La obra
9 Liza
–¡MAMÁAA! ¡Soy yo! ¡Llegué! Al final, tenés razón. Voy a abandonar la obra.
–Momentito, señorita. Vamos por partes. Primero. ¡Hola, hija! ¿Cómo estás? ¿Cómo te fue en el cole?
–Bien. Bah, qué se yo. Más o menos. Las chicas me dijeron lo mismo que vos: que la obra no sirve para nada, que no la voy a poder hacer, que a Estrellita no le va a interesar ni medio...
–A ver, a ver... Yo no te dije nada de eso.
–¿Ah, no? ¿No me dijiste que Estrellita tenía cosas más importantes que hacer que leer mi obra?
–Bueno, eso tal vez pude haberlo dicho, pero no significa que no puedas seguir con tu obra. ¿O tu obra depende de que una chica que apenas conocés quiera leerla?
–No, ya sé que no es así, pero yo creía que si ella la leía, tal vez...
–Mirá, Liza. Puede ser que yo te haya «tirado un poco abajo», y te pido disculpas. Es que a veces, como venís tan entusiasmada con algunas cosas, tengo miedo de que construyas castillos en el aire y después te enfrentes con la realidad, y te haga mal. Y uno, ya lo vas a ver cuando seas mamá, no quiere que los hijos sufran. Pero el otro día estuve pensando y me di cuenta de que no importa que te golpees...
–¡Ah, gracias!
–No, esperá... Que es mejor golpearse por haber intentado hacer algo, que no hacer cosas por miedo a golpearse. ¿Entendés?
–Sí, pero... No sé, resulta fácil decirlo, pero... Es que no sé si va a servir de algo...
–¿Y por qué tiene que servir? ¿Vos te sentís bien escribiendo?
–Sí, me encanta. Pero eso no quiere decir que a los demás les interese.
–Bueno, pero eso no importa. Ahora lo importante es que vos no dejes de hacer algo que te gusta y que te hace bien.
–¿Para qué?
–¿Cómo para qué? Para sentirte bien. Para aprender a jugarte por lo que querés. Te lo pongo al revés: ¿por qué no vas a hacerlo?
–Sí, tal vez tenés razón... Aunque a Estrellita no le interese...
–¡Terminala con Estrellita! ¿Quién es Estrellita? ¿Qué te importa su opinión?
–¡Ay, mamá, otra vez!
Esta vez mamá tiene razón. Bah, es también lo que yo pienso. ¿Qué tiene que ver Estrellita? Voy a seguir con mi obra aunque a Estrellita no le interese. Me hubiera gustado que ella participara, pero bueno... La conocí y eso ya es importante. Bueno, lo que se dice conocerla, conocerla... pero estuve con ella. Y me di cuenta de que no estaba bien. Me dio un poco de pena. ¿Pena? La verdad es que tiene de todo: belleza, fama, éxito, plata, un ex novio que está rebueno y muere por ella... ¿Qué más puede querer?
En fin, como dice mamá, ¿qué me importa Estrellita? Voy a seguir con mi obra. Estábamos en que Eduardo había muerto, porque Florencia le había enviado a la Muerte. Sofía, la nueva esposa de Eduardo, lo encuentra muerto en su cama. Florencia se entera, por supuesto, y siente una gran tranquilidad... ¡Qué egoísta!, ¿no? No puede ser tan inhumana. Pero como es una tragedia, está bien. Era el destino de Eduardo. Pero hete aquí que Florencia se arrepiente. Y ya es tarde para volver atrás. Entonces empieza a jugar con la idea de su propia muerte: «Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo».
Borges lo explicaba así porque se había enamorado y le daba miedo vivir con ese amor. «Me duele una mujer en todo el cuerpo», decía. Pero, para Florencia, «el horror de vivir en lo sucesivo» significa que no quiere vivir por el arrepentimiento que siente. Y porque se da cuenta de que no puede vivir sin amor.
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