La nueva esposa
Epílogo
—¡Gretha, que alguien busque a un médico! —pidió Philip intentando auxiliarla, pero después de unos instantes, aquella dio su último aliento.
Piers e Isobel se apresuraron a llegar junto a Philip al escuchar los gritos.
Habían dejado a Heather en la habitación, aunque ella también deseaba saber lo que pasaba. Caminaba lentamente por el pasillo para llegar hasta la escalera.
La mirada de Heather estaba fija en el cuerpo de Anne. Después miró hacia su esposo y éste hizo un gesto negativo con la cabeza: lady Anne estaba muerta.
Epílogo
Habían pasado diez años desde que Heather y Philip se casaron.
Habían atravesado todo tipo de pruebas para aquel matrimonio.
Después de la muerte de lady Anne, la familia nunca se volvió a interesar en Caroline. Ella no conocía a sus abuelos maternos sanguíneos, pero sí a sus abuelos por parte de Heather. Contra todo pronóstico, el conde de Bridgwater seguía con vida, cada vez más senil, pero vivo.
Caroline con once años no concebía a otra mujer como su madre. Esa era únicamente Heather. Sus hermanos, Cristopher y Alexander, eran sus compañeros de juegos junto a los hijos de lord Snowdon y también su tío Harold.
Crecía cada día y Heather pasaba más tiempo con ella para educarla en los modales de una dama. Mientras los varones jugaban a las carreras con caballos, Caroline aprendía a beber el té con las mujeres. Tenía una institutriz que se ocupaba de tenerla bien adiestrada y Heather la supervisaba.
—Caroline, pon atención —ordenó Heather que estaba esperando a que su hija dejara de mirar por la ventana—. En un par de horas tendrás un cuello de jirafa.
—¿Por qué ellos están ahí y yo estoy aquí? —preguntó enfurruñada.
—Porque ellos son varones y tú eres una dama —respondió Isobel que las acompañaba. Ella no había sido bendecida con ninguna niña, adoraba a Caroline y esperaba que ella se fijara en su hijo alguna vez.
—Nadie lo podría haber dicho mejor. Las mujeres tenemos cosas distintas.
Estamos hechas para otros deberes —agregó Heather.
—¿Coser, bordar, y aburrirse? ¿Por qué no me parece justo? ¡Ellos se divierten y yo estoy aquí tomando té!
—¿Qué son esos gritos? —curioseó Philip que se acercó a dónde las condesas bebían el té.
—Caroline tiene su crisis de la edad, querido. No quiere hacer cosas de señoras —replicó Heather en tono burlón sin dejar de mirar a Caroline.
—No veo nada de malo en que no haga cosas de damas al menos en esta etapa.
—Ya no es apropiado que comparta con los caballeros. Algunos están crecidos y no es bueno que estén juntos en una pradera —alegó Heather refiriéndose no solo a su hermana, también al hijo de Isobel.
—¡Yo no voy a besar a Snowdon ni por más que él insista! —
masculló la niña que se sonrojó.
—¿Mi hijo te ha pedido un beso, Caroline? —preguntó Isobel, escandalizada. Su hijo se había vuelto un vándalo lleno de hormonas.
Todos esperaban una respuesta por parte de Caroline, pero ella solo se escapó corriendo hacia la planta alta. Había pasado una gran vergüenza.
—Debo conversar con Piers. ¿Desde cuándo ese muchacho ha puesto sus ojos en Caroline? —interrogó Philip, preocupado. Su pequeña niña estaba creciendo al igual que esos otros niños que eran sus amistades.
Comenzaba a temer por la integridad de su hija, pues los varones a esa edad se volvían un tanto incontrolables.
—No estaría mal que ella se fijara en el futuro conde de Snowdon.
Estrecharíamos más lazos —musitó Isobel.
—Creo que deberías conversar con tu hijo. Caroline no está en edad para el cortejo. Cuando debute él podrá optar por su mano si es que otra muchacha no le resulta más bonita.
