El secreto de la porcelana
Capítulo 17
–Gracias -dijo.
Dos horas más tarde, Jade vino a prepararme la última pipa del día.
Había cosido de nuevo el botón de mariposa sobre la pechera de su cheongsam, y ahora el objeto parecía agitar las alas acompasadamente siguiendo el ritmo de su respiración. ¿Acaso había empezado a sentir algo por mí? Esta vez fui yo quien recitó unos versos: El sentimiento, suave como el agua.
El tiempo, insustancial como un sueño.
17
X
Un terrible dolor me arrancó del sueño. Era como si algo me hubiera desgarrado parte del rostro. Luego, una desagradable sensación de humedad viscosa se fue filtrando a través de mis labios hasta inundar mi boca por completo.
Al reincorporarme bruscamente me di de bruces con Feng, que me contemplaba con el cuchillo curvo en una de sus manos.
–¿Qué diablos me ha hecho? – le pregunté entre aturdido y desconcertado.
–Le he arrancado la nariz. La puerta correcta sólo cabe en el marco de la casa adecuada, y su nariz era demasiado larga. Ahora permítame que le cure la herida.
Aproveché un descuido de Feng para apretarle el cuello con mi mano derecha. Mi deseo era estrangularlo, pero el opio había consumido todas mis fuerzas, con lo que al instante comencé a dar muestras de flaqueza.
–Disfruta haciéndome daño, ¿verdad? – le reproché.
–No vuelva a ponerme una mano encima -me espetó cuando se hubo zafado de mí-. Si lo hace, juro que le atravieso con este cuchillo.
Estaba claro que había recuperado su amor propio y la iniciativa después del incidente del cuenco de porcelana.
–Ya le dije que no sería fácil, que tendría sufrir -continuó-. Piense que su fracaso es también el mío. Aunque no lo parezca, nuestros intereses son comunes, así que procure no estropearlo todo. Su vida no es la única que corre peligro.
–¿Le queda algo por arrancarme? – le pregunté amargamente.