Superar un amor

Ariadna Baker · Capítulo 8 de 25

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Superar un amor

Cap�tulo 10

Capítulo 10

Nadie se podía hacer una idea de lo que dolía sentir como todo tu mundo se desmoronaba de repente.

Después de tomarme un café, cogí el coche y fui a casa de mis padres, que nada más recibirme, me hicieron un interrogatorio por mi comunicado de las redes.

—No es un comunicado, no soy tan importante, es un post de despedida. Ya me cansé de vivir del postureo. Creo que soy más que eso, y quiero comenzar una vida, en la medida que pueda, alejada de los medios. Para empezar, quiero irme de viaje por Europa y disfrutarlo sin buscar la foto, solo el momento, disfrutar de lo que voy descubriendo y guardármelo solo para mí.

—Tú madre y yo, siempre te apoyaremos en todo, Alejandra —dijo mi padre, echándome la mano por el hombro, pegándome a él, y dándome un beso en la sien.

—Me gustaría pedirle a Paula que se viniera conmigo, creo que me vendrá muy bien compartir con ella un viaje.

—Eso es maravilloso y estoy seguro de que, a ella, también le vendrá bien de cara al año que se le presenta de estudios, y que el verano vuela.

—Por eso —sonreí.

Fui al cuarto y la desperté, le conté mi plan de irnos por Europa y se volvió loca de contenta. No tardamos en encontrar un vuelo para el día siguiente con destino a Dublín, Irlanda.

Tenía que aprovechar ese viaje para convencerla de que se viniera a vivir conmigo, era ahora mismo mi único objetivo y sabía que me iba a costar trabajo, ya que ella, vivía a cuerpo de rey en casa de nuestros padres y me lo iba a tener que currar mucho para sacarla de allí.

Al día siguiente mis padres vinieron con mi hermana a recogerme para llevarnos al aeropuerto.

Mis redes ya estaban cerradas y mi teléfono en modo avión por un tiempo.

Tenía claro que no quería recibir ninguna llamada, ni saber nada de nadie, por lo menos, mientras durara ese viaje en el que esperaba encontrar la unión necesaria con mi hermana, para apartarnos de todo.

Nos despedimos de ellos después de facturar, justo antes del control policial. Fue rápido porque la gente ya se les acercaba para pedirles fotos.

Antes de abordar el vuelo compramos en una tienda de chuches un surtido de nuestras preferidas. No solíamos comerlas mucho, ya que tanto mi hermana, como yo, solíamos cuidarnos bastante.

Nos acomodaron en primera clase, llenándonos de todas las atenciones como siempre.

—¿Sabes, hermana?

—Dime, chiqui —la miré con tristeza porque la quería tanto que, me partía el alma el saber que ella pudiera vivir un episodio de ese calibre.

—Este viaje me vino como anillo al dedo. Hace mucho tiempo que quería hablar contigo tranquila, pero no encontraba el momento y ahora, es el perfecto.

—¿Te pasa algo, cariño? Si me lo hubieses dicho habría sacado todo el tiempo del mundo.

—Nos pasa… —murmuró, agachando la cabeza.

—¿Qué nos pasa, preciosa? —Le eché mi brazo por el hombro.

—No quiero que te enfades conmigo, ni que cuentes lo que te voy a decir

—se le resbaló alguna lágrima.

—Prometo que jamás contaré nada, y enfadarme, no sé si lo haré, pero siempre me vas a tener de tu lado.

—Eso es precisamente lo que quiero, que te pongas de mi lado —murmuró y entonces empezó a llorar.

—¿Qué has hecho? —pregunté abrazándola y besando su sien.

—No he sido yo, es papá y mamá —fue decir eso y no sabía que más estaba pasando, pero algo me decía que yo había vivido de lo más ajena a todo.

—¿Qué ha pasado, cariño? —le cogí la mano y se la besé.

—Sé muchas cosas que tú, desconoces.

—¿Te las han contado ellos?

