Solo mi corazon sabe

Fernanda Cuevas · Capítulo 16 de 26

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Solo mi corazon sabe

Capítulo 15

El gran día había l egado por n, estos últimos días habían sido eternos para mí, ahora solo me sentía l ena de emoción. Para ser honesta sentía un poco de culpa con mis padres, pero mi única opción era mentirles. Mientras que para mi mamá solo era una salida de chicas la gran verdad es que estaría paseando con mi novio, solo esperaba que cuando l egará el momento de hablar con el os me pudieran perdonar y entender, pero si lo pensaba detenidamente eso era algo muy difícil

¿verdad? Así que, tendría que prepararme muy bien en el futuro para sus regaños.

Abrí mis cortinas y miré hacia el cielo, se veía bastante despejado, no había ni una sola nube, eso no me gustaba del todo, no hay persona que no sepa que odio el sol, pero esto era una gran oportunidad para tratar de lucir bonita. Me dirigí hacia el armario y saqué un vestido azul cielo que tenía colgado desde hace mucho tiempo, como había mencionado antes era uno nuevo. Este vestido me había gustado desde que lo vi en el centro comercial, se lo vi puesto al maniquí, aunque era bastante sencil o, estaba muy bonito, incluso aunque no soy de ocupar ropa de este estilo, me gustó mucho que fuera de tirantes anchos y lo mejor es que l egaba por debajo de la rodil a, saqué unas zapatil as blancas con tacón bajito y grueso para sentirme más cómoda, con el tacón delgado era pasar un sufrimiento terrible mientras caminaba o me quedaba de pie; también tomé una bolsa blanca y guardé lo único que ocuparía que era mi celular y algunos pañuelos, tal vez los necesitaría para algo. Sobre mi peinado después de hablarlo con mis amigas se decidió que sería mejor l evar el cabel o suelto y acomodar mis rizos para que se viera lindo.

Una vez que coloqué en mi cama todo lo que usaría bajé las escaleras y me dirigí a la cocina donde se encontraba mi mamá preparando unos ricos wa es.

—Hola, mamá —dije, acercándome.

—Hola, linda —me miró de reojo y sonrió—. ¿Podrías l evar los licuados de chocolate y la miel de maple?

—Por supuesto —respondí mientras me acercaba y tomaba los vasos con chocolate y los l evaba al comedor. Fui de regreso por la miel e hice lo mismo—.

¿Necesitas algo más?

—Sí, l eva mi café también —estaba preparando los últimos wa es y de nuevo me dio una rápida mirada—. Y ya no regreses, mejor toma asiento que ya l evaré esto.

Asentí y me dirigí de nuevo al comedor, me senté en el mismo lugar de siempre y esperé, estaba considerando subir y decirle a mi hermano que bajará a desayunar, pero en ese momento ya estaba bajando por las escaleras.

—Buen día, albóndiga —sonreí.

—Hola —dijo, sentándose a mi lado—. ¿Vas a ver a Adrián?

—Sí, vamos a ir a comer juntos y a dar una vuelta… tal vez a un parque —

respondí, en un susurró para que mi mamá no escuchará nuestra conversación.

—Dile que me gustaría salir con él entre semana —me miró con su sonrisa de travieso—. Así puedes verlo y estar más tiempo con él.

—Tan pequeño mi hermano, pero es muy inteligente —sorprendida con su idea revolví su cabel o con la mano.

—Creo que si me l evas a pasear después de clases mamá no sospechará que tienes novio —dijo, con su voz calmada. En el fondo sabía que lo hacía para ayudarme, pero también quería obtener algún bene cio de eso—. Y podrían l evarme a jugar al parque o a comer hamburguesas.

Ahí estaba una de las razones por las que quería ayudarme a ver a Adrián. A pesar de que era muy pequeño su nivel de entendimiento por las situaciones era bastante increíble, sabía que habría problemas si mis papás se enteraban que estoy saliendo con alguien mayor y quería ayudarme, pero a su vez quería sacar provecho de la situación.

—Cuando lo vea le diré —dije, sonriendo orgul osa de mi hermano.

—¿De qué tanto hablan? —preguntó mamá, sentándose en el comedor.

—Quería saber a qué hora iba a regresar —respondió Emmanuel. «Pequeño mentiroso» Pensé. No podía quejarme, me había convertido en una perfecta

mentirosa con mis papás—. Hablamos de eso, pero no respondió.

—Regresa mañana al mediodía —mi mamá me miró—. ¿Te van a traer los padres de Erin?

—Sí, es lo más probable —respondí, echándole miel de maple a mis wa es—.

No les gusta que regresé sola, aunque sea de día.

—Por eso me agradan mucho —tomó otro sorbo de su café.

Terminé de desayunar, l evé mis platos al fregadero y los lavé. Subí deprisa a mi habitación, me di un baño y me seque el cabel o con la secadora arreglando mis rizos para que tuvieran una bonita forma ondulada, mi maquil aje fue natural ocupe colores bajitos; me puse el vestido seguido de las zapatil as. Saqué mis libros y libretas de mi mochila para poder guardar mi pijama y ropa extra para mañana.

