El Medico Del Tiempo
Capítulo 34
Subieron la ladera de la montaña en la mitad del tiempo que había empleado Janie montada en Jellybean. Para la hora en que se ponía el sol, Lany y Bruce, seguidos por los dos compañeros, cruzaron la verja para entrar en el patio del recinto.
Caroline fue la primera en verlos. Permaneció absolutamente inmóvil durante un momento mirando a Bruce, sin decir lo que tenía en mente: que no era ni de lejos el hombre que había sido. Pero se sobrepuso a la inquietud provocada por su apariencia y avanzó hacia el científico. Después de un largo abrazo de bienvenida, se apartó con una gran sonrisa.
—¿Te he dado las gracias últimamente por todo lo que hiciste por mí?
Sarah llegó corriendo, pero se ocultó detrás de las piernas de su madre, asustada al ver a Bruce.
—No pasa nada, cariño —le dijo Caroline a su hija—. Es un viejo amigo mío y de Janie. —Acarició el hombro de Sarah—. Ha venido para ayudar a Alex.
Miró a Bruce buscando su confirmación.
Bruce asintió.
—Bien, entonces acompáñame.
Bruce miró con asombro el lugar donde Janie había pasado su vida durante casi todo el tiempo desde la última vez que se habían visto. Cuando llegaron al salón principal, Caroline le pidió:
—Espera aquí un momento.
Fue al dormitorio. Janie dormía en el borde de la cama. Tom estaba sentado en una silla, con la pierna estirada. También él dormía, pero sus movimientos le dijeron a Caroline que su sueño era intranquilo. Cerró la puerta al entrar.
414
Janie se despertó al sentir la mano de Caroline en el hombro. Se sentó en la cama y se restregó los ojos. Su primera acción fue sujetar la muñeca de Alex; sintió un gran alivio cuando la notó caliente. Se volvió hacia su amiga.
—¿Están aquí?
Caroline asintió.
Janie miró otra vez a su hijo, y de nuevo a Caroline.
—No veía la hora de que llegasen; ahora no sé si estoy preparada.
—Tómate un momento para... despertarte, antes de salir. Yo me ocuparé de hacerles compañía hasta que estés preparada.
Preparada o no, el momento había llegado. Janie se levantó y se acercó a su marido, que se estaba despertando en la silla. Se detuvo a su lado.
—Te quiero —dijo en voz baja—. Nunca nada podrá cambiarlo. Él le señaló el lugar donde había estado su pierna.
—¿Ni siquiera esto?
—Tom... —gimió ella—. Por favor... no...
Él señaló hacia el salón principal.
—¿O aquello?
Janie permaneció callada durante unos momentos; pero, cuando habló, su voz era firme.
—Ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces. Tom bajó la mirada.
—Sí. Ha corrido. A pesar de todo lo que hemos pasado, nos ha ido bastante bien. —La miró, a la espera de la confirmación de su esposa.
—Milagrosamente bien.
—Pero tienes que reconocer que esto lo cambia todo.
Janie estaba a punto de decir: «No, no tengo que reconocerlo», pero sabía que sonaría furiosa. En cambio, dijo sencillamente:
—Tenemos un hijo, un hogar, una familia... aunque no sea normal; una vida por la que hemos trabajado mucho. Nada me hará ponerla en peligro.
Esta es una buena vida; si quieres saber la verdad, nunca me he sentido más feliz. Claro que echo de menos el trabajo que hacía y la manera en que lo hacía, pero estoy volviendo a poner en marcha mi consulta. —Sonrió—. No es tan malo ser un médico rural. Algunas veces es duro, pero en realidad para mí es suficiente. Nos arreglamos con lo que tenemos y cada día tenemos más. Te necesito a ti, a Alex, a Kristina y a todos los demás. No sé qué haría sin ti. Tom se movió con la muleta. Cuando llegó a su lado, se apoyó en el lecho de Alex y se equilibró sobre la pierna. Abrazó a su esposa y la apretó con fuerza.
415
—Espera —dijo Caroline cuando apareció Janie—. Hay algo que debo decirte... de Bruce.
Janie se detuvo en seco.
—¿Qué?
—Él... no es el mismo.
Janie apartó la mano del picaporte.
—¿A qué te refieres?
