El iris salvaje
Mediados de verano
CÓMO puedo ayudaros si cada uno quiere algo distinto: sol y sombra;
húmeda oscuridad, ardor seco.
Escucharos a vosotros mismos rivalizar
unos con otros.
Y os preguntáis
por qué desespero,
pensáis que algo podría fundiros en un todo;
el aire quieto del verano
una maraña de mil voces
cada una reclamando
una necesidad, un absoluto,
y en su nombre os estranguláis
unos a otros
en el campo abierto.
¿Por qué? ¿Por aire y espacio?
¿Por el privilegio de ser únicos
a los ojos del cielo?
No os propusisteis
ser únicos. Fuisteis
mi encarnación, la diversidad misma,
no aquello que creíais ver
buscando el cielo radiante sobre el campo,
vuestras almas casuales
fijas como telescopios en alguna
imagen ampliada de vosotros mismos.
¿Por qué os hice si tenía la intención
de limitarme
al signo ascendente,
a la estrella, al fuego, a la furia?
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