Roy Grace 3 - Casi muerto

Peter James · Capítulo 81 de 119

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Roy Grace 3 - Casi muerto

Departamento de Justicia Penal.

De repente, aminoraron la marcha y giraron hacia una verja verde de acero reforzado que había comenzado a abrirse. Había una valla alta con púas a la derecha y, más allá, una estructura de ladrillo prominente y gris.

Se detuvieron junto a un cartel azul con letras blancas: CENTRO DE

DENTENCIÓN DE BRIGHTON. Finalmente, se abrió un espacio suficientemente ancho para pasar. Luego subieron por una rampa empinada, pasaron por delante de lo que parecían muelles de carga de una fábrica en la parte trasera del edificio de ladrillo y giraron a la izquierda en uno de ellos.

Al instante, el interior del coche quedó oscurecido. Bishop vio una puerta verde cerrada justo delante, con una ventana pequeña.

El sargento Branson apagó el motor y bajó del coche, la tenue luz apenas alteró la oscuridad del interior del vehículo. Luego abrió la puerta de atrás e indicó a Bishop que saliera.

El hombre, con las manos esposadas detrás de la espalda, se movió torpemente de lado, luego balanceó los pies fuera del coche y los plantó en el suelo de hormigón. Branson le sujetó el brazo con una mano para ayudarle a levantarse. Al cabo de unos momentos, la puerta verde se abrió y Bishop fue conducido a una sala temporal estrecha y sin amueblar, de cuatro metros de largo por dos de ancho, que al fondo tenía otra puerta verde con una ventana.

Aquí dentro no había muebles, sólo un banco que recorría todo el espacio.

–Tome asiento -dijo Glenn Branson.

–Estoy bien de pie -dijo Bishop, desafiante.

–Puede que tardemos un rato.

El teléfono de Bishop comenzó a sonar. Se esforzó por cogerlo, como si hubiera olvidado de que tenía las manos esposadas.

–¿Podría contestar alguien?

–Me temo que no está permitido, señor -dijo Nicholl; lo sacó de su bolsillo y terminó la llamada.

El joven policía examinó el teléfono un momento, luego lo desconectó y lo guardó de nuevo en el bolsillo de Bishop.

Brian Bishop se quedó mirando un cartel plastificado fijado en la pared con tres tiras de cinta adhesiva. Con letras azules, arriba se podía leer: DEPARTAMENTO DE JUSTICIA

PENAL.

Debajo ponía:

TODAS LAS PERSONAS DETENIDAS

SERÁN REGISTRADAS

MINUCIOSAMENTE

POR EL AGENTE DE CUSTODIA.

SI LLEVA OBJETOS PROHIBIDOS ENCIMA O EN SU

PROPIEDAD,

NOTIFÍQUELO A LOS AGENTES DE

CUSTODIA

O DETENCIÓN AHORA

Luego, leyó otro cartel, que estaba situado encima de la segunda puerta verde:

ESTÁ PROHIBIDO EL USO DE TELÉFONOS MÓVILES

EN EL ÁREA DE DETENCIÓN

Un tercer cartel decía:

HA SIDO DETENIDO.

PROCEDEREMOS A TOMARLE SUS

HUELLAS,

FOTOGRAFÍAS Y ADN

INMEDIATAMENTE

Los dos policías se sentaron. Bishop se quedó de pie. La ira hervía en su interior. Pero estaba tratando con dos robots, pensó. No iba a ganar nada perdiendo los estribos. Tenia que aguantarse, de momento.

–¿Pueden decirme de qué va todo esto? – se dirigió a los dos policías.

Pero la puerta se abrió mientras hablaba. Branson la cruzó. El inspector Nicholl indicó con la mano a Bishop que lo siguiera.

–Por aquí, señor.

Bishop entró en una sala circular grande, dominada por un poste central elevado como un centro de mando que podría estar sacado del decorado de Star Trek, pensó, sorprendido al ver su aspecto futurista. Estaba hecho de un compuesto gris moteado y resplandeciente que le recordó a las encimeras de granito que Katie había elegido para su cocina descabelladamente cara.

Varios hombres y mujeres, algunos policías y otros miembros del personal