Auschwitz

Leon Poliakov · Capítulo 15 de 35

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Auschwitz

La Resistencia en Auschwitz

alemanes, haciendo de proveedores de las cámaras de gas. Visiones de literatura terrorífica. «Entre los malhechores y los asesinos, el tipo más peligroso es el del médico criminal…»

LA RESISTENCIA EN AUSCHWITZ

Nunca se repetirá bastante: todo el sistema de los campos de concentración descansaba en el envilecimiento sistemático, puede decirse científico, del ser humano. Eipríncipio cardinal consistía en encargarla realización de este envilecimiento a detenidos privilegiados, mientras que otros detenidos seleccionados Uevaban a cabo la exterminación propiamente dicha. Podemos tomarla noción de «selección» en un sentido amplio: se elegían caminales profesionales para mandar a los presos políticos; los SS, para mejor afirmar su dominación, explotaban los an tagonismos entre los poderosos y los desheredados, así como los rencores nacionales, las incomprensiones lingüísticas y los llamados odios raciales; en la base, los judíos eran encargados del robo y del asesinato de sus hermanos de sangre. Homo homini lupus: máxima que, en Auschwitz, parecía cumplirse a cada paso:

El campo de concentración ha sobrepasado con mucho el objetivo que le habían asignado sus creadores. Estos cuarteles generales del dolor han sido, más que meros lugares de destrucción de la oposición hitleriana, de expiación internacional o racial. Algo mucho más profundo ha sido puesto en cuestión; algo tan grave que ni los que han reconocido el problema tienen el valor de decirlo.

Y quizá vale más que esta experiencia única, pero inútil por intransmisible, no aparezca en la historia de las civilizaciones más que como una enorme farsa (ein überdimensionaler Witz, decía Ernst). Parece ser que, en tiempos muy lejanos, un indeseable penetró en el sacrosanto templo de Isis y desgarró el velo de la diosa. Cuéntase que el profanador no obtuvo de su iniciación otro beneficio que una risa nerviosa, la risa de ciertos locos. Pero todo esto no es más que una vieja leyenda estúpida…

[58].

La vieja leyenda sigue viviente. Es un antiguo deportado francés y militante socialista, Paul Rassinier, que hoy ha asumido la tarea de rehabilitar el sistema hitleriano de campos de concentración, proclamando,

en escritos difundidos con cierta amplitud, que las cámaras de gas no son sino un invento de la propaganda judeo-comunista[59] .

¿Es que la farsa es tan enorme? Imaginémonos a un Gandhi en Auschwitz: no hubiera sido su alma indomable la dueña de su destino, sino su cuerpo descarnado. En el mejor de los casos, habría pasado a la selección inmediata.

¿Es que la dignidad humana queda en una mera cuestión de calorías?

Es un hecho que la resistencia u oposición concertada no se desarrolló en los campos nazis más que entre los detenidos que ocupaban puestos responsables y que, por consiguiente, se hallaban mejor alimentados (aquí se puede hablar de un fallo del diabólico sistema SS). En un campo como Buchenwald, que no estaba provisto de cámara de gas, la resistencia organizada pudo alcanzar dimensiones considerables. Sólidamente organizados, los «políticos» (en su mayoría, comunistas alemanes) consiguieron poner fin a la hegemonía de los «comunes» y reunir en sus manos los engranajes principales del campo; lograron, también, sobre todo hacia el final de la guerra, hacer entrar a varios SS en el juego. Se puede leer, en la crónica de Eugen Kogon, el relato apasionante de estas luchas y de estas victorias. Pero, en Auschwitz, esta capital de la industria de la muerte, es! fuerzos semejantes no fueron más allá del estado embrionario.

No se de sarrolló una resistencia organizada más que entre los detenidos austroalemanes y polacos que fueron destinados a la administración del campo y entre los hebreos del Sonderkommando de los crematoríos. Unos y otros respondían a las condiciones que parecen esenciales en toda resistencia: un estado físico satisfactorio, un mínimo de medios materiales a su disposición.

El «grupo internacional de combate» de Auschwitz.

