Traicionada
Veinticuatro
Volaron rápidamente hacia el centro y, cuando llegaron a la calle 28, se volvieron hacia el este y se dirigieron a la armería de la Avenida Lexington.
Ellas descendieron y dejaron a los dos hombres cerca de la entrada. Miles de soldados estadounidenses y docenas de jeeps y tanques inundaban el exterior y el interior de la entrada, y Caitlin y Sera pasaron inadvertidas en medio del caos.
Todos se quedaron allí un momento, Jonás y su padre mirando, aun conmocionados, sin saber qué decir.
"Estarás seguro aquí," dijo Caitlin.
Varias veces, Jonás abrió la boca para querer decir algo pero la volvía a cerrar.
Finalmente, balbuceó, "Yo... no sé qué decir...", dijo. "Yo... nunca te olvidé.
Y nunca lo haré."
Caitlin sintió un tirón en el brazo, y entonces ella y Sera regresaron al aire.
Ahora, Caitlin y Sera se dirigían al Ayuntamiento.
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VEINTICUATRO
Caitlin y Sera volaron casi todo el camino al centro sin obstáculos hasta que, finalmente, su suerte se acabó. En la calle Houston, soldados de la Cofradía Blacktide aparecieron, y se dirigieron directamente hacia ellas. Tal vez había una docena de ellos, no había forma de evitarlos.
"Prepárate para la batalla", dijo Sera en el aire, su cara transformada por la rabia, mientras levantaba su hacha de batalla.
Caitlin sacó su espada y su lanza, tratando de recordar todos los principios que Aiden le había enseñado en la isla. Mantente enfocada. Respira hondo.
Céntrate en ti misma. Cuando te superan en número, concéntrate en el guerrero del centro. La batalla no es un lugar para las emociones.
Ellos los superaban en número por mucho, pero Caitlin, mientras agarraba las armas con sus manos sudorosas, sentía que podrían ganar.
Un segundo después se estrellaron a toda velocidad contra el grupo. Caitlin movía la espada con pericia y decapitó a uno de ellos. Tiró su lanza con un mismo movimiento, agujereando la garganta de otro. Sera revoleó su hacha y cortó las cabezas de dos de ellos con un solo golpe de hacha.
Pero quedaban mucho más detrás de ellos y ,no bien Caitlin y Sera terminaron sus últimos golpes, más vampiros — demasiados, moviéndose demasiado rápido- se abalanzaron sobre ellas sin que pudieran reaccionar.
Se encontraron cayendo en espiral hacia abajo, hacia la tierra.
Golpearon contra el duro cemento, y sobre ellas cayeron veinte vampiros.
En la parte inferior de la pila, Caitlin, sofocada, pensó en Caleb, que había sido capturado, y necesitaba su ayuda. Pensó en su hijo aun no nacido, alojado en su estómago. Y sintió la rabia dentro de ella. Una furia enceguecedora, incontrolable. Sentía que sus músculos aumentaban, sus venas saltaban, y la invadió una fuerza increíble.
Saltó a sus pies y, con un solo movimiento, se inclinó hacia atrás y rugió.
Era el rugido primitivo de una madre protegiendo a su hijo, de una esposa, protegiendo a su marido. El mundo se puso rojo, y ella perdió hasta el último gramo de control.
Se lanzó contra el grupo de vampiros, todavía aturdidos, balanceando su espada violentamente, lanzando una y otra vez la lanza, que regresaba a ella todas las veces. La atacaban por la izquierda y la derecha, pero ella era cada
vez más rápida, más fuerte, estaba llena de furia. Sintió que la agarraban, lastimaban, arañaban, incluso mordían, pero nada se igualaba con su despliegue de fuerza. Decapitaba a uno tras otro y, en lo que le parecieron unos pocos segundos, todo el grupo de vampiros estaba muerto.
Sera se desenvolvió con similar destreza. Tenía una fuerza increíble, y ella balanceaba su hacha con violencia y pericia, golpeando, cortando, incluso usaba su mango de madera para bloquear golpes. Cuando no era suficiente, también se inclinaba hacia atrás y daba patadas, codazos y cabezazos. Era una mujer que resumía una sola fuerza. Y mató a varios de ellos.
Pero no era tan diestra como Caitlin. Varios más se abalanzaron sobre su espalda, estrellándola contra el suelo y un vampiro sacó una espada, listo para hundírsela.
