Traicionada

Morgan Rice · Capítulo 12 de 25

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Traicionada

Doce

"¡Caitlin!"

En medio de su confusión, arrodillada allí, asfixiando a Cain, había algo en esa voz que la hizo reaccionar. ¿De dónde había salido?

Un hombre se adelantó por entre la multitud, llevaba una larga túnica y sostenía un bastón. Con su cabello largo y plateado y su barba igual de larga, parecía un profeta. Se quedó allí, con el ceño fruncido hacia Caitlin, notó un dejo de decepción en su voz.

"¡Suéltalo!", dijo con firmeza.

Cuando Caitlin lo miró a los ojos, sintió que había algo especial en este hombre. Sentía como si se tratara de un encuentro, como si ella lo conociera desde hacía muchas vidas. Y lo respetaba.

No pudo negarse. Lentamente, Caitlin lo soltó, Caín rápidamente aprovechó para escabullirse jadeando y ahogándose por debajo de ella, y salió corriendo hacia el bosque.

Caitlin se levantó y encaró a este hombre.

Aiden. Estaba segura de que era él.

"Sí, soy yo", dijo , respondiendo a sus pensamientos. "Y tú y yo tenemos mucho de que hablar."

*

Caitlin caminó en silencio detrás de Aiden por un sendero estrecho a través de los espesos bosques de la isla. Pollepel, empezaba a darse cuenta, era engañosamente grande: si bien el enorme castillo se alzaba en una esquina, el resto de la isla estaba totalmente cubierta con bosques.

Caminaron por uno y otro lado, por senderos de izquierda a derecha, arriba y abajo. Aiden mantenía un ritmo firme, varios metros delante de ella, y ni una sola vez desaceleró o se volvió para ver si ella lo estaba siguiendo.

Simplemente, debió suponer que sí. Tenía una personalidad magnética; había algo en él que Caitlin no podía ubicar, algo que la empujaba a seguirlo no importando tanto si ella quería o no. Se trataba de un líder.

A medida que escalaban, a lo lejos, Caitlin detectó destellos del río que corría por entre los árboles todavía desnudos de abril. La primavera estaba iniciando a su alrededor, y miles de árboles empezaban a brotar, coloreando el bosque con un brillante color verde claro. Este lugar era tan hermoso y, como una punzada, Caitlin se dio cuenta de que no quería irse de allí. La golpeó un miedo repentino cuando le pasó por la cabeza que él podría echarla de allí de una vez.

Ella no había tenido intención de atacar a Caín de esa manera. Pero no soportaba a los matones, y él era uno de los matones más repugnantes que jamás había conocido, y no pudo controlarse. Parecía como si siempre regresaba a lo mismo: el control de sí misma. Cuando ella era un humano, no podía hacerlo, cuando fue un mestizo, tampoco pudo- y ahora que era un verdadero vampiro, no lo estaba haciendo mejor. Cuando la rabia emergía en su interior, no podía controlarla. No conocía a Aiden, pero podía sentir que desaprobaba sus acciones.

Caminaron hasta la cima de un cerro y después por su otro lado. Caitlin vio a las familias de ciervos que saltaban en todas direcciones mientras se apresuraban a salir de su camino. Aquí debía ser donde la secta obtenía su cena todas las noches.

Al doblar en una nueva colina, una estructura finalmente apareció a la vista.

Encaramada en el borde del agua, en un claro de arena, había una pequeña estructura de piedra. Era del tamaño de una cabaña de una recámara, pero estaba construida con la misma forma antigua del castillo escocés en el otro lado de la isla. Allí debía vivir Aiden.

Aiden caminó adelante y entró a la estructura sin decir una palabra, abrió la pequeña puerta arqueada de estilo medieval y la dejó abierta para Caitlin.

Se le hicieron nudos en el estómago como si la hubieran llamado a la oficina del director. Probablemente se lo merecía. Sentía que había tenido razón de dar la cara por ella- y aun más importante por Polly- pero probablemente no debió haber empujado con tanta fuerza como lo había hecho. Debió haber golpeado a Caín y luego dejarlo ir. Pero ella no era así.

No podía dejar pasar las cosas. Al menos, estaba empezando a reconocer eso. Era algo por donde empezar.

Entró a la pequeña cabaña de piedra tenuemente iluminada; caminó por un pasillo estrecho hasta el despacho de Aiden.

Esta habitación también estaba tallada en una piedra medieval, tenía un techo abovedado y dos grandes ventanas arqueadas que daban al río. Era

simple y austera, y la vista era hermosa, el río parecía llenar toda la habitación.

Aiden se sentó frente a su escritorio y Caitlin se sentó en la silla frente a él.

Caitlin podía sentir la brisa del río entrar por las ventanas abiertas, y eso la refrescó. Se dio vuelta y se centró en Aiden.

