
Torquemada en la hoguera
Francisco Torquemada presta dinero a interés y no perdona un plazo. El Madrid de la Restauración lo teme y acude a él igualmente. Galdós ya lo había sacado en otras novelas, pero aquí lo deja solo ante lo único que no se compra: la vida de su hijo Valentín, un niño de doce años con una cabeza prodigiosa para los números al que una meningitis fulminante derriba en cuestión de días. El usurero decide negociar con Dios como negociaría con un deudor: reparte limosnas de noche, perdona alquileres, regala su capa a un viejo harapiento. Humor muy negro, compasión incómoda, un final que no consuela. La novela se lee de una sentada, pero el tomo no acaba ahí: reproduce entera la edición de 1889, con siete piezas breves anteriores, de El artículo de fondo a Junio.






