El fin de la Tercera Edad

Christopher Tolkien · Capítulo 24 de 31

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El fin de la Tercera Edad

Capítulo XI

del borrador del manuscrito de «Rumbo a casa» (p. 93): «Volveré dentro de

un tiempo».

6 En los dos textos mecanografiados del capítulo se omitieron las

tachaduras, y el primer título de Bilbo «Memorias de un Saqueador

Aficionado»se sustituyó por «Mi Diario». «Qué Sucedió Después» aún

aparecía como una adición, y las palabras «y amigos» se añadieron después

de «Bolsón» en el título final de Bilbo; en los márgenes de las dos copias a

máquina mi padre apuntó que las correcciones debían imprimirse como

tales, representando el título original. La versión final de la página se

introdujo en las galeradas.

XI

EPÍLOGO

Cuando mi padre escribió las últimas palabras de El Señor de los Anillos «-Bueno, estoy de vuelta -dijo» en el largo borrador del manuscrito A que se ha seguido en los capítulos anteriores, no pretendía acabar el libro

con ellas. En el manuscrito el texto prosigue sin interrupción;1 y de hecho no

existe indicación alguna de que mi padre pensara separar lo que estaba escribiendo de lo precedente.

Doy ahora esa última parte de A: es muy tosca, pero legible de principio a fin. Las edades de los hijos

de Sam se añadieron casi con certeza en el momento de la escritura: Elanor 15, Frodo 13, Rosa 11,

Merry 9, Pippin 7.

Y una noche de marzo [ añadido: 1436]2 el Maese Samsagaz Gamyi

descansaba junto al fuego de la chimenea de su estudio, y los niños estaban

reunidos en torno a él, algo que no era raro, pero que siempre indicaba una

ocasión especial.

Había estado leyendo en voz alta (como acostumbraba) de un gran Libro Rojo apoyado en un atril, y en una banqueta a su lado se sentaba Elanor, una hermosa niña que tenía la piel más blanca y era más esbelta que la mayoría de las muchachas hobbits y que ya había entrado en la adolescencia; y sobre la alfombra estaba Frodo, que a pesar de su nombre era una copia exacta de Sam, y Rosa, Merry y Pippin estaban sentados en sillas demasiado grandes para ellos. Rizos de Oro se había ido a la cama, pues en la predicción de Frodo había habido un ligero error y Rizos de Oro nació después de Pippin, y sólo tenía cinco años y el Libro Rojo todavía era demasiado para ella. Pero no era la última del linaje, ya que parecía probable que Sam y Rosita rivalizaran con el viejo Gerontius Tuk en el

número de hijos y lo superaron igual que Bilbo lo había superado en edad.

Estaba el pequeño Ham, y Margarita en la cuna.

–Bueno, querida -dijo Sam-, crecía allí antes, porque yo la vi con mis propios ojos.

–¿Sigue creciendo todavía, papi?

–No veo por qué no, Eli. No he vuelto a viajar más, como bien sabéis, porque tenía que ocuparme de vosotros… la gentuza de siempre, habría dicho el viejo Saruman. Pero el señor Merry y el señor Pippin han estado en el sur más de una vez, porque ahora son un poco de allí, también.

–¿Y verdad que se han hecho muy grandes? – preguntó Merry-. Me gustaría hacerme tan grande como el señor Meriadoc de Los Gamos. Es el hobbit más grande que jamás existió: más grande que Bandobras.

–No más grande que el señor Peregrin de Alforzada -dijo Pippin -y tiene el pelo casi dorado. ¿Es el Príncipe Peregrin en la Ciudad de Piedra, papá?

–Bueno, él nunca ha dicho eso -repuso Sam-, pero sí sé que está muy bien considerado. Y ahora, ¿por dónde íbamos?

–Por ningún lado -dijo el joven Frodo-. Quiero oír otra vez lo de Araña.

Las partes que más me gustan son cuando apareces tú, papá.

–Pero, papá, estabas hablando de Lorien -dijo Elanor-, y de si mi flor aún crece allí.

–Supongo que sí, querida Eli. Como iba diciendo, el señor Merry dice que aunque la Dama se ha ido los Elfos aún viven allí.