Caitlin reaccionó inmediatamente y saltó y decapitó al vampiro con un golpe de su espada. La balanceó violentamente y mató a varios más, dándole suficiente tiempo a Sera para que se pusiera de pie. Sera se levantó y regresó a la lucha.
Minutos más tarde, todos los vampiros estaban muertos. Sólo Caitlin y Sera estaban de pie, respirando pesadamente, cubiertas de rasguños, moretones y mordiscos, todas salpicadas de sangre. Poco a poco, Caitlin fue calmando su ira.
Miró a Sera y notó que su expresión había cambiado. Ya no estaba enfadada con Caitlin. Por el contrario, sentía gratitud. Se veía como la cara de una amiga.
"Me salvaste la vida," dijo Sera, sorprendida. "¿Por qué?"
Caitlin sonrío. "Bueno, supongo que también te necesito para encontrar a Caleb."
Sera sonrió también. Ambas sabían que esa no era la razón. Era evidente que Caitlin podía manejarse por su cuenta. Era obvio, que Caitlin estaba empezando a estimar a Sera, a pesar de todo. Y que Sera sentía lo mismo.
De repente, Caitlin se mareó. Se tambaleó y se dobló, agarrándose el estómago.
Sera corrió hacia ella, poniendo una mano sobre su espalda. La tomó del hombro con firmeza.
"¿Qué te pasa?" preguntó Sera, preocupada.
El dolor que Caitlin sintió en su estómago había sido horrible. Lentamente, se levantó y comenzó a respirar nuevamente. Respiró profundamente varias veces.
Caitlin pudo ver cómo cambiaba la expresión de Sera mientras examinaba los ojos de Caitlin. Sera colocó su mano sobre la frente de Caitlin — y su expresión cambió a una de asombro.
"Estás embarazada", Sera dijo en un susurro asombrado. "Con el hijo de Caleb."
Caitlin asintió.
A Sera se le llenaron los ojos de lágrimas.
"¿Por qué no me dijiste?"
"¿Habría alguna diferencia ?" Caitlin preguntó.
"Sí. Por supuesto. Estás cargando el hijo de Caleb. Es un pedazo de él. Eso significa mucho para mí."
Sera se secó una lagrima.
"Lo siento", dijo. "Lo siento por comportarme así. Por favor, perdóname."
"No te tengo rencor", dijo Caitlin.
"Lo sé", contestó Sera. "Eres una mejor persona que yo."
Caitlin sonrío, su estómago se sentía mejor y puso una mano sobre el hombro de Sera. "Tú no eres nada mala, tampoco" dijo Caitlin.
Sera le sonrío.
Las dos se elevaron en el aire y se dirigieron hacia el Ayuntamiento, decididas a rescatar a Caleb, cueste lo que cueste. Caitlin sintió que eran más que compañeras guerreras en una misión compartida. Ahora, eran verdaderas amigas.
*
Caitlin y Sera aterrizaron en la escalinata del Ayuntamiento. Todo se veía tranquilo allí. Demasiado tranquilo.
Ambas se miraron con asombro. Se podía percibir una rara tensión en medio del silencio. Era espeluznante. Casi como si les hubieron tendido una trampa.
Esperaban encontrar el lugar custodiado por decenas de soldados, una actividad tremenda, vampiros entrando y saliendo corriendo. Pero, por otra parte, sus vampiros estaban desparramados por toda la ciudad. Tal vez, ya habían abandonado su base, y tal vez, con razón, no sentían la necesidad de protegerse. Después de todo, ¿quién se atrevería a atacarlos?
Mientras se preguntaban todo esto, la puerta de entrada se abrió. Un solo vampiro salió caminado.
Dio unos pasos hacia ellas, se detuvo y miró a Caitlin.
Caitlin no lo podía creer.
Era Caleb.
Se quedó allí, sonriéndole mientras sostenía la Espada. La Espada. Era un milagro. Se había escapado.
Una gigante ola de alivio envolvió a Caitlin. Rompió en llanto mientras subía corriendo las escaleras. Era tanto el amor que sentía por él, sentía que nunca la había dejado. Estaba decidida a no dejarlo ir otra vez mientras corría para abrazarlo.
De repente, Caitlin escuchó un grito: "¡ NO!"
Era la voz de Sera.
Sera la empujó justo antes de que pudiera abrazar a Caleb.
Caitlin golpeó en el suelo con fuerza; desde varios metros de distancia se dio vuelta y miró.
No pudo creer lo que vio.