—Pronto partirá a Eton. Imagino que el pedido de un beso lo habrá hecho en un momento de añoranza. Sé que él aprecia a Caroline y también pongo mis manos en el fuego por un matrimonio entre ambos, pero igual hablaré con él para que sea paciente… —musitó lady Snowdon, avergonzada. Se levantó de su asiento y se dispuso a salir del salón.
Philip miró a Heather y se sentó junto a ella. Cogió su mano y la llevó a sus labios.
—No puedo creer que pasaran diez años desde que nos casamos, Heather…
—mencionó Philip.
—Tenemos una familia maravillosa, pese a lo que tuvimos que pasar para llegar aquí. A veces cuando paso cerca de las escaleras, todavía puedo ver a lady Anne. Ha sido una terrible travesía de varios días en los que todo se había puesto a prueba.
—Y pudimos atravesar las tormentas juntos, sin que nuestras manos dejaran de tomarse. Es increíble cómo pudo una mirada llevarme hacia ti, Heather.
La imagen de verte la primera vez jamás se borrará de mi mente.
—Y no olvides de contar como Snowdon me puso en bandeja de plata para ti, pero al final nada le resultó. Él siempre tiene mis sobras con Isobel
—rio con picardía.
—Tal vez hoy comprenda más a Piers. A veces pasas más tiempo con ella que conmigo, pero mis celos desaparecen porque sé todo lo que ha hecho
por ti. Yo ya pensaba que era buena, pero nunca dejó de sorprenderme.
—Algún día quisiera ser como ella que ha nacido con la estrella de lo bueno en la frente.
—Tú no eres buena, Heather, tú eres maravillosa. Ya no eres esa mujer desconfiada con la que me comprometí y a la que casi pierdo…
—No me recuerdes eso, porque a mi mente acude la angustia al creer que habías muerto en la inundación…
—Un amor tan profundo como el nuestro no lo puede matar nadie y como dijiste alguna vez: si llegara a abandonarte, será porque estoy muerto.
Te amo, Heather. Adoro todo lo que viene de ti, nuestros hijos son el regalo perfecto para coronar nuestra vida y todavía nos faltan muchos años de luchas.
—Lo sé. Lo más duro será dejar ir a Caroline con un buen muchacho, alguien que en verdad la aprecie. Ella es el mejor regalo que yo he recibido en la vida, la primera a quien le di mi afecto de madre sin haber parido.
Nunca me arrepentiré de haber conocido a cierto viudo con una pequeña.
Me han salvado de mi propia tontería. Te amo, Philip.
Ambos acercaron sus labios y juntaron sus bocas para darse un tierno beso.
—Iré a por Caroline. Quiero saber con exactitud lo que ha pasado…
—Heather se alejó de Philip y lo dejó en el sitio.
Él no tardó en acercarse a la ventana y ver a Isobel reprendiendo a su hijo frente a Christopher y Alexander. Ellos todavía eran pequeños para entender las extrañas relaciones entre adultos, pero Philip estaba decidido a que ambos caballeros que criaba fueran respetables, pues jamás dejaría que ninguno hiciera lo que le habían hecho a su madre.
Fin…
Continúa la serie Extraños:
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¿El odio es capaz de sepultar para siempre al amor?
Lady Isabella Harper, era la prometida de lord Christopher Adler, a quien respetaba y admiraba.
Sin embargo, sus ojos se perderían creyendo que había encontrado un amor apasionado.
Abandonando aquella propuesta para escapar con un noble que la había engatusado.
Los años no serían generosos con ella, obligándola a convertirse en una persona distinta y sin los recursos que había poseído antes de defraudar a su familia. Nunca terminaría de arrepentirse por haber perdido su reputación, estatus y un caballero que la adoraba.
