Roy Grace 3 - Casi muerto

Peter James · Capítulo 29 de 119

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Roy Grace 3 - Casi muerto

Capítulo 31

colocada sobre un pedestal, y una tienda que vendía sombreros de playa, cubos, palas y molinetes giratorios.

La siguió a través de una muchedumbre despreocupada y bronceada, rampa arriba hacia la concurrida Kings Road, donde dobló a la izquierda, en dirección oeste, y dejó atrás el Hotel Royal Albion, el Old Ship, el Odeon Kingswest, el Thistle, el Grand, el Metropole.

Con cada minuto que pasaba estaba más excitado.

La brisa zarandeaba los laterales de su capucha y por un momento casi se la quitó. La agarró con fuerza sobre su frente y sacó el móvil del bolsillo.

Tenía que hacer una importante llamada de negocios.

Esperó a que cruzara un coche de policía, la sirena ululando, antes de marcar, mientras seguía caminando, cincuenta metros detrás de ella. Se preguntó si Sophie iría a pie hasta su casa o cogería un autobús o un taxi.

En realidad no le importaba. Sabía dónde vivía. Tenía su propia llave.

Y disponía de todo el tiempo del mundo.

Luego, con una punzada de pánico repentina, se dio cuenta de que había olvidado en la terraza del bar la bolsa de plástico que contenía la máscara antigás.

Capítulo 31

Linda Buckley había sido muy inteligente al ocupar un sillón de piel en el amplio vestíbulo, elegante y cómodo, del Hotel du Vin, pensó Grace mientras entraba en el edificio con Glenn Branson. Estaba lo suficientemente cerca de la recepción para escuchar si alguien preguntaba por Brian Bishop y disfrutaba de una buena vista de las personas que accedían al hotel y lo abandonaban.

La agente de Relaciones Familiares dejó a regañadientes el libro que estaba leyendo, The plimsoll sensation, una historia de Nicolette Jones sobre el disco Plimsoll que había escuchado en forma de serial radiofónico, y se levantó.

–Hola, Linda -la saludó Grace-. ¿Es bueno el libro?

–¡Fascinante! – contestó ella-. Stephen, mi marido, estuvo en la marina mercante, así que sé un poquito de barcos.

–¿Está nuestro huésped en su habitación?

–Sí. Hablé con él hace una media hora, para ver cómo se encontraba.

Maggie ha salido a hacer unas llamadas. Le hemos dado un respiro. Esta tarde ha sido bastante intensa, en particular en el depósito, cuando ha identificado a su mujer.

Grace inspeccionó el concurrido vestíbulo. Todos los taburetes de la barra de acero inoxidable, al fondo de la sala, estaban ocupados, igual que todos los sofás y sillas. Había un grupo de hombres vestidos de esmoquin y mujeres en trajes de noche, como si estuvieran a punto de ir a un baile. No vio a ningún periodista.

–¿Aún no hay prensa?

–Por el momento, no -respondió-. Le he registrado con un nombre falso, Steven Brown.

Grace sonrió.

–¡Buena chica!

–Puede que con eso ganemos un día -dijo Linda-. Pero llegarán pronto.

«Y con suerte, para entonces Brian Bishop ya estará encerrado en una celda», pensó para sí.

Grace se dirigía a las escaleras, cuando se detuvo. Branson estaba mirando con ojos soñadores a cuatro atractivas jovencitas que estaban sentadas en un sofá bebiendo cócteles. Grace movió una mano para distraer a su compañero. Glenn se acercó a él de manera pensativa.

–Sólo estaba pensando… -dijo el sargento.

–¿En piernas bellas?

–¿Piernas has dicho?

Por su mirada de perplejidad, Roy se percató de que su amigo no miraba ninguna chica; ni siquiera las había visto. Simplemente miraba al vacío.

Pasó un brazo paternal y amistoso alrededor de la cintura de Branson.

Delgada y dura como una roca gracias a las pesas, era como si tuviera un árbol joven y robusto dentro de su chaqueta, no el abdomen de un ser humano.

–Te recuperarás, colega -le dijo.

–Me siento como si estuviera viviendo la vida de otro… ¿Sabes qué quiero decir, tío? – dijo Branson mientras subían el primer tramo de escaleras-. Como si hubiera salido de mi vida y me hubiera metido en la de otro por error.