Desde detrás de su escritorio, él la miraba fijamente. Era un hombre - o vampiro fuera de lo común. Era alto y ancho, y su largo cabello plateado, bien peinado, caía por debajo de sus hombros y se mezclaba con su barba.

Tenía intensos ojos azules que se fijaron en ella sin quitarlos. Parecía tener unos 60 años, pero ella sabía que era mucho más viejo. Éste era un hombre intenso. No era el tipo de hombre que parecía bromear. Nunca. No parecía severo- para nada. Solo no parecía frívolo.

Miraba fijamente a Caitlin, a los ojos, y ella sintió que él estaba buscando todo lo que necesitaba con sólo mirarla. La hacía sentirse incómoda. Se preguntó qué estaría descubriendo.

"Te acepté aquí", comenzó, con una voz profunda que sonaba oficial pero que, sin embargo, la relajó, "porque Caleb me lo pidió. Considéralo un favor a un viejo amigo. Me aseguró que serías armoniosa, alguien con quien llevarse bien, que te llevarías con el resto de mi cofradía. Como sabes, sólo somos 23 -24 ahora, contigo, y soy muy, muy selectivo para aceptar nuevos vampiros. Necesitamos vivir en armonía unos con otros si queremos llevarnos bien aquí."

"Yo no empecé la pelea", dijo Caitlin a la defensiva. "Caín empezó. ¿Por qué no lo reprendes? Él es un idiota."

Al segundo en que lo dijo, Caitlin sabía que tenía la razón, pero también sabía que, como siempre, había hablado antes de pensar y no debió ser tan dura.

"Caín tiene sus problemas, tienes razón. No excuso su comportamiento.

Pero no renuncio a mi gente, incluso si tienen problemas. De eso se trata esta cofradía. Tenemos que aprender a resolver nuestras diferencias, a superar nuestros defectos. Caín está trabajando en ello. No tan intensamente como debiera, lo admito. Pero él tendrá que rendir cuentas por sus acciones de hoy, te lo aseguro."

Caitlin empezó a hablar, pero él levantó la mano.

"A pesar de lo que puedas pensar, no te traje aquí para reprenderte. Por el contrario, estoy muy orgulloso de cómo te conduciste hoy y de cómo defendiste a Polly."

De repente, Caitlin sintió que todo su cuerpo se relajaba. Nunca, en toda su vida, había escuchado a alguien decir que estaba orgulloso de ella. Empezó a ver a Aiden de otra manera. Le gustaba. Parecía la figura del padre que nunca había tenido.

"Ya sé tu versión de los hechos. Y la de él. En verdad, lo vi todo antes de que sucediera", dijo enigmáticamente.

Eso realmente la impactó. ¿Podía Aiden ver el futuro? Y si era así, ¿por qué no la había detenido? Él la intrigaba más y más.

"¿Entonces, por qué estoy aquí?" preguntó Caitlin.

Aiden la miró por un momento y se volvió de pronto; miró por la ventana hacia el río y exhaló profundamente. Hablaba sin dejar de mirar hacia el agua.

"Ya era hora de conocerte, "dijo. "Contarte de este lugar. Supongo que Polly ya te contó", dijo esbozando una sonrisa. "A ella no le da miedo, cómo decirlo, tener una buena conversación."

"Pero hay algo más que necesitas saber. La isla Pollepel es un lugar muy especial. Soy muy selectivo para aceptar miembros nuevos y los entreno a fondo. Si bien todo el mundo aquí es un inadaptado, a su manera, y un paria para la comunidad de vampiros, todo el que sale de aquí es una fuerza a tener en cuenta. Y nosotros, colectivamente, somos una fuerza a tener en cuenta. No me gusta pensar que soy un líder. Prefiero verme como un mentor. Superviso todo el entrenamiento que se lleva a cabo aquí, y me aseguro que todos los vampiros se conviertan en lo mejor que puedan.

"Cuando salgas de aquí, te lo aseguro, será la mejor en todas las habilidades para la guerra de vampiros," dijo. "Lo curioso es que quien viene aquí nunca quiere irse, y nunca se va. Somos una banda aparte.

"También somos una familia, y yo tomo muy en serio los asuntos familiares. Entrenamos juntos, cenamos juntos, compartimos tareas y cuidamos las espaldas de los demás. Siempre. Y es exactamente por eso que la conducta como la de Caín no puede aceptarse. En muy raras ocasiones actúa de esa manera. Estoy seguro que la presencia de un nuevo miembro de la cofradía lo perturbó. No volverá a ocurrir, te lo aseguro."

Se echó hacia atrás y ordenó sus pensamientos.

"Si quieres quedarte aquí, si quieres ser parte de nuestra familia, hay ciertas reglas que debes seguir. Debes estar dispuesta a compartir nuestras cargas de trabajo. Debes estar dispuesta a montar guardia. Debes estar dispuesta a entrenar lo más que puedas, y a declarar un juramento de lealtad a tus

compañeros de cofradía. Tienes la libertad de irte en cualquier momento pero, si te vas sin mi permiso, no podrás volver nunca. Nos tomamos este asunto muy en serio, piensa seriamente antes de tomar una decisión precipitada."

