Traicionada

Morgan Rice · Capítulo 13 de 25

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Traicionada

Trece

Con una furia de fuego, los ojos de Sam se abrieron de golpe. Miró a su alrededor, no tenía idea dónde estaba. Sentía como si tuviera una película sobre sus ojos, como un filtro. Algo era muy, muy diferente.

Se dio cuenta de que estaba en un enorme cuarto de piedra. Aunque estaba en penumbras, podía ver todo con claridad. Como si tuviera vista nocturna.

Pero era más que eso. No sentía que fuera el mismo. Sintió un nuevo tipo de poder corriendo por sus venas, a través de todos los poros de su cuerpo. Su sentido del olfato se había agudizado, como su sentido del oído. Se sentía furioso. Enjaulado. Sentía la necesidad de destruir algo.

Con su sentido del tacto agudizado, pudo sentir, sin necesidad de mirar, que tenía sus brazos y piernas esposadas. Sintió el frío del metal cortando su piel. Y también sabía, instintivamente, que tenía la fuerza para romperlos.

Con un pequeño tirón de las muñecas, arrancó las cadenas de la pared.

Bloques de piedra salieron volando. Su fuerza era increíble.

Y entonces vio, justo en frente a él, lo que no había visto antes. Samantha.

Estaba allí de pie.

Una parte oscura de él la reconoció, pero otra parte no. La reconoció en el fondo de su mente , pero la parte delantera de su mente, sintió algo más por ella. Ella era de su misma especie. Quien sabe qué significaba eso.

Ella dio dos pasos hacia él y puso sus manos en su mejilla, trataba de que se concentrara en ella.

"Sam, ¿puedes oírme?" preguntó. "Necesito que me mires. Concéntrate en mí. Necesito que me escuches."

Él sintió el roce de sus manos en las mejillas, y no le gustó-no quería que nada ni nadie lo tocara.

En un movimiento rápido, quitó las manos de Samantha de su cara.

Con los ojos muy abiertos, ella dio dos pasos hacia atrás y lo miró fijamente, estaba sorprendida. Lastimada.

"No me toques", Sam gruñó. Él se sorprendió al oír su propia voz. Ahora era muy profunda, gutural. Parecía la voz de un animal.

"Sam, por favor, tengo que explicarte lo que te está pasando", dijo. "No tengas miedo-"

"No tengo miedo," gruñó, dando un paso hacia ella, sentía su rabia. "Podría aplastarte en un instante si quisiera."

Ella dio un paso atrás, y él vio el miedo en su rostro.

"Sam, por favor, escucha. Estoy de tu lado. Confía en mí. Tienes que confiar en mí. Te convertí. ¿Me escuchas? Tuve que convertirte."

Me convirtió, pensó Sam.

Sobrecargado de emoción y hormonas, su cerebro intentó registrar lo que estaba diciendo. Me convirtió. Una parte de él empezó a recordar. Estaba encadenado. Samantha entrando en la habitación. Sus colmillos... Sí, ahora recordaba.

Él la miró con un odio que le era novedoso.

Ella dio otro paso hacia atrás.

"Por favor, Sam, tienes que entender", dijo. "Tuve que hacerlo. No tenía otra opción. Iban a matarte. ¿Me escuchas? Ellos iban a matarte."

Matarme, pensó Sam, mientras él se acercaba a Samantha, dispuesto a matarla, algo en sus palabras, en su tono, lo hizo detenerse. Matarme. Iban a matarme.

Ahora recordaba. Los vampiros. La cofradía. Lo tomaron de rehén.

"Te salvé", dijo Samantha. "Yo te salvé de ser asesinado. Tuve que hacerlo."

Me salvó, pensó. Y entonces todo empezó a tener sentido. Ella lo había salvado. Podía recordar ahora. Ella no era el enemigo.

Finalmente, Sam dejó de acercarse a ella y sintió como sus cejas se relajaban mientras su furia cedía un poco.

Ella debió notarlo porque dejó de caminar hacia atrás.

"Lo que te está pasando es normal", dijo. "Puede ocurrir al inicio cuando te convierten. Contigo, es más intensa aun porque tuve que hacerlo muy rápidamente. Simplemente no era el momento."

De repente, Sam sintió un dolor terrible en su cabeza, a través de sus músculos. Se agachó, tomándose la cabeza entre las manos y gimiendo de dolor.

