La obra
4 Carla
CARLA llegó al club y fue directamente al vestuario. Buscó la llave de su armario y en un segundo se sacó la ropa, se puso el traje de baño, la gorra y las chanclas, agarró la toalla, guardó el bolso y cerró el armario. Cuando entró en el natatorio, saludó con un gesto al profesor, que estaba en la otra punta de la pileta, y se tiró de cabeza, sin siquiera probar la temperatura del agua. Nadó durante diez minutos sin parar, descargando su furia en cada brazada. Después aminoró el ritmo y se dedicó a hacer varios largos: de ida estilo pecho y de vuelta estilo espalda. Cuando se sintió más tranquila, se quedó haciendo la plancha, flotando mientras miraba el techo cubierto. Cerró los ojos y por unos minutos se imaginó que estaba en una laguna, que su mamá y su papá la miraban, que era feliz... La despertó el grito del profesor llamando a un alumno. Salió de la pileta de un salto y entró corriendo en el vestuario. Recién cuando se sacó el traje de baño se dio cuenta de que había dejado la toalla en el natatorio.
Llegó al consultorio diez minutos más tarde de la hora de la sesión.
– – – Disculpame dijo cuando la licenciada le abrió la puerta, se me hizo tarde.
–Está bien, pasá.
–Es que me fui a la pileta y se me pasó la hora.
–¿Cómo estás?
–Mal. Sigo sin animarme a ver a papá. Además estoy triste. Y cansada.
–¿Estás cansada y fuiste a nadar?
–Sí, porque el agua me relaja. Es el único lugar donde me siento libre, sin obligaciones. Siento el murmullo de la gente y me sumerjo y nado, nado, nado...
–Un lugar donde nadie te molesta, con agua...
–Sí, ya sé, me vas a decir que quiero volver al útero. Bueno, suponete que sea así. ¿Y? Puedo, ¿no? ¿Entonces?
–¿Entonces?
–Entonces estoy mal. Cansada. Hay veces que quiero mandar todo al carajo.
–Te propongo un ejercicio. Pensá un momento de tu vida en el que te sentías libre, sin obligaciones, feliz...
Carla cerró los ojos y se acordó de muchos momentos en los que había sido feliz. Podía rememorar los hechos, incluso visualizarlos, pero no podía volver a experimentar los sentimientos. Hurgó más atrás en su memoria y apareció una imagen. Por un breve momento, pudo volver a sentir la felicidad de ese instante pasado.
–¿Lo ves?
–Sí, estoy en una laguna, en Chascomús. Papá está pescando y yo estoy corriendo detrás. Mamá está preparando todo para hacer un picnic.
–Bueno, ahora detenete en ese momento y mirate a vos misma. 5 Liza
–Sí.
–Tomá esa imagen, agarrá a esa nena y mimala, querela. Desde tu yo actual, acariciala y cuidala.
–Está bien.
–Bueno, ahora, de a poco volvé, despacito.
–Ajá.
–¿Cómo te sentís?
–Pésimamente.
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