Superar un amor
Cap�tulo 5
Capítulo 5
Sábado por la mañana, encendí la tele que estaba en el canal donde emitían un programa de cotilleo y me preparé un café.
No estaba prestando atención hasta que escuché que tenían una noticia acerca de Mateo, y cogí el mando de manera precipitada para subir el volumen.
Lo habían pillado la noche anterior de fiesta y en plan muy cariño, besos incluidos, con una actriz de telenovelas que era mexicana y muy famosa.
Mariana Suárez.
Casi me da algo al ver las imágenes y, lo único que noté, fueron mis lágrimas cayendo por mis mejillas, esas que me sequé y me repetí a mí misma, que nunca más volvería a caer en sus brazos.
Mi madre me llamó al momento, solo para decirme que ni se me ocurriera pasarlo mal, pero fingí que solo éramos amigos y que con quién se acostara o no, no era ni de mi incumbencia, ni me importaba un bledo.
La dejé tranquila y es que no quería escuchar nada porque sabía que se pondrían en plan pesados para animarme y eso ahora mismo no me iba a venir nada bien.
El domingo por la mañana de nuevo volvieron a poner imágenes de él con Mariana, paseando por debajo de mi casa. ¿Se podía ser más miserable?
Subí una foto a mis redes, una que tenía de días atrás que me hizo un fotógrafo amigo mío en la playa con mi móvil y que era de lo más bonita.
Salía de espaldas en el agua que me llegaba por las rodillas, pero mirando hacia un lado y con el atardecer de fondo.
“Nadie tiene derecho a jugar con tus sentimientos…”
Me salió del alma ponerlo así y lo más sorprendente fue que uno de los primeros comentarios lo puso él, increíble, pero cierto.
“Tienes razón, amiga. Una bonita reflexión para alguien tan preciosa como tú”
Me envenenaba cada acto de él, cada palabra. ¿Cómo podía ser tan déspota?
Me tomé otro café más, el tercero de aquel domingo en el que no dejaba de comerme el coco. No entendía, por nada del mundo, esa poca vergüenza de ponerme un comentario de este tipo, y más sabiendo que eso iba por él.
Pasaba de todo, se veía que le importaba un pepino lo que me hiciera sentir con esas cosas. Empatía cero.
Me llegó un mensaje de Tristán, para decirme que me requerían en un evento de Palm Beach, una isla de lo más exclusiva y lujosa donde vivían muchas de las celebridades del mundo.
Acepté sin dudarlo, ya que lo que allí pagaban era un pastizal y que, si decía que no, me jugaba que luego muchos de ellos no quisieran contratarme.
—Me parece muy feo lo que está haciendo Mateo, quiero que lo sepas.
—Gracias. Mañana hablamos.
No quería hablar del tema, no me apetecía. Mandé un mensaje a una de las encargadas de marketing de una gran firma que siempre contaba con mis colaboraciones, así que le dije lo de Palm Beach y me dijeron que al día siguiente por la mañana me pasara por la tienda para probarme el modelo que llevaría.
Las firmas me regalaban el vestido que usaba para el evento y además me pagaban. La verdad es que mi trabajo era un chollo y yo estaba viviéndolo feliz.
Al día siguiente aparecí por la tienda y cuando vi el modelo que me tenían preparado, me llevé las manos a la boca, era precioso, realmente una joya y cuando me lo vi puesto, sabía que era uno de los mejores modelos que había lucido hasta la fecha.
El vestido era de tirantes finos cruzados en la espalda, delante era como un trikini con los lados de los costados al aire, la falda caía sobre mis caderas hasta encima de la rodilla. Era en color blanco y, además, en el pecho llevaba un lazo. Una monada que iba a lucir con unos taconazos que no le hacían de menos.
De allí me fui a casa de mis padres a comer. Mi hermana flipaba con el vestido cuando se lo enseñé, le dije que lo estrenaría esa noche, pues era lo pactado y le prometí que luego se lo regalaría. Se puso de lo más contenta.