Fijó sus ojos en ella.

La mente de Caitlin daba vueltas mientras lo pensaba todo. Ya estaba encantada de estar aquí, le encantaba Polly, le encantaba la isla, y Aiden realmente le gustaba. Pero también se sentía un poco nerviosa. ¿Nunca irse sin permiso? Empezaba a creer que éste podría realmente ser su nuevo hogar. Y lo más importante era que podría no volver a ver Caleb jamás.

Aún estaba furiosa con él, por supuesto, y una parte importante de ella sentía que él la había abandonado, que él amaba a otra persona, que ya ni siquiera le importaba. Entonces, a ella no debía importarle y no debía pensarlo dos veces.

Pero había una pequeña parte en ella que la incomodaba y se preguntaba.

¿Ella le importaba todavía? ¿Hubo un malentendido? Y si era así, ¿debería ir a verlo?

También había una parte en ella que todavía estaba preocupada por Sam.

Después de todo, él era su hermano, y lo habían tomado de rehén. Una parte de ella sentía que Sam la había traicionado y, de alguna manera, había conducido a Samantha a la Capilla del Rey para robar la Espada - e, incluso si ella lo encontrara, él podría no tener ningún interés. Pero aún así, había una pequeña parte que la molestaba y se preguntaba. ¿Estaba Sam en peligro? ¿Necesitaba su ayuda?

¿Y qué de su papá? Aun quería saber quién era, dónde estaba. Sentía que había estado muy cerca de encontrarlo. Quería regresar allí, mirar con mayor profundidad. Y si todo era verdad, si realmente ella era la Elegida,

¿no tendría algún tipo de misión especial ? ¿No debería estar por ahí salvando al mundo o algo así? ¿Era correcto quedarse aquí, segura y protegida en esta isla? ¿Especialmente mientras la guerra estallaba en Manhattan?

Quería quedarse, realmente, pero a una parte de ella le preocupaba de que tuviera un deber, una obligación de estar en otro lugar.

"Error", dijo Aiden de repente sobresaltándola, mientras leía su mente. "En este momento necesitas estar exactamente aquí."

La idea de que él podía acceder a su mente y escuchar exactamente lo que estaba pensando la asustó. Por supuesto que podía. Debía estar más

consciente de ello.

" Pero, ¿y mi hermano? " preguntó.

Lentamente, él sacudió su cabeza.

"Sam está bajo la órbita de ciertas fuerzas muy oscuras. Temo que no hay nada que puedas hacer por él ahora."

Alarmada, Caitlin se enderezó. "¿Qué quieres decir? Eso me hace pensar que él necesita mi ayuda."

"Es demasiado tarde," Aiden respondió con firmeza. "Sé que es difícil aceptarlo, pero debes hacerlo. Si tratas de ponerte en contacto con él, te lo aseguro, sólo te harás daño. Y a él. Si quieres salvarte a ti, y a otros, necesitas dejarlo ir ,"

"¿Y Caleb?", preguntó Caitlin tentativamente, casi con miedo. Quería saber si Caleb la necesitaba, y más importante aun, si él todavía la amaba. Pero tenía miedo de preguntar y consideró apropiado plantear una pregunta general.

Aiden respiró profundamente. "Él te dejó aquí por una razón. Aquí es donde él quiere que estés."

¿Qué significaba eso? ¿Significaba que aún la amaba? ¿Que él quería que ella estuviera segura y protegida? ¿O que quería deshacerse de ella?

"Tienes que dejarlo ir por ahora", dijo Aiden. "Debes concentrarse en tu entrenamiento. No puedes distraerte. Puedes darte cuenta de lo distraída que estás por él, y ese es un lugar muy peligroso para estar. Tus pensamientos deben estar claros. Completamente vacíos. ¿Me entiendes?"

Caitlin miró hacia abajo y sintió que sus mejillas se sonrojaban, se sentía avergonzada. Ella asintió lentamente.

"¿Y mi padre", preguntó Caitlin. "¿Es cierto que soy la Elegida? ¿Qué significa eso exactamente? ¿Significa que tengo que salvar a la raza de vampiros o algo así? ¿No hay algo que tenga que hacer? ¿Está mal que sólo me quede aquí?" preguntó ella, sus preguntas se sucedían una tras otras sin parar.

"Por cierto, tú provienes de un linaje muy especial", dijo Aiden lentamente."Tu padre es un hombre notable. Sé que deseas encontrarlo, y yo sé que él quiere verte. Y aun más importante, ciertamente eres la clave para encontrar el arma que salvará tanto a la humanidad como a la raza de los vampiros."

Caitlin lo miró fijamente.

