Auschwitz
El «Canadá»
Referencia: Entrevista entre el SS-Obersturmbannführer Hoess, comandante del campo, y el SS-Sturmbannführer Bischoff.
Documentos que se acompañan: Ninguno.
Al SS-Sturmbannführer Caesar.
Jefe de las empresas agrícolas del campo de concentración de Auschwitz (Alta Silesia).
De acuerdo con una orden del SS-Obersturmbannführer Hoess, comandante del campo, los hornos crematorios y II del campo de concentración estarán provistos de una zona verde que sirva de límite natural al campo.
He aquí la lista de las plantas que deberán trasplantarse de nuestras reservas forestales:
200 árboles de hoja de 3 a 5 metros de altura; 100 árboles de hoja de un metro y medio a cuatro metros de altura; finalmente, 1.000 arbustos de relleno de uno a dos metros y medio de altura, todos ellos de nuestras reservas de planteles.
EL «CANADÁ»
Existían en el campo de Auschwitz 30 barracones que, en la jerga del campo, eran denominados el «Canadá»; la designación acabó por ser oficial. En ellos se amontonaban los útiles que los deportados habían traído consigo; es decir, en la mayoría de los casos, sus objetos más apreciados. Estos materiales se seleccionaban por equipos de detenidos y, iuego, eran utilizados de diversas maneras por el Estado nazi.
Kitty Hart, una superviviente de uno de estos equipos, describe este trabajo:
Yo pertenecía a un grupo de doscientas mujeres recién llegadas al campo, que habían sido destinadas a los kommandos del «Canadá». Fuimos distribuidas en varias secciones; había un equipo de día y uno nocturno.
Nuestro trabajo consistía en seleccionar las pertenencias de aquellos que habían pasado por las cámaras de gas y, luego, incinerados. En un barracón, un grupo seleccionaba solamente el calzado; otro grupo se ocupaba únicamente de los vestidos masculinos; un tercero, de los vestidos de las mujeres; un cuarto, de los vestidos de los niños. Otro barracón llevaba el nombre de barracón de la comilona. Montañas enteras de víveres que los muertos habían llevado consigo al ser deportados, se pasaban y pudrían. En
otro barracón se seleccionaban los objetos de valor, las joyas, el oro y otros objetos preciosos. Un grupo especial debía ordenar los amontonamientos de objetos que habían sido quitados a los candidatos a la muerte y repartirlos entre los diversos barracones. Fui destinada al equipo nocturno encargado de seleccionar los vestidos femeninos. Estos vestidos se amontonaban en un extremo del barracón. Teníamos que formar paquetes de doce. Los vestidos debían ser plegados cuidadosamente, y luego atados. En un lapso de tiempo dado, debíamos confeccionar de esta manera un número determinado de paquetes. Éstos se colocaban en otro barracón para ser transportados. De aquí partían cada día camiones que distribuían por todo el país estos materiales robados (…).
Todos los vestidos eran palpados cuidadosamente en busca de joyas o de oro escondido. El Reich alemán esperaba oro, dólares, diamantes y otras piedras preciosas. El botín de este tipo partía en sacos. Aunque la disimulación de tales objetos significaba la muerte, mis tres amigas y yo jamás los entregamos.
Preferíamos utilizar los billetes de banco como papel higiénico.
Escondimos bajo tierra cajas rellenas de oro y de objetos preciosos. Cuando nos era posible, entregábamos tales objetos a los hombres detenidos con los cuales manteníamos contacto. Ellos por su parte tenían contactos con el movimiento de resistencia polaco. Con ello confiábamos que les sería posible procurarse armas y municiones para una próxima insurrección. Sin embargo, un camión tras otro transportaba los tesoros de las víctimas hacia
Alemania…[21]
Otro testigo, el sociólogo Benedikt Kautsky, formula a este respecto las siguientes consideraciones:
La gigantesca corrupción que reinaba en Auschwitz era consecuencia directa y complemento del gaseo de millones de judíos de todos los países.
