
Al primer vuelo
Don Alejandro Bermúdez, viudo, cree que el aire puro lo arregla todo: su hija Nieves llegará intacta al día en que pueda casarla con un primo de México, boda apalabrada con su hermana sin contar con la novia. Se la lleva de Sevilla a Peleches, la casona que domina Villavieja, un puerto cántabro venido a menos donde no ocurre nada y se comenta todo. Allí Nieves conoce a Leto, hijo del boticario. Una salida en balandro acaba con los dos en el agua, y el rumor hace el resto: un aprendiz de literato dirige el periodicucho local, lo manda imprimir en la capital y coloca la gacetilla del percance encima de una versión libre de Hero y Leandro, para que el lector ate cabos. Pereda tituló el último capítulo «En el que todos quedan satisfechos menos el lector», y cumple.