Samantha corrió hacia Sam y se puso en cuclillas junto a él, colocando su mano en su espalda.

"Sam, lo siento mucho", dijo. "El dolor, va a desaparecer. Confía en mí.

Todo va a estar bien. Pero, ahora, tenemos que salir de aquí. No tenemos mucho tiempo."

Sam oyó vagamente sus palabras, pero el dolor era insoportable. Le era muy difícil prestarle atención.

"Sam, ¿me oyes? Tenemos que escapar. ¡Tenemos que salir de aquí! Solo nosotros dos. No hay-"

De repente, se escuchó un golpe en la enorme puerta de roble.

Samantha miró por su hombro, mientras Sam la ignoraba, sin soltar su cabeza por el dolor.

El golpeteo era más y más fuerte.

Con cada golpe, Sam hacía una mueca. El dolor estaba haciendo estragos en su cabeza. No podía soportar el ruido.

"¡Sam, ya están aquí!", dijo ella. "Van a tratar de matarnos. Necesito que salgas. Necesito que me ayudes. ¡Tenemos que luchar!

El golpeteo se repitió y el dolor rebotaba en la cabeza de Sam. Sam no lo podía aguantar más. De repente, se levantó de un salto, cargó contra la puerta y, con su fuerza sobrehumana, la arrancó por completo de sus goznes.

Del otro lado de la puerta, había un grupo de despiadados vampiros ejecutores, ya habían visto los guardias muertos. Era obvio que habían llegado para matar a Sam y a Samantha.

Pero Sam no les dio una oportunidad. Mientras todos estaban boquiabiertos, sorprendidos por su fuerza para arrancar la puerta, con ambas manos, Sam levantó la pesada puerta sobre su cabeza y cuando lo atacaron, la hizo girar.

Lanzó la puerta contra ellos, haciéndolos volar a través del cuarto.

Ellos chocaron contra la pared del fondo, golpeándose con fuerza y cayendo al suelo. Luego, Sam se estiró hacia atrás y tiró la puerta sobre ellos y los aplastó.

Sam sintió la ira corriendo por todos sus músculos, se echó hacia atrás y rugió. Era un sonido horrible que llenó toda la habitación y obligó a Samantha a taparse los oídos. Él estaba furioso.

Desde el otro lado de la habitación, Samantha miraba en estado de shock al monstruo que ella había creado.

Pero Sam ni se dio cuenta. Quería matar y sus sentidos recién descubiertos le indicaron dónde ir.

Saltó al pasillo y corrió por el corredor, cubriendo 20 pies de un salto.

"¡Sam!" ella gritó detrás de él.

Él no se volvió.

"Sam, ¡ése es el camino equivocado! ¡Es el camino de regreso a la cofradía!

Tenemos que salir de aquí. ¡Tenemos que escapar! ¡Regresa! ¡Estás corriendo directamente al avispero!

"¡Perfecto!" Sam gritó, sin volverse, mientras subia corriendo un tramo de escaleras de un solo salto.

Sam no quería huir del peligro. Quería encontrárselo. Con las dos manos. Y

destrozarlo miembro tras miembro.

*

Sam se abrió camino a través de los estrechos corredores de piedra debajo del Ayuntamiento, corría a ciegas. Sabía exactamente dónde ir, podía sentir donde estaba el nido de vampiros. Quería derramar sangre. Quería pelear.

Estas personas eran las responsables de que estuviera alí, eran los responsables de su cautiverio. Quería hacerles pagar. A todos ellos.

Sam saltó por otro corredor y otro tramo de escaleras hasta un enorme conjunto de puertas dobles. Sin dudarlo, saltó y arrancó cada puerta de su bisagra, echó la cabeza hacia atrás y rugió.

Era un sonido horrible que sacudió todo el piso de la cámara.

Todos y cada uno de los miles de vampiros se volvieron. El despliegue de fuerza de Sam sacudió incluso a estas criaturas maliciosas. No era un vampiro más. El poder que tenía, el sonido de su voz- era evidente que tenía algo especial.