Regresé a mi casa para ducharme y arreglarme, ya que me recogerían a las diez para el evento. No sabía si se lo habían propuesto a alguien más, en este tipo de casos invitan a varios para que estén por allí como imagen, como era mi caso.
Y claro que había alguien más, lo supe nada más ver el cartel de entrada donde figuraba mi nombre y el de Mateo. Sentí que me iba a dar algo, me temblaban las piernas y más cuando lo vi dentro sonriendo y dirigiéndose hacia mí.
—Dime que tú no has tenido que ver nada en esto.
—Pues claro —dijo agarrando mis hombros y propinándome dos besos —.
A ver si te crees que voy a permitir que pongan a cualquiera al lado de alguien como yo —me hizo un guiño y un gesto para que lo siguiera.
—No me lo puedo creer, de verdad. ¿Hasta dónde piensas llegar?
—Hasta la barra a que nos sirvan el mejor ron del mundo.
Nada, que era tonto del culo y sin remedio, y no sé qué hacía yo preguntándole nada.
Pidió dos rones con Coca Cola y se puso apoyado de lado en la barra y mirándome.
—Te queda muy bien ese vestido.
—Y a ti el ser patético.
—Hasta haciéndote la enfadada, estás jodidamente sexy —sonrió sabiendo que muchos de los asistentes nos miraban curiosos y por eso yo también hablaba sonriendo falsamente como si entre Mateo y yo, existiera una cordialidad y una amistad bonita.
—¿Cómo folla la mexicana? —pregunté sin perder la sonrisa.
—No hemos follado, solo me la chupó un par de veces —tenía un trago en la boca cuando soltó eso y de la risa que por desgracia aún me causaba de vez en cuando, escupí todo de golpe y fue al traje de chaqueta que llevaba de una marca a la que estaba patrocinando.
—Joder —se miró la ropa —, parezco la flamenca del WhatsApp.
—Madre mía y la gente mirando —me eché a reír de nuevo.
—Menos mal que me dieron tres modelos y este solo es el primero —me hizo un guiño —. No te muevas de aquí que voy a cambiarme.
Joder, decía yo, y no por la que le había liado, pues que se lo tenía más que merecido, era porque le daban tres modelos por evento y a mí, solo uno.
Algo estaba haciendo yo mal.
Apareció con otro traje de chaqueta que era una pasada, además le quedaba que ni pintado, impresionante, en color beige y debajo una camisa de lino celeste por fuera. El tío es que tenía mucho estilo y todo lo llevaba con mucho porte.
Me agarró de la mano y me sacó al photocall de fuera, donde estaban los periodistas y por el que antes ya habíamos pasado cada uno por separado.
—Tengo que justificar los outfits —murmuró en mi oído.
Sonreí y es que como siempre, no era para menos. Era obvio que teníamos que posar para los medios y dar visibilidad a las prendas, pero, claro, la gracia estaba en que yo ya había posado y no lo tenía que hacer más, pero él, sí, dado que eran tres modelos. Pues tres veces que posaría, pero, ¿qué pintaba yo ahí? Bueno, que él era como era y ahí me había metido.
Volvimos hacia dentro cogidos de la mano, esa que me sujetaba para dirigirme por donde pisar, por decirlo de algún modo, vamos, para asegurarse de que lo seguía.
La noche que me dio fue menuda, eso sí, cuando le preguntaba algo me salía por otra vía, este no se mojaba ni, aunque le pagaran.
Me pase toda la noche sonriendo mientras le reprochaba que era un inconsciente y un niñato que ya debería de dejarme en paz.
Él, me contestaba con esa misma sonrisa…
—Este niñato vuelve a estar a tu lado.
—Eres un tramposo y todo esto es injusto.
—Pero tú te lo vas a llevar calentito —se refirió al dinero que iba a ganar.
—Calentito o fresquito claro que me lo llevo, para eso me lo he ganado.
—Cobras por acompañarme en este evento —seguía sonriendo.
