Comte

Cristina Redaelli · Capítulo 21 de 30

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Comte

La debilidad por las matemáticas

Como buen pensador sistemático, Comte incluye en su

enciclopedia del saber todas las ciencias, pero siente debilidad

por una de ellas. Existe una ciencia dotada de gran rigor

deductivo, con vocación universal y que define, analiza y

sistematiza como ninguna otra. Y sabemos cuál es, la de siempre,

las matemáticas.

No resulta fácil resistirse a su capacidad explicativa: con una ley

podemos explicar, prever e intervenir. Irresistible. Funciona tan

bien que nos gustaría usarla siempre: ¿por qué no vamos más

allá de los puros elementos matemáticos? ¿Por qué limitarnos a

deducir las propiedades del círculo? Podemos probar de prever la

posición de un cuerpo que se mueve a una velocidad

determinada. ¿Y si vamos aún más allá? Más allá del mundo

físico, o quizás en su interior, se abre otro, un mundo completo y

fascinante que debemos investigar: el mundo humano. ¿Por qué

no intentamos comprenderlo con el mismo rigor matemático que

nos permite entender la gravedad y las fuerzas que se atraen y se

rechazan?

A Comte le encanta la idea y amplia el modelo matemático a

cualquier objeto que se encuentre en la órbita del cerebro:

cuerpos rígidos, cuerpos quietos y cuerpos en movimiento,

organismos vivos, seres humanos y humanos organizados. Sin

darnos cuenta, de la ley de cancelación para la multiplicación

hemos llegado a la ley de la historia de la humanidad. Pero

cuidado, quizás nos hayamos excedido.

Los fenómenos que Comte considera progresivamente en su lista

de ciencias son muy diferentes entre sí, y en ningún caso lo que

funciona en algunos tiene que funcionar en otros. Cada ciencia

enciclopédica corresponde a una categoría diferente de objetos, y

el problema de la legitimidad en la aplicación de las matemáticas

se adecúa a cada tránsito: de los elementos geométricos a los

cuerpos físicos, de la materia inorgánica a los organismos vivos,

de la fotosíntesis a las relaciones sociales de una comunidad de

individuos pensantes. Todo tránsito presenta sus problemas, y Sociedad positiva y libertad de pensamiento

donde hay problemas, también hay críticas; las críticas contra

aquel que no los resuelve porque se deben resolver; las críticas

contra aquel que los resuelve porque no se pueden resolver.

Filósofos. Seres polémicos. Pero Comte no se deja intimidar, da

por buenos todos los tránsitos ya hechos (desde las matemáticas

hasta la biología) y prueba el más difícil, el último, el que va al

mundo humano e histórico. Se trata de un salto valiente, lo nunca

visto antes (o, al menos, nunca se había intentado con el rigor

debido según el gusto de un verdadero pensador sistemático).

Debemos construir una física social, analizar los hechos humanos

de la misma forma que se analizan los hechos físicos. Pero, ¿de

verdad puede hacerse? Según Comte es obvio que sí, aunque

quizás se muestre demasiado descarado al tratar el tema. Los

hombres que actúan en una sociedad no son cuerpos rígidos que

se mueven en un plano.

Para reconocer que la acción humana es un fenómeno diferente,

no hace falta llegar a proponer inferencias peligrosas sobre

almas, espíritus e inclinaciones morales. A lo mejor nuestro

comportamiento no dispone de tanta libertad como nos gustaría,

pero tampoco se muestra tan dócil a la determinación como le

gustaría a Comte. Quizás no somos especialmente creativos e

innovadores como nos gusta pensar, pero tampoco somos tan

homogéneos y previsibles como para que todo se pueda reducir a

una única ley que nos diga ahora cómo vamos a ser en el futuro.

Puedo prever la velocidad final de un cuerpo que cae desde una

determinada altura y extrapolar el resultado a todos los cuerpos

que caerán en las mismas condiciones, pero no puedo prever con

tanta certeza qué harán las personas de una determinada

sociedad en unas circunstancias precisas, ni tampoco afirmar que

en condiciones análogas otra sociedad haría exactamente lo

mismo.