Eché un último vistazo a mi imagen en el espejo, quería asegurarme que todo estuviera en su lugar, asentí con aprobación, tomé la mochila y la bolsa con mis manos y bajé al comedor donde seguían sentados mi mamá y mi hermano, despidiéndome de el os caminé hacia la puerta.

Salí de casa con mi mochila sobre mis hombros y la bolsa la sujete con mi mano, tenía que l egar a casa de Erin para dejarla y después ir al pequeño parque donde algunas veces paseaba con Adrián; fui a la parada y tome el autobús. A pesar de ser sábado, hoy las cal es se encontraban muy tranquilas, me sentí feliz por l egar muy rápido, al bajar continúe mi camino durante una cuadra más. Me acerqué a la puerta y toqué el timbre, Erin abrió la puerta y me miró de arriba abajo asintiendo en aprobación.

—Te ves muy bonita —sonrió y me tomó del brazo.

—Gracias —dije, entrando a su casa.

—Descansa un poco, aun tienes tiempo —revisó su reloj mientras nos sentábamos en el sil ón, dejé la mochila aún lado—. ¿A dónde van a ir?

—No lo sé, supongo que iremos a algún restaurante, quizás al cine o algún parque de diversiones —No habíamos quedado en nada, pero no importaba cualquier cosa que hiciéramos por pequeña que sea para mi seria perfecto.

—Es su primera cita, es probable que sea eso —sonrió como si estuviera recordando algo, muy probable seria su cita con Yann—. Que envidia, quiero

salir en una cita.

—Dile a Yann que salgan —respondí, entre risas—. Pero ustedes se ven todos los días, como una pareja normal.

—¿Es difícil? —preguntó, mirándome con seriedad—. ¿Vivir así?

—Es difícil, pero puedo soportarlo mientras pueda estar a su lado —la miré con una pequeña sonrisa.

—Al n te llegó el amor, ¿no es así? —Erin acaricio mi cabel o.

—Eso parece —suspiré de forma pensativa—. Me asusta que algo salga mal.

—¿Qué puede salir mal?

—No lo sé.

—Cuando amas a una persona siempre habrá algo que arriesgar —respondió, me daba la sensación de estar hablando con mi mamá—. ¿Sabes qué es?

—Mi dignidad —respondí, haciendo una mueca.

—No es eso, tonta —soltó una carcajada, muy pocas veces decía algo gracioso, me alegraba saber que al menos el a disfrutaba de eso—. Hablo de tu corazón, es lo que más corre peligro.

—Lo sé —la miré con una sonrisa—. Aunque tengo mucho miedo, él lo vale…

que me arriesgue.

—Hazlo, disfruta cada uno de sus momentos sean buenos o malos —me sonrió Erin y apretó mi mano—. Te darás cuenta que esa es la verdadera felicidad.

—Amas mucho a Yann, ¿verdad?

—Con todo el alma —La forma en que Erin sonrió nunca la había visto, me sentía muy feliz al verla así—. Nunca había conocido a una persona que me entendiera tanto como él… me re ero a un hombre.

—Te entiendo perfecto.

Amar a una persona que te comprende y que esa persona te corresponda es lo mejor que te puede pasar en la vida, si estás con alguien que quiere cambiarte a su conveniencia y nunca te apoya en nada eso no es amor, una persona te debe amar tal cual eres, si tienes una mala actitud o cometes un error solo se debe hablar del tema y ayudarte a ser mejor persona, no se debería permitir que te

reclame por todo y te agreda tanto física como verbalmente, cuando una relación se muestra así es mejor terminarlo de raíz y alejarse lo antes posible.

Lo sé porque mi vida fue así con mi ex novio, una vida miserable y l ena de dolor, quizás nunca me pego, pero me hirió emocionalmente con sus duras palabras, me hizo sentir como si fuera poca cosa, una persona que no debería ser amada nunca por nadie; me l egue a sentir tan avergonzada por permitir que jugará con mi mente de esa manera que no lo soportaba, incluso llegue a odiarme por permitir que un hombre que juraba amarme me tratará de esa manera, desde entonces no me gustaba relacionarme tanto con los hombres, pero cuando conocí a Adrián todo fue diferente, me enseñó que el amor inocente y puro existía, que aún podíamos actuar como niños, jugando siempre. Sin darme cuenta me había ayudado a sanar poco a poco cada una de las cicatrices que me quedaban en el alma, ahora me sentía preparada para amar libre y sin condiciones, quería hacerlo… mostrarle mi amor de todas las maneras posibles.

La hora de irme había l egado, me despedí de Erin y caminé de nuevo a la parada, había pensado en viajar en taxi, pero me quedaba mucho tiempo para l egar, sentía mucha curiosidad por lo que haríamos el día de hoy. Mientras iba en el autobús miré al cielo, completamente despejado, la luz del sol era deslumbrante; mi vida se sentía de esa manera, repleta de luz y todo gracias a una sola persona. En el fondo de mi corazón deseaba ser igual para él, una persona que le diera un poco de luz a su vida y alguien a quien pueda amar sin condición alguna.