—Cobro por aguantar a un gilipollas como tú.
Tenía un cabreo encima, que no podía, vamos, era como una olla a presión a punto de explotar y liarla parda. Pero me contuve, conté hasta cien mentalmente y parece que obtuve un poco más de fuerzas.
Cuando se acabó la fiesta le dije: hasta luego, pero claro, eso era como hablarle a un muro. Agarró mi mano, se adelantó y casi me llevó en volandas.
Abrió la puerta del copiloto y me sentó, literalmente, al igual que me abrochó el cinturón y cerró el coche mientras daba la vuelta para asegurarse de que no me escapaba.
Se montó, arrancó y salimos de allí.
—Ahora sorpréndeme. ¿A dónde me vas a llevar?
—A tu casa, me tengo que asegurar que llegas bien.
—¿Y a ti que te importa cómo llegue?
—He dicho que me tengo que asegurar, no si me importa o no.
—¿Y por qué te tienes que asegurar?
—Porque me lo encargó Tristán.
—¡Ay mi madre!, ya no sé quién está peor, si Tristán, o tú.
—No subiré a tu casa si no quieres —carraspeó.
—Pues eso, me dejas en la puerta y buenas noches —dije ignorando lo que quería mi corazón, pero me tenía que hacer la fuerte.
—¿No te arrepentirás?
—¿Eh? No, tranquilo.
—Estás haciéndote la dura.
—No, simplemente que no vas a subir, porque no quiero y no me apetece.
¿Te queda claro?
—Sinceramente, nada claro, pero allá tú, la decisión estaba en tus manos.
Espero que dentro de cinco minutos no te lamentes.
—Tranquilo que ni dentro de cinco, ni de diez, no tienes en mi vida tanta importancia.
—Estamos llegando.
—Pues acelera, a ver si terminamos de llegar.
—Te vas a arrepentir.
—Claro que sí, guapo.
—Conmigo no puedes fingir, lo sabes.
—Mateo, para ya, no sigas con esas estupideces. No te pienses que después de esos feos que me has hecho una y otra vez, quiero estar contigo. Ni lo sueñes. Me importas una mierda, esa misma que te importé yo.
—No estás hablando con el corazón.
—Créeme que sí, porque si hablara con la cabeza te pondría vestido de limpio.
Paró el coche y me bajé sin mirar hacia atrás. Cerré de un portazo y me metí en mi bloque. Rompí a llorar mientras iba en el ascensor.
Me sequé las lágrimas antes de entrar, en mi casa no iba a echar ni una más…
No entendía a qué venía ese juego conmigo y no con otra.
Me acosté y me di cuenta de que las redes ya ardían con nuestras fotos, inclusive con otras de otros días que no se habían publicado y ya hablaban de un amor y otros decían que no, que estaba con la mexicana.
Una locura leer los comentarios que ponían, la gente creyéndose que lo sabían todo y no sabían absolutamente nada.
Sabía que por la mañana todo sería un hervidero de portadas con titulares que no corresponderían con la realidad, pero yo llevaba viviendo ya tiempo este mundo y estaba acostumbrada a eso, aunque esta vez sabía que ciertos titulares me podían llegar a doler.
No conseguía coger el sueño de ninguna manera. Recordé que tenía una cajetilla de cigarrillos de los otros días que se dejó Daniela en casa y fui a la cocina a fumarme uno.
Yo no fumaba apenas, uno cada mes y porque se encartase, pero esta noche necesitaba aferrarme a algo, aunque solo fuera al humo de un cigarrillo.
La vida era muy jodida, te concede un deseo, como fue poder conocerlo casualmente, pero a la vez que te lo da, te entrega un racimo de pinchos que te harán desangrar el alma.
Después de eso, estuve dos semanas viendo en las redes todos los movimientos de Mateo y aunque ponía infinidad de fotos sin mí, seguían hablando de lo nuestro como que era una relación que se estaba afianzando, incluso en los comentarios de sus posts la gente le pedía que subiera fotos conmigo.
