Todo lo que nunca fuimos

Alice Kellen · Capítulo 42 de 116

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Todo lo que nunca fuimos

38. Leah

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LEAH

Aparté la mirada de él, incapaz de sostenérsela.

Un cosquilleo suave me atravesó. Un cosquilleo que llevaba su nombre, porque lo conocía demasiado bien: tantos años, tantos momentos…

Inspiré hondo y me dije: «Puedes controlarlo, puedes». Me puse en pie de golpe.

«¿Quería ser feliz?» Una parte de mí, sí. Quería.

Contemplé el paisaje. Estábamos en un pico que parecía ser el extremo del mundo, bajo el sol del mediodía. La forma del cabo se asemejaba a la cola de un dragón verde tumbado al borde del océano Pacífico, entre cañas de azúcar y macadamias. Me fijé en el color turquesa del agua, en las rocas escarpadas, en las formas de las pocas nubes que había…

—¡Leah! ¡Cuidado! —gritó Axel, pero no me dio tiempo a reaccionar y una ola gigantesca me empapó de los pies a la cabeza—. ¿Estás bien?

—¿Te estás riendo? —gemí.

—Joder…, sí. —Rio más fuerte.

—¡Serás…! ¡Serás…! —La palabra se me atascó en la garganta mientras me escurría la camiseta alejándome del borde del acantilado.

—¿Increíble? —Me siguió—. ¿Alucinante? ¿El mejor?

—¡Cállate ya! —le di un empujón sonriendo.

—Eh, no me toques, que no a todos nos apetece un baño a media tarde.

Miré su sonrisa perfecta, esa que tantas veces había recreado dibujando una luna menguante y el brillo chispeante de sus ojos, que eran de un azul oscuro, como el mar profundo, como un cielo de tormenta.

Temblé y no de frío, sino por Axel.

Por lo que siempre había sido para mí. Por los recuerdos.

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