Bajo tierra

Mark Billingham · Capítulo 14 de 44

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Bajo tierra

Amanda

A ella le hacía sentirse feliz, pero sabía que para Conrad sería una gran alegría ver que por fin las cosas se empezaban a mover. Todo se arreglaría muy pronto. Estaba en la habitación hablando con el chico, pero se lo diría en cuanto saliera. Tendrían que estar listos y prepararse para dar el próximo paso.

Había estado calentando una cuchara cuando el teléfono empezó a sonar; eso le ayudaría a tranquilizarse un poco…

Había comprobado la llamada, igual que había hecho con todas las llamadas después de volver al piso el viernes. Todo formaba parte del plan de no hacer nada para llamar la atención, y permanecer callados. De todas maneras, la mayoría de las llamadas eran de gente vendiendo gilipolleces.

Al niño le habían dado suficiente para dejar sin sentido a un caballo en cuanto tuvieron la oportunidad. Después de alejarse bastante del colegio, se había detenido para que Conrad se montara en el coche. Entonces esperaron a que se hiciera de noche para meterlo en la casa envuelto en la manta de pícnic barata que había comprado en Halford’s y que había guardado en el maletero. Se había asegurado de tener un montón de comida y alcohol, obviamente para no tener que salir para nada, para no tener que hablar con nadie. Lo único que habían tenido que hacer era sentarse y esperar, y ya estaban en la última etapa. Había comprobado la llamada… entonces, nada más escuchar la voz, había cogido el teléfono y había escuchado.

Estaba aliviada y contenta de ver cómo las cosas salían según lo previsto, y que nadie iba a sufrir daño. Siempre había insistido en ese punto, incluso en los tiempos de los atracos. No se le haría daño a nadie si

se podía evitar. Para ella, esta faceta de su carácter, la que deseaba que todo el mundo saliera bien de la situación, decía mucho a su favor. Era para sentirse orgullosa. Después de todo, con todo lo que ella había pasado, toda la mierda que había vivido de pequeña, habría sido comprensible que se convirtiera en una bruja rencorosa y depravada, que hubiera querido que los demás sintieran dolor solamente para sentirse ella mejor. Conocía a personas así, y las despreciaba. No, realmente lo único que quería era pasárselo bien y tener todo lo que necesitaba. Quería olvidarse de todos los malos rollos, y mientras ella hacía eso, se sentía más feliz si nadie más sufría. Al menos, no por culpa suya. Por supuesto, había habido algún capullo que otro que no había seguido las reglas; siempre había accidentes. Y también estuvo el asunto aquel con el traficante que ella le había pedido a Conrad que solucionara, pero la gente de los bajos fondos como él no contaba y se merecía todo lo que les pasaba.

Pensó que si les pasaban cosas malas a personas malas, tampoco había mucho de que lamentarse.

El chico, Luke, no era mala persona, y no se merecía nada de lo que le estaba pasando; ella era consciente de eso. Era simplemente el medio para ganar dinero, su pistola de imitación. Dio gracias a Dios, si todo iba bien, saldría ileso de todo esto, sano y salvo.

Conrad no había estado tan seguro. Había dicho: «Sí, vale, pero no te olvides de lo que puede pasar más adelante. No te olvides de lo que le podría pasar en su cabeza».

Ella se había vuelto, alejando el cuerpo ligeramente del suyo, y le había hecho saber que era poco probable que se olvidara de eso.

Ya se sentía mucho más madura y tranquila, y más dispuesta a perdonar. Tuvo la sensación de empezar a moverse y relajarse, y se preguntaba si no sería mejor volver a atar las manos del chico, ya que pronto todo se iba a poner en marcha. Había que dejarlo listo. Entonces, desde la nada, desde ninguna parte, mientras se hundía en la droga, imaginaba encontrarse con Luke pasados unos diez años. Se verían en una fiesta o en un club de última moda y todo sería maravilloso. Él estaría relajado y encantado de verla. Ansioso de contarle que en realidad todo estaba bien, y que, a decir verdad, había sentido una especie de

aleccionamiento en aquel piso. Realmente, unas cuantas pesadillas empapadas de sudor era un precio muy bajo a cambio de aprender a apreciar las cosas en su justo valor. Ella le diría al que le acompañaba en ese momento que ella y Luke eran viejos amigos, y sería guay compartir un baile lento…

Era consciente sólo vagamente de que Conrad había entrado en la habitación mientras se dejaba llevar, los brazos de Luke alrededor de su cuello, y su voz en el oído; le estaba dando las gracias por transmitirle su don a él, el don de tener una coraza más dura que la de los demás.

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