El iris salvaje
Luz en retirada
ERAIS como niños muy pequeños, siempre esperando una historia.
Y yo pasé por eso tantas veces;
estaba cansada de contar historias.
Por eso os di papel y lápiz.
Os di plumas de caña
que yo misma había recogido por las tardes
en los más densos prados.
Os dije, escribid vuestra propia historia.
Después de tantos años escuchándome
pensé que sabríais
lo que era una historia.
Pero todo lo que hicisteis fue llorar.
Queríais que os lo contara todo,
No pensar nada por vosotros mismos.
Entonces me di cuenta de que no podíais pensar con auténtica audacia ni pasión;
carecíais aún de vuestras propias vidas,
vuestras propias tragedias.
Y os di vuestras vidas y vuestras tragedias,
porque al parecer las herramientas solas no bastaban.
Nunca sabréis cuán profundamente
me agrada veros sentados allí
como seres independientes,
soñando junto a la ventana abierta
sosteniendo los lápices que os di
hasta que la mañana de verano se desvanece en la escritura.
La creación os ha traído
grandes emociones, lo sabía,
así ocurre siempre en los comienzos.
Y ahora soy libre de hacer lo que me plazca,
atender otros asuntos, con la certeza
de que nunca más necesitaréis de mí.
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