Comte
La debilidad por las matemáticas
Como buen pensador sistemático, Comte incluye en su
enciclopedia del saber todas las ciencias, pero siente debilidad
por una de ellas. Existe una ciencia dotada de gran rigor
deductivo, con vocación universal y que define, analiza y
sistematiza como ninguna otra. Y sabemos cuál es, la de siempre,
las matemáticas.
No resulta fácil resistirse a su capacidad explicativa: con una ley
podemos explicar, prever e intervenir. Irresistible. Funciona tan
bien que nos gustaría usarla siempre: ¿por qué no vamos más
allá de los puros elementos matemáticos? ¿Por qué limitarnos a
deducir las propiedades del círculo? Podemos probar de prever la
posición de un cuerpo que se mueve a una velocidad
determinada. ¿Y si vamos aún más allá? Más allá del mundo
físico, o quizás en su interior, se abre otro, un mundo completo y
fascinante que debemos investigar: el mundo humano. ¿Por qué
no intentamos comprenderlo con el mismo rigor matemático que
nos permite entender la gravedad y las fuerzas que se atraen y se
rechazan?
A Comte le encanta la idea y amplia el modelo matemático a
cualquier objeto que se encuentre en la órbita del cerebro:
cuerpos rígidos, cuerpos quietos y cuerpos en movimiento,
organismos vivos, seres humanos y humanos organizados. Sin
darnos cuenta, de la ley de cancelación para la multiplicación
hemos llegado a la ley de la historia de la humanidad. Pero
cuidado, quizás nos hayamos excedido.
Los fenómenos que Comte considera progresivamente en su lista
de ciencias son muy diferentes entre sí, y en ningún caso lo que
funciona en algunos tiene que funcionar en otros. Cada ciencia
enciclopédica corresponde a una categoría diferente de objetos, y
el problema de la legitimidad en la aplicación de las matemáticas
se adecúa a cada tránsito: de los elementos geométricos a los
cuerpos físicos, de la materia inorgánica a los organismos vivos,
de la fotosíntesis a las relaciones sociales de una comunidad de
individuos pensantes. Todo tránsito presenta sus problemas, y Sociedad positiva y libertad de pensamiento
donde hay problemas, también hay críticas; las críticas contra
aquel que no los resuelve porque se deben resolver; las críticas
contra aquel que los resuelve porque no se pueden resolver.
Filósofos. Seres polémicos. Pero Comte no se deja intimidar, da
por buenos todos los tránsitos ya hechos (desde las matemáticas
hasta la biología) y prueba el más difícil, el último, el que va al
mundo humano e histórico. Se trata de un salto valiente, lo nunca
visto antes (o, al menos, nunca se había intentado con el rigor
debido según el gusto de un verdadero pensador sistemático).
Debemos construir una física social, analizar los hechos humanos
de la misma forma que se analizan los hechos físicos. Pero, ¿de
verdad puede hacerse? Según Comte es obvio que sí, aunque
quizás se muestre demasiado descarado al tratar el tema. Los
hombres que actúan en una sociedad no son cuerpos rígidos que
se mueven en un plano.
Para reconocer que la acción humana es un fenómeno diferente,
no hace falta llegar a proponer inferencias peligrosas sobre
almas, espíritus e inclinaciones morales. A lo mejor nuestro
comportamiento no dispone de tanta libertad como nos gustaría,
pero tampoco se muestra tan dócil a la determinación como le
gustaría a Comte. Quizás no somos especialmente creativos e
innovadores como nos gusta pensar, pero tampoco somos tan
homogéneos y previsibles como para que todo se pueda reducir a
una única ley que nos diga ahora cómo vamos a ser en el futuro.
Puedo prever la velocidad final de un cuerpo que cae desde una
determinada altura y extrapolar el resultado a todos los cuerpos
que caerán en las mismas condiciones, pero no puedo prever con
tanta certeza qué harán las personas de una determinada
sociedad en unas circunstancias precisas, ni tampoco afirmar que
en condiciones análogas otra sociedad haría exactamente lo
mismo.