Superar un amor

Ariadna Baker · Capítulo 18 de 25

Páginas del PDF

Superar un amor

Cap�tulo 20

Capítulo 20

Estaba agotada en esa camilla cuando Ken, comenzó con unas toallitas a quitarme toda la pringue del aceite.

—Me siento como un bebé al que le están limpiando el culo —murmuré con ironía mirando a Mateo, que sonreía feliz desde el sillón.

—Entonces qué, ¿me vais a pedir la segunda sesión?

—Espera —levanté medio cuerpo como la niña del Exorcista —¿Y cuántas sesiones se suponen que son antes de que me puedan dar por culo? Nunca mejor dicho —les causé una carcajada.

—Hay personas que no necesitan ni preparación, pero claro, hay otras que si no están preparadas pueden sufrir daños terribles. Siempre es recomendable hacer las tres fases de preparación, cada fase tiene una intensidad diferente, que va subiendo conforme vas pasando de fase —

contestó Ken.

—Yo me quedo muerta —murmuré dando un trago a la copa que me había preparado antes de comenzar con la sesión.

—Ahora mismo estás en buen momento para una segunda sesión, eso sí, esperando un ratito a que repongas energías —dijo Mateo.

—Y, ¿tú que entiendes por buen momento? —reí.

—Él tiene razón, te vendría muy bien en un rato hacer la segunda fase.

Estás más dilatada.

—Mira, yo estoy aquí de vacaciones y después de haberme arriesgado a esto, creedme que no me asustada nada.

—Entonces, ¿es que sí? —me preguntó Mateo, haciéndole un gesto a Ken, para que le echara otro cubata.

—Claro —apreté los dientes —, pero imagino que mañana tendré un día más relajado, porque, ¡vaya comienzo!

—Ya veremos.

—¡Mateo! —exclamé a modo de protesta.

—Ya lo veremos —repitió en tono más apaciguado.

—Al final salgo de aquí zamba, lo estoy viendo.

—¿Y si subimos la intensidad, pero los tres? —propuso Ken.

—Por mí, está bien.

—Cómo que, ¿los tres? A ver si te crees que tengo ahí detrás un bebedero de patos.

—Tú, déjate llevar —me dijo Mateo.

—¿Más?

—Todo lo que puedas —me hizo un guiño, se levantó y me besó.

La verdad es que no podía con mi alma en estos momentos, pero la situación era de lo más excitante, además con aquellos juegos no me sentí nada incomoda en esa primera toma de contacto.

—Entonces que me quede claro, ¿en qué consiste la segunda fase y cómo será al haber cuatro manos y no dos?

—Cuatro manos y dos miembros, si quieres. Podemos ir un poco más allá.

—Espera, Mateo — reí nerviosa —¿Esto no era un proceso de preparación anal?

—Pero podemos meter prácticas sexuales diferentes, en la variedad está el gusto—dijo Ken, y miré a Mateo.

—Por mi parte, sin problema.

—Madre mía, ¿vosotros estáis seguros de que saldré viva de esta?

—Viva y sonriente —respondió Ken.

—Y agotada, que es lo que estoy ya —reí.

Debo decir que, si aquel primer momento de preparación fue apasionante, este segundo, con ellos dos jugando con mi cuerpo y llenándomelo de aceite caliente, fue de lo más excitante.

Me habían atado las manos en alto, bajo aquella sombrilla de paja que había en la terraza.

Ken, por detrás y Mateo, por delante…

Tocaban todas mis partes, me penetraban con sus dedos a dos bandas y, además, Mateo se agachó y mordisqueó mi clítoris con fuerza, ese que notaba de lo más hinchado mientras que Ken, me levantaba y abría mis piernas para dejarle más margen.

Noté como Ken por detrás ponía la punta de su miembro y comenzaba a penetrarme después de que con sus dedos me hubiera dilatado durante un buen rato. Chillé mientras el placer también me envolvía y cuando lo tuve dentro, Mateo colocó la suya en mi vagina y entró. Estaba penetrada por ambos lados y estirada hacia arriba.