—No, las he descubierto yo, y estoy segura de que, si se enteran de que yo lo sé, pueden hacerme algo feo —me saltaron todas las alarmas, cada vez tenía más claro que mi hermana sabía más que yo.

—Cariño, cuéntame todo lo que sepas y no te preocupes por nada, yo siempre te he creído y te creeré, pase lo que pase.

—Hermana, ellos no son nuestros padres biológicos.

—¿Qué estás diciendo? —No daba crédito a lo que estaba oyendo.

—Mamá, tanto en tu embarazo como en el mío, usó una barriga de silicona, de esas que se usan en las películas, todo esto lo he escuchado en conversaciones entre los dos y mamá, se reía de ello.

—Esto es una puta locura… —murmuré sintiendo que la cabeza me iba a explotar.

—Sabía que no me creerías —respondió con tristeza.

—No, cariño —la volví a abrazar —. Claro que te creo. Te voy a contar algo… Fue cuando yo tenía cinco o seis años y mamá, estaba embarazada de ti. Una noche me levanté, me metí en su cama y noté que no tenía barriguita, pero no dije nada. Por la mañana cuando fui a desayunar sí la tenía, entonces pensé que había sido un sueño, pero siempre se me quedó aquello grabado porque yo sentía que lo que había vivido era muy real. Esto que me has contado ahora, hace que todo encaje.

—Y, ¿recuerdas que María también estuvo embarazada a la vez que mamá lo estaba de mí?

—Sí, y lo perdió —me puse las manos en la boca. María era la persona que nos crio, desde que mis padres se casaron era la chica interna.

—María es nuestra madre —dijo llorando con mucha tristeza.

—Por eso siempre nos ayudó en todo… Siempre se preocupó de nosotras...

—Más que nuestra madre.

—Tienes razón.

—Lo peor de todo es que María, accedió a hacerlo porque la supervivencia de su familia en Colombia dependía de su sustento y con eso, se garantizaba un trabajo de por vida para mandar dinero. Papá, no podía tener hijos y se negaba a que fecundaran a mamá, con el esperma de un donante, así que lo fácil fue garantizarle a María un sueldo para que su familia pudiera vivir un poco más dignamente, sobre todo, a ella le preocupaba que su mamá tuviera para los medicamentos que necesitaba para su enfermedad de pulmones.

—Dios, menos mal que estoy sentada —murmuré mirando hacia abajo y con un dolor en el corazón que jamás había sentido.

—Hay más cosas, hermana… Ellos están metidos en asuntos ilegales provenientes de México.

—Ay Dios, que tú lo sabías.

—¿Tú también? —preguntó boquiabierta.

—Me enteré hace dos días —se me caían las lágrimas como a ella.

—Papá por las noches solía subir a la buhardilla. Yo, a veces lo seguía y me quedaba en las escaleras para escuchar y los chillidos eran enormes. Trataba a la gente muy mal y exigía en tono de amenaza. Una vez oí decirle a alguien que, si no quería terminar como el otro en un vertedero a cachitos, que hiciese lo que le estaba pidiendo.

—Creo que se está llevando también muchas vidas por delante.

—Muchísimas.

—¿Y mamá, lo sabe?

—Sí, además oír decir muchas noches a papá, que deberían de darle un premio a mejor actriz. Que lo de ser madre lo hacía cómo para un Oscar.

—Y, ¿por qué nos tuvieron?

—Para aparentar ser una familia feliz y afianzada ante el público, porque ya sabes que, a ellos, eso de la fama y de dar una imagen de tener una vida de lo más perfecta, como que les puede. Además, por lo visto, conmigo fue porque de esa manera a ella, no la trasladarían a Orlando, a otro programa que iba a comenzar allí. Algo así descubrí, pero no lo tengo claro.

—Tienes que salir de esa casa, te tienes que venir a vivir conmigo, ya inventaremos la excusa perfecta.

—No quiero dejar sola a María, se moriría de pena, sé que nos ama con todo su corazón.

—Madre mía, en qué problema estamos metidas… —Negué indignada y muy frustrada por todo.

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