–¿Cuándo podré ir a verla? Quiero ver a los Elfos, papá, y quiero ver mi propia flor.

–Si miras en un espejo verás una más hermosa -dijo Sam-, aunque no debería decírtelo, porque muy pronto lo averiguarás tú misma.

–Pero no es lo mismo. Quiero ver la colina verde y las flores blancas y doradas y oír cantar a los Elfos.

–Entonces puede que lo hagas algún día -indicó Sam-. Yo decía lo mismo cuando tenía tu edad, y mucho después, y no pareció haber ninguna esperanza, y sin embargo lo hice.

–Pero los Elfos todavía siguen partiendo en sus barcos, ¿no?, y pronto no quedará ninguno, ¿verdad, papá? – preguntó Rosa-. Y luego sólo serán lugares, muy hermosos, pero, pero…

–¿Pero qué, Rosita?

–Pero no como en las historias.

–Bueno, sería así si se marcharan todos-dijo Sam-. Pero me han contado que ya no se hacen a la mar. El Anillo ha abandonado los Puertos, y aquellos que decidieron quedarse cuando el Señor Elrond partió siguen aquí. Y por eso habrá Elfos para mucho, mucho tiempo.

–Pero pienso que fue muy triste que el Señor Elrond se fuera de Rivendel y la Dama se fuera de Lorien -dijo Elanor-. ¿Qué le pasó a Celeborn? ¿Está muy triste?

–Supongo que sí, querida. Los Elfos son tristes; y eso es lo que los hace tan hermosos, y la razón por la que no podemos verlos mucho. Él vive en su propia tierra como siempre ha vivido -dijo Sam-. Lorien es su tierra, y ama los árboles.

–Nadie más en el mundo tiene un Mallorn como nosotros, ¿verdad? –

dijo Merry-. Sólo nosotros y el Señor Keleborn.3

–Eso creo -repuso Sam. Secretamente era uno de los mayores orgullos de su vida-. Bueno, Keleborn vive entre los Arboles, y es feliz a su manera élfica, no lo dudo. Los Elfos pueden permitirse el lujo de esperar. Su hora

aún no ha llegado. La Dama llegó a su tierra y ahora se ha marchado;4 y él

aún tiene la tierra. Cuando se canse de ella podrá dejarla. Lo mismo sucede

con Legolas, llegó con su pueblo y viven en la tierra del otro lado del río, el

Ithilien, si se puede decir así, y la han hecho muy hermosa, según el señor

Pippin. Pero algún día se irá al Mar, no lo dudo. Pero no mientras Gimli

esté con vida.

–¿Qué le ha pasado a Gimli? – preguntó el joven Frodo-. Me gustaba.

Por favor, ¿podré tener pronto un hacha, papá? ¿Queda algún orco?

–Supongo que sí, si sabes dónde buscarlos -contestó Sam-. Pero no en la Comarca, y no tendrás un hacha para cortar cabezas, Frodo. Nosotros no las fabricamos. Pero Gimli, fue a trabajar para el Rey en la Ciudad, y él y su pueblo trabajaron tanto tiempo que se acostumbraron y se sintieron orgullosos de su obra, y al final se instalaron en las montañas, lejos, al oeste, detrás de la ciudad, y aún siguen allí. Y Gimli va algún que otro año a ver las Cavernas Centelleantes.

–¿Y va Legolas a ver a Bárbol? – preguntó Elanor.

–No lo sé, querida -dijo Sam-. No he oído de nadie que haya visto a un Ent desde aquellos días. Si el señor Merry o el señor Pippin han visto alguno lo mantienen en secreto. Los Ents son muy cerrados.

–¿Y nunca encontraron a las Ents-mujeres?

–Bueno, nosotros no hemos visto a ninguna aquí, ¿verdad? – dijo Sam.

–No -repuso Rosita-, pero yo las busco siempre que estoy en el bosque.

Me gustaría que encontraran a las Ents-mujeres.

–A mí también -dijo Sam-, pero me temo que ese es un antiguo problema, demasiado antiguo y profundo como para que lo pueda solucionar gente como nosotros, querida. Ya basta de preguntas por esta noche, por lo menos hasta después de la cena.