No hay que decir que no se les explicaba hacia dónde se dirigían los convoyes y lo que iba a ser de ellos. Si las víctimas hubiesen sabido lo que les esperaba, se hubiera entorpecido el desarrollo de las operaciones. Por esta razón se contentaban con decirles que iban hacia el Este, para trabajar en colonias o en ghettos judíos. Se les daba, al mismo tiempo, el buen consejo de llevarse el máximo de objetos transportables, dada la imposibilidad de procurarse ropa, vestidos, vajilla, utensilios, etcétera, en estas regiones lejanas. De esta manera tan plausible se incitaba a los judíos
a que se llevasen con ellos no sólo montañas enteras de vestidos, sino también instrumentos médicos, productos farmacéuticos, herramientas especiales y, sobre todo, valores en forma de divisas, oro, joyas, llevadas, bien a la vista, bien clandestinamente.
Pero era precisamente de esto de lo que se trataba. Tanto si sus desgraciados propietarios iban a parar a las cámaras de gas, o estaban destinados al trabajo, todos estos objetos caían a las manos de los SS, a menos que los detenidos encargados de seleccionarlos no participasen en este negocio por su propia cuenta. El total de las riquezas a lo largo de estos años es difícil de valorar, pero por tratarse de millones de víctimas, puede probablemente estimarse en varios miles de millones de francos suizos. A aquel a quien esto podría parecerle exagerado, podríamos contentarnos con presentarle, como ejemplo, el caso de algunos campos dependientes de Auschwitz, en los que fueron instalados completos centros dentales, comprendidas las perforadoras eléctricas, procedentes de este «botín»…
Pero los SS se interesaban mucho más por los objetos que podían utilizar inmediatamente -cigarrillos, perfumes, conservas- o bien por las cosas que podían procurarles otros placeres, es decir, dinero y objetos preciosos. Los polacos denominaron a esta fuente de riquezas «Canadá», en recuerdo de las representaciones legendarias vinculadas antaño a la emigración hacia este país de ensueño, y el término se utilizaba, generalmente, para designar el saqueo de los recién llegados, tanto si estaban o no destinados a morir.
Es evidente que todos los objetos recuperados de esta manera debían ser entregados sin excepción, pero es también evidente que todos aquellos que tenían que ocuparse de cerca o de lejos de estos objetos, tanto SS como detenidos, trabajaban por su cuenta…[22]
Ciertos documentos procedentes de archivos nazis nos dan a conocer la manera cómo eran repartidas y distribuidas todas estas riquezas (en la medida en que eran efectivamente entregadas al «servicio económico» de las SS). Un largo informe, por ejemplo, establece la distribución de 825
vagones de vestidos usados:
B/Ch 186. Secreto.
6 de febrero de 1944.
Informe sobre la utilización hecha en esta fecha de las materias textiles usadas, recuperadas durante el traslado de los judíos.
La lista adjunta indica las cantidades de materias viejas recuperadas en los campos de Auschwitz y de Lublín, después del traslado de los judíos. La cantidad de harapos es, evidentemente, bastante elevada. Esto hace disminuir proporcionalmente el número de los vestidos usados utilizables, en especial los vestidos para hombres. En consecuencia, nos ha sido imposible satisfacer plenamente la demanda de éstos.
Las mayores dificultades fueron causadas por los transportes por vía férrea. Las continuas interrupciones de los transportes dificultaron la evacuación de las mercancías que, a veces, se acumularon en los diferentes campos.
El paro de los transportes con destino a Ucrania, desde el mes de diciembre de 1942, se ha dejado sentir con mayor dureza. Impidió, en efecto, la entrega de vestidos usados destinados a los alemanes establecidos
allí. Por esto, todo este envío fue desviado por la VOMI[23] y depositado
en un gran campo de Lodz. La VOMI se encargará de su distribución tan
pronto sea restablecido un mejor funcionamiento de los transportes.
Hasta aquí el Ministerio de Economía del Reich ha podido poner a nuestra disposición el gran número de vagones que necesitamos. Este Ministerio continuará su mediación ante el Ministerio de los Transportes del Reich, destacando la mala situación del sector textil para obtener los vagones necesarios para el transporte de los materiales usados.
Firmado: Pohl. SSObergruppenführer y general de las WaffenSS.
Firmado: Kerston. SS-Hauptsturmführer.