Antes de cualquiera pudiera reaccionar -incluso con sus habilidades con velocidad de rayo- Sam ya se había acercado a la multitud y había arrancado las cabezas de diez vampiros. Dio una vuelta por la sala, en todas direcciones, causando estragos por doquier. Sus manos se convirtieron en armas. Sus uñas se extendieron como garras. Sus músculos se endurecieron como hierro y acero. y cualquiera que intentaba atacarlo salía rebotando.

Era como una rueda de destrucción, creando el pánico y el caos por todos lados.

Pronto los vampiros se alteraron tanto que se atropellaban unos contra otros mientras corrían en todas direcciones tratando de escapar.

Algunos de la cofradía intentaron un esfuerzo concertado para devolver el golpe. Grupos enteros se coordinaron contra Sam y se abalanzaron sobre él.

Pero él simplemente se echó hacia atrás y levantó los brazos; todo el grupo se fue volando por la habitación. Era una máquina de destrucción en un solo hombre.

Kyle tomaba nota. Se puso de pie en su trono, en lo alto del centro de la sala, y observaba. Este era un vampiro diferente a cualquier que hubiera

enfrentado y pronto se dio cuenta que se trataba de Sam. Esa perra.

Samantha. Lo había convertido. Y está claro que este chico tenía poderes que nadie había previsto. Estaba destruyendo la mitad de su ejército con una sola mano. No podía permitírselo.

Kyle saltó del trono, aterrizando en medio de la multitud, y quitó a los vampiros de su paso. Era un ejército lamentable. Ni siquiera podían pelear contra un muchacho.

Kyle empujó y empujó su paso y pronto llegó hasta Sam.

Sam echó el brazo hacia atrás y lo lanzó a la cara de Kyle. Con su velocidad y potencia increíbles, Kyle fue capaz de bloquearlo- pero no por mucho tiempo. Kyle se sorprendió de la cantidad de fuerza que corría por el brazo de Sam. Nunca había visto algo así.

Trató de empujar a Sam hacia atrás y Kyle se sorprendió aun más porque Sam no retrocedía. En cambio, Sam empujó a Kyle, quien fue volando varios metros hacia atrás.

Sentado sobre el suelo, Kyle estaba verdaderamente asombrado. Nada parecido había sucedido antes. ¿Qué era este chico?

Kyle tomó carrera, saltó en el aire y pateó a Sam, y plantó ambos pies en su pecho, enviándolo volando hacia atrás. Sam estaba conmocionado.

Kyle sacó la Espada y la apuntó a la garganta de Sam, estaba listo para matarlo.

Pero algo lo detuvo. Cuando estaba a punto de apuñalarlo, Sam desapareció ante sus ojos. Lo que vio en su lugar fue su ex esposa. Keira. No la había visto desde hacia cientos de años. Él la había amado muchísimo y verla le provocó una mueca de dolor. ¿Cómo había llegado aquí ? ¿Dónde había ido a Sam?

Antes de que pudiera responder estas preguntas, Kyle sintió que dos fuertes pies aplastaban su pecho y lo arrojaban volando hacia atrás por la habitación. Se golpeó la cabeza contra su propio trono. Se sentó sobre el suelo sin saber qué hacer.

Vio a Keira atacarlo y luego la vio transformarse en Sam. Y se dio cuenta de lo que había sucedido.

Cambio de forma. Sam tenía ese poder.

Kyle se quedó pasmado.

Sam se lanzó hacia la cara de Kyle, pero Kyle se agachó justo a tiempo.

Bien que lo hizo porque el golpe de Sam arrancó un pedazo del trono.

Kyle todavía no podía sobreponerse al poder del chico. No podía matarlo ahora, en absoluto. No con este tipo de poder. Necesitaba aprovecharlo; lo necesitaba como un soldado.

Sam llegó de nuevo a la carga y, esta vez, Kyle rápidamente extrajo de su cinturón un arma secreta: una red de plata. Cuando Sam se lanzó sobre él, Kyle se la arrojó mientras salía del paso.

La red se expandió al instante envolviendo a Sam y enredándolo por completo.

Completamente envuelto en la red, Sam se retorcía pero no podía salir. Por supuesto que no podía: la plata inmovilizaba a todos los vampiros. Era el arma favorita de Kyle para capturarlos con vida.

Mientras Sam se retorcía sobre el piso, uno de sus soldados, empapado de sangre, corrió hacia Kyle.

" Mátalo, señor mío!" gritó.