"¿Qué quieres decir? ¿Creí que era la espada? ¿Creí que ya la habíamos encontrado?"

Él sonrió. "Veo que no has pensado con cuidado el acertijo. Estoy sorprendido."

Caitlin pensó. ¿El acertijo? ¿Qué había pasado por alto?

" La Rosa y la Espina", continuó. "¿No lo ves ? Hay dos lados en cada dinastía, en cada linaje. Caitlin y Sam. Y hay dos armas también. Un arma para atacar y un arma para protegerse. La espada es el arma para atacar.

Pero hay otra arma. Aun más poderosa: el arma para protegerme. The Rose and Thorn. La espina es la Espada. Y la rosa es el escudo."

"¿El Escudo?", preguntó Caitlin, asombrada.

"La espada puede acabar con la raza humana", dijo, "y parte de la raza de los vampiros. Pero el Escudo puede salvarlos a ambos. Y cuando encuentres a tu padre - cuando realmente encuentres a tu padre - él te guiará al Escudo."

La mente de Caitlin daba vueltas. Era mucha información para procesar.

"Entonces... ¿no debería estar allí? ¿No debería estar buscándolo? ¿Al escudo?"

Aiden sacudió su cabeza nuevamente. "Aun no lo entiendes. Nunca encontrarás a tu padre en esta vida."

Sorprendida, Caitlin se le quedó mirando.

"¿Qué quieres decir?"

"Tu padre vive en otro tiempo. En otro siglo. La única forma de encontrarlo sería regresar en el tiempo."

Caitlin abrió sus ojos. "¿Es eso posible?" preguntó.

"Para un vampiro, lo es. Pero no es algo que pueda hacerse a la ligera. Tiene un precio muy alto. Una vez que vas hacia atrás, no hay vuelta al presente.

Nunca. Todo lo que sabes, a quienes conoces, todos los recuerdos y experiencias- todo lo que está en esta vida- será borrado completamente.

Cuando regresas, empiezas todo de nuevo. Es irrevocable. Peor aún, no todos los vampiros sobreviven al viaje. Podrías morir en el intento.

"Y no hay garantía de que si regresas, encuentres a tu padre, o al Escudo.

No sabes con exactitud en qué momento o lugar él se encuentra ahora."

Sentada allí, la mente de Caitlin daba vueltas sopesando las implicaciones.

Se borra todo lo que sabe. Borrar a Sam y a Caleb. Este lugar. No podía hacer eso.

"Como ya dije, estás exactamente donde tiene que estar en este momento", dijo. "Necesitas sanar completamente y debes entrenarte. Dondequiera que sea que vayas, necesitas transformarte en la mejor que puedas ser."

Se levantó del escritorio y se paró delante de ella. Ella también se puso de pie, su encuentro estaba llegando a su fin.

"Me gustaría que fueras parte de nuestra familia", dijo, "si es que decides aceptar."

Caitlin no tenía que pensar mucho. No sólo no tenía otra opción sino también le gustaba todo lo que ya sabía sobre este lugar.

"Será un honor", respondió ella.

Él sonrió. "Excelente. Tu entrenamiento inicia hoy."

*

Caitlin estaba de pie en un gran círculo de vampiros en el patio interior del castillo. Este terreno debía ser un campo de entrenamiento porque la hierba estaba gastada y la tierra estaba suelta. Caitlin podía sentir el calor del suelo en este día cálido, nada común en abril. A pesar de que llevaba sus protectores para la piel, sentía que el sol brillaba con una intensidad que nunca antes había experimentado.

Toda su cofradía estaba fuera; los miembros estaban en círculo y en silencio, 24 en total. Recorrió sus rostros y le sorprendió lo diferente que todos se veían. Algunos eran más bajos, algunos más altos, algunos con pelo corto, otros con pelo largo, algunos con expresiones serias y otros se veían más relajados. Se dividían en partes iguales entre chicos y chicas- 12

de cada uno. Todos parecían estar en la adolescencia, aunque ella sabía que eran todos mucho más viejos. No podía ver sus rostros con claridad y le era difícil concentrarse porque estaba demasiado nerviosa. Todos se pusieron firmes, en perfecto silencio esperando a que Aiden iniciase el entrenamiento.

Aiden dio varios pasos hacia el centro del círculo y lentamente miró a su alrededor, observándolos a todos.

"Mis compañeros, "Aiden comenzó diciendo formalmente , "me da un gran honor presentarles un nuevo miembro de nuestra cofradía. Harán todo lo posible para que se sienta como en casa. Ella es una de nosotros ahora.

Todos, conozcan a Caitlin Paine."

A Caitlin nunca le gustaba ser el centro de atención y se sintió apenada por toda esta atención que recibía. Le apenó aún más ver a todos los vampiros lenta y formalmente inclinar la cabeza hacia ella.

De repente, sintió que algo rozaba su pierna, miró hacia abajo y se sintió apenada al ver a Rose entrar aullando al círculo.