Como anexo a este documento figuraba una lista que indicaba la cantidad de materias textiles usadas, entregadas por los campos de Lublín y Auschwitz, por orden de la Oficina Central de Economía SS, gue comprendía 825 vagones de vestidos usados, calzado y trapos entregados al Ministerio de Economía del Reich, al Ministerio de la Juventud, a la VOMI y a otras administraciones alemanas. El principal cliente era el Ministerio de Economía (570 vagones), que estaba encargado déla recuperación industrial de los harapos y vestidos fuera de uso, mientras que los otros destinatarios distribuían, entre los alemanes indigentes, los vestidos en mejor estado. De los 570 vagones mencionados, hay uno que merece especial atención:
Cabellos de mujer: 1 vagón3.000 kg., aparece en la lista. Estos cabellos eran transformados, a través de un órgano cualquiera del Ministerio de
Economía, en fíeltro industrial. Se observa la minuciosidad con que los economistas del III Reich habían organizado una recuperación que se extendía hasta los propios cuerpos de las víctimas. Todavía se encontraban depositados en Auschwitz, cuando el campo fue liberado por el ejército ruso, siete toneladas de cabellos, último vestigio terrestre de 140.000
mujeres gaseadas; la «cosecha» total parece haber sido, pues, de uno o dos centenares de toneladas…
La utilización industrial de los cabellos humanos había sido ordenada por la siguiente circular:
Oficina central SS
para la Economía y la Administración.
Grupo de servicios D.
Campos de concentración.
Oranienburg, a 6 de agosto de 1942.
Secreto.
Objeto: Utilización de los cabellos.
El jefe dé la Oficina central SS para la Economía y la Administración, el SSGruppenführer Pohl, ha ordenado la recuperación de los cabellos humanos en todos los campos de concentración. Los cabellos humanos se transformarán en fieltro industrial, después de ser enrollados en carretes.
Despeinados y cortados, los cabellos de mujer permiten fabricar zapatillas para los equipajes de los submarinos, y medias de fieltro para la Reichsbahn.
Se ordena, en consecuencia, conservar, previa desinfección, los cabellos cortados de las mujeres detenidas. Los cabellos cortados de los detenidos hombres no pueden utilizarse más que a partir de una longitud de 20 mm.
Por esta razón el SSGruppenführer Pohl está de acuerdo en que, a título experimental, los cabellos de los detenidos hombres no sean cortados hasta que hayan alcanzado, tras el corte, una longitud de 20 mm. Con el fin de prevenir las facilidades de evasión ofrecidas por una cabellera más larga, los detenidos deberán ser marcados cuando el comandante lo estime necesario, mediante una huella de cabello (Haarbahn), cortada en su cabellera mediante una máquina estrecha.
Se tiene la intención de utilizar los cabellos reunidos en todos los campos de concentración en una empresa instalada en uno de los campos.
Seguirán instrucciones más detalladas sobre el envío de los cabellos recogidos.
La cantidad de cabellos reunida mensualmente (cabellos de mujer y cabellos de hombre, por separado) deberá serme comunicada antes del 5 de septiembre de 1942.
Firmado: Glücks.
SSBrigadeführer y GeneralMajor de la WaffenSS.
Circulares como ésta, mejor que los grandes discursos, son lo que revela los abismos de la locura planificadora en los cuales se habían hundido los dirigentes del III Reich. En Auschwitz se recuperaban también las osamentas no incineradas (por falta de espacio en los crematorios, o por cualquier otra razón); eran vendidas a la firma Strem, que las utilizaba
para fines industriales[24] . Antes de incinerar los cadáveres en los
crematorios, se inspeccionaban las dentaduras para extraer el oro dental -
como se hacía, por otra parte, en todos los campos de concentración.
Oficina central SS
para la Economía y la Administración.
Grupo de Servicio D.
Campos de concentración.
Oranienburg, a 11 de enero de 1943.
Objeto: Oro procedente de dentaduras postizas.
Referencia: Decreto DI/l/AZ.
Como complemento del decreto mencionado, ordenamos que también los campos pequeños recojan el oro procedente de las dentaduras postizas durante un período prolongado (un año), y no continúen enviándolo, como se ha venido haciendo hasta ahora, todos los meses.
El jefe de la Oficina central.
Firmado: Ilegible.
SSOberstrumbannführer.