"No," Kyle respondió con calma, todavía respirando con dificultad. "Sus poderes son extremadamente raros. Lo necesitamos." .

En ese momento, se escuchó otro golpe en la puerta, Samantha entró a la sala, agarró a Sergei desde atrás, y con una daga de plata le apuntó a su garganta.

Todos los ojos se volvieron hacia ella, el ambiente era tenso.

"Si matas a Sam, mataré a Sergei!" le gritó a Kyle.

Kyle sonrió para sus adentros. La vida de Sergei no le importaba en absoluto y la idea de que ella creyera lo contrario, le divirtió. Ella no sabía que a Kyle también le interesaba mantener a Sam con vida.

"Yo no voy a matarlo", dijo Kyle. "Suelta a Sergei, tampoco voy a matarte a ti. "

"¿Cómo sé que no estas mintiendo?" preguntó Samantha con cautela.

"El cambio de forma es una habilidad que no he visto en siglos. No lo quiero muerto. Quiero que sea mi soldado."

Samantha sabía que estaba diciendo la verdad. Dejó ir a Sergei quien rápidamente se escabulló entre la multitud. Samantha se acercó a Kyle.

"Suéltalo", ella le ordenó

Kyle la miró con recelo.

"Está bien," dijo ella caminando hacia la red y a sólo unos pies de distancia de Sam, le dijo. "Sam, ¿me oyes? Todo está bien. La matanza ya acabó. La venganza también. Todo está bien ahora. Van a dejarte ir pero no debes

matar. Eres uno de los nuestros. Eres un soldado. Hay otros a quienes matar.

Pero no a los nuestros."

"¿Cómo puedo asegurarme que no va a matar?", preguntó Kyle.

"Yo respondo por él", dijo ella.

Tras una larga pausa, Kyle asintió, y varios de sus hombres se adelantaron y arrancaron la malla.

Sam saltó nuevamente, listo para más, pero Samantha lo tomó por detrás y puso su mano fría sobre su rostro, tranquilizándolo. Volvió el rostro de Sam hacia ella para obligarlo que la mirara a los ojos.

"Sam, escúchame," dijo ella. "Ellos no son el enemigo."

Sam la miró, tratando de pensar, de escucharla.

"Ten paciencia", dijo. "Habrá muchos qué matar más tarde."

Muchos más que matar. Sam sonrió ante la idea. Sí, podía esperar.

Después de todo, era sólo el inicio.

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CATORCE

Caleb voló sobre el cielo nocturno de Manhattan, su hermano Samuel iba a su lado, y docenas de sus hombres detrás. Protegido con el manto, Caleb apretaba fuertemente el bastón con una mano mientras que su hermano esgrimía el guante. Portaban armas contra las que pocos vampiros eran capaces de defenderse. Sin embargo, Caleb sabía que no eran tan poderosas como la Espada y, si la espada estaba en el campo de batalla, la suerte les jugaría en contra.

Además ellos eran una docena de soldados mientras que Kyle tenía miles a su disposición. Si tan solo la cofradía de Caleb no hubiera sido tan cerrada; podrían estar conduciendo a miles de vampiros a la batalla y, con el impulso, podrían incluso ganar esta guerra. Con esta pequeña fuerza de combate, sin embargo, Caleb sabía que era una misión suicida.

Sin embargo, tenía que intentarlo. ¿Qué otra opción tenía? No podía simplemente sentarse y esperar a que invadieran completamente Nueva York y todos los humanos muriesen sin hacer nada. Y no podía permitir que Kyle ganara fuerza. Los jueces eran demasiado cerrados de mente para darse cuenta. Esa fue su decisión. Pero Caleb, como lo había hecho durante siglos, no esperaría el permiso de nadie. Volaría directamente a la batalla, dejando todo el miedo detrás de ellos y aceptando lo que fuera a pasar.

Caleb miró por arriba de su hombro a Samuel y se dio cuenta de lo agradecido que estaba por tener a su lado un hermano como él. A lo largo de los años, Samuel siempre había estado allí, siempre listo para volar junto a él sin titubear hacia la batalla. Compartieron algunos momentos difíciles.

Pero los dos siempre se las arreglaban para salir airosos.

