Traicionada
Veinte
Si Kyle hubiera sido capaz de sentir algo parecido a la alegría, esto sería lo más parecido. Tan sólo unas pocas semanas atrás, lo habían castigado, habían vertido ácido sobre su cara, lo habían expulsado de su hermandad
— era un monstruo, un paria, que nunca más podía poner un pie en su cofradía. Ahora, estaba allí, nuevamente debajo del Ayuntamiento, y era el nuevo líder de la Cofradía Marea Negra. Había logrado derrocar a Rexius, vengarse de todos sus viejos enemigos y asegurarse la posesión de la Espada. Aun más, dirigía un ejército de miles y todas las cofradías locales le ofrecían su sumisión. El mundo le pertenecía.
Y la guerra estaba recién comenzando. La batalla había sido gloriosa. Matar a Samuel y capturar a Caleb, era una goleada, mientras sus hombres masacraban a los demás. La pelea había sido gloriosa pero, al final, sus hombres los superaron en número. Habían ganado un terreno enorme y más cofradías vecinas acudían a unírsele. Su ejército se extendía hacia el norte, cuadra por cuadra, como un enjambre de langostas, eliminando todos los seres humanos y concentrando su fuerza mientras se dirigían a los Claustros para acabar con la cofradía Blanca. Muy pronto, toda la ciudad sería suya.
Y después de eso, podría iniciar su Plan Maestro.
Kyle sonrió con satisfacción. Finalmente, el Apocalipsis que siempre había soñado estaba aquí.
Tenía solamente una pequeña espina en su costado. Era la más pequeña de todas pero, aún así, era una molestia. Caitlin. Esa chica. Odiaba las profecías y sobre todo odiaba la profecía que giraba a su alrededor. Odiaba a su linaje. Que ella fuera la Elegida. La única que, según las escrituras, podía poner fin a este Apocalipsis. Él sabía que todo eso era una tontería, pero el problema era que los otros vampiros no lo creían. Creían en eso. Era parte de una guerra psicológica.
Desde el principio, él sabía que debía encontrarla y matarla de una vez por todas. Después de eso, y solamente después, podría descansar tranquilo, y la aniquilación total podría iniciar.
Por esa razón, estaba especialmente satisfecho de haber capturado a Caleb.
Caleb era un mejor guerrero de lo que esperaba. Kyle tuvo que admitir que hubo un momento cuando temió que Caleb pudiera derrotarlo. Pero entonces apareció Sam. Sam se había convertido no sólo en uno de sus
mejores soldados, sino también en su soldado más leal y de confianza.
Salvó la vida de Kyle demostrando su lealtad. Por eso, Kyle siempre le estaría agradecido.
Y lo más importante, le había dado la oportunidad a Kyle de capturar a Caleb. Y ahora, con Caleb en sus manos, estaba seguro que Caitlin llegaría.
Sólo necesitaba esperar, estaba seguro que aparecería como una polilla a una llama.
Sonrió otra vez. Sí. Su plan estaba funcionando.
Y si había algo que superaba matarla él mismo, era ver a su hermano, Sam, matarla frente a sus ojos. Ah, pensó que sería perfecto. La alegría, el recuerdo de ese evento, lo acompañaría en los años venideros. Sí, qué final perfecto para ella. Asesinada por su propio hermano.
Además, solidificaría la lealtad de Sam hacia él para siempre. Lo convertiría en su consejero leal y de confianza mientras extendía su guerra más allá de Nueva York. Serviría dos propósitos, Kyle estaba más encantado consigo de lo que hubiera creído.
¿Y qué mejor arma para acabar con ella que la misma arma que ella le había facilitado? Esta vez, la espada le mataría para siempre.
En la enorme sala llena de vampiros bulliciosos, Kyle se inclinó y susurró al oído de Sergei, pronto varios guardias estaban corriendo entre la multitud, con órdenes de encontrar a Sam y Samantha.
