Comte

Cristina Redaelli · Capítulo 2 de 30

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Comte

Un pensador sistemático

Comte es un pensador sistemático: le gusta la síntesis, el orden (sobre

todo si es jerárquico) y, en especial, siente devoción por los sistemas, sólidos modelos teóricos que con una única ley pueden explicar cada cosa y cada pensamiento. Reducir la realidad a un único principio explicativo, con sus variantes y sus manifestaciones diversas, resulta un proyecto ambicioso. ¿Pero de verdad puede hacerse? La pregunta está en el aire.

Existen filósofos que se basan en las diferencias y otros que desean acabar

con ellas. Estos últimos acusan a los primeros de no lograr ver la unidad de lo real; los primeros acusan a los segundos de inventársela. Es un clásico de la filosofía: ¿el ser es uno o múltiple? Seguramente las dos cosas.

Para Comte es, sobre todo, unidad: la realidad es una y una es su historia,

y el filósofo tiene el encargo de encontrar las leyes que la forman y comunicarlas a la humanidad (que así lo espera). Se trata de una tarea urgente porque la humanidad, o al menos la sociedad europea de inicios del siglo XIX (y es la única parte de la humanidad que a Comte le interesa) se dirige hacia una nueva era, y además lo hace conscientemente y con orden. La nueva era se inicia con el positivismo, un movimiento filosófico y cultural que nace en Francia a principios del siglo XIX. Comte se encuentra entre los fundadores del movimiento, que se difunde durante todo el siglo por Inglaterra, Italia y Alemania. Entonces, ¿la nueva sociedad europea debe nacer de un nuevo pensamiento filosófico? Valiente deducción, aunque, según Comte, inevitable. La sociedad es fruto del acuerdo entre las mentes que comparten opiniones y creencias, y para reorganizar la sociedad se debe reorganizar de antemano el saber sobre el que se basa. Este es precisamente el primer punto en la agenda del proyecto positivista: un nuevo saber, orgánico y sistemático, que unifique y coordine los resultados de cada una de las disciplinas y que fije el conocimiento humano gracias a la observación de los hechos. Con una nueva ciencia positiva se podrá construir una nueva sociedad, afianzada por el progreso industrial y guiada culturalmente por la razón científica y por una nueva religión, la humanidad, de la cual Comte ya ha elegido su máximo pontífice: él mismo.