Aiden sonrió. "Y, por supuesto, ¿cómo me pude olvidar? Rose. Parece que a ella también le gustaría que la presenten."

Rose aulló y la cofradía se echó a reir.

"Bien, entonces," Aiden dijo, "parece que ahora están presentes los 24 ½

miembros."

Rose salió del círculo y se acostó fielmente detrás de los pies de Caitlin, observando y esperando.

"Antes de comenzar", Aiden continuó, "hay alguien que quiere disculparse por sus acciones pasadas."

De pie en el lado opuesto del círculo, Caín caminó lentamente al centro.

Miró directamente a Caitlin con remordimiento y miedo en sus ojos. Se veía muy nervioso.

"Lo siento, Caitlin, " dijo. "No hay ninguna excusa para mis acciones.

Espero que me perdones."

"Te perdono", dijo Caitlin, y lo decía en serio. Ahora que lo miraba desde lejos, parecía una figura patética y se veía realmente arrepentido. No encontró ninguna razón para guardarle rencor. El pasado estaba en el pasado. Además, él tuvo la peor parte.

Caín se retiró de nuevo a su lugar en el círculo.

Aiden dio un paso hacia adelante, "Muy bien, vamos a empezar", gritó y de repente, todo el mundo entró en acción.

Caitlin se sentía desorientada y fuera de lugar mientras los otros vampiros se movían en orden hacia sus posiciones; todos tenían un compañero y las parejas corrieron a una sección diferente del patio. Cada uno agarró armas ubicadas fuera de los bastidores y, sin vacilar, comenzaron a combatir.

Caitlin se quedó allí mirando el frenesí de actividad, sin saber qué hacer. Se dio cuenta que no tenía un compañero.

"Me han asignado a ti," dijo una voz alegre.

Caitlin se dio vuelta y allí, de pie, a pocos metros detrás de ella, había un muchacho pelirrojo alto y delgado, cubierto de pecas, tenía pelo corto, orejas grandes y una enorme sonrisa. Nunca había visto a nadie tan feliz.

Casi parecía un personaje de caricatura.

"¿Asignado?", preguntó Caitlin.

"Yo soy tu compañero de entrenamiento, " dijo, y extendió una mano.

"Patrick", dijo.

Caitlin le estrechó la mano- su mano era larga y delgada, y estaba muy fría.

Caitlin no podía imaginar cómo podía ser un luchador.

"Oh, pero lo soy", dijo, respondiendo a sus pensamientos: "Puedo pelear muy bien. Pero eso lo tienes que descubrir tú," dijo con una sonrisa y un guiño mientras se daba vuelta y se echaba a andar hacia un rincón del patio.

Caitlin se sonrojó de la pena. Por supuesto, pensó Caitlin. Aquí todo el mundo puede leer mis pensamientos. Soy tan estúpida. Tengo que aprender a protegerme de ellos.

"No tengas pena," dijo, "te acostumbrarás. Sólo sígueme. Estás perdiendo tiempo. Aiden odia cuando la gente pierde tiempo", dijo, rebotando.

Caitlin se apresuró para alcanzarlo.

"Comenzamos con las espadas", dijo; al llegar a la pared del fondo, agarró dos espadas largas de bambú y le lanzó una. La tiró rápido y con fuerza, y Caitlin se sorprendió de sus propios reflejos, por la rapidez para reaccionar y agarrarla a pleno vuelo sin mayor esfuerzo. Era mucho más rápida de lo que creía.

"Siempre iniciamos el día con espadas", agregó. "Más tarde, cambiamos a las lanzas."

Caitlin oyó el clic -clac a su alrededor y vio a los otros vampiros peleando con las espadas de bambú, luchaban y bloqueaban más rápido de lo que había visto antes. Saltaban sobre las cabezas de los otros, volaban, rodaban, saltaban, aterrizaban, abordaban... Eran rivales similares y en muchos casos iban golpe a golpe. Cuando daban los golpes, se escuchaba el sonido distintivo del bambú en la piel. Parecía que dolía.

Caitlin estaba a punto de descubrirlo por sí misma.

"¡Ay!" gritó, al sentir el repentino ardor del bambú en la cadera.

Se dio la vuelta y vio a Patrick de pie, sonriendo, acababa de golpearla con fuerza en el costado.

Tenía las mejillas sonrojadas por la ira. "¿Qué fue eso?"

Él no contestó y le pegó otra vez. En el último segundo, ella levantó su espada y, con un sonido fuerte del bambú, paró el golpe, justo antes de que tocara su hombro. Él fue muy rápido. Se dio cuenta de que él podía luchar después de todo.

"La hora para hablar ha concluido", dijo Patrick. "¡Ahora pelearemos!"

Totalmente concentrada, Caitlin lo enfrentó, tomando la empuñadura con ambas manos. Llena de ira, cargó directamente hacia él estirándose lo más que pudo para llegar a su hombro.

