Superar un amor

Ariadna Baker · Capítulo 22 de 25

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Superar un amor

Cap�tulo 24

Capítulo 24

Ander venía guapísimo, me estaba esperando apoyado en la puerta del copiloto, para abrírmela.

—Estás impresionante —nos dimos dos besos y me hizo un gesto con la mano para que entrara.

—Por mucho que me halagues, no vas a conseguir sacarme nada de información con la que lucrarte —bromeé.

—No he pretendido eso en ningún momento, con llevarte a la cama me doy por satisfecho —me hizo un guiño mientras conducía.

—La sinceridad es tu fuerte, ¿verdad?

—No lo sabes tú bien, a veces peco de serlo demasiado —decía con seguridad, pero con ese toque de humor que tenía.

—Por eso te va bien como reportero —reí negando.

—Pero como te digo, no tengo interés en saber que pasó entre tú y el futbolista.

—Ah bueno, entonces vamos bien —reí negando.

—Si te digo la verdad, no te imaginas el trauma que cogí desde esa noche que bromeamos en el evento de tu representante.

—Y, ¿por qué cogiste un trauma?

—Te esperaba a la salida y, resulta que no es que no te viese salir, es que ibas escondida en el coche de Mateo.

—¿Me esperaste?

—Te lo juro —carraspeó.

—Y, ¿pensaste que de ahí nos íbamos a ir a tomar un chocolate a algún sitio?

—No, no, a la cama directamente.

—Anda, mira hacia delante, que con valiente descarado se me ha ocurrido irme a cenar esta noche.

—Y, ¿lo bien que te lo vas a pasar?

—Eso espero —carraspeé —Por cierto, ¿a qué restaurante vamos?

—Al mejor del mundo.

—Y, ¿ese cuál se supone que es?

—El de “Salseros”.

—¿En serio vamos a ir a ese lugar?

—Ajá, ¿o esperas que te lleve al restaurante del Hotel Hilton?

—Vamos a “Salseros”, que una primera cita en un hotel, como que no puede salir bien —aguanté la risa mientras tragaba saliva y recordando esa primera noche junto a Mateo, ese al que quería odiar, pero, no podía.

Llegamos al restaurante, ese dónde se juntaban todas las nacionalidades de Latinoamérica para bailar salsa, bachata, cumbia y todo lo habido y por haber.

Pasamos a la terraza del restaurante, tenía otra detrás, pero esa era solo para tomar copas y bailar.

Pidió cochinillo al horno de leña y lo que me reí fue poco porque pretendía que me lo comiera con las manos.

—De verdad, no me seas pija, cómetelo con las manos, mira como cruje —

le quitó un trozo de corteza de la piel con los dedos.

—Y ahora las manos todas pringosas.

—Me chupo los dedos y luego voy y me lavo las manos.

—Ah no, delante de mí, no te chupes los dedos por Dios.

Rápidamente nos percatamos de que muchos nos habían reconocido e inclusive nos hacían fotos con sus móviles.

—Pasa de todos —murmuró sabiendo que me había sentido incómoda al darme cuenta.

—Sí, pero joder, las personas son muy ligeras dándole al botón de la cámara. No respetan ni el que esté comiendo.

—Relájate —me hizo un gesto de lo más gracioso con su cara.

—Estoy relajada, de verdad, solo que me da rabia.

—Así que has vuelto a vivir con tu padre —murmuró para cambiar el tema.

—¿Me estás intentando sacar información? —le hice una burla —Sí, regresé allí. Estoy en una época que prefiero que me den mimos.

—Se ve que eres muy sensible.

—Según, esto va por épocas, en unas siento que soy la más segura del mundo y en otras, por circunstancias, me lleno de inseguridades.

—Como ahora…

—Sí.

—Se te ve frágil, por mucho que quieras esconderlo.

—Imagino que mi cara es el reflejo de lo que llevo dentro.

—Sí, pero lo más jodido, es que, aunque tengas la moral por los suelos, estás jodidamente preciosa.

—No me mires así que me da vergüenza.

—Bueno, me comeré otro trozo de cochinillo —lo cogió con las manos.

—A la mierda todo —cogí mi trozo con las manos y comencé a mordisquearlo ante la sonrisa de Ander.

De la cena pasamos a la zona de copas, que ya estaba de lo más animada y, sin esperarlo, me agarró por la cintura y me sacó a bailar salsa.

Estuvimos tomando copas y bailando por lo menos cuatro horas, que se me pasaron volando, ya que él era de lo más divertido e hizo en todo ese tiempo muchos momentos memorables.

Me llevó a mi casa y paró el coche en la puerta.

—Dime que habrá otra cita…

—Claro. Me lo he pasado muy bien y me hacía falta.

—Me alegro de que haya sido así. ¿Qué te parece que nos veamos el viernes?

—Ya es la madrugada del viernes —me reí.

—Pues por eso. ¿Nos vemos esta noche? —sonreía.

—¿A qué hora?

—A la misma, ¿te parece?

—Claro.

—Espero que mañana no se te haga muy dura la jornada de trabajo —reí recordando que en cinco horas se tenía que ir a cubrir un evento.

—Me iré feliz, por la noche que he vivido —me dio un beso en la mejilla y bajé del coche.

Me acosté con una gran sonrisa, pero, no porque me hubiera enamorado de él, ni que me gustara más de la cuenta, sino porque había conseguido durante un buen rato paliar ese dolor que sentía por lo sucedido con Mateo.

Al acordarme miré su perfil y me topé con que acababa de subir un post con una foto de él, sentado en la terraza de un edificio alto, mirando al mar, en modo reflexión con una copa en la mano.

“Mirar al infinito lleno de frustración, por saber que, todo aquello que amas, se te esfuma de las manos y no puedes hacer nada por retenerlo”

Las lágrimas me caían, lo más doloroso es que no lo creía, además, pensaba que ese post era tan falso como él mismo.

Lo que más me dolía de todo esto es que no sabía a dónde quería llegar con sus mentiras y actos. Hasta pensé que todo fue un juego para humillarme y así, de alguna manera, que pagase lo que le pasó a su hermano. Me iba a volver loca, pero no conseguía quitarme de la cabeza tantas preguntas que aparecían y yo, necesitaba una explicación, a sabiendas que, si me la daban, iba a ser también con mentiras.

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