En cuestión de segundos, los dos estaban frente al trono de Kyle.
La sala se acalló mientras la cofradía se volteaba para mirar. No era frecuente que Kyle convocara a alguien ante él.
"Sam de la Cofradía Marea Negra", dijo Kyle lentamente, con autoridad, "te has probado en la batalla. Por eso, estamos en deuda contigo."
Un fuerte clamor irrumpió en la habitación, cuando todos los vampiros rugieron aprobando sus palabras.
Inexpresivo, Sam lo miró, con el gesto que tenía desde que lo habían convertido. Aún se veía como si estuviera perdido en una nube.
"Te queda tan sólo un acto para cimentar tu lealtad a nuestra cofradía", continuó Kyle.
Sergei entró corriendo, sosteniendo la Espada.
Kyle se inclinó y la tomó, sosteniéndola con ambas palmas frente a él. La Espada brillaba bajo la luz de las antorchas.
"Un día, tu hermana vendrá a nosotros. Es inevitable. Y cuando lo haga, la mataremos. Kyle se inclinó hacia adelante. "Concretamente, tú la matarás.
Con esta Espada."
Sam lo miró sin mover un músculo.
"Y con este acto," Kyle continuó, "demostrarás tu lealtad hacia mí una vez y para siempre. Y cuando lo hagas, te otorgaré el rango de General y te garantizaré poder y riquezas más allá de lo que alguna vez hayas soñado.
"Sam de la Cofradía Marea Negra, aceptas esta misión?"
Sam seguía parado, mirándolo sin pestañear. Su expresión no cambió de ninguna manera.
Kyle comenzó molestarse. Sintió que su rostro empezada a parpadear con rabia.
De repente, Samantha dio un paso adelante y se puso entre ellos, y se inclinó.
"Mi señor", dijo. "Sam todavía está en estado de shock por su conversión y por su primera batalla de vampiros. No está entendiendo bien. Te pido que me concedas tener una audiencia privada con él para poder explicarle. "Te prometo que no te defraudaré, dijo con otra reverencia.
Kyle respiró profundamente. "Muy bien. Solo tienes unos minutos. Nada más. Y si la respuesta no es lo que quiero, tú y tu novio pagarán el precio.
Te lo aseguro."
*
Samantha condujo a Sam hacia un compartimiento lateral. Cerró la puerta y, cuando los dos estuvieron solos, ella le habló con un susurro rápido y agitado.
"Sam, necesito que te concentres, necesito que me escuches," ella le suplicó.
Él todavía estaba mirando, inexpresivo, y ella se preguntó cuánto lo habría afectado la conversión. Apenas él parecía escucharla.
Ella se acercó, agarró su rostro con sus dos manos, se inclinó y lo besó duro. Lo sostuvo así durante bastante tiempo.
Retrocedió y lo miró a los ojos. No la había reconocido en lo más mínimo.
Tal vez, ella había roto un poco el hechizo.
"Sam, estamos en peligro. Tienes que aceptar esa Espada. Tienes que decirle a Kyle que vas a matar a tu hermana."
Sam la miró fijamente, parpadeaba. Parecía que estaba empezando a entender.
"Sam, necesitas hacerlo. Si no, nos matarán. Y una vez que la espada esté en nuestro poder, nada podrá detenernos. Después de que mates a tu hermana, podremos expulsar a Kyle. Con la espada, serás más fuerte que él.
Te convertirías en el nuevo líder de la cofradía, y yo estaré a tu lado. Juntos, podremos escalar muy alto.
"Sam, por favor, ¡escúchame!"
Samantha sacudió sus hombros, tratando de hacerlo reaccionar.
"Repite conmigo: Yo aceptaré la espada," dijo mirándolo a los ojos. "Voy a matar a mi hermana."
Sam la miró, todavía en trance. "Aceptaré la espada", repitió lentamente.
"Voy a matar a mi hermana."
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