Hábilmente, él la esquivó y la golpeó con fuerza en las nalgas.

Caitlin sintió el dolor. Rápidamente, giró, ahora estaba el doble de furiosa.

Y encima, él seguía sonriéndole. Nada parecía perturbar a este muchacho.

"Telegrafías todo lo que vas a hacer", dijo. "Vi ese golpe venir a una milla de distancia."

Caitlin cargó como un toro, golpeando en todas direcciones. Pero él bloqueó golpe tras golpe y luego brincó sobre ella con un salto mortal y la golpeó en la espalda.

Ése realmente dolió, Caitlin se dio vuelta, furiosa.

"Sólo porque te enojas, no quiere decir que eres buena", dijo. "Tienes que aprender a controlar tus emociones. No te van a servir en el campo de batalla."

Caitlin iba a atacar de nuevo pero algo en sus palabras le llegó. Tenía razón.

Estaba moviéndose con rabia y no estaba pensando con claridad.

" Aprovecha tu ira. Haz que funcione para ti. No trabajes para ella. No la dejes ir. Sólo contrólala. Lucha con ella."

Caitlin lo enfrentó nuevamente, daba golpe tras golpe que él bloqueaba con precisión. Caitlin empezaba a entender lo que él le estaba diciendo. Su rabia todavía estaba allí, pero no estaba tan fuera de control. La bajó un punto. Y

empezó a ver todo con mayor claridad, a sentirse más centrada.

Ella lanzó un golpe especial y él lo bloqueó, asegurándolo con su espada y lo sostuvo. Se quedaron allí, en un punto muerto, a pocos centímetros de la cara del otro.

Ella lo miró a la cara y pudo ver que aun sonreía, era exasperante.

"Entonces," él gruñó con un tremendo esfuerzo, mientras se esforzaba por contener la espada de Caitlin, "¿tienes novio?"

La tomó tan por sorpresa que perdió su concentración, él aprovechó para agacharse y sacarle la pierna. Caitlin aterrizó de espaldas sobre el suelo, levantando una nube de polvo. Levantó la vista y vio la punta de su espada en su garganta.

Por supuesto, él seguía sonriendo.

"Pierdes tu concentración muy fácilmente", dijo, y en un solo movimiento se agachó, agarró la mano de Caitlin y la levantó. "Demasiado fácilmente.

Algo te está distrayendo."

Caitlin se dio cuenta que tenía razón. Caleb. Él todavía se movía en la periferia de su conciencia. Este entrenamiento la estaba ayudando a olvidar pero, aún así, no sentía que estaba completamente concentrada. Por un momento, el ejercicio intenso la había sacado de su tristeza. Pero, aún así, seguía ahí.

"Mente vacía", la reprendió. "Si hay algo allí, nunca serás capaz de pelear."

Ambos se quedaron por un momento jadeantes, agotados, tomando un descanso. Ella se limpió el sudor de su frente, sabía que él tenía razón. Su mente estaba llena. Estaba distraída.

"Pero no estaba diciendo solo eso, tú sabes", añadió. "Realmente me gustaría invitarte a salir."

Ella lo miró, y él seguía sonriendo, y ella pudo ver que lo decía en serio.

Excelente. No había estado ni siquiera una hora y ya tenía problemas de chicos. Se acababan de conocer. Ni siquiera hacía una hora desde que se presentaron. ¿Cómo podía ya querer salir con ella? ¿Así actuaban todos los vampiros? ¿Todo se mueve tan rápido en este mundo? Era alucinante. Ni siquiera conocía las formalidades de los vampiros.

Le gustaba Patrick, sí, pero solo como un amigo. ¿Cómo podía decírselo?

Sí, sonaba raro. En esta isla no había realmente ningún lugar adonde ir.

"Lo siento, Patrick," dijo en voz baja: "Estoy comprometida."

"Ya veo," dijo, asintiendo con la cabeza, sin dejar de sonreír. "Bueno, tal vez cambies de opinión."

"Tal vez", dijo Caitlin, sabiendo que nunca lo haría. Pero no podía decepcionarlo con tanta dureza. Después de todo, era una isla pequeña.

Afortunadamente, su desilusión no pareció interrumpir su entrenamiento.

Lucharon durante horas y más horas, al igual que todos sus compañeros de cofradía, parando golpe tras golpe. De vez en cuando, Patrick le daba alguna orientación, alguna palabra de sabiduría. Era evidente que sabía lo que estaba haciendo. Y era bueno. De tan solo verlo, nunca habría esperado que él fuera capaz de luchar, para nada. Estaba realmente sorprendida.

Finalmente, justo cuando estaba llegando a un punto de agotamiento y se preguntaba cuánto tiempo más seguirían entrenando, escuchó una campana.

Patrick, y todos los vampiros a su alrededor, rápidamente dejaron caer sus armas y salieron corriendo en una sola dirección.

