Auschwitz

Leon Poliakov · Capítulo 25 de 35

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Auschwitz

Visto por el Mismo

que nosotros, hombres de las SS, dábamos por descontado que no se debía pensar en eso; ni se nos vino a las mentes el hacerlo. Y, por otra parte, había algo que se daba por seguro: es que los judíos tenían la culpa de todo.»

Insistí en que me diera una explicación del motivo de semejante certeza.

«Pues es, sencillamente, que nunca oímos decir otra cosa. No eran sólo los periódicos como el Stürmer, era todo lo que oíamos decir. Hasta nuestro entrenamiento militar e ideológico daba por descontado que debíamos proteger a Alemania frente a los judíos… Sólo tras el derrumbe se me ocurrió que podía no ser del todo verdad, cuando hube escuchado lo que decía cada cual. Pero nadie había dicho anteriormente cosas semejantes.

Ahora me pregunto si Himmler creía en todo eso, o si sólo me daba una excusa que justificase lo que quería que yo hiciese. Pero, de todas maneras, esto no tiene gran importancia, en realidad. Estábamos tan acostumbrados a obedecer las órdenes que nos imponían, que la idea de negarse a cumplirlas no se nos habría ocurrido, y todo el mundo las hubiera cumplido tan bien como yo… Himmler era muy estricto para cuestiones de poca monta y hacía ejecutar a los SS por motivos tan mínimos, que teníamos la seguridad instintiva de que actuaba según un estricto código de honor… Puede usted estar seguro de que no siempre nos gustaba ver esas montañas de cadáveres y oler continuamente a quemado. Pero Himmler lo había ordenado y había explicado, incluso, por qué era algo necesario; y, en realidad, yo no podía preguntarme si aquello era bueno o malo. Parecía sólo una necesidad.»

Hoess se mantiene pasivo y apático durante todas las discusiones, da prueba de tardío interés hacia la enormidad de su crimen, pero produce la impresión de que nunca se le hubiera ocurrido si nadie se lo hubiera preguntado. Es demasiado apático para tener remordimientos y ni la perspectiva de ser ahorcado le conmueve más de lo debido. Uno tiene la impresión general de que se trata de un hombre intelectualmente normal, pero con una apatía esquizoide, con una sensibilidad y una falta de entusiasmo que no serían más notables en un auténtico psicópata[86]…

VISTO POR EL MISMO

…Mi existencia ha sido animada y llena de variedad. Mi destino me ha llevado a las alturas y al fondo de los abismos. La vida me ha sacudido con mucha rudeza, pero siempre he logrado resistir sin perder los ánimos.

Dos estrellas me sirvieron de guía desde el momento en que volví, adulto, de una guerra (191418), a la cual partí siendo muchacho: mi patria, mi familia.

Mi apasionado amor a la patria y mi conciencia nacional me llevaron al partido nacionalsocialista y a los SS.

Considero la concepción del mundo (Weltanschauung) del nacionalsocialismo como la única adecuada a la naturaleza alemana. Los SS

eran, a mi entender, los defensores activos de esta filosofía; y eso los capacitaba para conducir gradualmente al pueblo alemán enteró hacia una existencia de acuerdo con su naturaleza.

Mi familia era, para mí, algo igualmente sagrado; a ella me atan lazos indisolubles.

Siempre me he preocupado de su futuro; una granja había de ser nuestro verdadero hogar. Para mi mujer y para mí, nuestros hijos representaban la meta de nuestra existencia. Queríamos darles una buena educación y legarles una patria poderosa.

Todavía hoy mis pensamientos van todos hacia mi familia. ¿Qué va a ser de ella? La incertidumbre que llena mi ser hace particularmente penosa mi detención.

He hecho el sacrificio de mi persona de una vez para siempre. La cuestión está zanjada, ya no me preocupo de eso. Pero, ¿qué harán mi mujer y mis hijos?

Ha sido un extraño destino el mío. Muchas veces, mi vida estuvo pendiente de un hilo, durante la Primera Guerra, durante los combates de los cuerpos francos, en accidentes de trabajo. Mi coche fue arrollado por un camión y estuve a punto de morir. Yendo a caballo, me caí sobre una piedra y me faltó poco para ser aplastado por mi montura: salí con un par de costillas rotas. Durante los bombardeos aéreos, creí muchas veces llegada mi última hora y nunca me pasó nada. Poco antes de la evacuación de Ravensbrück, fui víctima de un accidente de automóvil y todos me daban ya por muerto; una vez más salí ileso.

Mi ampolla de veneno se rompió en el instante de mi detención.

El destino me ha librado de la muerte en cada ocasión para hacerme padecer ahora un final degradante. ¡Cuánto envidio a mis camaradas, caídos en el campo de batalla, como soldados!