Solo mi corazon sabe
Capítulo 14
El viernes l egó en un abrir y cerrar de ojos, el día parecía parcialmente nublado y el clima se sentía bastante fresco, así que en esta ocasión usaría el uniforme deportivo como había quedado con Yann y Daniel. Una vez con el uniforme puesto me fui a sentar al tocador y me peiné con una coleta sencil a y un listón azul marino para sujetar el cabel o, revisé mi mochila por última vez para que nada faltará y bajé al comedor.
—Hola, mamá —dije, sentándome para desayunar.
—Hola, cielo —me miró jamente y luego sonrió—. Te ves muy bonita hoy.
—Tengo mucho sueño, no creo verme bonita —tomé el pan tostado y le puse mermelada.
—No importa aun así te ves bonita.
—Aun así, gracias.
—Ahora que lo recuerdo… —dijo, tomando un sorbo de su café negro—. ¿Van a pasar por Emmanuel a la escuela?
—Sí, en cuanto salgamos vamos a ir por él y comeremos juntos.
—Me parece bien —sonrió tomando uno de mis panes, no pude evitar reírme, siempre que me preparaba todos con mermelada me quitaba alguno—. Diles a tus amigos que gracias por ayudar a tu hermano y que los invitaré a comer un día de estos.
—Les daré tu mensaje.
Me levanté de la mesa y fui al baño para lavar mis dientes, eché un último vistazo a mi aspecto en el espejo, todo estaba en orden y con un asentimiento bajé de nuevo, me despedí de mamá y salí de la casa hacia la parada, al l egar me detuve en seco, quería decir algo, pero no podía gesticular palabra alguna.
—Hola —dijo Adrián, acercándose y poniendo su mano sobre mi cabeza—.
Buenos días.
—Hola —logré decir al n, no podía dejar de verlo—. Cómo…
—No nos vamos a poder ver al salir de la escuela, por eso vine a recogerte —su sonrisa era especialmente encantadora el día de hoy—. Me sentía preocupado porque tengo una reunión con los profesores, pero cuando me avisaste ayer que saldrías con tus amigos me sentí más tranquilo.
—Realmente eres increíble —sonreí. Era hermoso pensar que había venido hasta acá solo para poder pasar un tiempo juntos ya que no nos podríamos ver por la tarde.
—Vamos —tomó mi mano y subimos al autobús. Nos sentamos en los asientos del fondo y pasó su brazo alrededor de mis hombros recargando su cabeza sobre la mía—. Al menos nos veremos de nuevo en el receso.
—Me gusta verte en el receso, siempre pienso en el día que te conocí.
—Ese era el tiempo que empezamos a compartir juntos cada día —parecía estar recordando cada momento—. Ahora ese tiempo se volvió más largo.
—Así debe ser siempre, incluso me gustaría que fuera todavía mucho tiempo más —dije, con una sonrisa.
—Si quieres que sea mucho tiempo más, entonces te re eres a que. . —¡oh, no!
Aquí venia su broma—. ¿Quieres vivir conmigo?
—¿Por qué siempre haces eso? —pregunté, sonrojándome de nuevo.
—¿Hacer qué? —preguntó, ngiendo inocencia.
—Hacerme sentir. . Tímida —cambie la palabra avergonzada por timidez.
—Es divertido molestarte —me miró de manera burlona.
—Sí, puedo notar que te diviertes mucho —apreté su mejil a.
—Ahora entiendo cuando dices que te duele —puso la mano sobre su mejil a.
—Lo siento —dije, riendo y acariciando la mejil a roja que le había dejado por el apretón.
—No importa —sonrió y me dio un beso en la frente.
Nos bajamos del autobús una parada antes y caminamos tranquilamente por la cal e, a partir de ahora debíamos actuar como profesor-alumna. En varias ocasiones veía su mano y pensaba en lo mucho que me gustaría sostenerla, pero no podía y menos si estábamos cerca del lugar donde trabaja, el cual es mi lugar de estudio.