Al l egar a mi destino caminé un poco más por la cal e, no recordaba si me había dicho exactamente en que parte del parque, volteaba a ver por todos lados por si estaba sentado en alguna de las bancas del lugar. Estaba decidida a hablarle a su celular cuando lo vi, se encontraba recargado en un árbol. Se veía muy apuesto, el día de hoy vestía un pantalón de mezclil a, una camisa de vestir blanca, la tela parecía ser muy fresca, justamente para usar en días de mucho calor; bajé la mirada y vi sus zapatos negros, esos eran los que casi siempre usaba para ir a la escuela. Quería l amarlo por su nombre y salir corriendo para abrazarlo, pero quería verlo un poco más, su rostro se veía tan tranquilo y feliz. Y

me pregunté… ¿Estaba sonriendo debido a mí? ¿De verdad podría ser feliz con

esta increíble persona? Adrián volteó a ver en mi dirección como si supiera que estaba observándolo desde algún tiempo ya. Su sonrisa se amplió y caminó hacia donde me encontraba de pie.

—Estas aquí —dijo, dándome un beso en los labios.

—Siento tardar tanto —sonreí muy feliz—. No recordaba si habíamos quedado en algún lugar en especí co.

—En realidad no dijimos exactamente en dónde.

—Que alivio, me habría sentido avergonzada de haberlo olvidado —di un paso al frente y rodeé su cintura con mis brazos, apoyando mi cabeza sobre su pecho

—. Te eché de menos.

—Extrañe mucho verte a la hora de la salida —me abrazó muy fuerte, en esta ocasión no me importaba que hiciera calor—. Creí que moriría.

—No puedes morir —lo miré a los ojos—. No puedes dejarme sola.

—Está bien, no lo haré —me dio un beso en la frente y tomó mi mano—.

Había hecho muchos planes para hoy, pero decidí cambiarlos por otros.

—¿Cuáles planes? —me sentía curiosa por lo que haríamos.

—Es una sorpresa —comenzamos a caminar y en varias ocasiones noté que me miraba de reojo—. Por cierto, te ves muy hermosa.

—Gracias —me sentía más feliz de lo que ya estaba por lo que acababa de decir

—. Te ves especialmente guapo hoy.

Sonrió dulcemente mirándome de reojo. Haría lo que Jayah y Erin me habían dicho, amaría sin miedo y disfrutaría de cada momento que vivamos juntos como si fuera el último día de mi vida.

Nos subimos a un taxi y Adrián dio una dirección que no conocía. Nuestro recorrido fue silencioso en ningún momento hablamos, pero nunca soltamos nuestras manos, algunas veces sentía como hacia circulitos con su pulgar en mi mano.

Por n habíamos l egado al lugar desconocido para mí, realmente no tenía idea en donde nos encontrábamos, pero preferí no decir nada. Bajamos del taxi y caminamos hacia una pequeña reja blanca, Adrián la empujó hacia atrás y entramos; me sorprendí al ver una casa muy grande de color blanca, tenía varias

ventanas y en las de arriba incluso había balcones, estaba segura de que de noche la vista desde ahí debía verse hermosa.

Nos detuvimos en la entrada, donde estaba una enorme puerta de madera café oscuro, mi novio tocó el timbre y esperamos en silencio, lo miré por un corto momento para ver si me decía algo, pero solo se limitó a sonreír.

—Están aquí —dijo una chica, abriendo la puerta. No pude evitar sorprenderme por lo hermosa que era, una cara muy na, sus ojos color cafés oscuros, su cabel o l egaba un poco por debajo de los hombros, era de un tono café claro, su piel blanca y labios rosas eran impresionantes, su cuerpo era esbelto y podría asegurar que era más alta que yo.

—Hola, Ana —respondió Adrián, con una sonrisa.

—¿Es el a? —me miró con una sonrisa y mi novio asintió—. Me l amo Ana y soy la hermana mayor de este jovencito, es un placer conocerte.

Los miré sorprendida, por mi cabeza nunca cruzo la idea de que me traería a su casa.

—El gusto es mío —dije rápidamente, sin poder creer que me había traído a su casa—. Mi nombre es Gabbe.

—Adelante —tomó mi mano y me llevo adentro—. ¿Quieres algo de tomar?

—No, gracias —respondí, viendo todo el lugar. La casa por dentro era de un color azul pastel, los muebles de madera eran del mismo café oscuro como el de la puerta principal, los sil ones parecían ser de un tono hueso, las cortinas de las ventanas eran blancas, el lugar era muy amplio por lo que el aire que entraba se sentía fresco y agradable—. Es hermosa su casa.

—Gracias, mi mamá la decoro —me sonrió l evándome hacia los sil ones donde nos sentamos—. Puedes hablarme con con anza, ¿está bien?

—Está bien, Ana —estuve de acuerdo.

Ana no solo era hermosa, sino que era una persona muy agradable.

—Muy bien, así me gusta más —puso su mano sobre mi hombro y sonrió de manera traviesa—. Además, haré lo mismo contigo, Gabbe.

