La obra
3 Liza
–¡MAMAAÁ! ¡Llegué! ¡No sabés! ¡No sabés!
–Acá estoy, Liza, en mi cuarto. ¿Qué pasa?
–Ma... má. ¡No sabés! ¡Me eligieron! ¡No lo puedo creer! ¡NO LO PUEDO CREER!
–Calmate, calmate un poco. ¿Para qué te eligieron?
–Bueno, en realidad no me eligieron. Fue un sorteo. ¡Voy a ir a ver a Estrellita! ¡A la tele!
–¿A Estrellita?
–Sí, la protagonista de Amor adolescente. Estrellita es el nombre artístico, no sé cómo se llama en realidad. ¡Salí sorteada para ir a ver cómo graban un capítulo de la novela! ¡NO LO PUEDO CREER!
–¿Cuándo se hizo ese sorteo?
–¿Te acordás de que te conté? Hace como quince días, en el colegio. Vinieron de Telearte a hacer una promoción del programa y había que contestar unas preguntas, que eran una pavada total. ¡Y salí sorteada! ¡La única del colegio! ¡Es pasado mañana, el Día del Amigo! ¡Voy a aprovechar para mostrarle a Estrellita mi obra! De acá al jueves tengo tiempo de seguirla. Capaz se anima y quiere actuar. ¡Sería genial!
–Pará un poquito, acelereti.
–Te advertí que no me gusta que me digas así.
–Bueno, está bien. Pero tranquilizate. Vas a ir a ver una grabación de un programa. No creo que puedas hablar con ella. Va a estar trabajando.
–¡Ay, mamá! ¿Qué tiene que ver? ¿Sabés que el premio no es solo ir a ver el programa? También voy a almorzar con ella y a acompañarla todo el día en sus actividades en el canal. La promoción se llama: «Pasá el Día del Amigo con Estrellita». Además te dan productos del programa: el CD, la revista, el DVD...
–Bueno, está bien, pero debe de haber más gente. No creo que seas la única. Además, en el caso de que llegues a mostrarle tu obra, ¿te parece que te va a dar bolilla?
–¿Ves, mamá? Siempre te parece que nada puede hacerse. Yo vengo recontenta y vos me decís: «No, no y no».
–Bueno, perdoname. Pero no te dije a todo que no. ¿O acaso te prohibí ir? Solo te comenté...
–Más vale. ¡Mirá si no voy a ir!
–Solo te comenté que no me parece que Estelita...
–Estrellita.
–... que Estrellita te pueda prestar atención, porque seguramente va a estar pendiente de su trabajo...
–Está bien, mamá. ¿Sabés qué? ¡Con vos no se puede hablar!
¡Qué emoción, por Dios! ¡Todavía no lo puedo creer! ¡Todo el día con Estrellita! ¡Voy a apurarme con la obra, así podré mostrársela más terminada. Estábamos en que era una obra de amor no correspondido: Amor constante más allá de la muerte. ¿Cómo me apareció eso? No sé. Bueno, de todas maneras dije que iba a ser algo trágico. El tema de la muerte tiene que estar.
No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
¡Claro! Viene la Muerte y se la quiere llevar, pero ella se confunde y cree que es su amor, que ha vuelto.
–¡Ay Muerte tan rigurosa, déjame vivir un día! –Un día no puede ser, una hora tienes de vida.
¡Ahora me acuerdo! ¡Es el Romance del enamorado y la muerte! Entonces pongo eso en mi obra: que la Muerte la viene a buscar. Y ella le dice que todavía no. Ah, algo así también dice un poema de Macedonio Fernández que me leía la abuela. ¿Dónde estará? Tal vez en la biblioteca grande. A ver... aquí:
Oh, no tan pronto hagas
de mí un ausente
y el ausente de mí.
¡Que no te lleves mi Hoy!
Quisiera estarme todavía en mí.
Yo, claro, le cambio de sexo: «una ausente», «la ausente». Ella no quiere que la Muerte… Ahora que lo pienso, también la Muerte debería cambiar de sexo: tiene que ser un hombre, «el Muerte», porque Florencia lo confunde con su amado... No quiere que «el Muerte» haga de ella una ausente, que no la lleve, que la deje «estarse todavía en ella»…
¡Ojalá Estrellita quiera actuar! ¡Me podría ayudar a conseguir un teatro para representarla! Lo que no sé es si ella va a querer hacer de Muerte, sabiendo que es un hombre. Quizá me pida ser la protagonista, pero voy a ser inflexible: ese papel tiene que ser para mí.
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