Auschwitz
2. La Industria de la Muerte
Führer, las deportaciones y las exterminaciones. El 26 de noviembre, a una orden suya, eran destruidos los crematorios y las cámaras de gas.
En enero de 1945, cuando los ejércitos soviéticos no estaban más que a algunas decenas de kilómetros del campo, fue ordenada la evacuación. En él había, entonces, unos 66.000 detenidos. Cerca de 5.000 de éstos, enfermos e incapaces de andar, se quedaron en Auschwitz y fueron liberados por los rusos el 27 de enero de 1945.
2. LA INDUSTRIA DE LA MUERTE
LAS SELECCIONES
Según Hoess, Himmler había ordenado, al principio, la destrucción de todos los judíos detenidos por los servicios de Eichmann sin hacer excepciones. Y así se procedió en el caso de los judíos de la Alta Silesia; pero desde los primeros convoyes procedentes de Alemania, fue dada la orden de seleccionar todos aquellos hombres y mujeres que fuesen aptos
para el trabajo y de utilizarlos para la economía de guerra[11]… Parece
pues que, debido a la intensificación del esfuerzo bélico, tras la derrota de
los alemanes ante Moscú, les era concedida una prórroga a los judíos no
inválidos, durante la «selección» que tenía lugar a su llegada a Auschwitz.
Esta selección se llevaba a cabo sobre el andén de la estación, en seguida que los deportados bajaban del tren. Veámosla a continuación, descrita por un deportado francés, el profesor Roben Waitz: Lentamente, los deportados avanzan hacia la extremidad del andén. Dos SS están en el centro; uno es oficial-médico. Los deportados desfilan por delante suyo. Con el dedo o con un puntero, el oficial dirige a los detenidos, bien a la derecha o a la izquierda. De esta manera se forman dos filas que van amontonándose en ambas extremidades del andén. La fila de la izquierda comporta hombres de 20 a 45 años, cuyo aspecto externo es relativamente robusto. Los límites de edad son elásticos, a menudo se extienden de 16 o 18 a 50 años. El aspecto y la traza del detenido, el hecho de que esté mejor o peor afeitado, intervienen en la elección. A esta fila se envían también algunas jóvenes.
La fila de la derecha incluye a hombres de más edad; los viejos, la mayoría de las mujeres, los niños y los enfermos. Las familias intentan volverse a juntar. Entonces el oficial SS saca del grupo familiar los
elementos jóvenes y sanos; muy pocas veces se les deja permanecer con su familia en la columna de la derecha.
En la fila de la izquierda, las mujeres son conducidas a pie hacia el campo, mientras que los hombres parten en camiones y remolques, amontonados unos encima de otros.
Los detenidos de la fila de la derecha son cargados en camiones.
En mi convoy, de 1.200 deportados se selecciona una gran proporción de hombres (cerca de 330), igual que de mujeres. Esta cifra es excepcional.
Es raro que se seleccionen más de 150 a 200 hombres por convoy[12]…
En realidad, la proporción de los deportados seleccionados para el trabajo variaba según las épocas, el número de convoyes y las necesidades de mano de obra de las fábricas instaladas en el territorio del campo. Se sabe, por ejemplo, que de 3.623 judíos alemanes deportados a Auschwitz durante los días 5, 6 y 7de marzo de 1943, 1.326, o sea más del 36 %, fueron destinados a trabajar; por el contrario, durante el verano de 1944, numerosos convoyes judíos húngaros fueron exterminados en su totalidad a su llegada. Según Hoess, la cuestión de las selecciones era motivo de constantes tensiones entre la Ofícina Central de Policía del Reich y los
«Servicios económicos» de la SS:
La jefatura de policía era siempre partidaria de la total exterminación de los judíos; para ella, la creación de un nuevo campo de trabajo, la asignación de cada nuevo contingente de judíos a la industria, comportaba el peligro de una liberación y daba a los judíos la esperanza de salvar la vida por una casualidad cualquiera.
Pohl (el jefe de los «servicios económicos»), por el contrario, había recibido de Himmler el encargo de alimentar la industria bélica con el máximo número de detenidos. Atribuía, pues, la máxima importancia al aumento del número de aquellos que pudiese disponer, aunque se tratase de judíos aptos para el trabajo que se hubiesen seleccionado de entre los convoyes destinados a la exterminación. Depositaba grandes esperanzas, por otra parte falsas, en la conservación de esta mano de obra.
La jefatura de policía y la de la mano de obra defendían, por tanto,
puntos de vista estrictamente opuestos[13]…
En suma, cada servicio SS estaba preocupado por la mejora de su rendimiento.
Cosa curiosa, la única categoría de judíos que a su llegada a Auschwitz escapaba a las selecciones, era la de los «judíos criminales», es decir, aquellos que habían tenido que habérselas con la justicia alemana, por haber infringido la legislación antijudía o por otras razones. Nos vemos tentados a dar a este fenómeno el valor de un símbolo, y de ver en él una especie de prima acordada por un Estado criminal a los delincuentes. De hecho, estos judíos, que estaban fichados por la Gestapo, seguían el mismo camino que los detenidos no judíos, para los cuales se rellenaba una ñcha a su llegada al campo y morían siguiendo las mismas reglas que estos últimos. Estos detenidos «registrados» pasaban, a su vez, por una selección, pero posteríor, que tenía lugar bien en la enfermería, bien en los barracones de los detenidos aptos para el trabajo, para descubrir aquellos que parecían excesivamente debilitados para ser capaces de dar un rendimiento útil. Constituían, pues, un medio de mantener los efectivos a nivel de un rendimiento máximo. Sus criterios eran variables. En general, los médicos SS tenían en cuenta su delgadez:
Bloque tras bloque, los alemanes hacían desfilar delante suyo a los hombres completamente desnudos, y una mirada a las nalgas decidía la suerte de cada cual, ya que ninguna otra parte del cuerpo humano traduce con tanta fidelidad el estado de enflaquecimiento del individuo… Los esqueletos o semiesqueletos hacían esfuerzos heroicos durante un momento para aparecer frente al alemán bravamente, alegremente, su descarnada caja torácica hinchada, el paso vacilante, pero decidido. ¡Pero las despiadadas nalgas no admitían ningún truco! [14]…
En el caso de los adolescentes se establecía, a menudo, una altura mínima y aquellos que no llegaban eran eliminados inmediatamente, siguiendo el ejemplo, seguramente, de la cama de Procusto. A veces los SS
presumían también de literatos; he aquí, para terminar, la descripción de las selecciones y de las exterminaciones que encontramos en el diario íntimo llevado por uno de los médicos destinados a Auschwitz, el Dr.
Joseph Kremer, profesor de la universidad de Munster: 1.IX. 1942. Acabo de escribir a Berlín para pedir un cinturón de cuero y unos tirantes. He asistido esta tarde a la desinfectación de un bloque con
«Ciclono B», para eliminar los piojos.
2.IX.1942. Esta mañana, a las tres, he asistido por primera vez a una
«acción especial». Comparativamente, el infierno de Dante me parece una