—Eso te iba a pedir.

Ana me sonrió.

—Adrián, es más linda de lo que me habías platicado —dijo de repente, mirando a su hermano—. Además, es agradable y educada… A mamá le va a encantar.

—Te lo dije, es hermosa y una persona muy cálida —La forma en que lo había dicho era como si se sintiera orgul o de tenerme a su lado, ¿con qué así se sentía cuando alguien presumía de su novia? —. Es alguien con quien me gusta estar.

—Mírate —lo señaló, en su rostro podía ver burla—. Estas que te mueres por Gabbe y no puedes estar sin el a.

—Ana. .

—Mira como tu rostro se pone colorado —Ana soltó una carcajada, no pude evitar reírme también—. Es la primera vez que te pones así por una chica.

—Hermana. . Por favor —Era mi primera vez viéndolo avergonzado—. Mejor voy a terminar de preparar la comida.

Adrián se levantó y fue a la cocina, me pareció muy lindo verlo sonrojado, nunca había visto a un chico de esta manera, solo a Daniel muchas veces lo vi apenado y nervioso, pero nunca imaginé que Adrián se pudiera poner así.

—Espera. . —la miré sin poder creer lo que había escuchado hace un instante

—. ¿Dijo que iba a preparar la comida?

—Él quería preparar algo delicioso ya que venias —tomó mi mano de nuevo

—. Es la primera vez que trae una chica a casa y la primera vez que cocina para el a.

—¿De verdad? —pregunté, sintiéndome feliz de saber eso—. Ana…

Ana me miró con curiosidad.

—¿Qué sucede?

—¿No te molesta que sea más chica que tu hermano? —la pregunta que me asustaba hacer al n salió de mi boca.

—No me importa tu edad mientras tus sentimientos hacia mi hermano sean sinceros —dijo, con una calidad sonrisa en su rostro—. Y por lo que veo realmente lo amas.

—No tienes idea cuanto —sonreí sintiendo como me sonrojaba.

—Mira eso —se acercó para tocar mi mejil a—. Ustedes son iguales, se sonrojan por todo.

—Tienes razón —dije, riendo.

—Ana, mis papás no van a l egar ahorita, ¿verdad? —Adrián regresó a la sala y se quedó de pie junto a su hermana.

—Ya te dije que no —me miró y luego a él—. Fueron a consulta médica y de ahí pasarán a la casa del tío y sabes muy bien que cuando van a visitarlo l egan muy tarde.

—Tienes razón —respondió, pensativo.

—¿Ya terminaste de cocinar?

—¡Oh! Aún no —Adrián estaba dando la vuelta para regresar a la cocina cuando Ana lo sujetó del brazo—. ¿Qué?

—Lleva a Gabbe a conocer la casa, yo terminó de cocinar —Ana se puso de pie.

—¿Segura? —la miró Adrián con agradecimiento cuando Ana asintió—.

Gracias, hermana.

—Los l amo cuando este todo listo —Ana me ofreció una última sonrisa antes de ir a la cocina.

—Vamos —dijo mi novio, tomando mi mano y llevándome hacia las escaleras.

Caminamos por el largo pasil o, incluso aquí arriba el color seguía siendo el mismo azul que el de abajo; mientras veía el lugar note que había seis puertas, tres de cada lado, me preguntaba que habitación era de cada miembro de la familia, podía imaginar que alguna de las primeras era de los padres de los hermanos Ferro, la de Ana tal vez la segunda, ¿pero de qué lado? No tenía idea, lo mejor era preguntar.

—¿Cuál es la habitación de tus padres? —dije, al n.

—Es esta habitación —señaló la primera del lado derecho, después señaló la primera del lado izquierdo—. Esa es la de Ana.

—¿Y la tuya? —pregunté, podría asegurar que era la que estaba junto a la de sus padres.

—Esta es la mía —se detuvo en la habitación que estaba junto a la de Ana.

Adrián me miró sonriendo—. Adelanté.

Abrió la puerta y entré, me parecía muy bonita su habitación, las paredes de color azul naval me encantaban, había un librero lleno de libros, un escritorio, no

podía evitar imaginar lo mucho que debió estar estudiando durante toda la noche ahí. Su armario estaba junto a la puerta de entrada, había otra puerta más que debía ser el baño; me acerqué a la puerta de cristal que daba al balcón. La cama era de tamaño matrimonial, sus colchas eran de color café oscuro, combinaba bien con el color de la pared. Debía ser muy cómodo dormir ahí.

Pude sentir como mi cara se sonrojaba de solo pensar eso.

—Es muy bonita tu habitación —dije, obligándome a apartar la mirada de la cama.

—Puedes sentarte en la cama —me sonrió de forma dulce.

—¡Ah! Gracias —con mucho cuidado me senté en el borde.

—Desde que era niño siempre me gustó esta habitación, para ser honesto este siempre ha sido como mi refugio —estaba muy pensativo, me daba la sensación de que estaba recordando su pasado—. Si tenía un día muy difícil venía a este lugar y me sentía más tranquilo y relajado, incluso si mis papás me regañaban por alguna travesura este era mi lugar favorito para re exionar sobre todo… bueno aún lo sigue siendo.