…Dachau era un mal sitio. Pero podíamos esperar sobrevivir. Las condiciones de vida de Auschwitz no justificaban semejante esperanza. Los dos tipos humanos característicos de un campo de exterminación eran allí más abundantes que en otros campos: el «musulmán», que había renunciado a luchar y había muerto espiritualmente antes de morir físicamente, y el

«proeminente», que no pensaba más que en conseguir el mayor número posible de ventajas para sí, en «organizar», para usar el vocabulario del campo, y que vivía al día, negándose a pensar en el futuro. Los

«proeminentes» no se preocupaban de nada que no fuera conseguir alcohol

y estupefacientes. Todo eso podía conseguirse en el «Canadá», a condición de tener influencias. Ambos tipos existían igualmente en los demás campos de concentración, pero menos diferenciados, al estar menos marcados los contrastes. No hace falta decir que ni unos ni otros convenían a la organización de una resistencia.

Otra dificultad residía en el hecho de que los SS utilizaban sistemáticamente los antagonismos latentes entre los detenidos. El número de «buenos kommandos» era limitado. Los detenidos alemanes tenían interés en impedir que los extranjeros llegaran a Kapos o a decanos de bloque y en guardar estos puestos privilegiados para ellos mismos. Al mismo tiempo, los SS conseguían, por este procedimiento, que los extranjeros considerasen a los detenidos alemanes como cómplices de sus verdugos. Los polacos, que habían sido los primeros en llegar al campo, ocupando, en consecuencia, buen número de puestosclave y de «buenos kommandos», estaban interesados, por su parte, en impedir el acceso de franceses y checos a estas posiciones. Y todos tenían interés en reservar para los judíos de todos los países -aunque la proporción que representaban dentro del total no cesara de crecer con el transcurso del tiempo- los kommandos más duros. Así, la dirección del campo conseguía poner en acción el mortífero antisemitismo hitleriano hasta dentro de las alambradas.

Para crear en Auschwitz una organización de resistencia eficaz, había que tener el valor de entablar combate contra todas estas dificultades. Pero la organización acabó por surgir. ¿Cómo? Cuando se comparte el pan con un amigo -un hombre libre no puede imaginarse hasta qué punto es difícil, cuando uno mismo tiene hambre- se ha establecido la premisa necesaria para resistir a la voluntad de los SS de crear una situación caracterizada por un jefe de campo con las siguientes palabras: «En Auschwitz, un detenido que no "organiza" no puede vivir más allá de tres a cuatro meses.» Las viejas amistades, las identidades de convicciones y las afinidades nacionales sirvieron de células germinales de la resistencia. La primera tarea de estos pequeños grupos consistía en asegurar la supervivencia de sus miembros, dentro de lo posible. Por ello se esforzaban sus componentes en situarse en enfermerías y hospitales. Es asimismo comprensible que los primeros grupos hayan sido los formados por polacos, no sólo porque su antigüedad en el campo les permitía conocer mejor sus secretos, sino porque tenían la posibilidad de establecer contactos con el exterior. Algunos

detenidos podían entrar en contacto en el lugar de trabajo con civiles polacos afectados al trabajo obligatorio en los mismos lugares. Auschwitz se halla en Polonia. La esperanza de una evasión, que a la mayor parte de los detenidos les parecía completamente ilusoria, estimulaba a algunos polacos a coali| garse, para intentar lo imposible. Los grupos polacos pronto consiguieron transmitir información sobre el campo a las organizaciones polacas de resistencia de Cracovia y a introducir fraudulentamente medicamen1 tos para sus camaradas enfermos. Los elementos activos del campo se esforzaron siempre en informar al mundo de los crímenes de Auschwitz. Bien es verdad que el mundo consideró muchas veces que esas informaciones eran inverosímiles.

Fueron los judíos los que más dificultad tuvieron para crear sus organizaciones en Auschwitz. La mayoría fueron asesinados, o murieron, antes de haber aprendido a conocer el campo y sus condiciones de existencia, extraordinariamente difíciles.

