desaparecían entre la gente; estábamos parados frente a frente. Bajé la mirada, sin darme cuenta mis ojos se l enaron de lágrimas y comenzaron a bajar por mis mejil as, por más que quería detenerlas no paraban.
Adrián no dijo nada, se acercó más y me rodeó con sus brazos, fue completamente inevitable, empecé a l orar más mientras me daba palmaditas en mi espalda, podía sentir como mi corazón se hacía más pequeño; quería dejar ir todo mi dolor en sus brazos.
Desde que mi relación con Ricardo había terminado nunca l ore, incluso hasta el día de hoy nunca lo hice, pero no fue un l anto porque tenga sentimientos por él sino porque durante toda nuestra relación incluso ahora que estábamos separados no había podido liberar el dolor que me causaba estar con él, siempre me hacía sentir herida, siempre se enojaba conmigo y me regañaba, durante todo este tiempo me contuve, la razón por la cual deje de con ar en los hombres fue debido a él. Siempre soñé con una hermosa relación, pero debía admitir que trataba de evitarlas por miedo a salir de nuevo herida de muchas maneras.
No quería mostrar mi debilidad, pero ahora que tenía a una buena persona a mi lado podía sentir que mi alma tenía un peso menos encima, con aba tanto en él que no me daba vergüenza llorar a su lado como lo estaba haciendo ahora.
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