—Te entiendo.

Adrián se acercó a mí con una dulce sonrisa, puso sus manos entre mi rostro y me besó, me sentía un poco nerviosa, bueno en realidad mucho, con mis manos apreté la bolsa blanca que estaba sobre mis piernas. Colocó una de sus manos en mi cintura y poco a poco terminé acostada en la cama; dejé caer la bolsa y puse mis manos en su rostro para atraerlo más a mí. Su besó era cálido y dulce, podía sentirlo l eno de amor. Sabía que del beso no pasaría nada porque Adrián era todo un cabal ero y siempre había sido respetuoso con todos en especial conmigo, muchas veces podía hacer bromas con otro sentido, pero eso eran solo bromas y me quedaba claro que lo hacía para molestarme y eso me divertía, aunque terminará sonrojada; me dio un último beso en los labios y después en la frente. Se acostó a mi lado, podía sentir la tela de su camisa rozando mi brazo, entrelazo sus dedos con los míos y así nos quedamos por un momento.

—Perdón si te asuste —dijo, después de un rato en silencio.

—No lo hiciste —Nos quedamos mirándonos a los ojos—. Sé que no harías nada. . que me incomodara.

—Me alegra que lo sepas —sonrió y me dio un beso en la mano—. Nunca haría algo que no quisieras.

—Lo sé —miré al techo, mi corazón estaba latiendo muy rápido, pero me gustaba mucho esta sensación.

—Gabbe… —Una vez más nos miramos—. Eres lo mejor que me pudo pasar en la vida.

—¿Sabías que en la cultura asiática creen en la reencarnación? —le pregunté, recordando lo que había leído en un libro hace mucho tiempo—. Me gustaría creer en eso y poderte encontrar en cada una de mis vidas para estar a tu lado.

—Sí eso existiera entonces me encargaría de encontrarte en cada una de nuestras vidas y sería el primer y último hombre en amarte —aquel as palabras habían hecho que mi corazón se acelerará más, no podía explicar lo mucho que lo amaba.

—Sería hermoso —sonreí mientras imaginaba cada una de mis vidas a su lado.

—Por el momento que te parece si disfrutamos de esta vida —La forma traviesa con la que me miraba me hacía sentir de nuevo nerviosa.

—Me parece bien —aun así, me arriesgaría.

Adrián me volvió a besar, su mano regresó a mi cintura, enredé mis dedos en su pelo y lo atraje más a mí. Nunca pensé que me gustaría estar de esta manera con alguien, pero de verdad comenzaba a disfrutarlo.

—Si van a hacer eso al menos cierren la puerta —dijo Ana, mirándonos mientras trataba de contener la risa.

—Ana. . —dijo Adrián, la miramos y cubrí mi rostro entre su pecho, me sentía muy avergonzada—. No estamos haciendo nada malo.

—No me importa, sucios —dijo riendo, podía sentir mis mejil as ardiendo—.

Bajen, ya está lista la comida.

Ana salió de la habitación, mi novio me puso una mano sobre mi mejil a y me dio un beso en la frente, se levantó y me tomó de las manos para ayudarme a levantarme de la cama. Recogí mi bolsa del piso y tomados de la mano bajamos al comedor, la mesa era grande, podían sentarse seis personas, el mantel era blanco con ores bordadas minuciosamente. Me senté a lado de Adrián y miré el plato que ya estaba servido, podía ver que era carne con queso parmesano, cubierto

con salsa de tomate y me parece que tenía queso mozzarel a encima; tenía un aroma delicioso. Corté un pedazo y lo comí, el sabor era tan delicioso como el aroma.

—Esta delicioso —dije, cuando terminé de masticar.

—¿Verdad que si? —Ana miró a su hermano con orgul o—. Te dije que a Gabbe le encantaría.

—Me alegra saber eso —me sonrió.

—De verdad está muy rico —Saber que Adrián lo había cocinado especialmente porque venía me hacía sentir muy feliz.

—¿Sabes cocinar? —me pregunto Ana, tomando un sorbo de su agua de fresa con limón.

—Se cocinar un poco —dije, recordando lo que se preparar.

—Ya estas lista para casarte —dijo, burlonamente viendo a Adrián y luego a mi

—. Busca a un buen hombre para pasar el resto de tu vida.

—¿Por qué debe buscar uno? —respondió, rápidamente—. Si estoy con el a.

—Solo quería molestarte —Ana le sonrió a su hermano—. Tranquilo.

¿Qué había querido decir eso? ¿Quería que permaneciéramos juntos durante mucho tiempo? Pensar eso me hacía sentir muy dichosa, no pensaba en el matrimonio aún, pero si pensaba estar a su lado por muchos años y si ese l egaba a ser nuestro futuro juntos sería hermoso. Durante el resto de la comida hablamos sobre todo y nos reímos sobre muchas cosas, conocí más de los hermanos y esperaba que así fuera mi relación con Emmanuel cuando fuéramos más grandes.