–Pero eso no es justo -dijeron al unísono Merry y Pippin, que aún no habían llegado a los diez años-. Tendremos que irnos directamente a la cama.

–No me habléis de esa manera -dijo Sam con severidad-. Si no es justo que Eli y Fro se queden despiertos después de cenar no es justo que ellos hayan nacido antes, y no es justo que yo sea vuestro padre y no vosotros el mío. Así que basta de eso, tomad vuestro turno cuando os llegue la hora, o se lo contaré al Rey.

Ya habían oído esa amenaza, pero algo en la voz de Sam la hizo parecer más seria en esta ocasión.

–¿Cuándo verás al Rey? – preguntó el joven Frodo.

–Más pronto de lo que piensas -repuso Sam-. Bueno, seamos justos ahora. Os contaré a todos, a los que os podéis quedar despiertos y a los que tenéis que iros a la cama, un gran secreto. Pero no os pongáis a murmurar y a despertar a los más jóvenes. Guardadlo hasta mañana.

Un silencio expectante se apoderó de todos los niños: lo miraron como los niños hobbits de otros tiempos miraban al mago Gandalf.

–El Rey vendrá aquí -anunció Sam con solemnidad.

–¡Vendrá a Bolsón Cerrado! – exclamaron los niños.

–No -dijo Sam-. Pero vendrá al norte. No vendrá a la Comarca porque ha dado órdenes de que nadie de la Gente Grande entre en esta tierra de nuevo después de aquellos Rufianes; y él no lo hará para demostrar que habla en serio. Pero llegará hasta el Puente. Y… -Sam hizo una pausa-. Ha enviado una invitación muy especial para cada uno de vosotros. ¡Sí, con vuestro nombre!

Sam se dirigió a un cajón y sacó un pergamino grande. Era negro y estaba escrito en letras de plata.

–¿Cuándo llegó, papá? – preguntó Merry.

–Llegó con el correo de la Cuaderna del Sur hace tres días [escrito arriba: el miércoles] -dijo Elanor-. Yo lo vi. Venía envuelto en seda y cerrado con grandes sellos.

–Así es, mis ojos brillantes -dijo Sam-. Y ahora mirad. – Lo desenrolló-.

Está escrito en élfico y en el Lenguaje Llano. Y pone: Elessar Aragorn Amthornsson el Rey Piedra de Elfo de Gondor y Señor de las Tierras del Oeste se acercará al Puente del Baranduin el primer día de la Primavera, o según el Calendario de la Comarca el próximo veinticinco de marzo, y allí desea saludar a todos sus amigos. En especial desea ver a Maese Samsagaz, Alcalde de la Comarca, y a Rosa su esposa, y a Elanor, Rosa, Rizos de Oro y Margarita, sus hijas; y a Frodo, Merry, Pippin y Hamfast, sus hijos. Ahí lo tenéis, están todos vuestros nombres.

–Pero no son los mismos en las dos listas -dijo Elanor, que sabía leer.

–Ah -dijo Sam-, es porque la primera lista está en élfico. Tú apareces igual en las dos, Eli, porque tu nombre es élfico; pero Frodo es Iorhail, y Rosa es Beril, y Merry es Riben [› Riel› Gelir], y Pippin es Cordof, y Rizos de Oro es Glorfinniel, y Hamfast es Marthanc, y Margarita es Arien. Ahora ya lo sabéis.

–Es fantástico -dijo Frodo-, ahora todos tenemos nombres élficos, pero,

¿cuál es el tuyo, papá?

–Bueno, es un poco peculiar -dijo Sam-, porque en la parte élfica, si queréis saberlo, lo que pone el Rey es Maese Perhail que debería ser llamado Lanhail, y creo que eso significa «Samsagaz o Medio-sagaz que debería ser llamado Simplemente-sagaz.» Así que ahora que sabéis lo que piensa el Rey de vuestro padre quizá prestéis más atención a lo que diga.

–Y hacerle muchas más preguntas -dijo Frodo.

–¿Cuándo es 25 de marzo? – preguntó Pippin, que no acababa de entender las medidas de tiempo más grandes que un día-. ¿Es pronto?

