Traicionada
Veinticinco
Sam corría por los pasillos debajo del Ayuntamiento, más y más rápido, doblando y girando. No podía creer lo que acababa de hacer. Su propia hermana. Había intentado matarla. ¿Por qué? ¿Estaba tan mal?
Hasta ese momento, desde que se había sido convertido, se había sentido fuera de control, como si estuviera en una nube. Le había sido muy difícil pensar con claridad, apropiarse de su piel nueva, su nueva vida; era como si una ola gigante lo hubiera arrastrado.
Pero ahora, los efectos de la conversión estaban desapareciendo y, finalmente, podía ver con claridad, pensar por sí mismo. Se dio cuenta que había cometido un error. Nunca hubiera querido nada de eso. Detestaba a Kyle y a toda la cofradía. Sobre todo, se dio cuenta de que Samantha había estado controlándolo. Ella quería que él se elevara al poder para su propio beneficio y su propia ambición. Lo había usado.
Pero a él no le importaba el poder ni la Espada ni nada de eso. Solo quería que lo dejaran solo. Y estar lejos de ella. Pero, primero, había algo que necesitaba hacer.
En ese momento, mientras corría por otro corredor, Samantha llegó rápidamente hasta él, con una expresión de desesperación en su rostro.
"¿Dónde está la Espada?" preguntó rápidamente. "¿Mataste a Caitlin?"
Sam le soltó un revés, pegándole duro en la cara, y la envío volando por el corredor. Ella chocó contra un muro duro de piedra y se desplomó sobre el piso.
Sentado ahí, lo miró, estaba herida y conmocionada.
Él se volvió hacia ella.
"¡Nunca vuelvas a decir mi nombre!" él le gritó.
Ella trató de responder, de suplicarle, pero él no quería escucharla. Él no quería volver a verla jamás.
"¡Sam!" ella gemía por los pasillos, "¡Déjame explicarte!"
Pero ya era demasiado tarde. Sam corría y corría, mientras los gritos de Samantha se desvanecían, haciéndo eco en la cámara.
Sam quería venganza. Quería destruir. Quería acabar con la Cofradía de Marea Negra, y quería hacerla sufrir.
De repente, se dio cuenta de la mejor manera de vengarse, de reparar lo que le había hecho — o casi — a su hermana. Ella nunca lo perdonaría. Tanto así la conocía. Sin embargo, tenía que intentarlo.
Sam dobló en otro corredor, corriendo por otro conjunto de escalones y, pronto, estuvo muy abajo. En el calabozo.
Corrió por puerta tras puerta y finalmente llegó a la correcta. La abrió empujándola con su hombro.
Y allí, en la pequeña habitación, encadenado a la pared, estaba Caleb.
Sin dudarlo, Sam corrió hacia él y le arrancó las cadenas. En cuestión de segundos, Caleb estaba libre.
Caleb lo miraba con suspicacia.
"¿Por qué hiciste eso?" preguntó solemnemente ??? .
"Para Caitlin," dijo Sam. "Por favor, dile que la quiero."
Y con eso, Sam salió disparado de la habitación, hacia el final del pasillo, hacia otro corredor, volando y volando. En pocos momentos, irrumpió por la puerta trasera del Ayuntamiento. Tomó carrera y, pronto, estaba volando, solo, más y más profundamente hacia la noche.
*
Blandiendo la espada, Caitlín corría por los pasillos debajo del Ayuntamiento. Estaba decidida a matar a tantos como pudiera y a matar al mismo Kyle. Pero, primero, tenía que rescatar a Caleb. No la iban a engañar otra vez. Esa metamorfosis fue algo cruel y retorcido y no la engañarían una segunda vez. Con cada paso que daba, mientras corría hacia lo más profundo de las catacumbas, escuchaba las palabras de precaución de Sera.
Caleb va estar encadenado.
Cuando Caitlin dobló en otra esquina, una figura solitaria apareció corriendo hacia ella.
Caitlin levantó la Espada, lista para la batalla y, de repente, se paró en seco.