El caprichoso destino volvería a ponerlos cara a cara. Sin embargo, ambos eran diferentes a cuando se habían comprometido: Christopher quería su venganza por la humillación e Isabella tan solo recuperar el amor del prometido al que despreció.
Sigue descubriendo el mundo de la serie Extraños y disfruta de la pluma de
Laura A. López en cada entrega.
Conoce otras novelas de la autora:
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Louis Pemberton, duque de Kent, es un aristócrata agobiado por su madre para contraer matrimonio. Harto de sus pedidos, abandona Francia en barco,
el cual es atacado por piratas que tenían como objetivo nada más y nada menos que... ¡Asesinarlo!
Belmont Etienne, un caballero francés contratado por el marqués de Alisa para educar a su heredero, tuvo la mala fortuna de estar en ese mismo barco y sufrir las consecuencias de ese asalto.
Con la desgracia sonriéndole a Louis, logra convertirse en el preceptor que estaban esperando en un lejano condado de Inglaterra y en donde creía que estaría a salvo del yugo casamentero de su progenitora, hasta que conoce a la bella lady Margorie Kennedy y comienza a vivir las imposibilidades del amor.
Acompaña a Laura A. López con la trilogía Los oficios de la aristocracia,
y disfruta de una pluma
ágil y clásica.
Biografía
Mi nombre es Laura Adriana López, soy de nacionalidad paraguaya, nacida el 05 de Julio de 1988, soy casada y con una hija. Estudié Ciencias contables y Auditoria en la Universidad Americana.
Desde el año 2016 me encuentro escribiendo lo que realmente me apasiona, que son las novelas de romance de época, ambientadas en la época victoriana, regencia, etc.
También he escrito novelas contemporáneas, pero más ambientadas antes de la revolución tecnológica que tenemos actualmente, pues tengo la creencia de que la tecnología ha entorpecido de cierta forma las relaciones sociales, y más aún el romance. Es una razón, porque más me agrada soñar con un romance a la antigua.
En el 2018, empecé a publicar de manera seria, con dos editoriales. Selecta, que es del grupo Penguin Random House y que se dedica a publicar novelas románticas en digital, y con la editorial Vestales de Argentina. Con Selecta he publicado, seis títulos de una saga, comenzando por: Rescatando tu alma
perdida, Belleza y Venganza, Amor y dolor, Entre las sombras, Obligándote a amar y Te deseo para mí; todas de romance histórico esta editorial es la que me abrió las puertas para que la gente me conociera. En el 2019 se publicaron una novela contemporánea de nombre Un romance real, y otra para novela histórica: Tan perversa como inocente. En 2020 salió a la venta Desavenencias del amor.
Con la Editorial Vestales de Argentina, tengo publicado en físico y digital las obras de nombres: Una perfecta señorita, La ventana de los amantes y Mi amada señorita Angel.
También he incursionado en la auto-publicación en amazon, con : Los mandatos de Rey, que es un cuento corto y Una dama infortunada. Otros títulos: Corazón de invierno, Una heredera obstinada, Una beldad indomable, La esquiva señorita Millford, Las peripecias de los amantes, Nuestro tiempo perfecto, La dama de Sandbeck Park, Las oscuras intenciones de lord Coventry, El amante de Londres, Anhelos de primavera, Una candidata inadecuada, El silencio de los amantes, Amantes en la eternidad, Amantes en guerra, La prometida desconocida, Enamorar a un lord inglés, La acompañante del marqués, El candidato perfecto, La joven matrona, La herencia del duque de Gloucester, El esposo ausente, Una forajida cautivadora, El preceptor, La justicia de un canalla, El domador y La nueva esposa.
Me manejo también con el alias de Leah Heart, donde publiqué: Mi gran sueño londinense, Nuestro tiempo perfecto y The elusive miss Millford, la traducción en inglés de la novela corta La esquiva señorita Millford.
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Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Epílogo
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- Capítulo 28
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- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Epílogo
Terminaste La nueva esposa
Laura A. Lopez
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