
Pedro Sánchez
Un hidalgo pobre de la Montaña, con el escudo carcomido en la fachada y poco más, baja a Madrid a abrirse camino. Cuenta él mismo su historia, ya viejo, y esa voz es lo mejor del libro: burlona con las tertulias del café de la Esmeralda, seca en cuanto sale de allí. Escribe en un periódico, se deja arrastrar por la revolución de 1854 hasta mandar una barricada y sale de ella con un puesto en Gobernación. Le ofrecen un escaño y lo rechaza por consejo de Clara, hija de un alto funcionario de mucho aparato y poco fondo; se casa con ella y termina de gobernador de provincia. Nada de eso acaba bien. Veinticinco años después vuelve al pueblo y lo encuentra lleno de chalets, casino y forasteros. Pereda, novelista de aldea y de mar, se mete aquí en Madrid y no perdona nada.





