
El cisne de Vilamorta
Segundo García se hace llamar el cisne de Vilamorta y en aquel pueblo ourensano se ríen de él: unos arrieros le revientan a gritos los versos de Bécquer que recita a solas contra el eco. Abogado sin pleitos y poeta flojo, cree que Madrid le debe un sitio. Quien paga es Leocadia Otero, la maestra: mayor que él, con un hijo enfermo al que va descuidando, hipoteca su casa para pagarle el poemario. Mientras tanto ronda a Nieves, la joven esposa del exministro Comba. Ella lo alienta a medias y luego se espanta de lo que ha consentido. Pardo Bazán no carga la mano contra el poeta, le basta con copiarlo. Segundo se embarca para América, y lo que pasa entonces en casa de la maestra apenas interrumpe la tertulia: allí ya se habla del telégrafo y del ferrocarril.






