¡Dame un respiro!
1. ¡Y feliz año, por supuesto!
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¡Y feliz año, por supuesto!
Rose detestaba las cenas de Nochevieja. Sobre todo cuando las pasaba sola. Para levantar el ánimo, al final de la famosa cuenta atrás de medianoche, cargada de promesas, echó mano del móvil, con la esperanza de encontrar un mensaje de texto de su hijo. Nada. Se dirigió a la ventana, desde donde le habría gustado divisar su silueta a lo lejos. Sin embargo, no tenía a nadie a la vista, solo el gato negro de la vecina, que eligió justo aquel momento para cruzar.
¡Lo que faltaba!
Para conjurar el mal de ojo, agarró la revista de la tele, con el fin de consultar su horóscopo: lo menos que cabía decir era que el próximo año ¡Júpiter la hundía en la miseria! Para las Virgo, las previsiones eran menos entusiásticas que las de años anteriores: era el año del cambio, pero en amor, niet! Nothing! Una vez más.
A este paso, ¡más me valdría meterme monja!
A la hora de los buenos propósitos, cuando se desentierra el 1 de enero para volver a enterrarlo casi de inmediato, Rose acababa de tomar una decisión importante mientras bajaba a la basura los cadáveres de platos precocinados de sus últimas cenas. Se daba doce meses para recuperar las riendas de su vida. Familia, dinero, amor y trabajo: todo iría mejor. Bastaba con poner buena voluntad.
Propósito n.º 1: Ser positiva y no volver a creer en presagios, buenos o malos
Como mucha gente nacida bajo el signo de Virgo, Rose era una persona que vivía angustiada, que imaginaba siempre lo peor; el tipo de persona que para las vacaciones prevé un botiquín mayor que la maleta, con el fin de paliar cualquier catástrofe, que forzosamente acabaría por ocurrirle: quemadura, medusa, piojos, tortícolis, conjuntivitis, esguince, picadura de avispa… Coleccionaba comprimidos para todos los males posibles: dolor de cabeza, de garganta, de espalda, de vientre, de regla y problemas de tránsito intestinal. Si sufría la menor insolación, obviamente pensaba: ¡Ya decía yo que algo acabaría pasando! ¡Siempre tiene que tocarme a mí!
La joven, que tenía escasa confianza en su propio criterio, dejaba la mayoría de sus grandes decisiones en manos del azar. Lamentablemente, cuando tiraba a cara o cruz, siempre elegía el lado malo.
Propósito n.º 2: Autoafirmación
Siempre se mostraba demasiado discreta y acababan por olvidarla. En lo sucesivo debía evitar de una vez por todas que le impusieran decisiones que no eran las suyas, aunque tuviera que violentarse y decir —por fin— lo que tenía en mente. Su hijo no volvería a dictarle su ley, creyéndose el único adulto de la casa; su hermana mayor tendría que dejar de apoyarse solamente en ella para volver al buen camino; su jefe dejaría de considerarla a su entera disposición.
Tendría que empezar a remontar la pendiente, y eso que se le hacía cuesta arriba.
Propósito n.º 3: Acostarme pronto
Debido a su trabajo, Rose se levantaba invariablemente a las 5:30, pero no conseguía irse a la cama antes de pasada la medianoche. Como resultado, el cansancio se le leía en el rostro, lo que no era seductor precisamente. Tenía que cuidarse, y para ello debía empezar por llevar unas costumbres más saludables.
Arrebujada en la cama, Rose no lograba soltar el móvil: seguía esperando un SMS de su hijo. Aparte de su hermana, postrada en la cama con gripe y que se había visto obligada a anular la cena, nadie le había deseado feliz año nuevo.
Se está pasando tres pueblos.
Su hijo, Baptiste, tenía permiso excepcional para volver tarde, pero podría haberle enviado un mensaje, al menos para tranquilizarla. Rose era consciente de que ya no ocupaba el primer lugar en su corazón, y desde hacía tiempo, además. Tanto daba. ¡El año próximo se acabaría la angustia! ¡Y la soledad! ¡Y el insomnio!
¡¡¡Las 3:45!!! ¿Ya?