Aquel edi cio imponente estaba frente a nosotros, como siempre poco a poco los estudiantes iban l egando, la mayoría de los que pasaban se veían cansados, tristes o incluso enojados, eran muy pocos los que parecían felices; con esto podías darte cuenta que la vida escolar estaba comenzando un nuevo día. En cuanto a mí, aquel a felicidad con la que había l egado se estaba esfumando, ya casi era hora de despedirnos, cada quien iría al lugar donde pertenece y es cuando me daba cuenta que nosotros veníamos de lugares muy distintos, ¿Cuánto tiempo viviríamos así? Ocultando todo de los demás; quiero aclarar que eso no me molestaba, es solo que sentía miedo por el día en que todos se enterarán ¿qué pasaría? ¿les molestaría la diferencia de edad o el hecho de que era mi profesor?
No tenía miedo por mí, sino por esa persona cuya tranquilidad le ha dado a mi vida desde que lo conocí y lo que menos quería es que saliera herido.
—No quiero ir a mi salón —dije, cuando l egamos al pasil o que conectaba las o cinas de los profesores y las escaleras para los salones.
—Debes ir, también debo ir a hacer mi trabajo —sonrió por un momento.
—No tengo opción —suspiré con frustración y lo miré una última vez.
—Nos vemos más tarde, señorita White —Adrián sonrío y siguió su camino en dirección hacia su o cina.
—Adiós, profesor —dije, en un susurró.
Subí las escaleras hasta el salón, en cuanto entré me fui a sentar a mi lugar, puse mi mochila sobre mis piernas y recosté mi cabeza en la pared, cerrando los ojos.
No tenía idea de porque hoy me sentía extraña, no dejaba de pensar en el futuro, estaba asustada, pero no me importaba, protegería mis sentimientos y a la persona que amaba sin dudar, no permitiría que nadie lo dañara; nosotros permaneceríamos juntos por mucho tiempo.
Pero aún con esos pensamientos tenía un mal presentimiento, algo no estaba bien, tenía que tranquilizarme de cualquier manera, al menos hoy no creía que algo pudiera pasar.
—Creí que estabas dormida —escuché la voz de Ela cuando abrí los ojos.
—Solo los cerré por un momento —respondí, mirándola.
—Está bien —me miró de reojo y siguió leyendo su libro—. Mientras no te duermas en clase no importa.
Algunas veces Ela me confundía, no sabía si le agradaba o no, independientemente de los problemas con Erin cuando me encontraba sola me hablaba casi siempre bien, tal vez solo quería provocarla o quizás le agradaba al menos un poco.
Saqué mi celular de la mochila y miré la foto con Adrián, decidí que debía apartar todas mis preocupaciones, debía prepararme para mañana, al n tendríamos nuestra cita, aunque se podría decir que tuvimos una el miércoles tener otra mañana sería increíble.
Durante estos últimos días estuve pensando que debería vestir, siempre venía a mi cabeza algún vestido, cuando l egará a casa los sacaría de mi armario en especial uno azul y uno rosado pastel, esos dos los había comprado hace un año, pero nunca los use. Esta sería una buena oportunidad para hacerlo, el maquil aje que usaría debía ser muy natural, aún no decidía si debería hacer alguna trenza, usar un moño o llevar el cabel o suelto.
Guardé mi celular en la mochila antes de que l egara la profesora y miré por la ventana a los estudiantes entrar a sus salones. Poco a poco el salón se iba l enando, tal parece a mis amigas se les había hecho tarde una vez más. Mientras seguía esperando a que l egarán, saqué mi libreta y busqué la última hoja para hacer dibujos, lo único que podía hacer eran círculos y árboles bastante feos y deformes.
—Hola, Gabbe —dijo, entrando Jamila con su uniforme deportivo—. Ayer en la noche quería matarte.
—Lo siento de verdad lo había olvidado —dije deprisa. Se me había pasado decirles a el as sobre traer el uniforme deportivo y lo único que se me ocurrió fue enviarles mensaje por la noche—. Pasaron muchas cosas y…
—Lo que pasó fue Ferro eso es todo —dijo, en su susurró riéndose—. Solo por eso te perdono.
—Gracias —sonreí a pesar de sentirme muy apenada.
—¿Va a ir él también?
—No, estará en una junta de profesores —saqué unas gal etas de mi mochila y le ofrecí.
—Que mal me hubiera gustado verlo ahí —dijo, tomando una y comiéndola
—. ¡Ah! Pero Yann no sabe aún nada de todo eso.