No se había puesto en contacto conmigo ni había hecho por verme y eso, que fui temerosa a más de un evento pensando que me lo encontraría por allí.
Lo estaba pasando muy mal y reconozco que cuanto más tiempo pasaba, peor estaba, era como si me hubiesen arrancado un trozo de mi alma, pero no quería ni verlo, por mi bien, quería que no volviera a aparecer, aunque reconozco que mi corazón lo echaba tanto de menos que estaba pasando factura a mi carácter y que estaba todo el día con un humor de perros.
Daniela me mandó un mensaje y me propuso irnos unos días de viaje para sacarnos fotos para nuestras redes. Solíamos hacerlo cada cierto tiempo, bueno, realmente una vez al mes y a veces, incluso nos íbamos dos en los meses que había menos eventos.
No lo dudé, acepté sin pensarlo y comenzamos a mirar destinos. Siempre volábamos gratis, ya que sacábamos la publicidad en los perfiles y las aerolíneas y resorts, no dudaban en darnos los medios inmediatamente.
Un rato después me llamó mi amiga y sabía que era porque había encontrado algo.
—Agárrate fuerte porque he conseguido que nos den un bungalow en el resort más lujoso de Holbox, uno que acaban de inaugurar en esa isla impresionante dentro de la Rivera Maya en México.
—¿Esa es la que tiene las hamacas colgantes y los columpios dentro del mar, además de los carteles coloridos en el agua?
—Esa es, y encima nos ponen un carrito para que nos movamos por allí libremente.
—¿Y cuándo dices que nos vamos?
Capítulo 6
Tres días después…
Facturamos las maletas y nos fuimos hacia dentro de la terminal para hacer tiempo tomando algo y viendo tiendas.
—Me siento fatal —dije con tristeza sentándome en un Starbucks con un café de caramelo macchiato —me puse la mano en la frente.
—Estás pálida y se te ve débil, se nota que no has estado comiendo nada estas dos últimas semanas. Me voy a encargar de que no te saltes ninguna comida estos días y te des muchos caprichos —se acercó y me dio un beso.
—Lo amo muchísimo —se me saltaron las lágrimas y me puse las gafas de sol para que nadie me viera.
—Lo sé, mi niña.
—¿Sabes? Lo que me da más rabia es no saber por qué actuó así conmigo.
—Es un tipo que estuvo muy involucrado en su carrera deportiva y vivió lleno de responsabilidades. Ahora se ve con dinero, éxito y sin esa responsabilidad, quiere vivir la vida sin ataduras y sin importarle los corazones que vaya destrozando por el camino.
—Y me tocó a mí, cruzarme en el suyo.
—A ti siempre te gustó.
—Sí, pero vivía felizmente sin conocerlo.
—Hay amores que duelen más, que se sienten más fuerte —acarició mi mejilla y secó las lágrimas que me caían por debajo de las gafas —. Estás llena de vida y juventud, eres una preciosidad y cualquier hombre daría lo que fuese por estar a tu lado. Estoy convencida de que la vida te tiene preparado algo mejor.
—O peor, lo mismo en la otra vida fui una bruja y ahora voy a pagar por mis atrocidades —murmuré y nos tuvimos que echar a reír.
—Vamos a pasarlo genial en estos días.
—Eso espero.
—Lo mismo conoces a alguien y…
—¡No! Por Dios, ya he tenido bastante por ahora. No más hombres, no más mierdas de esas que llaman amor y te causan sufrimiento.
—Vale, vale —alargó las manos riendo.
Embarcamos y nos recibieron como siempre con todos los honores, ellos sabían cuando subíamos personas que íbamos a promocionar su aerolínea.
Era muy común que las azafatas nos pidieran fotos y esta vez no fue menos.
Nos acomodaron en primera clase y nos ofrecieron una copa de champán de bienvenida, con un bombón para tomar antes de que el vuelo despegara.