Ana se levantó para recoger los platos y los cubiertos, me apresuré para ayudarla mientras Adrián iba al baño.

—Ve a sentarte —dijo, en cuanto me vio entrar a la cocina.

—Está bien, me gustaría ayudar —sonreí poniendo los vasos en el fregadero.

—Adrián me va a regañar si ve que te puse a trabajar.

—Le digo que fui quien se ofreció.

—Bueno —sonrió dándose por vencida—. Tú secas y yo lavo, ¿te parece?

—Muy bien.

—Oye, Gabee. .

—¿Qué pasa? —la miré con curiosidad mientras secaba uno de los platos.

—El próximo mes vamos a ir a acampar a la cabaña de mis padres que está saliendo de la ciudad, solo vamos Adrián, mi novio y yo —cerró la l ave del agua y me miró sonriendo—. ¿Te gustaría acompañarnos?

—¿De verdad?

—Sí, Adrián te lo iba a decir, pero preferí adelantarme —Siguió lavando la vajil a.

—Sí, me gustaría —me sentía muy feliz en estos momentos—. Gracias.

—¿Necesitas que hable con tus papas?

—¡No! —respondí, deprisa—. Les pediré permiso.

—¡Ah! Tus papas no saben que tienes novio —asentí con frustración—. Está bien, pero si necesitas mi ayuda dime y vemos que inventar.

—Gracias. .

Ana siguió lavando, me pasaba uno a uno los platos, vasos y los cubiertos, cuando los secaba me indicaba en que lugar iba cada cosa; a mi mente vino cuando vamos a casa de mi abuela y me quedaba a ayudar de esa manera, en mi casa muchas veces lo hacía, pero sola y ahora con Ana me sentía muy cómoda.

—¿Por qué pones a trabajar a mi novia? —dijo Adrián, entrando a la cocina.

—Fui quien le pidió que me dejara ayudar —lo miré con una sonrisa.

Ana asintió con la cabeza.

—Te ayudo —Adrián se apresuró para ayudarme a poner unos vasos en la parte de arriba de la repisa.

—Gracias —sonreí dándome la vuelta, habíamos quedado de frente y muy cerca.

—Niños no hagan escenas románticas frente a mi —Ana le salpico agua a su hermano entre risas—. Me da asco.

—¿Cuál asco? —Adrián me abrazó, cada vez que recargaba mi cabeza en su pecho me sentía tan cómoda y segura—. He tenido que soportar cosas más cursis contigo y tu novio.

—No diré nada más porque tienes razón —me miró mientras reía—. Muchas veces hemos ido a la cabaña solo los tres, ¿puedes imaginar lo incomodo que se sentía mi hermano?

—Me sentía muy incómodo —su voz parecía molesta—. Mientras el os estaban en su romance tenía que estar ngiendo que leía algún libro o irme a pasear por algún lugar.

—Debiste sufrir mucho —respondí riendo, entendía bien ese sentimiento, muchas veces lo viví con Erin y Jamila.

—No imaginas cuanto —Recargó su cabeza sobre la mía.

—Esta vez ya no tendrás nada de qué preocuparte, le pedí a Gabbe que nos acompañe —terminó de lavar y le entregué la toal a para que se secara las manos

—. Gracias.

—¿Vas a ir? —me miró, sus ojos re ejaban emoción.

—No podría perdérmelo por nada —respondí, sintiéndome hipnotizada por su manera de mirarme.

—Eso es increíble —apretó su abrazó y besó mi frente.

—¿Ves? Podrás ir a pasear con el a por todo el lugar.

—Intentas deshacerte de mí, ¿no es así? —la miró de forma acusadora.

—Sí y que mejor que hacerlo con tu novia —su rostro serio cambio a travieso

—. Además, estarán muy lejos de casa, pueden hacer lo que quieran.

—¿Qué podemos hacer? —hice una pregunta de la que me arrepentí haber hecho.

—Lo mismo que estaban haciendo en la habitación más temprano.

Mis mejil as estaban ardiendo de nuevo, era muy probable que me viera muy sonrojada, de verdad los hermanos eran tal para cual.

—Vamos a la sala —dijo Adrián.

Me sentía feliz de que lo pidiera, estaba cansada de estar de pie, las zapatil as eran bastante agotadoras.

—Estoy agotada —dijo Ana, sentándose en el sofá.

En esta ocasión me contaron sobre su infancia, los lugares a los que fueron, como Adrián se volvió un hermano que protegía mucho a su hermana a pesar de ser el menor. La forma en que crecieron apoyándose mutuamente desde que eran pequeños era increíble, el amor de hermanos que se tenían simplemente era hermoso, comprendía un poco los sentimientos de Ana, así como el a, yo también era la mayor y quería proteger de todo a mi hermano a como diera

lugar. Estaba sorprendida de que solo en una tarde pude conocer parte de la vida de Adrián, me emocionaba imaginar a un pequeño Adrián correr por toda la casa con su hermana mayor.

