El iris salvaje
Margaritas
ADELANTE: di lo que estás pensando. El jardín no es el mundo real. Las máquinas
son el mundo real. Di con franqueza lo que cualquier tonto podría leer en tu cara: tiene sentido
evitarnos, resistir
a la nostalgia. No es
tan moderno el sonido del viento que conmueve un prado de margaritas: la mente
no puede brillar al seguirlo. Y la mente
desea brillar con claridad, como
brillan las máquinas, y no crecer hacia lo hondo, como las raíces, por ejemplo. Da lo mismo,
enternece tanto ver cómo te aproximas
con cautela a los límites del prado, de madrugada, cuando nadie podría observarte. Cuanto más te detienes en la orilla más nerviosa pareces. Nadie quiere escuchar las impresiones del mundo natural: se reirían
otra vez; acumularían escarnio sobre ti.
Y sobre lo que estás escuchando
realmente esta mañana: piénsalo dos veces
antes de contarle a nadie qué fue dicho en este campo ni por quién.
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