A pesar de todo, entre ellos surgieron grupos de resistencia, como entre yugoslavos, austríacos, franceses, rusos, checos, alemanes…

La fusión de estos grupos en una organización internacional de resistencia que, más tarde, tomó el nombre de «grupo de combate de Auschwitz», tuvo lugar en la primavera de 1943. La derrota de los ejércitos hitlerianos en Stalingrado ejerció un efecto estimulante. La toma de contacto decisiva tuvo lugar en Auschwitz entre un grupo de polacos, que tenían una cierta autoridad sobre sus compatriotas de todas tendencias, y un grupo de austríacos que mantenían relaciones con los demás grupos nacionales. Debido a este hecho, la dirección de este grupo de combate permaneció en manos de dos polacos y de dos austríacos hasta el verano de 1944. El vienés Ernst Burger, que fue ahorcado por los SS la víspera de la liberación de Auschwitz, jugaba en el grupo el primer papel. Era escribiente en el bloque 4. Allí, en un cuartucho, entre escobas, calderas y otros cacharros, se celebraban las conferencias del grupo local.

El grupo internacional pudo constituirse en Auschwitz porque las condiciones eran más estables allí que en Auschwitz II -en Birkenau, por ejemplo-. Allí estaba la administración central SS; por consiguiente, el número de detenidos que trabajaban en las oficinas de los SS era mayor.

Así, el kommando que atendía la enfermería de los SS adquirió gran importancia para el grupo, porque el médico SS Wirths se dejaba

influenciar; en 1944, fue puesto al corriente de la existencia de una organización clandestina entre los detenidos y le fue de gran ayuda en más de una ocasión. Gracias a él, fue posible terminar con las selecciones en el hospital. Asimismo Wirths salvó la vida de un miembro de la dirección del grupo de combate. La enfermera nacionalsocialista María gtromberger, piadosa católica austríaca, aportó valerosamente su colaboración en favor de los detenidos (…).

Había que esperar que los SS no retrocediesen ante nada para evitar que algún testigo de los crímenes de Auschwitz cayese vivo en manos de los Aliados. Los detenidos no debían dejarse asesinar sin oponer resistencia, en el último instante. Por ello, el grupo de combate organizó un estado mayor militar, cuyos jefes eran los únicos que se hallaban en contacto con la dirección central del grupo. Presos de confianza fueron destinados a los kommandos que presentaban un interés particular, desde el punto de vista militar: el tren, los kommandos que trabajaban en los locales SS y que, en caso de necesidad, hubieran podido conseguir armas por la fuerza, y así, sucesivamente. Mientras tanto, se procuraba que el número de los participantes directos a la organización del grupo se mantuviera reducido.

Al acercarse el frente a la zona ocupada por el campo, había que prever, o una liquidación completa de éste, es decir, el asesinato de todos los detenidos, o bien una evacuación. En cualquier caso, era condición indispensable para una acción armada la existencia de un contacto eficaz con la organización de resistencia polaca, la Armia Krajowa. Ésta envió a la región de Auschwitz a un oficial encargado de establecer el enlace con los partisanos de los alrededores, y de cooperar estrechamente con la organización de combate del campo. Por aquella época (agosto de 1944), la organización envió al exterior un informe sobre la situación militar, que ha sido conservado. Según dicho informe, los campos del complejo de Auschwitz contaban 65.900 detenidos y 39.200 detenidas (…).

En rápida sucesión, la organización internacional de combate sufrió una serie de duros reveses. El oficial de enlace polaco, que había de coordinar, desde el exterior, las actividades, cayó con armas y bagajes en manos de la Gestapo. La organización de resistencia del Sonderkommando de los crematorios se vio obligada a actuar aisladamente, debido al peligro inminente que se cernía sobre sus miembros. Aunque el efecto moral de su rebelión fue inmenso, contribuyendo ante todo a multiplicar el número de

resistentes judíos, la fuerza militar de la organización internacional quedó debilitada a causa del fracaso de este acto de desesperación. Un número considerable de detenidos polacos y rusos fue trasladado a otros campos.

Finalmente la evasión de los dirigentes de la organización internacional fracasó. Ernst Burger y sus compañeros fueron cogidos y ejecutados.