Veremos más tarde en qué condiciones era recogido este oro. Los metales preciosos abundaban en Auschwitz; el oro dental se juntaba a las joyas y objetos preciosos robados a las víctimas, y seguía idén ticos circuitos. Existía en el «Canadá» un taller de orfebrería en el cual se fundía una parte de este oro en forma de lingotes que luego eran depositados en el Reichsbank. Otros objetos de valor eran distribuidos entre las Waffen-SS y otras tropas combatientes. De este saqueo a escala europea (denominado
de recuperación de los bienes robados y ocultados por los judíos ), a través del cual millones de alemanes sacaron provecho del genocidio, el siguiente documento puede dar una idea;
Oficina central SS para la Economía y la Administración.
Berlín, a 13 de mayo de 1943. Secreto
Concerniente: A la recuperación de los bienes robados y ocultados por los judíos.
Al Reichsführer-SS.
Berlín.
¡Reichsführer!
1. El 30.IV. 1943 se recibieron:
94.000 unidades relojes de hombre.
33.000 – de mujer
25.000 – plumas estilográficas
14.000 – portaminas
3.500 – carteras de bolsillo
4.000 – bolsos
130.000 – hojas de afeitar
7.500 – máquinas de afeitar
400 – máquinas de cortar el pelo
14.000 – tijeras de todo tipo
2. De estas cantidades, se han separado y están dispuestas a mandarse: 7.000 relojes de hombre (a partir del 1.V.1943, se repararán 2.500 relojes mensuales).
8.000 estilográficas.
100.000 hojas de afeitar.
5.000 máquinas de afeitar.
400 máquinas de cortar el pelo.
14.000 tijeras.
Una parte de estos artículos ha sido ya enviada. A saber: 100.000 hojas y 4.000 máquinas de afeitar, a las cantinas militares, para ser vendidas.
1.000 máquinas de afeitar nuevas o casi nuevas, a las enfermerías SS.
400 máquinas de cortar el pelo, a las barberías de los campos de concentración.
Las tijeras han sido repartidas de la siguiente manera: las tijeras de sastre y las grandes tijeras han sido vendidas a la sociedad anónima Deutsche Ausrüstungswerke. Las tijeras de tocador y las tijeras para uñas han sido entregadas a título gratuito a la institución Lebensborn (Fuente de Vida). Las tijeras médicas han sido enviadas a los médicos de los campos de concentración.
3. Propongo repartir los relojes reparados de hombre de la siguiente forma:
a) Toda división combatiente recibirá inmediatamente 500 unidades, y el 1.X.1943, de nuevo 500 unidades (la división SS «Das Reich» ha recibido ya 500 unidades).
b) La armada submarina recibirá inmediatamente 3.000 unidades y, el 1.X.43, de nuevo 3.000 unidades.
c) Los campos de concentración recibirán, destinadas a su personal de guardia, 200 unidades por campo, a distribuir por el comandante.
d) Estilográficas: Toda división combatiente recibirá trescientas unidades, y la armada submarina, 2.000 unidades.
Ruego decidan qué conviene hacer con los 33.000 relojes de mujer.
4. Además, los bienes robados y ocultados por los judíos comportan entre otros:
a) Algunos centenares de valiosas monedas de oro y de plata (en gran parte anteriores a nuestra era) de gran valor numismático.
b) 4 grandes cajas conteniendo valiosas colecciones de sellos, entre los cuales hay colecciones completas de un valor de 40.000 marcos y aún más.
c) Cerca de 5.000 relojes de costosa fabricación suiza, con cajas de oro o de platino, algunos adornados, incluso, con piedras preciosas verdaderas (los relojes de oro de menor calidad o de forma grosera y poco elegante han sido enviados ya al Reichsbank, para ser fundidos).
A este respecto, ruego decidan si:
a) Las monedas de colección pueden cederse al Museo de la Moneda del Reichsbank.
b) Lo que hay que hacer con las colecciones de sellos.
c) Si los relojes deben ser cedidos al Reichsbank para su posterior venta al extranjero, o si estos relojes o parte de ellos (los más elegantes y los más preciosos) pueden ser guardados para una utilización especial.
Existe, igualmente, un cierto número de estilográficas y de portaminas de oro puro. ¿Deben enviarse al Reichsbank para una posterior venta al extranjero o deben fundirse?
Heil Hitler.
Firmado: Frank.
SS-Gruppenführer y Generalleutnant de las Waffen-SS.
