El iris salvaje

Louise Gluck · Capítulo 29 de 53

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El iris salvaje

Mediados de verano

 

CÓMO puedo ayudaros si cada uno quiere algo distinto: sol y sombra;

húmeda oscuridad, ardor seco.

Escucharos a vosotros mismos rivalizar

unos con otros.

Y os preguntáis

por qué desespero,

pensáis que algo podría fundiros en un todo;

el aire quieto del verano

una maraña de mil voces

cada una reclamando

una necesidad, un absoluto,

y en su nombre os estranguláis

unos a otros

en el campo abierto.

¿Por qué? ¿Por aire y espacio?

¿Por el privilegio de ser únicos

a los ojos del cielo?

No os propusisteis

ser únicos. Fuisteis

mi encarnación, la diversidad misma,

no aquello que creíais ver

buscando el cielo radiante sobre el campo,

vuestras almas casuales

fijas como telescopios en alguna

imagen ampliada de vosotros mismos.

¿Por qué os hice si tenía la intención

de limitarme

al signo ascendente,

a la estrella, al fuego, a la furia?

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