Por esto no hubo acción militar alguna cuando la evacuación de Auschwitz en enero de 1945. Las armas rudimentarias que habían sido

fabricadas en el campo no fueron utilizadas[60]…

La rebelión del Sonderkommando… Cuando empezaron a tomar formal los preparativos del movimiento clandestino de resistencia, el grupo judío de la organización se encargó de conseguir materias explosivas en la fábrica de municiones "Unión" para fabricar explosivos. Los responsables de esta operación éramos Jehuda Laufer y yo mismo (…)[61].

Se enviaron, tanto a Auschwitz como a AuschwitzBirkenau, pequej ñas cantidades de explosivos. Así llegó la pólvora a manos del Sonderkommando que estaba en contacto con el movimiento de resistencia.

Algunos detenidos, que poseían los conocimientos requeridos, fabricaban explosivos y los entregaban al Sonderkommando. A este respecto, poseemos el testimonio de Isaías Eiger: «Algunos de nosotros formábamos parte de los kommandos que podían desplazarse más libremente y visitar las diversas secciones del campo. íbamos con frecuencia al campo de las mujeres. Nos pusieron en contacto con las mujeres que trabajaban en la fábrica "Unión". Todos los días llevábamos una pequeña cantidad de pólvora al técnico ruso Borodine. Éste la escondía, junto con otros productos, en latas vacías, que enterraba en sitios distintos.»

Tras haber ido a Birkenau, Noé nos hizo saber que el Sonderkommando preparaba un motín, sin esperar a que tuviera lugar la insurrección general del campo. La gran acción de exterminación de los judíos húngaros había terminado y, en consecuencia, el Sonderkommando esperaba una próxima

liquidación. Los miembros de dicho kommando no se hacían ilusiones.

Sabían que su destino estaba fijado. Estaban organizados y decididos a actuar.

Nos apresuramos a poner al corriente de los hechos a los dirigentes del grupo de combate, en Auschwitz I. Éste fue de la opinión de que una acción prematura no haría sino comprometer la insurrección general y pondría en peligro nuestra organización clandestina. Se nos encargó que convenciéramos a los del Sonderkommando de la conveniencia del aplazar toda acción para una fecha posterior.

Terminada la «acción Hoess», como se llamó la exterminación de los judíos húngaros, supimos que 160 miembros del Sonderkommando iban a ser trasladados a otra parte. Era la primera vez que se designaba a miembros de este kommando para ser transferidos a otros campos, como presos ordinarios, en lugar de ejecutarlos allí mismo. Era también un destello de esperanza para todo el Sonderkommando, que, por aquel entonces, contaba cerca de 1.000 hombres. Pero se vio en seguida que no era más que un truco de los SS. Los hombres seleccionados para el traslado fueron separados de sus compañeros para ser asesinados a continuación. La organización no dejó de poner en conocimiento de los miembros restantes del Sonderkommando cuál había sido la suerte de sus camaradas. Esto afirmó su decisión de amotinarse sin esperar nada más. Tras largos preparativos, el kommando disponía de algunos revólveres, una metralleta, y algunas granadas rudimentarias.

Por desgracia, los detalles de la rebelión no son conocidos, ni lo son los nombres de sus dirigentes. Eiger menciona a Jakob Handelsman y a Joseph Warchawsky. Otros hablan de judíos de Salónica, antiguos oficiales del ejército griego. Otras fuentes dan otros detalles. Como no existen supervivientes de la rebelión, resulta imposible hacerse una idea clara de la misma.

Estalló con ocasión de otro «traslado» parcial. Cerca de 600 miembros del Sonderkommando tomaron parte en ella. El crematorio IV fue incendiado y volado. El Kapo alemán, célebre por su brutalidad, fue arrojado vivo a las llamas. Cuatro SS resultaron muertos y otros muchos heridos. El combate tuvo lugar en las proximidades de la enfermería del crematorio. Los insurrectos hicieron saltar las alambradas, evadiéndose a centenares. Los SS se hallaban completamente desamparados. Acudieron