La recogida de los metales y objetos preciosos de los cadáveres estaba asegurada por los «Sonderkommandos» de los crematorios, que trabajaban en estrecha colaboración con los SS; estos «Comandos especiales» eran pasados por las cámaras de gas y renovados cada cuatro meses. De paso, captamos desde dentro la dialéctica de las relaciones entre Señor y Esclavo, en su horrorosa realidad. Provisionalmente perdonados, los Esclavos estaban encargados de transportarlos cadáveres de las cámaras a los locales de combustión, de registrarlos y róbanos; estas operaciones les permitían apropiarse de una parte del oro de Auschwitz, corromper sus guardianes, fraternizar con eüos y vivir en la opulencia; pero cada cuatro meses los Amos asesinaban los miembros del
«Sonderkommando» y creaban uno nuevo. El doctor Nyiszli, citado ya anteriormente, nos da una sobrecogedora descripción de este ciclo: Los dientes y objetos de oro extraídos cada día de los cuatro hornos crematorios producen, una vez fundidos, de treinta a treinta y cinco kilos de oro puro.
La fundición se efectúa en un crisol de grafito de un diámetro aproximado de cinco centímetros. El peso de un cilindro de oro es de ciento cuarenta gramos. Lo sé exactamente por haberlo pesado en la balanza de precisión de la sala de disección.
Los médicos que despojan a los cadáveres de sus dientes antes de su incineración, no siempre echan todos los puentes en el recipiente de ácido sulfúrico: una parte -más o menos importante, según la vigilancia de los guardias SS- se queda en los bolsillos de los que arrancan los dientes. Otro tanto ocurre con las joyas y las piedras preciosas cosidas en los vestidos, así como con las monedas de oro abandonadas en la sala en que se desnuda a los condenados. Aquí, son los miembros del Kommando encargado de los bolsos de mano los que se aprovechan. Es una operación demasiado peligrosa, su vida está en juego, ya que los guardias SS están por todas partes y vigilan con gran cuidado los objetos que, de ahora en adelante,
pertenecen al III Reich. Su atención se centra, especialmente, en el oro y en las piedras preciosas.
Los hombres del Sonderkommando también envían a la fundición el oro que se han quedado. Encuentran la manera de lograrlo a pesar de la más estricta vigilancia y de apropiarse de nuevo de él bajo forma de cilindros de ciento cuarenta gramos. La utilización del oro, es decir, su intercambio contra mercancías útiles, es una operación todavía más difícil. Nadie piensa en conservar el oro, ya que todo el mundo sabe que es hombre muerto al cabo de cuatro meses. Pero en la situación en la que se encuentran los miembros del Sonderkommando, cuatro meses es demasiado tiempo. Estar condenados a muerte y efectuar un trabajo como el que realizan es una prueba que tritura cuerpo y alma y que conduce a muchos de ellos hacia los abismos de la locura. Hay que hacer la vida más fácil y más agradable, incluso en este breve plazo. Y es con el oro como se consigue.
El cilindro de oro de ciento cuarenta gramos se convirtió, pues, en unidad de cambio. En la fundición no existe un crisol de grafito más pequeño; por consiguiente, tampoco existe un cilindro de oro más pequeño.
Aquí, el valor de los objetos comprados no tiene ningún significado. Aquel que entrega oro ha entregado ya su vida al entrar allí, mientras que aquel que da algo a cambio del oro, se juega dos veces la vida. En primer lugar, cuando a través de las barreras de SS que rodean el campo y que comportan cuatro controles sucesivos, introduce artículos difíciles de obtener en Alemania, incluso con cartillas de racionamiento; en segundo lugar, cuando a través de estas mismas barreras hace salir el oro recibido a cambio. Ya que tanto en un sentido como en otro, hay un registro.
El oro va en el bolsillo de un hombre del Sonderkommando hasta la puerta del crematorio. Allí, una pequeña pausa. El hombre del Sonderkommando se acerca al guardia SS y cambia algunas palabras con él.
Este último se da la vuelta y se aleja de la puerta. En la vía férrea que pasa por delante del crematorio trabaja un equipo de veinte a veinticinco obreros polacos, bajo la dirección de un capataz. A un signo, el capataz del equipo se acerca con un saco doblado y, a cambio, toma el oro envuelto en papel El saco ha atravesado la puerta y se encuentra, actualmente, en el interior del crematorio. Al día siguiente, el capataz toma un nuevo pedido.
El hombre del Sonderkommando entra en la sala de guardia que se encuentra cerca de la puerta. Retira del saco un centenar de cigarrillos y una