Caitlin se quedó perpleja.

"¡Almuerzo!" Patrick le dijo por encima de su hombro, mientras se dirigía hacia el gentío.

Gracias a Dios, pensó. Necesitaba un descanso.

Mientras Caitlin seguía al grupo hacia el extremo más alejado del patio, Polly se acercó a su lado. Como de costumbre, Polly tenía una gran sonrisa en su rostro y sus ojos brillaban.

"Chica con suerte", dijo Polly.

Caitlin la miró, sin saber de lo que estaba hablando.

"Patrick es tu compañero de entrenamiento," dijo.

Caitlin siguió la mirada de Polly hacia Patrick, inmediatamente se dio cuenta de que a Polly le gustaba.

"He tratado de llamar su atención durante años", dijo Polly "pero él no parece darse cuenta."

Uh oh. A Caitlin le preocupó de que Polly podría estar celosa, podría no querer ser nunca más su amiga-y todo por un chico que a Caitlin ni siquiera le gustaba.

"¿En serio?" Preguntó Caitlin, sinceramente sorprendida. "Pero eres tan bonita. Y él es tan..."

Por suerte, Caitlin se detuvo antes de que pudiera decir nada más.

Polly la miró con preocupación. "Él es tan...¿qué?" preguntó.

Caitlin trató de pensar rápidamente una manera de salirse del brete.

"Él es tan... bueno... lo que quise decir fue que... él es tan... apropiado para ti. Me sorprende que ustedes dos no estén juntos."

Polly abandonó su preocupación y volvió a su alegría habitual.

"Lo sé, ¿verdad? No tiene ningún sentido. Tampoco es como si estuviera con alguien más."

Llegaron al final del patio y Caitlin vio una mesa de piedra grande, circular, con bancos de piedra a su alrededor. Todos los miembros de la cofradía ya estaban sentados, cuando Caitlin se acercó a la mesa, Polly la tomó del brazo y la llevó a un asiento a su lado. Caitlin estaba agradecida de tener una amiga con quien sentarse, porque todavía se sentía un poco intimidada por el grupo grande, y no conocía a la mayoría.

"Ella es Madeline," Polly dijo, "y él es Harrison."

Caitlin miró a su izquierda y vio a una chica increíblemente bonita, con su pelo lacio negro y ojos negros junto un chico con una barba corta y rubia y el pelo rubio rizado. Ambos sonrieron, extendieron sus manos y estrecharon la de Caitlin. Aquí todo el mundo se veía muy amable.

"Y él es Derrick y ella, Sasha", dijo Polly, señalando a su derecha.

Caitlin los miró y ellos sonrieron, asintiendo con la cabeza. Ella asintió con la cabeza también. Ambos eran bajos y robustos, tenían el pelo castaño y ojos verdes, y sus sonrisas eran enormes. Desde su asiento, Caitlin pudo sentir lo amables y cálidos que eran.

Caitlin empezó a preguntarse si todo el mundo tenía una pareja. Comenzó a sentirse un poco cohibida.

Polly estaba a punto de presentarle a los demás, cuando de pronto Patrick se deslizó y se sentó entre ellas.

"Y yo soy Patrick," dijo la voz.

Caitlin se volvió y vio que Patrick se había deslizado en el asiento a su lado.

Estaba a pocos centímetros de distancia, sonriéndole de nuevo. "Pero tú ya lo sabías", añadió con un guiño.

Uh oh, pensó Caitlin. Se sentía incómoda. Le gustaba mucho Polly y no quería que creyera que a ella le gustaba Patrick. Tampoco quería que pensara que ella, Caitlin, le gustaba a Patrick porque eso seguramente la pondría celosa. Quería ver a Polly feliz y, además, a ella no le gustaba Patrick. Tenía que encontrar una manera de que Polly le gustase a Patrick.

Pero por ahora, sólo tenía que afrontar este almuerzo.

Cuando sonó una campana, todos se levantaron de la mesa y se dirigieron a una gran losa de piedra, sobre la cual había carne cruda presentada estilo buffet. Caitlin siguió de cerca a Polly, quien agarró un gran trozo de carne y lo puso sobre un plato y tomó una jarra de líquido. Caitlin hizo lo mismo.

Caitlin siguió a Polly de regreso a la mesa, sosteniendo su propio plato y su jarra. Patrick las seguía.

Cuando todos estaban a punto de sentarse, en el último segundo, Caitlin cambió lugares con Polly, para que Polly estuviese sentada en el medio, justo al lado de Patrick, y Caitlin del otro lado.

Vio que Patrick estaba decepcionado pero Polly estaba contenta. Caitlin sonrió para sus adentros. Al menos mantendría a Patrick una persona lejos de ella y ayudaría a que toda la situación fuera menos incómoda.