Una vez más, Caleb estaba pensando en Caitlin. Nunca pasaba mucho tiempo sin que pensara en ella. Se sentía muy mal por el malentendido y, más que nada, le dolía pensar que creyera que él sentía algo por Sera. Más que nada, quería aclarar las cosas. Pensó en la carta que le había enviado y se preguntó si la recibiría y la leería. Cuando esta guerra terminase- si es que alguna vez termina, y si la sobrevivía- regresaría con ella y trataría de explicarle. Todo lo que quería era irse lejos de todo esto y vivir juntos en armonía en algún lugar. Si no era demasiado tarde.

Mientras volaba sobre el horizonte de la ciudad de Nueva York, Caleb miró hacia abajo. Era un completo caos. Volaron hasta Central Park West, bordeando la orilla del parque, el caos dentro y fuera del parque era impresionante. Como en otras partes de la ciudad, por decenas de cuadras, Central Park West, estaba completamente taponado de autos estrellados unos contra otros. Los pasajeros se apoyaban en sus claxons maldiciéndose el uno al otro, saltando afuera y corriendo.

Pero, antes de que pudieran llegar más lejos, vampiros mercenarios se abalanzaron sobre ellos. Por todos lados se veía sangre derramada. Por cada humano, había al menos un vampiro. Como hormigas, se movían arrastrándose por toda la ciudad. Destrozando a estos humanos.

Caleb y sus hombres siguieron volando más hacia el sur, en dirección a City Hall. Pasaron por Columbus Circle y siguieron su camino, desviándose por la calle Broadway. Era una bendición que, hasta ahora, todos los vampiros de Kyle estaban concentrados en la tierra y no se molestaban en mirar hacia arriba. Parecía que Caleb, Samuel y sus hombres tenían total dominio sobre los cielos.

Pero Caleb pensó demasiado pronto. De repente, mientras él y su banda de guerreros volaba hacia Times Square, levantó su mirada y vio a decenas de vampiros de Kyle volar derecho hacia ellos. Caleb y sus hombres habían estado tan ocupados mirando hacia abajo que casi no tuvieron tiempo de prepararse para el impacto.

En el último segundo, Caleb sacó el bastón, mientras que Samuel levantaba su guante. Giraron y lograron derribar a varios vampiros en el aire. Pero eran demasiados. Antes de que Caleb pudiera girar nuevamente, varios vampiros estaban sobre él, agarrándolo y arrastrándolo hacia el suelo. Giró el bastón con furia, y pudo noquear a unos cuantos pero, como enjambre, docenas de ellos se abalanzaron sobre él. Ellos eran demasiados. Se encontró cayendo en picada hacia el suelo, justo en el centro de Times Square.

Caleb pegó con fuerza en el suelo, había diez vampiros encima de él.

Samuel y los otros también cayeron en el suelo.

Pero ahora que estaban en el piso, Caleb tenía la ventaja. Se las arregló para ponerse de pie y golpear a cinco vampiros con un solo movimiento, girando el bastón a puro tiro. Luego, lo tomó de la parte trasera y usó la punta como lanza, clavándola en la garganta de otro vampiro. Tiró de su su cabeza circular y golpeó a otro vampiro en la cabeza. Luego, la agarró por la punta

y la hizo girar tanto como pudo, derribando a 10 vampiros con un solo movimiento y creando un perímetro en torno a él.

Instintivamente, Samuel se unió al perímetro, espalda contra espalda con Caleb, moviendo y golpeando con su guante. El guante era un arma increíble, impactaba a los vampiros con un ruido sordo, y los hacía volar por el aire. También, con sus dedos descubiertos pinchó a varios vampiros en los ojos y la garganta haciéndolos caer sobre sus rodillas.

Espalda contra espalda, los dos lucharon por todo lo que era bueno y, juntos, inhabilitaron a docenas de vampiros.

Los hombres de Samuel, todos, guerreros valientes, remataron al resto.

En cuestión de minutos, todos los vampiros de Kyle estaban tendidos sobre el piso. Caleb revisó a sus hombres y supo que habían perdido a uno en la batalla. Varios habían recibido golpes también. Pero habían sobrevivido.

Caleb miró a su alrededor. Estaban en el medio de Times Square, en el medio de la humanidad. Era el caos total. La plaza estaba aún iluminada, los carteles parpadeaban, pero no quedaba ningún otro rastro de normalidad.

