Roy Grace 3 - Casi muerto
Capítulo 64
del Interior, bien Nadiuska, bien el doctor Theobald, para que se encargara de la situación.
Mientras tanto, a Cleo y a Darren aún les quedaban por delante varias horas de un glorioso domingo de agosto por la tarde.
Darren se marchó primero, en su pequeño Nissan rojo, en dirección a la barbacoa, de la que podría haber prescindido tranquilamente. Cleo se quedó en la puerta, observándole marchar, incapaz de evitar envidiarle. Era joven, rebosaba entusiasmo, era feliz en su trabajo y con su novia.
Ella avanzaba rápidamente hacia los treinta. Disfrutaba de su carrera, pero al mismo tiempo también le preocupaba. Quería tener hijos antes de ser demasiado mayor. Sin embargo, cada vez que pensaba que había encontrado a su príncipe azul, el tipo le soltaba algo que no venía a cuento.
Roy era un hombre encantador. Pero justo cuando creía que todo era perfecto, su esposa desaparecida surgía de repente como el muñeco de una maldita caja de sorpresas.
Conectó la alarma, salió afuera y cerró con llave la puerta principal, con sólo una idea en la cabeza: llegar a casa y ver si tenía algún mensaje de Roy. Luego, mientras cruzaba la entrada de hormigón hacia su MG azul, se detuvo en seco.
Alguien había rajado la tela negra de la capota. Toda, desde el parabrisas hasta la luna trasera.
Capítulo 64
La mujer de detrás del mostrador de madera y la ventana de cristal le entregó un formulario rectangular de color beis.
–Por favor, escriba aquí su nombre y dirección y otros datos -le pidió con voz cansada.
Parecía llevar demasiado tiempo allí sentada y le recordó a un objeto expuesto en la vitrina de un museo al que habían olvidado quitar el polvo.
Su cara tenía una palidez de interior, y su cabello castaño sin forma caía alrededor del rostro y de los hombros como una cortina que se ha soltado de una de las anillas.
Arriba del mostrador de recepción del servicio de urgencias del Royal Sussex County Hospital había una gran pantalla de LCD con letras
amarillas sobre fondo negro que ahora rezaba: «TIEMPO DE ESPERA: 3
HORAS».
Estudió el formulario detenidamente. Se solicitaba un nombre, una dirección, una fecha de nacimiento y una persona de contacto. También había un espacio para alergias.
–¿Algún problema? – preguntó la mujer.
Él levantó la mano hinchada.
–Me cuesta escribir -dijo.
–¿Quiere que lo rellene por usted?
–Puedo arreglármelas.
Luego, apoyándose en el mostrador, se quedó mirando el formulario unos momentos, su cerebro, embotado por el dolor, no funcionaba demasiado bien. Intentaba pensar deprisa, pero sus pensamientos no surgían en la secuencia correcta. De repente, se sintió un poco mareado.
–Sentado podrá hacerlo mejor -sugirió la mujer.
–¡He dicho que puedo arreglármelas! – le espetó, gritando.
A su alrededor, la gente alzó la vista desde sus asientos grises de plástico duro, sobresaltada. «No era inteligente -pensó-. No era inteligente llamar la atención.» Rellenó el formulario deprisa y, luego, como para reparar el daño, junto a «Alergias» escribió «Dolor», con mucho ingenio, pensó.
Pero la mujer no pareció fijarse cuando recogió el formulario.
–Por favor, siéntese y una enfermera vendrá a verle enseguida.
–¿Tres horas? – dijo él.
–Les diré que es urgente -dijo la mujer cansinamente.
Luego observó con cautela al hombre raro con el pelo castaño largo y desgreñado, bigote y barba densos y gafas grandes con cristales oscuros, vestido con una camisa blanca sobre una camiseta de malla, pantalones anchos grises y sandalias; se dirigió a un asiento vacío, entre un hombre con el brazo lleno de sangre y una anciana con la cabeza vendada, y se sentó.
Entonces, la mujer descolgó el teléfono.
El Multimillonario de Tiempo sacó la Blackberry de su funda, que llevaba sujeta en el cinturón, pero antes de que tuviera tiempo de hacer nada, una sombra cayó delante de él. Una mujer morena de aspecto agradable de unos cincuenta años, vestida de enfermera, estaba frente a él.