Ahora, Sera estaba parada donde Caitlin había estado, justo frente a Caleb.
Pero tenía una expresión de terrible dolor en su rostro y, cuando Caitlin miró hacia abajo, pudo ver que Caleb había apuñalado a Sera. Justo en el corazón. Con la espada.
La puñalada había estado destinada a Caitlin. Sera la había visto venir y había empujado a Caitlin fuera del camino, la había salvado, había recibido la puñalada en su lugar. Se había sacrificado por Caitlin.
Caitlin miró hacia arriba, horrorizada, todo el mundo pasaba en cámara lenta mientras miraba la cara de Caleb. ¿Cómo pudo hacer esto? ¿Cómo podría querer matarla? ¿Cómo pudo matar a Sera?
Pero cuando miró su rostro de cerca, cayó en la más completa incredulidad.
Delante de sus ojos, su cara cambió. Después de todo no era Caleb. Había sido un truco.
Y el nuevo rostro le provocó un escalofrío en su columna vertebral.
Sam. Su hermano.
Había intentado matarla.
Cuando se dio cuenta de la profundidad de su traición, Caitlin sintió como si ella hubiera sido apuñalada. Su propio hermano. Se había enmascarado como Caleb. Había tratado de matarla. Y mató a Sera.
Sam pareció registrar la expresión de la cara de Caitlin y, de repente, despertó de su trance. Se dio cuenta de la gravedad de lo que había hecho.
Su expresión se transformó en una de horror, de total odio consigo mismo,
mientras miraba la espada ensangrentada en su mano, por el acto que había cometido.
Dejó caer la espada que se precipitó con un sonido metálico. Cuando su rostro se colapsó en una expresión de dolor y horror, estalló en un grito estridente.
"¡Caitlin!" clamó. "¡Perdóname!"
Y entonces se volvió y regresó al Ayuntamiento, dejando sola a Caitlin y a la espada que yacía sobre los escalones; a un lado, Sera estaba muriendo.
Caitlin corrió con Sera y se sentó a su lado, llorando. Levantó la cabeza de Sera sobre su regazo.
Sera miró hacia arriba, sonreía.
"Lo siento", dijo Caitlin. "Yo no sabía...
Sera luchaba por hablar, salía sangre de su boca. Finalmente, abrió sus labios, su voz era muy débil: "era un truco... cambia de forma...
recuerda...Caleb... es un prisionero... encadenado... recuerda... él está encadenado... si está libre... no es Caleb... no te dejes engañar... "
"Lo sé, lo sé," Caitlin repetía, llorando, "ahora me doy cuenta. Lo siento."
Sera levantó su cabeza una última vez, luchaba por balbucear sus últimas palabras.
"Tu hijo", dijo, "crialo bien."
Y, con eso, ella se inclinó nuevamente y murió.
Caitlin se inclinó hacia atrás mientras gemía de dolor. Era demasiado. En muy poco tiempo, había podido sentir una fuerte conexión con Sera. Sentía como si su hermana hubiera sido asesinada delante de ella. En su lugar.
Y al mismo tiempo, se sintió traicionada por su hermano.
Caitlin miró la espada, yaciendo allí, sola, sobre el cemento.
Suavemente recostó a Sera sobre el cemento y se acercó para tomar la espada. La sostuvo con ambas manos y soltó un grito primal.
En ese momento, las puertas al Ayuntamiento se abrieron con un golpe y docenas de Mareas Negra se lanzaron directamente sobre Caitlin.
Pero ella estaba lista. Más que lista. Una increíble furia la inundó — una rabia más grande a la que jamás hubiera experimentado — y ahora blandía la Espada. Se estaban cruzando con la mujer equivocada en el momento equivocado.
Segundos después, docenas de ellos caían muertos, incapaces de luchar contra la Espada.
Sin embargo, más soldados seguían saliendo por la puerta, y Caitlin seguía luchando.
Minutos más tarde, cientos de ellos yacían muertos. Los cuerpos se apilaban encima de otros cuerpos; Caitlin estaba provocando devastación más allá de lo que jamás pudo haber imaginado. Era una persona diferente.
Finalmente, los vampiros dejaron de salir.
Pero Caitlin no estaba satisfecha. Quería más.
No se detendría hasta entrar al santuario y matar al mismo Kyle.
Pero primero, encontraría a Caleb. Encadenado, como había dicho Sera. Él estaba allí y encadenado. Y tenía que salvarlo.
Y ahora que tenía la espada, nada se lo impediría.
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