Los humanos gritaban y huían en todas direcciones mientras bandas de vampiros los perseguían. Los autos estaban tan atascados que nadie se molestaba en tratar de conducir, algunas personas saltaban de sus vehículos y corrían, mientras otros cerraban con fuerza sus puertas y subían los vidrios de las ventanas- como si eso pudiera ayudarlos. Caleb vio como una mujer cerraba de un golpe la puerta de su SUV y la cerraba con llave y, un segundo más tarde, un vampiro la arrancaba de sus goznes, metía la mano y jalaba a la mujer hacia fuera.

Caleb entró en acción. Antes de que el vampiro pudiera hundir sus dientes en la garganta de la mujer, lo golpeó con el bastón, mandándolo a volar sobre una pila de autos. La mujer, sin dejar de gritar, miró a Caleb en estado de shock.

Caleb miró a su alrededor y vio como los vampiros perseguían a los humanos por todas partes. Sin dudarlo, se lanzó sobre los vampiros, y Samuel y sus hombres hicieron lo mismo. Rescataban humano tras humano.

Cuando terminaron, unas docenas más de vampiros de Kyle yacían muertos o inconscientes. No podía rivalizar con las armas de Caleb y de Samuel y con los guerreros de Samuel- y los habían tomado por sorpresa, vulnerables, mientras se alimentaban. En cuestión de minutos, el ambiente en Times Square había cambiado, y los pocos vampiros fieles a Kyle comenzaron a huir.

Caleb y sus hombres los persiguieron hasta que, finalmente, despegaron y se fueron volando. Time Square era de ellos.

Los humanos que quedaban se dieron cuenta de lo que había pasado y estallaron en una gran ovación. Caleb vio a varios de ellos dándole una palmada en la espalda agradecidos.

"¿Quién eres tú ?" preguntó uno de ellos.

Caleb miró hacia abajo y vio a un niño, tal vez 10 años, mirándolo con asombro. Se dio cuenta que, desde la perspectiva del niño, con su túnica de fuerza y su bastón de marfil, debía parecerle una especie de superhéroe.

"Sólo tu amigable vecino vampiro," dijo Caleb con una sonrisa.

"¿Puedes salvar a mi papá", preguntó el niño.

El niño llevó Caleb hasta su coche y abrió la puerta.

Sentado en el asiento del conductor había un hombre que estaba visiblemente enfermo, estaba cubierto de llagas.

Caleb sacudió su cabeza. Inmediatamente se dio cuenta. Era la peste bubónica.

Caleb fue invadido de disgusto y dolor. Kyle debió haberla propagado, se dio cuenta. Nadie podía ser así de malvado.

Caleb sintió a alguien a su lado y vio a Samuel mirando.

"Esto lo hizo Kyle", dijo Caleb.

Samuel sacudió la cabeza, también.

Caleb se sentía aún más resuelto, más seguro de sí mismo y de sus acciones.

Ahora más que nunca, sabía que tenía que detener a Kyle. Y cada momento contaba.

De repente escuchó un ruido tremendo y vio, del otro lado de Times Square, a cientos de vampiros dirigirse hacia ellos. Caminaban informalmente, con seguridad, directamente hacia Caleb y Samuel. Los humanos gritaron y se separaron corriendo en todas direcciones.

Pero Caleb y Samuel no tuvieron miedo. Cuando Caleb miró con mayor cuidado, se dio cuenta que éstos no eran hombres de Kyle. Eran de una cofradía diferente, podía asegurarlo. Y era, lo sintió, una benévola. De su lado. Salían de la iglesia de Times Square.

Los vampiros se acercaron a unos metros de Caleb y se detuvieron, su líder miró a Caleb.

"Queremos unirnos a ustedes", dijo el líder con sencillez.

Caleb asintió, eran cientos de ellos y eso lo animó.

"Vamos al Ayuntamiento", dijo Caleb. " La cofradía de la Marea Negra.

Vamos a eliminarlos para siempre."

El líder asintió y sonrió lentamente. "Eso es algo que he querido hacer desde hace miles de años", dijo.

Samuel sonrió. "¡Entonces, sígannos!"

Caleb, Samuel y sus hombres se volvieron y volaron al aire y Caleb escucho un aleteo enorme, masivo y sintió la presencia, detrás de él, de cientos de vampiros.

Ahora tenía un ejército. Y los conduciría directamente al Ayuntamiento.

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