Comenzaron a moverse de forma sincronizada. Creo que mis chillidos debieron escucharse en toda esa isla. Hasta me daban palmadas fuertes en mis caderas para intensificar el momento.

Fue excitante, lleno de nervios por la situación, pero algo que jamás imaginé vivir y que, para qué mentir, sentía estar descubriendo algo que más que asustarme, me estaba gustando.

—No quiero ni imaginar la tercera fase —murmuré cuando me soltaron y me metí en la piscina apoyándome en el borde con los brazos y dejando caer mi cabeza.

Estaba agotada, increíblemente rendida. Ken se despidió de nosotros, diciendo que esperaba que volviéramos a contar con sus servicios para otro tipo de prácticas. Mateo le dijo que, por supuesto, que contara con ello.

Salí de la piscina directa a la hamaca para tumbarme un rato y fue cuando mi chico comenzó a masajear mi cuerpo con una loción de aceite relajante.

—Al final le cojo cariño a este hotel —murmuré sintiendo un placer infinito con aquel masaje.

—Ya te digo que sí, pero cuando volvamos, esto no se repetirá.

—¿Celoso?

—Te quiero para mí solito, pero bueno, que unos días disfrutando así tampoco está nada mal —metió sus dedos en mi vagina.

—Mateo, que estoy agotada —me reí.

Y siguió jugueteando mientras yo entraba en un sueño profundo producto del largo viaje y de los momentos vividos ese primer día, que aún no había acabado.

Me levanté con una resaca impresionante, no recordaba ni haber cenado, solo qué sucedió el día anterior y se me erizó la piel.

¿Cómo había permitido eso? ¿Cómo fui capaz de entrar en un juego de ese tipo? ¿Cómo él, me incitó? Yo era consciente, claro que lo era, pero no me cuadraba que yo por mi forma de ser aceptara eso. Me puse muy nerviosa, cogí mi móvil y salí a la terraza.

Me preparé un café en la máquina que había ahí, cuando me di cuenta de que tenía un mensaje extraño por WhatsApp.

“Hola, soy Mariana, la actriz mexicana que relacionaron con Mateo. Por tu bien, no digas que recibiste este mensaje, pero, estás en peligro.

Descubrí que me drogó con una primera copa de champán para llevarme a

practicar relaciones sexuales grupales. Cuando supo que lo había descubierto, me amenazó fuerte, tanto, que no soy capaz de denunciarlo.

Ten mucho cuidado antes de que sea demasiado tarde y te haga lo mismo.

Me costó mucho conseguir tu teléfono. No desveles esto, por favor, me pondrías en un severo riesgo”

En ese momento se me cayó el mundo al suelo, acababa de descubrir que, todo lo ocurrido no fue por mi propia voluntad, sino que, a mí, también me había drogado…

Solo tenía que hacer una cosa… Salir de aquella isla lo antes posible y sin que él se diese cuenta.

Cogí mi bolso con la documentación, dejé todas mis cosas ahí y salí sin hacer ruido. Me marché del resort intentando que nadie me viera y conseguí un taxi para que me llevara hasta el aeropuerto, con la buena suerte que conseguí un peaje para Tahití, con eso me bastó, desde allí moví todas las opciones para abordar un vuelo con destino a Miami.

Iba temblando, había avisado a mi hermana, diciéndole que por nada del mundo le cogiera el teléfono a Mateo, ni a nadie que no conociera, que no diera detalles y lo mismo hice con María.

Iba destrozada, llena de dolor, de rabia y de muchas otras cosas que no me merecía.

La vida no dejaba de sorprenderme, pero no para bien precisamente.

Estaba tocada y hundida, pero dispuesta a dar un giro a mi vida y a apartar a todos los que hicieron de ella un engaño.

OceanofPDF.com