El iris salvaje
Vísperas: parusía
AMOR de mi vida,
estás perdido y yo
soy joven otra vez.
Han pasado unos años.
El aire se llena
con música de niñas;
en el jardín de enfrente
el manzano revienta
de botones en flor.
Intento hacer que vuelvas,
ésa es la razón
de mi escritura.
Pero te has ido para siempre,
como en las novelas rusas,
diciendo unas cuantas palabras
que ya no recuerdo.
Qué voluptuoso es el mundo,
lleno de cosas que no me pertenecen.
Contemplo el estallido de los brotes,
ya no son color de rosa
sino viejos, viejos, de un blanco amarillento;
los pétalos parecen
flotar en la hierba luminosa,
ligeramente alborotados.
Que poca cosa has debido de ser
para acabar tan pronto
convertido en imagen, en olor;
estás en todas partes. Fuente
de angustia y de sabiduría.
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