—Debería contarle —me quedé pensativa, sería mejor hablar con Yann, para mi él se había vuelto un amigo cercano—. Después de todo es un gran amigo.
—Es verdad, es un chico increíble —asintió con la cabeza.
—¿Quién es un chico increíble? —dijo Erin, sentándose en su lugar. No nos habíamos dado cuenta en que momento había entrado.
—Hablamos de Yann —respondí.
—Gabbe se le va a confesar —dijo Jamila, riendo al ver la cara de Erin.
—¿Confesar qué? —me miró sorprendida—. No me digas que…
—Sí, sobre esa persona —no mencione el nombre, el salón estaba repleto de estudiantes así que sería mejor no decir más—. Ustedes y Daniel lo saben, pensé que sería mejor contárselo a Yann, también es mi amigo.
—¡Genial! —gritó Erin de emoción—. Sería increíble salir todos juntos.
—¿Crees que alguien como él quiera salir con unos menores de edad? —Jamila me miró, no sabía que responder, pero no creo que se negara a hacerlo algún día.
—Su novia es una menor de edad, no le veo inconveniente que salga con nosotros.
—Supongo que tienes razón —respondió Jamila.
—Por cierto, te ves muy bien Erin —dije, al ver que se había arreglado el cabel o con dos coletas bajas, la hacían ver muy tierna.
—Gracias, pensé que debía verme bonita para tu pequeño hermano —puso sus manos sobre sus mejil as y sonrió.
—Asaltacunas —dijo Jamila, dándole un ligero golpe en el brazo—. Es un bebé no te metas con él.
Las tres nos empezamos a reír, era gracioso como Erin quería hacer lo posible porque Emmanuel la viera como otra hermana, a él no le agradaban mucho mis amigas, sentía que podía hacerlo a un lado, pero eso jamás pasaría, él lo es todo para mí, incluso si todos me hacían aún lado si lo tenía junto a mí eso sería más que su ciente para seguir viviendo.
Las horas pasaron muy rápido, nuestras primeras clases por primera vez fueron muy agradables, los profesores iban de buen humor; el receso fue mucho mejor,
pude estar con Adrián, queríamos ir al pequeño bosque, pero había alumnos afuera de los tal eres por lo que había algo de gente a sus alrededores, debido a eso por esta vez fuimos a las canchas de arriba, a pesar de que había muy pocos estudiantes no parecía raro que estuviéramos ahí, incluso podría asegurar que casi nadie se había dado cuenta de nuestra presencia. Fueron muy pocas las veces que Adrián había rozado su mano con la mía, pero esas veces se sintieron muy cálidas y felices, después de un rato me di cuenta que lo hacía ver como un accidente, lo que me pareció bastante divertido.
En cuanto terminó el receso fuimos de regreso al edi co donde se encontraban los salones, cuando l egamos al pasil o para ir a su o cina y a las escaleras nos encontramos a mis amigos, Erin, Jamila y Daniel nos miraban de una manera burlona, mientras que Yann solo veía a un profesor con su alumna, después de eso seguí mi camino con el os.
Las últimas clases fueron bastante interesantes ¿pero que puedo decir? Dentro de esas clases uno de mis profesores era mi novio, por supuesto estaba muy feliz de verlo, como siempre su clase fue perfecta, siempre lo admiré por cuidar de nosotros sus alumnos y explicarnos las veces que fueran necesarias para entender los procedimientos. Su clase era la que me habría gustado que se sintiera eterna, pero tristemente había l egado a su n, lo que lo hacía más triste es que no había podido despedirme, en cuanto la hora terminó salió deprisa para ir a la reunión.
Guardé mis cosas y salí con mis amigas, ahora esperaríamos a que salieran los chicos e iríamos por mi hermano o tal vez iríamos a comprar algo para comer.
Para mi suerte no tardaron en l egar, caminamos hacia la escuela de mi hermano y pensamos en pasar a algún lugar a comprar hamburguesas, estuve considerando hablarles sobre el restaurante al que fui con Adrián, pero preferí no decir nada porque teníamos que desviarnos un poco del camino.