—Su rostro... Janie, es casi todo cicatrices. Algo terrible ha tenido que sucederle. Tuve que morderme la lengua para no gritar. Janie permaneció junto a la puerta por un momento. Luego murmuró
«gracias», respiró profundamente y entró en la sala principal. Bruce se hallaba solo; Lany se había encargado de que todos los demás encontrasen algo que hacer en otra parte. Cuando Janie entró, él le daba la espalda. Al oír sus pasos, se volvió y la miró de frente. La línea de las cicatrices le dividía el rostro por la mitad. Un ojo estaba completamente cerrado; una gran lágrima caía por la comisura exterior. Ella lo miró durante unos segundos sin decir nada.
—Se te ve muy bien —dijo él al cabo.
—A ti también.
—Janie, por favor...
Ella cerró los ojos por unos momentos, luego los volvió a abrir. Se acercó y cogió una de sus manos llenas de cicatrices entre las suyas. Besó suavemente la piel áspera.
—Para mí, siempre tendrás el aspecto de la última vez que te vi.
—Desearía recordarme a mí mismo de aquella manera.
Ella soltó una risita y se llevó la mano de él a la mejilla; una lágrima se deslizó por su rostro, y Bruce utilizó la punta del dedo para quitársela.
—Espero no haberte hecho daño. Tengo la piel tan áspera...
—De ser así, tampoco me habría dado cuenta. Estoy completamente entumecida.
—Es comprensible. —Él metió la mano en un bolsillo y sacó algo en el puño—. Dame la mano —dijo con una sonrisa—. Te he traído un regalo. Le puso un limón en la mano. Ella lo hizo girar y lo observó con una mirada de asombro. Luego se lo acercó a la cara y aspiró su fragancia.
—Oh, Dios mío, ¿de dónde ha salido esto?
En el momento en que estaba a punto de morder la corteza, Caroline entró
en la sala.
—Lo siento —dijo—, pero Alex está diciendo cosas sin sentido.
Cuando Janie se disponía a volver con el enfermo, Bruce la sujetó por la muñeca.
416
—También he traído algo más. Podría ayudar.
Los dos hombres se encontraron cara a cara por primera vez. Se miraron durante unos instantes, y cada uno se preguntó si su propia imperfección era la peor. Después de un momento, Bruce le extendió la mano derecha.
—Quiero darte las gracias por todo lo que hiciste para conseguirme aquel visado.
Tom se apoyó en una muleta y extendió la mano para estrechársela. Fue un apretón firme y sincero.
—Lamento que tardase tanto.
Bruce se rió por lo bajo y sacudió la cabeza.
—No es verdad. —Miró por un instante a Janie y luego le sonrió de nuevo a Tom—. Y, si diste largas al asunto, no puedo culparte.
Probablemente yo habría hecho lo mismo.
Durante unos segundos nadie dijo nada. Entonces Alex se agitó en la cama y les recordó por qué estaban en la habitación.
—Tenemos trabajo que hacer—dijo Bruce, que se quitó la mochila de los hombros y rebuscó algo en el interior. Sacó el frasco con el valioso líquido verde—. Tenemos que conseguir que esto llegue a su estómago. Es una enzima, pero todavía no he conseguido separar la parte efectiva. No se me ocurre otra manera de administrárselo.
Improvisaron una sonda y la deslizaron por la garganta de Alex. Janie agradeció en silencio que su hijo estuviese inconsciente y no notase la gran molestia provocada por el tubo que se deslizaba por su esófago. Después de verter el líquido, retiraron la sonda.
Tom y Janie se sentaron uno al lado del otro, cogidos de la mano, con Bruce detrás de ellos, y los tres observaron a Alex, el cual musitaba todo lo que su madre le había leído, manifestando así los recuerdos de Alejandro, y pronunció
los nombres familiares durante toda la noche. Entretanto, el medicamento que Bruce había llevado desde Worcester se expandía lentamente por todo su cuerpo.
Alex llamaba angustiado a Adele y susurraba el nombre de Philomène con amorosa reverencia. Janie le enjugó el sudor de la frente mientras él arqueaba la espalda y gritaba llamando a Eduardo Hernández, a sir John Chandos, a Guillaume Karle y a todos los demás con quienes se había cruzado en su primera vida. Le secó las lágrimas de las mejillas cuando llamaba a Kate, y percibió el dolor con que le hablaba a Avram Canches.