–Una semana a partir de hoy -dijo Elanor-. ¿Cuándo partiremos?

–¿Y qué nos pondremos? – dijo Rosa.

–Ah -dijo Sam-. Eso lo dirá la Señora Rosa. Pero os sorprenderéis, queridos míos. Hace mucho que recibimos noticias del evento y nos hemos preparado para el día. Iréis vestidos con las ropas más hermosas que hayáis visto nunca, y marcharemos en un carruaje. Y si todos os portáis bien y estáis tan adorables como ahora, no me sorprendería que el Rey nos invitara a ir a su casa del Lago. Y allí estará la Reina.

–¿Y nos quedaremos levantados hasta la cena? – preguntó Rosa, para quien la proximidad de la promoción la convertía en una preocupación constante.

–Nos quedaremos semanas, por lo menos hasta la cosecha del heno -

dijo Sam-. Y haremos lo que el Rey diga. Pero en cuanto a quedarse despiertos hasta la cena, sin duda la Reina tendrá algo que decir al respecto.

Y si ahora no tenéis suficiente para murmurar durante horas y para soñar hasta que salga el sol, entonces no sé qué más os puedo contar.

La estrellas brillaban en un cielo despejado: era el primer día claro y luminoso de la temporada que llegaba cada año a la Comarca a finales de marzo, y que cada año era bienvenida y alabada como algo sorprendente para esa época del año.

Todos los niños se hallaban en la cama. Las luces aún resplandecían débilmente en Hobbiton y en muchas casas desperdigadas en la campiña oscura. Sam estaba en la puerta y miraba hacia el este. Acercó a la Señora Rosa y la sostuvo a su lado.

–18 [› 25] de marzo5 -dijo-. Este día hace diecisiete años, esposa mía,

creí que nunca volvería a verte. Pero no perdí la esperanza.

[-Y yo nunca albergué ninguna, Sam -dijo ella-, hasta aquel mismo día; entonces, de pronto, me sentía esperanzada. A media mañana empecé a cantar, y mi padre dijo: «Silencio, muchacha, o vendrán los Rufianes», y yo

le dije: «Que vengan. Su tiempo se acaba. Mi Sam vuelve.» Y volvió.]6

–Y volviste -dijo Rosa.

–Volví -dijo Sam- al lugar más amado del mundo. Entonces estaba partido en dos, pero ahora ya estoy entero. Y todo lo que tengo, y todo lo que he tenido aún lo tengo.

Aquí termina el texto original, pero más tarde mi padre añadió lo siguiente:

Entraron en la casa y cerraron la puerta. Pero al mismo tiempo Sam oyó de pronto el suspiro y el murmullo del mar sobre las costas de la Tierra Media.

No hay duda de que en esa época tenía la intención de acabar así El Señor de los Anillos.

Siguió una copia en limpio («B»), y ésta se encabezó «Epílogo», sin número de capítulo; posteriormente «Epílogo» se sustituyó por «El Fin del Libro», de nuevo sin número. Los cambios realizados en el borrador

original fueron notablemente pocos: ajustes de muy poca importancia y mejoras en el curso de la conversación entre Sam y sus hijos, y la alteración o ampliación de ciertos detalles.

Ahora Merry Gamyi sabe que Bandobras Tuk «mató al rey de los trasgos»: esto proviene de «Una tertulia inesperada» en El Hobbit, donde se cuenta que el Toro Bramador «En la Batalla de los Campos Verdes había cargado contra las filas de trasgos del Monte Gram, y blandiendo una porra de madera le arrancó de cuajo la cabeza al rey Golfimbul». Sobre la partida en barco de los Elfos Sam no dice ahora que «ya no se hacen a la mar», sino que «ahora ya no se hacen a la mar a menudo», y continúa: «La mayoría de los que se quedaron atrás cuando partió Elrond se quedarán para siempre, o durante mucho tiempo. Pero cada vez es más difícil encontrarlos y hablar con ellos.» De los Ents comenta que son «muy cerrados, muy secretos, y no les gusta mucho la gente»; y de los Enanos que fueron de Erebor a Minas Tirith con Gimli dice «He oído que se establecieron en las Montañas Blancas, no muy lejos de la Ciudad», mientras que «Gimli va una vez al año a ver las Cavernas Centelleantes» (en el Apéndice A III, al final, se dice que Gimli «se convirtió en Señor de las Cavernas Centelleantes»).