Después de pasar a comprar nuestra comida el resto del camino fue divertido, hacíamos bromas o Daniel contaba sus anécdotas graciosas de su anterior escuela, fue la primera vez que nos contó la razón por la que lo trans rieron a nuestra preparatoria, tal parece vivía lejos de su antigua escuela y era muy agotador tener que despertarse a las cuatro de la mañana para l egar a las seis y media a su escuela, en cambio aquí no necesitaba levantarse muy de madrugada,
dijo que se sentía feliz y que era todavía más feliz debido a nosotros. Compartía ese sentimiento, me sentía muy agradecida de tenerlos a los cuatro a mi lado y quería tenerlos conmigo siempre. Al l egar a la escuela de Emmanuel me encontré de nuevo con la profesora Jessica, cuando le conté que iríamos a practicar básquetbol con él se alegró y nos permitieron ingresar al lugar para poder entrenar en la cancha, sin embargo los planes habían cambiado, después de ser mi hermano el único al que mis amigos ayudarían l egaron otros tres niños cuyos padres l egarían más tarde por el os, la profesora decidió aprovechar nuestra visita para entretenerlos un rato a lo que pasaban a recogerlos; mis amigos no tuvieron problemas con eso, incluso se veían alegres. Mientras el os les enseñaban trucos de básquetbol a los niños fui con Jamila a sentarme a las gradas para poder verlos mejor desde ahí, no pude dejar de sonreír al ver a Emmanuel divirtiéndose en grande, tal parece había hecho buena amistad con Yann y Daniel, trataba de permanecer pegado a los dos, en cuanto a Erin creo que había fracasado una vez más en su intento de acercarse más él.
—Chicos voy a ir a descansar un momento —dijo Erin, acercándose a nosotras. Su rostro re ejaba cansancio—. Esos niños pequeños son buenos, cuando sean más grandes puedo asegurar que serán unos monstros del básquetbol.
—Eso es grandioso —dije, pensando sobre la foto, era momento de enseñárselas. Saqué mi celular—. Miren.
—¡No puede ser! —dijo Jamila, viendo la foto—. Se ven muy felices.
—Que lindos —Erin tomó mi celular y me miró con cara suplicante—.
¿Puedo enseñarle a Yann?
—Está bien —era un buen momento para contárselo.
Yann y Daniel dejaron a los niños practicando en la cancha, me gustaba verlos muy felices. Mis amigos fueron a sentarse con nosotras, al igual que Erin se veían agotados, pero sus rostros re ejaban felicidad.
—Yann te voy a enseñar algo que te va a encantar —dijo Erin, muy emocionada. La palabra «encantar» no creo que fuera la indicada. Erin le mostró la foto y Yann de la sorpresa escupió el agua que acababa de tomar—.
Increíble, ¿no?
—¿Es Ferro? —me miró sorprendido—. ¿Estás saliendo con Ferro?
—Sí —dije de forma tímida—. Empezamos a salir hace poco tiempo.
—¡Oh! que bien se ven —dijo Daniel, echando un vistazo a la foto y luego a mí.
—¿Ya lo sabías? —lo miró Yann.
—Lo descubrí el miércoles —se encogió de hombros Daniel y me sonrió.
—Lástima, Daniel —se burló Yann y le dio unos ligeros golpes en su espalda—.
Perdiste a Gabbe.
—¿Por qué la perdería? —se acercó a mí y pasó su brazo alrededor de mis hombros—. Es como mi hermana.
—Hermana, ¿eh? —se burlaron mis amigas, realmente todos el os eran algo molestos, pero aun así los quería.
—Ya deja a tu hermana y vamos a seguir jugando con los niños.
Se levantaron y fueron a la cancha con los demás, fue cuestión de tiempo cuando uno a uno los niños se fueron con sus padres, hasta terminar siendo el único Emmanuel, eso no signi có que dejaran de jugar, en realidad fue mejor ya que mis amigos le deban consejos y le enseñaban algunas técnicas, me sentía muy orgul osa de mi hermano por aprender rápido.
Cuando por n terminaron de jugar, aprovechamos un momento más las instalaciones antes de irnos para poder comer, todos moríamos de hambre, habíamos esperado mucho tiempo debido a que nos sentíamos apenados de no l evar más comida para los niños que se habían quedado y preferimos soportar un poco hasta que estuviéramos solos.
El resto del día fue así, agradable y divertido, no podía dejar de pensar en lo agradecida que estaba, mis personas favoritas estaban con mi personita especial.
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