Sin darme cuenta era hora de irnos, al despedirme de Ana me abrazó y me pidió que regresará en cualquier momento, dijo que las puertas de la casa iban a estar siempre abiertas para mí; me sentía muy agradecida y desde el fondo de mi corazón deseaba que sus papás pensarán lo mismo en algún momento.

Salimos de la casa y caminamos tomados de la mano, el sol se estaba ocultando, con un poco de suerte caminaríamos bajo las estrel as y la luz de la luna, estábamos algo lejos de la casa de Erin así que pensándolo bien sería muy probable que si pasará. En varias oportunidades lo miraba de reojo y no podía evitar pensar que en verdad tenía mucha suerte de conocerlo; nunca me había pasado por la cabeza imaginar que un hombre alto, guapo, amable e inteligente estaría conmigo, mis amigas tenían razón con lo que me dijeron un día, a pesar de que debía conocer a muchas mujeres me escogió a mi entre todas el as.

Me detuve y miré el cielo, ya estaba oscuro y las estrel as y la luna habían hecho su aparición. Adrián me miró con curiosidad al darse cuenta que no avanzaba, una vez más buscaba reunir el valor para acercarme, solté su mano y di unos pasos hacia él, coloqué mis manos sobre sus hombros, me paré de puntil as y lo besé, como esperaba, reaccionó al beso, puso sus manos en mi cintura y nos besamos durante un momento.

—Desearía estar siempre a tu lado —dijo, abrazándome.

—¿Me estás pidiendo que viva contigo? —pasé mis brazos alrededor de su cuel o y sonreí burlonamente.

—¿No te gustaría? —Su respuesta me tomo por sorpresa—. Dormiríamos juntos, despertaríamos juntos… haríamos todo juntos.

—¿Eh? —me había quedado sin palabras.

—Si vas a jugar de esa manera conmigo debes hacerlo bien hasta el nal —

acercó su rostro al mío, podía sentir su respiración chocar contra mi cara—. Sé que querías bromear, así como lo hago contigo para molestar.

—¡Vaya! Perdí —sonreí, pero en el fondo sentía frustración por haber sido atrapada muy rápido—. La próxima vez me asegurare de hacerlo bien.

—Está bien —me dio un beso en la frente—. Hablando en serio quiero seguir de esta manera contigo, no quiero soltarte.

—Pienso igual —suspiré con frustración y lo miré traviesamente—.

Deberíamos…

Mis palabras fueron silenciadas con un beso, comenzaba a creer que algunas veces pensamos de la misma manera, muchas veces creí que era molesto que las parejas hicieran este tipo de cosas en la cal e, ahora me había convertido en una de esas personas molestas, pero por esta vez no me importaba ser así.

Entrelazo sus dedos con los míos y seguimos caminando, me sentía un poco triste porque estábamos cada vez más cerca de la casa de Erin, la quería mucho, pero en momentos como estos quería quedarme y disfrutar de más tiempo juntos, si no fuera menor de edad de verdad consideraría la idea de vivir juntos, lo sé, estaba loca por pensar en eso, pero no podía vivir apartada de él por tanto tiempo, solo pensar que no lo vería mañana era ya un gran sufrimiento para mí.

Al n l egamos a la casa de Erin, ninguno de los dos dijo nada, tal vez porque queríamos evitar la despedida.

—Es hora de que entres a la casa —dijo, tomando mi rostro entre sus manos y dándome un besó.

—Estás haciendo que no quiera entrar —respondí, sonriendo.

—Con la forma en que me estás sonriendo tampoco quiero que entres —me miró jamente a los ojos y luego pasó una mano por su cabel o revolviéndolo—.

¿Por qué tienes que ser tan bonita?

Me dio otro beso en los labios, de nitivamente este tipo de cosas cursis no me molestaban cuando las hacía con él, ahora comprendía aquel as palabras que mi mamá me había dicho; hace muchos años le dije a mi madre que nunca podría ser cursi porque era repugnante a lo que tranquilamente me respondió que el día en que l egará la persona correcta y que amara por completo empezaría a actuar de esa manera. Si hubiéramos apostado era un hecho que habría perdido.

—Gabbe, estas aquí —escuché la voz de Erin. Se acercó a nosotros con bolsas del supermercado—. Profesor… Hola.

—¿Cómo estás, Erin? —respondió, con una sonrisa.

—Bien gracias —se detuvo junto a mí y levantó las bolsas—. Fui a comprar comida chatarra para comer mientras vemos películas de terror.

—Veo que hoy dormirán hasta tarde.

—Es muy probable.

—Entonces me marcho para que puedan empezar con su noche de terror —

puso una mano sobre mi cabeza y empezó a caminar—. Nos vemos el lunes, niñas.

Nos despedimos con la mano y Erin me l evo adentro de la casa cuando Adrián desapareció de nuestra vista, estaba impaciente por que le contará todo lo que había pasado el día de hoy en nuestra cita. Fuimos deprisa a la cocina por unos vasos y para preparar las palomitas, cuando estuvo todo listo subimos a la habitación de Erin donde cerró la puerta y nos sentamos en el piso.