Repitió una y otra vez
«De Chauliac».
Hasta la noche siguiente no abrió de nuevo los ojos. Entonces su primera palabra fue «mamá».
417
—Tienes un buen cepillo de dientes, así que no te olvides de usarlo, y pídele a Bruce que te lo hierva de vez en cuando.
—Me aseguraré de que lo haga —prometió Lany.
Janie la miró con una expresión de agradecimiento, y luego se volvió de nuevo hacia Alex.
—Espero que recuerdes que debes lavarte las manos.
—Por supuesto —dijo Alex—. Me lo dices cien veces al día.
—Ese es mi trabajo —replicó Janie—. No estaré allí para hacerlo, así que tendrás que recordarlo solo.
—No, Bruce me lo recordará.
«Sí, supongo que lo hará.»
—Muy bien. Ahora ve a comprobar si tienes todo lo que te dije que pusieras en la maleta.
Alex se marchó a la carrera.
—¿Dónde está Bruce? —le preguntó Janie a Lany.
—Creo que en el laboratorio.
Janie salió de la sala principal y fue al laboratorio. Tal como le había dicho Lany, lo encontró allí, revisando los resultados de las pruebas que Kristina había hecho con la sangre de Alex.
Ella permaneció en el umbral, hasta que Bruce advirtió su presencia.
—Hola —dijo él.
—Es la hora de partir —señaló ella. Una expresión de inquietud asomó en su rostro—. Le he recordado a Alex que se lave los dientes, y...
—Cuidaremos bien de él, te lo prometo.
—¿Estás seguro de que lo necesitas? Me refiero a si no hay alguna otra manera...
—¿Es que tú ves otra?
—No, supongo que no —contestó Janie después de una breve pausa.
—La respuesta inmunológica de su sangre a la bacteria ha sido fabulosa. Si podemos averiguar cómo se produjo, quizá podríamos encontrar la fórmula farmacéutica que nos permitiría...
—Pues entonces llévate su sangre.
—Sabes bien que la respuesta se desarrolla con el tiempo. —Se acercó a ella—. Él quiere ir. Está entusiasmado. Lany estará allí, y yo también, y hay montones de niños.
—Te incordiará a más no poder para continuar con su formación médica.
—Me encantará enseñarle. Es un chico brillante y podrá hacer que las cosas cambien en el mundo. Por favor, Janie, no te interpongas en su camino. 418
—Esto es una revancha, ¿no? Yo te robé el corazón, y ahora tú me estás robando a mi...
—Basta. Cualquiera diría que no vas a verlo nunca más. Si esto funciona como creemos, las cosas cambiarán por completo; la Coalición se
verá
impotente, porque no tendrán su arma de destrucción masiva. Tu hijo la habrá
neutralizado.
Ella permaneció en silencio durante unos momentos.
—Por favor, avísame en cuanto lleguéis allí.
—Te lo prometo. Primero pasaremos por Orange para recoger a unas cuantas personas, luego nos detendremos en aquella fábrica que tú y Lany visteis cuando ibais a Worcester. Creo que debemos ponernos en contacto con ellos, averiguar si son amigos, preguntarles por las tumbas. Si lo son, tendremos un grupo de buenos aliados.
Janie continuó buscando pegas y Bruce las desmontó una tras otra. Ella sabía que tenía razón, pero ver marchar a su hijo a la tierna edad de siete años era tan tremendo que apenas si podía soportarlo.
Bruce cambió de tema para apartarla de su dolor.
—Tom lo está haciendo muy bien con su nueva pierna.
—Así es. Dice que le encaja muy bien. No sé cómo darte las gracias.
—Tendrás que pagármelo cuando las cosas mejoren. Espero que me reemplacen parte de todo este tejido muerto. Tú eres la única cirujana que conozco.
—No tienes más que decir cuándo.
—Después de que nos instalemos y hayamos puesto en marcha todo este proceso con Alex. Tenemos mucho tiempo.
Janie sonrió.
—Lo tenemos, ¿verdad?
Bruce le devolvió la sonrisa.
—Sí. Por cierto, ¿te has fijado?
Le señaló el invernadero. Había flores en el limonero. 419