Auschwitz

Leon Poliakov · Capítulo 7 de 35

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Auschwitz

Los Crematorios

camiones y un grupo del Sonderkommando («comando especial») carga en ellos, separadamente, los vestidos y el calzado. Se va a proceder a su desinfectación. Esta vez se trata de una desinfectación real. Luego son transportados mediante vagones a diferentes puntos del país.

Los aparatos de ventilación, sistema «Exhaustor», evacúan rápidamente el gas de la sala, pero en las hendiduras, entre los muertos y entre las puertas, queda siempre una pequeña cantidad. Esto provoca, incluso varias horas después, una tos sofocante. Por esta razón el grupo del Sonderkommando que penetra primero en la cámara de gas va provisto de caretas antigás. La sala se ilumina de nuevo potentemente. Entonces un cuadro horrible se ofrece a los ojos de los espectadores.

Los cadáveres no están tendidos por toda la superficie de la sala sino amontonados hasta el techo de la habitación. Esto se explica por el hecho de que el gas inunda en primer lugar las capas inferiores del aire y no sube hasta el techo con rapidez. Esto hace que estos desgraciados se pisoteen y se suban unos encima de los otros. Algunos metros más arriba el gas los alcanza un poco más tarde. ¡Qué lucha tan desesperada por la vida! Sin embargo, no se trataba más que de un plazo de dos o tres minutos. Si hubiesen podido reflexionar, se habrían dado cuenta que pisoteaban a sus hijos, a sus padres y a sus mujeres. Pero era imposible. Sus gestos no eran más que reflejos automáticos del instinto de conservación. Observo que en la base del montón de cadáveres se encuentran los bebés, los niños, las mujeres y los viejos; en lo alto los más fuertes. Sus cuerpos, que llevan numerosas heridas ocasionadas por la lucha, están a menudo enlazados. La nariz y la boca sangran, la cara entumecida y azul, deformada, los hace imposibles de reconocer…

Acabemos aquí esta descripción. Solamente queda por precisar que el gaseo, tal como acaba de ser descrito, se efectuaba en un local instalado en los sótanos de los crematorios; este local, en los documentos oficiales nazis, era designado con el nombre de «depósito de cadáveres». Los mis mos crematorios comprendían instalaciones también importantes y que no siempre eran suficientes para su función; es más fácil matar hombres que hacer desaparecer sus cuerpos.

LOS CREMATORIOS

El secreto que rodeaba las exterminaciones se debía a razones evidentes, y era casi una condición necesaria para que pudiesen ser llevadas a buen término. Por el contrario, el cuidado que tenían los exterminadores en suprimir los cadáveres merece alguna reflexión. Según Kurt Gerstein, la siguiente entrevista había tenido lugar en su presencia, entre el general SS Globocnick, que dirigía las exterminaciones en Polonia, y el Ministerialrat Lindner:

El Ministerialrat Dr. Herbert Lindner, que estaba presente, preguntó:

«Señor Globocnick, ¿no sería más prudente quemar los cuerpos en vez de enterrarlos? ¿No podría otra generación juzgar las cosas de diferente manera?»

Globocnick respondió: «Señores, si alguna vez, después de nosotros, existiese una generación tan cobarde y tan débil que no comprendiese nuestra gigantesca obra, entonces todo el nacional-socialismo no habría servido para nada. Por el contrario, sería necesario enterrar, junto con los cadáveres, placas de bronce que indicasen que nosotros tuvimos la valentía de llevar a cabo esta obra tan grande y tan necesaria…

De hecho, Himmler parece haber temido que otra generación lo juzgaría de otra manera. En mayo de 1942, hizo constituir un kommando especial, el «Kommando 1.005», encargado de suprimirlos restos de los asesinatos por fusilamiento, desenterrando los cadáveres y quemándolos.

En Auschwitz, al principio de las campañas de exterminación, los cadáveres eran igualmente enterrados en fosas comunes, ya que el único crematorio existente en el campo (de la misma manera que existía uno en todos los campos de concentración) estaba lejos de tener la capacidad suficiente. Al mismo tiempo, se llevaba a cabo Ja construcción de cuatro grandes crematorios, denominados «crematorios II, III, IV y V», por una empresa especializada de Erfurt, la firma Topf e hijos. He aquí una descripción:

Los hornos crematorios II y III eran idénticos; estaban situados simétricamente a ambos lados del ramal especial que conducía a la estación de Auschwitz. Este camino se destinaba exclusivamente al transporte de los deportados. Para hacer llegar los materiales necesarios para el funcionamiento de los hornos (por ejemplo el coque, la madera) se servían solamente de camiones. Cada uno de los crematorios tenía cinco hornos de tres crisoles, cada uno con dos hogares de gasógeno. Estos hornos eran, a

grandes rasgos, los mismos que los del crematorio uno. Los crematorios II y III tenían en total 30 crisoles y podían incinerar 350 cadáveres por hora.

Trabajando sin parar, a dos turnos, 12 horas de las 24, con un intervalo de 3

horas para sacar las escorias de los generadores, podían engullir un total de 5.000 cadáveres en 24 horas.

En los crematorios II y III se habían construido hornos especiales para incinerar diferentes objetos personales de las víctimas, libros de oración, documentos personales, etc., considerados como desperdicios para el personal del campo. Antes de la liquidación del campo, los funcionarios del servicio político quemaron en estos hornos los ficheros de los prisioneros muertos y otros documentos secretos.

Los crematorios IV y V representaban, desde el punto de vista de su magnitud, el penúltimo tipo de los que había construido la empresa Topf en Auschwitz. Fueron construidos casi al mismo tiempo que los hornos II y III.

Estaban separados por una distancia de 100 metros y alejados unos 700

metros del primer par de hornos. Fueron construidos a partir de los mismos planos y situados simétricamente. La empresa Topf pidió un 6 % de retribución suplementaria con la excusa de que era la primera vez que llevaba a cabo la construcción de hornos de tan gran dimensión, lo cual requería trabajos especiales.

Los crematorios IV y V comprendían en total 16 crisoles. Cada horno tenía, a cada lado, 4 crisoles y dos hogares, es decir, un total de 8 crisoles y 4 hogares. Los servicios los realizaba un equipo completo en dos turnos de 12 horas, con un intervalo para sacar las escorias de los generadores; los crematorios IV y V podían incinerar por término medio 3.000 cadáveres por día[20].

Durante la primavera de 1944, cuando la llegada de más de 450.000

judíos de Hungría, en seis semanas, el rendimiento del conjunto de los crematorios se demostró insuficiente, de manera que, de nuevo, millares de cadáveres fueron quemados al aire libre.

Las cenizas se arrojaban en fosos o a las aguas del Vístula.

Pero Hoess deseaba que los crematorios estuviesen rodeados por una decoración agradable a la vista:

6 de noviembre de 1943.

Objeto: Entrega de plantas destinadas a embellecer los hornos crematorios y II del campo de concentración con una zona de verdor.