—Ahora si cuéntame todo lo que paso —dijo, sirviéndonos soda en los vasos

—. Quiero los detal es.

—Fue la mejor cita de todas —me quedé pensando—. Bueno, es la única a la que he ido, pero fue increíble.

—¿Por qué? —se acercó más para poder escuchar mejor—. ¿A dónde te llevo?

—A su casa, conocí a su hermana —Erin me miraba sorprendida, pero no dijo nada para que siguiera contando lo que paso—. Adrián cocino para nosotras. .

Aunque Ana fue la que terminó de preparar la comida.

—¿Te presento a su familia? —parecía que no podía creerlo.

—Solo a su hermana, sus papas no estaban.

—Y cocino. . Cocinaron para ti, ¿verdad? —asentí de manera lenta—. Va muy en serio con la relación, el profesor es increíble.

—¿Qué? —pregunté.

Erin se veía muy emocionada por todo.

—Si te l evo a conocer a su familia es porque espera que su relación dure mucho tiempo —tomó unas frituras y se las comió—. ¿Qué hombre te l eva a casa solo para conocer a su familia? Ya no hay casi de esos, la mayoría espera otra cosa cuando te llevan a su casa.

—¿Otra cosa? —Me quedé mirándola un rato hasta que entendí a que se refería—. ¡Ah! te re eres a esa otra cosa.

—¡Exacto! —parecía muy emocionada con la conversación—. Por eso los hombres que son todos unos cabal eros, te presentan a su familia y dejan que todo uya con el transcurso del tiempo son los que valen oro.

—Entiendo. . —dije, tomando soda.

—Por eso pienso que el profesor es increíble, puedo notar que es de esos hombres y me alegra por ti —tomó mi mano y la apretó, de verdad se veía muy feliz.

También me sentía feliz de que fuera así, lo sabía desde que lo conocí, pero lo terminé de con rmar hoy en su habitación, cuando se detuvo. Sabe que hay cosas que no se pueden forzar, así como sé que nunca me presionará para hacer algo de lo que no esté segura.

—¿Cómo es su hermana? —sentía curiosidad por el a podía verlo en su mirada.

—Es muy hermosa y amable —respondí, mientras recordaba el tiempo que estuve con el a—. ¡Ah! Es la mayor de los dos.

—¿De verdad? Siempre pensé que el profesor era el mayor.

—No sé cuántos años de diferencia hay —respondí, dándome cuenta que nunca les pregunté cuántos años se l evaban de diferencia—. Pero como toda hermana mayor molesta a su hermano menor.

—No puedo imaginar eso, me gustaría verlo —sonrió de manera burlona.

—No creo que le guste ser visto —recordé como se sonrojo y pre rió irse a la cocina.

—Me recuerda a Yann, cuando conocí a su mamá lo molestaba tanto conmigo que se sonrojaba —su risa de burla me daba ternura—. Incluso aun cuando voy a su casa suele ponerse así.

—Debe ser divertido.

—Es muy divertido —me miró sonriendo—. Estoy segura de que cuando conozcas a sus papás les vas a encantar.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté, pensativa. De verdad quería que pensaran así.

—Eres muy tierna —acaricio mi cabel o—. ¿Quién no te querría?

—Espero que les agrade a sus papas —suspiré tomando más de mi soda.

—Vas a ver que sí.

—Erin. . —dije, de repente acordándome de algo.

—¿Qué pasa? —preguntó, comiendo palomitas.

—El próximo mes voy a ir de campamento con Adrián y su hermana. .

—Espera. . —me interrumpió antes de terminar—. ¿Un viaje familiar?

—Sí y. .

—Me re ero a eso —puso sus manos sobre mis hombros—. Ya eres como de la familia.

—¿Me ayudarías? —dije, antes de que me interrumpiera de nuevo—. ¿Puedo decir que pasaré la noche contigo?

—Por supuesto —respondió feliz—. Por cierto, ¿qué día es exactamente?

Porque me iré a quedar a casa de una prima y podemos decir que fuiste conmigo.

—Solo se que es el próximo mes, le preguntaré después a Adrián.

—Me parece perfecto, cuando le preguntes dime y armamos todo un plan.

Erin estaba bastante emociona, platicamos casi toda la noche y vimos las películas que había escogido. Sacamos el colchón in able que siempre ocupaba cada vez que me invitaba a dormir a su casa, saco de su armario unas sábanas y me las entrego, era la hora de dormir, aun así, le pedí que me dejara tomar un baño, después de la ducha me sentía más relajada, sacudí mi cabel o y utilice la secadora, por suerte era una que no hacía mucho ruido; ahora si podría dormir mejor.

Al salir del baño vi que Erin ya se encontraba dormida, caminé de puntil as para no hacer tanto ruido, me acosté en mi cama y miré arriba, lo que más me gustaba de la habitación de Erin era el techo, tenía estrel as fosforescentes pegadas y por las noches bril aban, se veía hermoso y solo pensar que pronto podría ver el cielo de esta manera me hacía sentir feliz. No podía esperar a que l egara el día de nuestro campamento.

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