La carta del Rey empieza ahora Aragorn Amthornsson Elessar la Piedra de Elfo; y la fecha de su llegada al Puente del Brandivino era «el octavo día de la Primavera, o según el Calendario de la Comarca el segundo día de abril», porque mi padre había decidido, ya durante la escritura de A (véase nota 5), que el 25 de marzo no era el día en el que el Rey llegaría al Puente, sino el día en que finalizaría El Señor de los Anillos. 7

Ahora el nombre de Margarita Gamyi es Erien (Arien en A); y en la carta del Rey éste llama a Sam Maese Perhail quien más bien debería ser llamado Panthail, que Sam interpreta como «Maese Samsagaz. quien debería ser llamado Completamente-sagaz».

Más adelante se hicieron otros cambios en B, que se incorporaron en el tercer y definitivo texto «C» de esta versión del «Epílogo», una copia a máquina que mi padre tituló como en la revisión de B, «El Fin del Libro»,

con un número de capítulo, «LVIII».8 Sin embargo, más tarde tachó tanto el

título como el número y volvió a «Epílogo». El texto ahora se inicia de esta

manera:

Una noche del mes de marzo de 1436 Maese Samsagaz Gamyi descansaba junto al fuego de la chimenea de su estudio, y sus hijos estaban

reunidos en torno a él, algo que no era inusual. Aunque en principio siempre se trataba de una ocasión especial, una Orden Real, más a menudo la orden provenía de los súbditos y no del Rey.

Ese día, sin embargo, era realmente una ocasión especial. Primero

porque era el cumpleaños de Elanor;9 y segundo porque Sam había estado

leyendo en voz alta de un gran Libro Rojo, y acababa de llegar al final,

después de un lento avance a través de sus muchos capítulos, algo que le

había llevado muchos meses. En una banqueta a su lado se sentaba

Elanor…

Sam dice ahora de las Ents-mujeres: «Creo que tal vez las Ents-mujeres no desean que las encuentren»; y después de sus palabras «Ya basta de preguntas por esta noche» se introdujo el pasaje siguiente:

–¡Sólo una más, por favor! – suplicó Merry-. Te la quise hacer antes, pero Eli y Fro hacen tantas preguntas que nunca hay espacio para la mía.

–Bueno, entonces sólo una más -dijo Sam.

–Es sobre caballos -dijo Merry-. ¿Cuántos caballos perdieron los Jinetes en la batalla, y han criado muchos más? ¿Y qué le pasó al caballo de Legolas? ¿Y qué hizo Gandalf con Sombragrís? ¿Y tendré pronto un poney? – concluyó sin aliento.

–Eso es mucho más que una pregunta: eres peor que Gollum -dijo Sam-.

Tendrá un poney en tu próximo cumpleaños, como ya te he dicho. Legolas dejó que su caballo volviera en libertad a Rohan desde Isengard; y los Jinetes tienen más caballos que nunca, porque ya nadie se los roba; y Sombragrís se fue en la Nave Blanca con Gandalf: por supuesto, Gandalf no podría haberlo abandonado. Y con esto ya basta. Ninguna pregunta más.

Por lo menos no hasta después de la cena.

La carta del Rey ahora empieza Aragorn Tarantar (ante lo cual Sam explica «Eso es Trotter») Arathornsson etc. Tarantar se alteró en la copia a máquina a Telcontar («Eso es Trancos»: véase GA 444, y nota 14. El nombre de Rosa en élfico se convierte en Meril (por Beril), y el de Hamfast en Baravorn (por Marihanc); el nombre élfico de Margarita vuelve a ser Arien (por Erien), la forma que tenía en A.

Aunque desde luego nunca se publicó, creo que esta versión del Epílogo es bastante conocida gracias a unas copias realizadas en la Marquette University. De hecho, mi padre jamás la habría publicado, aunque al final hubiera decidido concluir El Señor de los Anillos con un epílogo, ya que la