Caitlin miró a su alrededor y vio cómo sus compañeros de la cofradía levantaban su carne con sus manos, mordían con sus colmillos, y succionaban la sangre. No masticaban-sólo mordían y succionaban.

Caitlin lo intentó. Al principio, manejar la carne cruda le resultaba asqueroso pero cuando mordió y succionó, sintió la sangre correr por su garganta y se sintió rejuvenecida y fresca. Sintió que su poder regresaba.

Vio a los miembros de la cofradía beber de sus jarras y ella miró la suya.

Estaba llena de un líquido de color rojo oscuro. Sangre, supuso.

Probablemente, la sangre de los ciervos.

Caitlin bebió y, aunque al principio le disgustó el sabor salado del líquido espeso, le encantó la dosis de poder que le brindaba y lo bebió todo. Se sentía completamente recuperada.

Caitlin escuchó lloriquear y vio a Rose sentada a su lado. Caitlin le dio los restos de carne, y Rose se la comió felizmente.

Inmediatamente, se quejó queriendo más. Madeline y Harrison tomaron sus restos y los tiraron hacia Rose, al igual que Polly y Patrick. Pronto todo el mundo estaba lanzando sus restos, y Rose se sintió en un día de campo mientras se hartaba de pieza tras pieza de carne cruda.

"Todo va a mejorar", dijo Polly, "Sí, hay mucho entrenamiento, pero nosotros, los vampiros, también sabemos cómo divertirnos. Habrá juegos más tarde por la noche."

Caitlin no estaba preocupada. Realmente había disfrutado el entrenamiento y le encantaba estar allí. Le fascinaba el ejercicio, estar al aire libre, ver agua por todos lados. Le gustaban todos sus nuevos compañeros y, por primera vez en lo que podía recordar, se sentía como si estuviera en casa.

Realmente en casa.

Y fue entonces cuando lo vio.

Por el rabillo del ojo, Caitlin notó una figura a lo lejos, caminando por la orilla de la playa de arena. Al principio, estaba segura de que era una especie de ilusión. ¿Quién podría estar caminando por ahí? Daba por supuesto que toda la cofradía estaba alrededor de la mesa, y volvió a mirar con mayor atención. Al mirar alrededor, se dio cuenta de que un asiento estaba vacío. Sólo 23 estaban presentes.

Caitlin observó la figura solitaria, caminando por la orilla y se sintió completamente paralizada. Cinco pies diez, vestido de negro, él era más pálido que los demás, con el pelo castaño ondulado un poco largo, y grandes ojos verdes. Incluso desde esta distancia, se dio cuenta de que había algo en él, algo sorprendente, fuera de lo común- diferente a todos los demás. Caminaba despacio, mirando el agua y les daba la espalda. Caitlin no podía apartar la mirada de él.

Polly notó su mirada fija en la orilla. Se inclinó hacia Caitlin. "Entonces, ya lo viste, ¿verdad?" Preguntó. "Es el esquivo número 24. Al menos, cuando viene por aquí."

"¿Cuando viene por aquí?", preguntó Caitlin.

"La mayoría del tiempo se mantiene aparte. Casi nunca entrena con nosotros, y tampoco come con nosotros. Incluso duerme en un área aparte.

La mayoría del tiempo camina por la orilla, mientras mira hacia el río.

Nadie sabe lo que está pensando. Èl redefine al 'solitario'."

"Pero, no entiendo", dijo Caitlin. "Creí que todos teníamos que entrenar juntos, comer juntos-"

"Blake es la excepción", dijo Patrick, en tono de burla, "Aiden siempre está haciendo excepciones con Blake. No sé por qué. Él debería seguir las mismas reglas. No es justo, cuando lo piensas."

" Oh Patrick, no tienes por qué ser tan duro", dijo Polly. "Blake es una muy buena persona. Sólo le gusta estar solo."

"¿Pero por qué?", preguntó Caitlin.

Pero ya sabía la respuesta. Desde esta distancia, con su vista de vampiro, pudo verlo en sus ojos. Este vampiro estaba completamente perdido en el pasado. Había sufrido mucho, podía notarlo, y cualquiera que fuera la razón de su angustia, nunca había podido superarla. Y, probablemente, nunca lo haría.

Era extraño pero, incluso desde esta distancia, Caitlin podía percibir todo lo que él estaba sintiendo. Y sintió que la invadía una tristeza abrumadora. Por un lado, le dio miedo pero, por otro lado, se lo agradecía porque le permitía olvidar su propia tristeza por Caleb.

En ese momento, Blake, como si la intuyera, se volvió de repente y la miró directamente a los ojos. Sus miradas se encontraron e, incluso desde esta distancia, Caitlin quedó paralizada. Luego, con la misma rapidez, él se volvió y se alejó rápidamente.

Caitlin sintió un escalofrío en su espalda. Sabía que si quería seguir siéndole fiel a Caleb, necesitaba estar muy lejos de esa persona.

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