Nos sacamos una foto y la subí a mis redes etiquetándola a ella y a la aerolínea.
“Rumbo a disfrutar de un destino con mucho encanto…”
Mi primer pensamiento era que él lo viera y se diera cuenta de que la vida también seguía para mí y estaba dispuesta a disfrutarla, pero por otro lado me decía a mí misma que era una ingenua y que a él, le importaba una mierda lo que hiciera o pasara con mi vida.
Las dos horas de vuelo fueron de lo más confortables y llenas de atenciones por parte de la tripulación.
A pie de avión nos recogieron con un carrito que nos sacó por otro lado más rápido y nos trajeron al taxi rápidamente las maletas. Me encantaba viajar con esas atenciones, para qué voy a mentir, a nadie le amargaba un dulce.
Nos trasladaron hasta el pueblo donde se cogía el ferry para Holbox, ese que abordamos en menos de diez minutos.
En el puerto de la isla nos esperaba un chico con un carrito para trasladarnos al nuevo resort que habían hecho en la isla, pero acatando todas las leyes de allí para no romper con las normas que había para no ocasionarle daño a la isla que era una de las más vírgenes.
Aquello era una pasada, aguas cristalinas con columpios dentro y hamacas, todo lleno de carteles coloridos como los hostales y restaurantes que había allí. Las calles estaban sin asfaltar, todo era demasiado paradisíaco y me daba pena pensar, que aquel encanto que tenía, luego lo explotarían y perdería lo que hoy podía ofrecer y que era una maravilla de la naturaleza.
Además, se sentía una paz que se percibía nada más pisarla, daba muy buena vibra.
El resort era pequeño, solo cinco cabañas y todo rodeado de piscinas con cascadas y en primera línea de playa, aquello era para morir de amor, una
auténtica pasada.
Nos acomodaron en una con su piscina privada a pie de puerta, alargada y mirando al mar, pero a un lado como una cascada que salía agua y era perfecta para una foto de lo más glamurosa.
Por dentro era una maravilla, simulaba que era una choza de piedra con los techos de paja, y al abrir una puerta te encontrabas un baño impresionante sin techo, como si estuvieras en el exterior. Quería fotos en todos los rincones.
Colocamos la ropa en los armarios y nos cambiamos. Nos pusimos dos trikinis iguales en color blanco, de lo más elegantes y sexis. Eso sí, íbamos a pasar todos los días vestidas iguales ya que habíamos firmado una colaboración con una firma que nos puso toda la ropa de baño y playa para todo el viaje.
Colocamos el trípode en el móvil y nos tiramos una primera foto mirando hacia el mar dentro de la piscina y viéndose la cascada haciendo un efecto increíble sobre la foto.
Esta vez la subió ella y me etiquetó.
“Holbox, mucho más que una isla…”
Nos fuimos hacia la playa y nos sentamos en un chiringuito de madera que era precioso y muy colorido. Cuidadísimo en detalles. Me tiré un selfi con un cóctel margarita de fresa.
La subí como historia con la canción de Maná, la de “En el Muelle de San Blas”.
Un rato después cuando miré, él la había visto… Increíble.
Ni diez minutos y puso un post en un avión subido en primera clase y mirando por la ventanilla.
“Allá voy, enana”
Me quedé boquiabierta, no menos que Daniela cuando se lo enseñé.
—A mí, me llamaba enana —murmuré temerosa.
—Tranquila, eso te lo llama a ti y a todas las chiquis con las que se va, ahora mismo debe tener a medio mundo temblando y preguntándose si van a por ellas—me tuve que reír porque además de gracioso, podía ser una gran posibilidad.
El chico del chiringuito no dejaba de mirarnos, estábamos en la barra sentadas sobre unos columpios de madera que eran de lo más cómodos y daban un rollito diferente, pero claro, de repente lloraba y de repente pasaba a estar a carcajadas. Normal que nos mirara, debía de pensar que estábamos locas.