Y bajó la Espada.
Ahí, parado a pocos metros de distancia, estaba Caleb, otra vez. Estaba libre, vagando por los pasillos.
Una parte de ella sentía que era él y se sintió aliviada.
Otra parte, sin embargo, su parte lógica recordó las últimas palabras de Sera. No podía ser él. Era otro truco. Tenía que ser Sam. Caleb no podría estar libre. ¿Por qué lo estaría? No tendría ningún sentido.
Sé fuerte, se dijo. No puede ser él.
"Caitlin", él dijo lleno de alegría. "¡Eres tú realmente!"
Su voz sonaba muchísimo como la de él. Más que cualquier otra cosa, ella quería abrazarlo y sacarlo de allí.
Pero recordó las palabras de Sera y su parte lógica le advertía que sacara todo eso fuera de su mente. No podría ser él. Debía ser otro truco. Era Sam otra vez, o tal vez Kyle o algún otro vampiro. Cambio de forma. Estaba preparándose para matarla.
"Caitlin", dijo Caleb: otra vez, dando varios pasos hacia ella, preparándose para abrazarla.
Y cuando él se acercó más, ella sacó la Espada y se la enterró.
Fue un golpe limpio, directo a su corazón. Ella cerró los ojos, no podía mirar, incluso a alguien que fingía ser Caleb.
Y cuando abrió los ojos, sintió que su mundo se colapsaba.
Observó su cara mientras él se desplomaba sobre el piso y la fuerza de la vida comenzaba a abandonarlo.
Esperaba que su cara cambiara a su forma original. A Sam. O Kyle. O quien sea que cambió de forma.
Pero no fue así. Aún era Caleb.
Se estaba muriendo, y era realmente él.
Caitlin se hundió sobre sus rodillas junto a él y soltó un gemido largo y terrible. Era el gemido de un animal torturado. Caleb había sido su primer y único gran amor.
Y ella lo había matado.
Caleb yacía allí, mirando hacia arriba y, aun cuando se estaba muriendo, aun cuando ella lo había matado, le sonreía.
Ella lloraba y lloraba, "Caleb, por favor, no sabía que eras tú...Pensé que era
— "
"Lo sé", él jadeó. "No te culpes."
Así era él. Fuerte hasta el final, no echando culpas. Su corazón era lo suficientemente grande para abrigar a ambos.
Y eso le dolió aún más profundamente, Caitlin lloraba sin poder parar.
Él extendió su mano y la puso sobre la muñeca de Caitlin. Ahora su voz era muy débil.
"Caitlin", dijo. "Quiero que sepas... sobre Sera...No la amaba... "
"Lo sé", Caitlin dijo entre sollozos.
Caleb asintió mientras sus ojos empezaban a cerrarse.
Caitlin no podía aceptar que se estaba yendo. La única persona que amaba en el mundo, que amaba tanto para que le rompiera su corazón, se estaba muriendo. Para siempre. Y ella lo había matado.
"Caleb!" gimió, tratando de que él abriera sus ojos.
Trató de abrir sus ojos un poco más.
"Estoy embarazada", dijo. "Tienes que saber...Estoy embarazada".
Los ojos de Caleb abrieron por última vez, la había escuchado, y sonrió.
"Embarazada", repitió suavemente.
Y luego, con su último aliento dijo: "Siempre estaremos juntos."
Entonces, Caitlin sintió que el cuerpo de Caleb se aflojaba en sus brazos.
Y en cada poro de su cuerpo, supo que había muerto.
Vio la espada y su cuerpo se llenó de odio hacia este instrumento que había causado tanto daño en su vida. Tomó su empuñadura con ambas manos, se inclinó hacia atrás y, con todas sus fuerzas, la encajó en el suelo de piedra, más y más profundamente, hasta que solo la empuñadura quedó afuera. Fue entonces cuando todo el edificio tembló desde sus cimientos y sus paredes comenzaron a desmoronarse.
Ella inclinó su cabeza hacia atrás y rugió, el grito de un animal que había perdido todas los motivos para vivir.
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