Yo no dejaba de comerme el coco hasta que mucho más tarde vi que había puesto una foto en un taxi y como comentario “Ándale”
—Ese está aquí.
—Alejandra, pero aquí también tendrá como unas mil enanas —dijo causándome otra carcajada y eso que algo me decía que Mateo, iba a aparecer por aquí.
Y no me equivoqué… Estábamos cenando en la playa cuando un carraspeo nos hizo girar y comprobar que ahí estaba el rey del balón y del edredón.
—Hombre, Marcos —dijo Daniela.
—Me llamo Mateo, te lo recuerdo.
—No es a ti, es a él —se giró y vio que estaba el camarero.
Me entró un ataque de risa al igual que a él, y es que siempre pasaba algo que al final terminaba produciéndome una carcajada cuando realmente lo que quería era cogerlo por el cuello. Aunque el punto lo había tenido Daniela, pero vamos, que él estaba implicado.
Se sentó con nosotras sin preguntar, pero no esperaba menos de él.
—Y ahora a qué vienes, ¿a por un polvo? —le pregunté descaradamente y aparentando frialdad. A Daniela le entró hasta un golpe de tos.
—Por un polvo no salgo ni a la puerta de mi casa. Vengo a por una docena por lo menos —le dio un trago a la copa.
—Pues sí que viene fuerte este, sí —soltó mi amiga tocando hasta las palmas lentamente mientras se moría de la risa.
—No será conmigo —dije seriamente —. A mí, no me vuelve a poner este una mano encima.
—¿Cuánto te apuestas qué sí? —le preguntó a Daniela.
—Nada, viendo los antecedentes, no pongo nada en juego que pierdo fijo.
—Gracias, amiga —sonreí con ironía.
—Alejandra, por Dios —volteó los ojos.
—Nada, paso de ustedes, pero sí que te digo —miré a Mateo —que, si has venido con alguna intención, te has equivocado.
— Acabo de llegar —sonrió y cogió un taco.
—Pues de esa misma manera te vas a ir, al menos conmigo, pero bueno, imagino que en la isla habrá muchas mujeres deseando lamerte el culo.
—Quítate esa cara de agria que tienes, que parece que has chupado un limón.
—Este es tonto, ¿no?
—Menos mal que te das cuenta —le contesté a mi amiga, mientras Mateo, la miraba arqueando la ceja.
—Hijo, es que te las buscas.
—Vale, vale, pero tranquilas, que yo puedo con las dos.
—A mí no me metas, que ni me vas, ni me vienes —le contestó Daniela.
—Pues no se nota, te veo muy picadita con el tema —decía tranquilamente con una sonrisa plena.
—Es mi amiga y quién la respeta, se gana mi respeto.
—Ahí le has dado —dije aplaudiendo su respuesta.
—No cantes victoria tan rápido, que esto no hizo más que empezar, os lo digo ya —no perdía la sonrisa y hablaba con una serenidad que parecía que
él, lo tenía más que claro.
—Y, ¿dónde duermes esta noche? —preguntó Daniela, apretando los dientes.
—En la cabaña que está junto a la vuestra.
—Este tío al final se va a convertir en mi ídolo.
—Sabía yo que tú, rápidamente te volvías bipolar —le recriminé volteando los ojos.
—Es un crack —reía y a él, se le veía con sonrisa de triunfador.
—Lo que es, es un descarado engreído.
—Uy lo que me ha dicho —dio un trago y mi amiga venga a reír. Yo también, pero no tan exagerada como ella que estaba morada y todo.
Pedimos unas copas en un chiringuito de la playa al que fuimos después de cenar y que tenía música de lo más pegadiza. Latina, pero variada.
Por supuesto que Mateo era nuestra sombra y estaba ahí con nosotras. Cosa que en el fondo a mí me había devuelto la sonrisa, para mi desgracia. Mi felicidad ahora mismo dependía de él, por muy fuerte que yo quisiera aparentar ser, pero, lo amaba con todo mi corazón y contra eso no se podía luchar.
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